Documentos sobre psiquiatría y bipolaridad

jueves, 16 de abril de 2026

He aprendido a convivir con la bipolaridad



En estos momentos me encuentro mejor, saliendo adelante con mi vida, considero que he superado el duelo que implicó la tragedia que  me afectó durante la pandemia, como también el hecho de separarme, decidí fluir, alejarme de una situación que no me hace bien y seguir mi vida por un nuevo camino.

De nuevo estoy en una relación, he encontrado de nuevo un amor y he de seguir, la vida ha de continuar, todavía tengo ganas de vivir, siento que puedo hacerlo, convivo con mis problemas diarios, pero disfruto de compartir con personas que quiero, de saber que he hecho muchas acciones por mi vida, como también, por la vida de otros, aunque he sufrido por culpa de las vicisitudes del hecho de estar vivo, es una situación que considero natural; como pienso que la vida es una ratico, que aquí se viene a vivir y a morir, entonces se disfruta de la compañía de las personas cuando están y se añora a los que no están, mientras se ha de continuar hasta el final.

Respecto a mi dolencia del trastorno bipolar, ahí esta, no se ha ido, se que no se irá nunca, estoy en una etapa donde tengo desbalances pero son relativamente suaves, (porque mi experiancia los hace ver asi), donde puedo estar varios días de pronto una semana o hasta dos en un animo estable, pero luego vuelvo a tener oscilaciones de ánimo, tengo cortos periodos donde me voy un poco arriba por un día, máximo dos y la paso bien, para luego sufrir el rebote donde estoy también uno o dos días con el animo bajo, hasta que vuelvo a la estabilidad, en estos momentos la paso sin tomar medicamentos, comparando: Cuando tomaba medicamentos realmente no lograba evitar los desbalances, mas bien me mantenía en un estado de somnolencia, me sentía apagado, para cuando venían los desbalances estos eran mas fuertes, además de sentir los efectos primarios y secundarios de los medicamentos. Cuando no tomo medicamentos los desbalances son mas suaves además que no tengo los efectos desagradables de la medicación psicotrópica.

Considero que para mi fortuna he podido vivir la bipolaridad a mi manera, logrando convivir con este problema sin dañarme y sin afectar a los demás. Lo que vengo haciendo con mis imaginarios o mis fantasmas como los llamo, es que a pesar de sentirme el más poderoso en la manía, se que no lo soy por lo que no actúo como si lo fuera; al contrario cuando me siento el ser mas infeliz, se que esto no va con mi realidad, se que puedo seguir viviendo de buena forma cuando supere el bajón. 

Los fantasmas o mi manera de ser bipolar siempre estará ahí pero he aprendido a vivir bien y a comportarme de acuerdo con lo que se acostumbra para poder compartir socialmente con los demás, sin mayores inconvenientes. 

Dentro de este convivir actual no incluyo la medicación, acepto que ha sido un apoyo en momentos críticos y reconozco que me ha servido, pero en un día a día se convierte en otra carga, más que en un mecanismo estabilizador como dicen muchos. 


Anotaciones de mi experiencia con el Valproato y el litio para el tratamiento del tb

Cuando descubrí que tenía trastorno bipolar mediante consultas por internet, una de las cosas que más me atormentaba eran los tratamientos mencionados: electroshocks, fuertes antipsicóticos, litio y otros fármacos.


Para empezar debo aclarar que no pretendo recomendar o satanizar a los medicamentos para los problemas mentales, solo muestro mi caso particular y como funcionaron en mi los medicamentos que he tomado durante mucho tiempo. No soy un profesional en el campo de la psiquiatría, solo soy un paciente que narra lo que se siente cuando se ha sido tratado con medicamentos para los problemas mentales.

Durante años (aproximadamente 25) no tuve claridad sobre mi condición. Sufrí tres crisis graves con tendencia a la manía, llegando a cuadros psicóticos (que comúnmente son llamados "ataques de locura"). La primera me llevó a ser internado en un centro psiquiátrico, mientras que las otras dos se manejaron de forma ambulatoria una con un psicoanalista y otro por un psiquiatra, quienes me prescribieron antipsicóticos para controlar los episodios agudos, luego me los recetaban como tratamiento continuo, pero no los aceptaba y preferí vivir sin los medicamentos y estar alerta a cuando sentía que mis emociones me superaban.

En mi caso particular, el protocolo farmacológico no me permitía sentirme funcional: los antipsicóticos solo parecían útiles durante las crisis maníacas. En fases estables, optaba por suspenderlos hasta la siguiente recaída, con intervalos prolongados entre episodios. Durante las depresiones, resistía sin medicación; aunque desagradables, nunca confié en los antidepresivos. Ahora, al confirmar que tengo trastorno bipolar tipo I, entiendo que esta decisión fue acertada, pues suelen desaconsejarse en casos como el mío.

Entre crisis, experimentaba fluctuaciones anímicas menos intensas que atribuía a mi personalidad, no a la enfermedad.

En un momento de mi vida, llegué aceptar que necesitaba medicación permanente y decidí tomar la atención medica que me daba mi seguro,  fui donde un psiquiatra quien me receto de nuevo, dentro de lo que me propuso fue medicarme con litio, a lo que me negué diciéndole que había escuchado muchas historias sobre sus efectos secundarios negativos, acepté explorar otras opciones como el ácido valproico, donde el psiquiatra me dijo que tiene una menor eficacia que el litio según estudios clínicos, pero con perfil de efectos adversos más tolerable.

Empecé entonces el tratamiento, durante los primeros meses los efectos secundarios que sufrí fueron ambiguos: molestias gastrointestinales transitorias y luego una sensación de aplanamiento emocional que el psiquiatra atribuyó al efecto estabilizador del fármaco.

Con el tiempo, noté disminución en la intensidad y frecuencia de los episodios. La mejoría es sutil: No se siente como un cambio positivo activo, sino como ausencia de oscilaciones bruscas. A diferencia de los antipsicóticos, el valproico no produce esa "niebla mental" o un letargo físico discapacitante, pero si un aplanamiento emocional, lo que me permitía ser mas funcional.

Curiosamente, en Colombia (según un amigo médico) el valproato ya supera al litio como tratamiento de primera línea para bipolaridad, coincidiendo con mi experiencia.

A pesar que la medicación con el valproato me funcionó, decidí después de algo alrededor de un año que podía vivir sin medicamentos de uso diario y a pesar que sentí que era mejor que lo que me recetaron en mis primeros episodios, suspendí mi tratamiento y estoy en este momento sin su uso crónico.

Sin embargo, sigo usando el valproato cuando siento que empiezo mis desbalances y lo uso por una o dos semanas, luego lo suspendo de nuevo.

Como he planteado en otros posts, en este momento expreso lo que opino respecto a los medicamentos para sobrellevar mis problemas mentales, en mi caso son útiles para atacar mis episodios que no son de todos los días y cuando logro llegar a la estabilidad soy capaz de ser una persona que se comporta dentro de la normalidad y ser funcional, sin la necesidad de estar medicado.

viernes, 3 de abril de 2026

La Depresión Bipolar: Cuando la Tormenta llega sin Nubes

Cuando un bipolar siente la depresión, esta tiene una cualidad traicionera y paradójica. No surge necesariamente de un fracaso, de una pérdida o de una tragedia externa. A veces, llega en silencio, cuando se puede decir que todo esta en orden. No pide permiso, no da explicaciones. Simplemente se instala, desconectando la voluntad, tiñendo el mundo de plomo y dejando una pregunta cruel flotando en el aire: ¿Por qué me siento así?, Si cuando analizas lógicamente no hay razones para sentirse mal.








De nuevo me siento deprimido: Me siento profundamente mal, a pesar de que, al analizar mi situación con lógica, no encuentro una razón objetiva para estarlo.

Mis obligaciones me obligan a salir y a cumplir con mis tareas. Lo hago, pero es un movimiento por puro impulso, automático. Si dependiera únicamente de mi voluntad, no cruzaría la puerta en todo el día.

Todo es tan extraño. Hace apenas unos días, era otra persona. No podía estarme quieto, tenía ánimo para todo: para trabajar en varios frentes a la vez y, aún después de largas jornadas, para salir a buscar diversión. Ahora, en cambio, solo espero la primera oportunidad para tirarme en la cama, un lugar donde, irónicamente, me siento todavía peor.

Era una situación esperada. Sabía que tras la subida vendría la caída. Y ahora que estoy aquí, es difícil de soportar. Solo me queda un consuelo frío: "Al menos es mejor que estarla 'embarrando' por estar acelerado".

Incluso escribir estas líneas me ha costado una dificultad inmensa. No tengo ganas de hacer nada. Solo lo hago con la intención de dejar un testimonio, una ventana a cómo se siente uno de los polos de este desbalance: las diversas y agotadoras facetas de este problema.

Afortunadamente —y esto es un "afortunadamente" amargo— tengo a quién echarle la culpa: A mi problema mental. No a las circunstancias, no a las personas que me rodean, y, lo más importante, no llego al abismo de pensar que mi vida es una desgracia completa que no merece ser vivida. Esa es una línea que he visto cruzar a otros y que, en el pasado, yo mismo contemplé cuando no entendía mi dolencia. Hoy, el diagnóstico, por duro que sea, actúa también como un salvavidas conceptual ,sin embargo, tras todo este proceso de reflexión, tras encontrar la explicación lógica, la realidad persiste: Sigo sintiéndome mal. Muy mal.  Sé que esto es pasajero, pero ese conocimiento no apaga el dolor.  Solo el tiempo, permitirá que cambie los sentimientos que ahora tengo.

Hago este esfuerzo de escribir desde el fondo, con fuerza titánica, que es en sí mismo un acto de resistencia. Este post no es una reflexión en frío, sino un mapa dibujado desde el territorio hostil. Sirve para que quien lo lea y no lo viva, pueda acercarse a comprender; y para quien sí lo viva, pueda sentirse menos solo en su propia batalla silenciosa contra la gravedad del alma.



La imagen de los bipolares en los medios masivos



Alfred Hitchcock alguna vez dijo algo así como: 
 
"La TV y el cine han hecho mucho por la psiquiatría: no sólo han difundido su existencia, sino que han contribuido a hacerla necesaria".

La imagen que proyectan los medios masivos de información y comunicación (o desinformación, diría yo) sobre las personas con trastorno bipolar o cualquier otro problema mental: Es la de individuos "locos". Se nos retrata como seres desquiciados, casi de ultratumba, comparables con Hannibal Lecter de *El silencio de los inocentes*: Maniáticos, descontrolados y peligrosos. No sé exactamente con qué fin se perpetúa esta imagen; tal vez sea para vender más, ya que parece que a muchas personas les atrae lo sensacionalista, lo truculento y lo violento. Al asociar los problemas mentales con la locura y el peligro, los medios crean un mundo imaginario que, para muchos, se confunde con la realidad. Uno de sus objetivos parece ser borrar la línea entre la ficción que construyen y el mundo real en el que vivimos.

Tomada de la internet DRA



Esta representación no nos ayuda en absoluto a quienes padecemos enfermedades mentales. La imagen que tienen de nosotros las personas comunes, influenciadas por los medios, es la de individuos peligrosos, victimarios, los "malos" de la película. Este concepto distorsionado puede llevar a que se nos vea como una amenaza en la vida real. Si alguien descubre que hemos visitado a un psiquiatra o que hemos estado internados en una clínica mental, es probable que nos miren raro e, incluso, que nos teman.

Sin embargo, la realidad es que, en muchas ocasiones, somos más víctimas que victimarios. Esta sociedad, que a menudo nos discrimina, nos aísla y se nos niega ayuda, pasa a menudo que se termina por desechar a personas con problemas mentales manejables, convirtiéndolas en indigentes abandonados en las calles.

Los medios también han creado una imagen distorsionada de las instituciones de salud mental. Las pintan como lugares oscuros, tenebrosos y llenos de "locos" sucios y peligrosos, encerrados en jaulas de alta seguridad y amarrados con camisas de fuerza. Estos "manicomios" no serían atendidos por médicos competentes, sino por "medicuchos" más locos que los propios pacientes, y no por personal de enfermería especializado, sino por "locólogos" que parecen sacados de una película de Frankenstein. Ante esta imagen, no es de extrañar que alguien con un problema mental tema ser internado en un lugar así. Y si se sabe que alguien ha estado en uno de estos sitios, automáticamente se le puede llegar a considerar una persona rara y peligrosa.

No digo que no existan lugares donde los pacientes no reciban un trato adecuado; seguramente los hay. Pero también existen instituciones donde se trata a los pacientes con dignidad y se les ayuda a mejorar su calidad de vida. Yo estuve internado en una institución de salud mental, y mi experiencia fue completamente diferente a lo que los medios masivos de comunicación nos han hecho creer. El lugar donde estuve era similar a cualquier hospital o clínica, atendido por profesionales de la salud altamente capacitados, que saben lo que hacen y brindan un trato humano. Nunca vi a ningún "loco peligroso" (aunque es posible que existan en pabellones especiales), solo a personas con problemas mentales similares a los míos. Si no hubiera sido porque estaba dentro de esa institución, no habría podido distinguirlos de cualquier persona en la calle.

El estigma que los medios masivos han creado alrededor de las enfermedades mentales es difícil de erradicar. Sin embargo, desde espacios alternativos como este, y otros a los que podamos acceder, debemos trabajar para cambiar esta narrativa. Es importante que se sepa que la ciencia ha avanzado mucho en el tratamiento de los problemas mentales. Aunque en la mayoría de los casos no existe una cura definitiva, sí es posible manejar los síntomas y ayudar a las personas a llevar una vida lo más parecida a la normalidad, similar a la de quienes padecen otras enfermedades crónicas.

Acceder a medios masivos como la televisión, el cine o los principales diarios para cambiar estos conceptos erróneos es una tarea difícil. Sin embargo, en internet tenemos una oportunidad única. Este medio es como un mensaje en una botella lanzada al mar: Puede llegar a cualquier parte del mundo. Ojalá alguien lo encuentre, lo lea y lo comparta, para que más personas puedan conocer la realidad de quienes vivimos con trastorno bipolar y otros problemas mentales.

El doble filo de los psicofármacos: entre el alivio y la dependencia



  Los psicofármacos se utilizan habitualmente para mitigar el dolor emocional, pero su aplicación en el tratamiento del dolor físico es igualmente significativa. Las sustancias en sí mismas no son intrínsecamente "buenas" o "malas"; su beneficio depende de un uso adecuado. Incluso los opioides, cuando se administran en casos críticos para calmar dolores intensos, cumplen una función terapéutica vital.

  Los opioides, derivados del opio, son sustancias de uso milenario con aplicaciones tanto medicinales como recreativas. Según se define técnicamente, un opioide es cualquier agente que se une a los receptores situados principalmente en el sistema nervioso central y el tracto gastrointestinal.

  Existen tres grandes clases de estas sustancias: Los alcaloides naturales como la morfina y la codeína, los semisintéticos como la heroína y la oxicodona y los sintéticos como la petidina y la metadona.





  Si bien la morfina y la heroína son eficaces para bloquear dolores agudos, también son conocidas por su alto potencial adictivo. Estas drogas actúan sobre el dolor físico, pero también sobre aquel dolor "presumiblemente físico" derivado de desajustes cerebrales en las mal llamadas enfermedades mentales.

  Sin embargo, su uso conlleva un riesgo latente: la dependencia. El cuerpo desarrolla tolerancia, exigiendo dosis cada vez mayores o sustancias más potentes para calmar dolores que se vuelven resistentes. Con frecuencia, el paciente termina necesitando la sustancia incluso cuando el dolor original ha desaparecido, transformando un tratamiento médico en una adicción. Por ello, es delicado promocionarlos como una "cura", especialmente ante la tendencia actual de prescribirlos de forma indiscriminada para una infinidad de dolencias.

  Este fenómeno ha generado una crisis de salud pública en países como Estados Unidos, donde la adicción inducida por recetas médicas para dolores leves o crónicos ha causado millones de muertes por sobredosis, incluyendo casos mediáticos como los de Michael Jackson y Whitney Houston.

  En mi experiencia personal, he comprobado que los psicofármacos en mi caso me dan un alivio inicial que pronto se desvanece. Cuando consultaba con un profesional medico diciéndole que ya no sentía mejoría, la respuesta solía ser aumente la dosis o cambiemos a un compuesto más fuerte, lo que solo intensificaba los efectos secundarios. Hace años tomé la decisión de alejarme de estas drogas. Prefiero lidiar hasta cuando pueda con autocontrol con los "dolores" de mi condición mental antes que vivir bajo el yugo de los psicofármacos. Aunque a veces sufro recaídas, lo hago con la firme convicción de que será por un periodo breve, priorizando siempre recuperar mi autonomía frente a la sustancia.

jueves, 2 de abril de 2026

¿Loco?

¿Loco?

Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surge de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general.

Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, al descubrir que han estado al borde del gran secreto.

De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal.

Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, *aggressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi*.

Diremos, pues, sí, que estoy loco.

Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida... y un estado de sombra y duda... (ver nota)

Digamos, pues, que sí, que soy un loco, a pesar de que solo actúo de forma no común (anormal) en muy pocas ocasiones.

Todo comenzó hacia el año 1984. Tuve que ser internado en una institución para personas con problemas mentales; según mi apreciación, no era tan cruel y tétrica como los manicomios que se muestran en las películas.

En mi caso particular (con el fin de suavizar las situaciones): estuve en una institución moderna para el tratamiento de personas con problemas mentales (por no decir «en un manicomio..., moderno, eso sí»), la cual se define dentro de la misión estratégica de negocio en el año 2018 como: «Pioneros en la atención de Salud Mental en el Valle del Cauca y en la región del Pacífico colombiano».

Hasta donde me alcanza la memoria, estuve internado cerca de tres semanas; pudo ser más, pero no me acuerdo bien.

Después de la hospitalización temporal, donde entré como un loco más —es posible que mi diagnóstico haya sido el de un paciente que ingresa en un estado de psicosis fuerte como parte de un cuadro de manía intensa (traducción al español coloquial: locura)—, pasé a un estado de remisión ambulatoria pero medicado (zombi drogado).

Se puede decir que, después de mi internado en este sitio, logré volver a un estado de cierto equilibrio mental por muchos años, para después seguir con mi vida casi normal. Sin embargo, las huellas de mi paso por esta institución no las he podido borrar del todo de mi mente, y no fue solo el hecho de la institución como tal —que, a mi concepto, puedo considerar que realizó bien su trabajo—, sino el creer que había estado loco, o que terminaría enloqueciéndome y perdiéndome de este mundo pero en vida. Ese era mi pensamiento después de mi remisión y lo fue por mucho tiempo.

En este momento, año 2026, tengo un poco más claro que, según la definición de los psiquiatras de la época, había sufrido una crisis de un problema mental (que para mí no tenía nombre), que es probable que en esa época se denominara psicosis maníaco-depresiva, a la cual ahora se le tiene un nombre más complicado, quizá un poco más complejo, pero que suena un poco mejor; además, está de moda en estos días, ya que según muchas personas hay muchos famosos por ahí que dicen que la sufren. Se denomina «trastorno bipolar» y tiene muchas subdivisiones; en mi caso se denomina de tipo I.

Después de salir de mi hospitalización psiquiátrica logré la remisión. Sin embargo, algo que me marcó fuertemente fueron unas palabras que me resonaron mucho cuando empecé a ser tratado, cuando el psiquiatra me dijo: «Usted está enfermo y a partir de este momento debe tomar medicación por el resto de su vida».

Según mi apreciación, la definición actual de trastorno bipolar es un eufemismo que pretende encubrir el estigma asociado al anterior término: psicosis maníaco-depresiva, o el estigma que para muchos implica ser denominado simplemente «loco», o alguien que se enloquece por ratos, porque esa es la definición popular de mi problema. De igual forma se les denomina a los que sufren esquizofrenia y otros trastornos mentales, que como tales no pueden definirse bien como enfermedades mentales, pues según he logrado entender, el término «enfermedad» se refiere principalmente a problemas físicos corporales que no tienen que ver con el funcionamiento de la mente. Para un parroquiano, es igual un esquizofrénico, un bipolar o una persona que sufra un problema mental entre los miles que definen los manuales de psiquiatría moderna: «Es simplemente un loco». 

Mi problema mental lo definí hace ya muchos años como EE "Emociones Encontradas" que hacen que cuando se presenta lo que denomino una crisis paso unos días donde entro en un estado alterado en cuanto a mi sentir, paso de desde un estado de felicidad plena, donde estoy acelerando, quiero hacer muchas cosas al mismo tiempo, siento que soy bueno para todo, siento que me vuelvo inflexible o mejor dicho terco, me gasto hasta el último peso, veo todo color de rosa, me enamoro y enamoro fácilmente; luego paso a un estado donde me siento muy mal, no quiero ni salir de casa, todo es de color gris, nada me gusta, siento que no soy querido por nadie y por lo tanto no quiero ver a nadie, solo quiero estar recostado o dormido, no me importa lo que los demás hagan o dejen de hacer, mi estado de ánimo es como de una tristeza infinita.




Considero que para mí puede haber sido importante conocer en más detalle mi problema y tratar de entender cómo se desarrollan sus manifestaciones, cómo evitar llegar a estados graves; pero para las personas comunes y corrientes no es un tema de interés. ¿Por qué debe interesar el tema de las personas locas o desadaptadas a quienes se consideran normales? Pienso que no mucho, y menos si no lo sufren o si personas muy cercanas no lo sufren. Para muchos, el loco es así porque quiere y no hace nada por salir de su estado; para otros, es así porque le tocó por una cuestión de destino o por castigo de un dios; y para los más sensibles, pero que no tienen conocimiento del tema, el loco es un bicho raro que se mira con pesar. Sin embargo, aun pensando así, se le discrimina. Para los que sufrimos con nuestros problemas mentales, estas apreciaciones no nos ayudan, aunque no se puede pretender que todas las personas nos tengan que comprender ni sepan diferenciar claramente qué problema mental tiene cada uno de los afectados.

Al parecer, la sociedad ha avanzado respecto a la discriminación hacia lo diferente al promedio (al anormal, dicho en crudas palabras), aunque todavía persiste la estigmatización hacia los que sufren ciertos problemas, como los mentales. Lo que expreso en este espacio, y lo que otros expresan en sitios parecidos, va en esa dirección: mostrar que no somos seres de otro mundo. Somos, quizá, anormales (diferentes, especiales u otros eufemismos) y somos pocos; sufrimos problemas de la mente que pueden ser manejados hasta cierto punto gracias a los avances científicos actuales, o aun a pesar de estos.

En mi caso, escribo sobre mi problema mental, algo que quizás solo debería interesarme a mí. Soy, en términos coloquiales, un loco que escribe y que, para hacerlo, se basa en lo que siente y se ayuda con lo que sienten y expresan otros, porque muchas veces me resulta difícil decirlo con mis palabras. Esta es mi situación actual, aunque, como ya dije anteriormente y en otras ocasiones, no pretendo volverme famoso ni rico con este blog. Sin embargo, me encanta que alguien lo lea; me alegra cuando las estadísticas muestran que varias personas lo han leído últimamente, y mucho más cuando comentan las entradas.


Sin embargo, considero que en mi caso particular estar loco es un estado temporal, o para mejor decir: entro en un estado de locura de cuando en vez y normalmente paso desapercibido ante casi todas las personas. Se puede decir que la mayor parte del tiempo soy una persona cuerda, o mejor dicho, actúo de forma normal. Mis estados de locura son realmente muy pocos; solo en una oportunidad tuve unos sentimientos profundos de infinita sabiduría, de total inspiración, iluminación. Dios me hablaba al oído y yo lo ignoraba, pero el tiempo que duró mi delirio fue muy corto comparado con todo lo que he vivido; estadísticamente puede decirse que no pasó.

Cuando entro en esto que llamaré «estado de locura temporal» (manía, según los psiquiatras), llego a un estado de clarividencia donde descubro cosas que han estado al alcance de mi conocimiento, pero que no había captado antes por no analizarlas bien. Sin embargo, son tantas y de tantos aspectos al mismo tiempo, que termino abrumado. Es como cuando uno está en un sueño que vislumbra y descubre todo, pero estando despierto. De ahí que Poe lo describa dentro de su forma poética al decir: «Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche». Médicamente, en la actualidad, esto que he estado diciendo es un síntoma del trastorno bipolar, como también puede serlo de otros problemas mentales, y lo llaman «estado psicótico». Pero, a diferencia de un sueño donde uno interactúa con seres que uno mismo ha creado, cuando se está despierto se interactúa con seres reales y se choca muchas veces con ellos, porque mucho de lo que uno hace va en contra de las normas —y digo «normas» refiriéndome a lo que la mayoría hace.

Cuando uno pasa mucho tiempo en este estado, donde siente una infinita felicidad y no regresa a la triste realidad, se necesita un impulso de algo. Es cuando las personas buscan ayuda, o cuando la sociedad a su alrededor decide parar esta situación. Antes se encontraba con el alcohol u otras sustancias que se tenían al alcance sin ser ilegales, o ahora se buscan sustancias más potentes, las drogas —de las cuales hay algunas legales y otras ilegales—. Mediante estas se intoxica el cuerpo y la mente, bloqueando este estado anormal, a veces sin consecuencias apreciables, pero muchas veces causando daños a corto o largo plazo. Además, muchas de estas drogas son para el resto de la vida por su forma de actuar, al volverse la persona dependiente de ellas.

**Nota:** La primera parte, no es de mi autoría, pero como dice una canción por ahí: «Esa canción es mía por un derecho casual», ya que define lo que siento en algún momento y se puede decir que su letra soy yo. Además, de acuerdo con mi poco conocimiento legal, no puedo ser demandado por quien la escribió, aunque se revuelque en la tumba si uso sus palabras sin su autorización.

Esta forma de escribir solo la puede hacer una persona como lo fue Edgar Allan Poe y forma parte de su cuento *Eleonora*. Este cuento lo pueden ver en mi versión prologada e ilustrada en: http://unbipolarmas.blogspot.com.co/2015/10/cuento-eleonora-por-poe.html."