viernes, 12 de febrero de 2016

Una definición antigua se acerca mas al problema mental que sufrí que la moderna de trastorno bipolar


En el blog postpsiquiatría que tengo enlazado en un post que habla de psicosis aguda y cronicidad, encontré una definición que se adecua mucho a lo que sentí en mi primer episodio con mi problema mental el cual dice textualmente:


"Magnan (2) describe los cuadros clínicos que llama bouffées délirantes, en 1897. Citando textualmente las palabras de dicho autor, diremos: “delirio primario, múltiple, polimorfo, a veces de corta o a veces de larga duración, pero sin sucesión evolutiva determinada […], gran número de delirios tienen por carácter principal aparecer bruscamente, sin preparación ninguna, en medio de la calma más perfecta. En algunos días, en algunas horas, un desorden completo arrastra al enfermo al seno de las más extrañas concepciones. Todas las formas de delirio pueden observarse: maníaco, melancólico, místico, erótico, de persecución, ambicioso. El delirio puede ser simple, es decir, no estar constituido más que por una sola de esas formas; a menudo es múltiple, polimorfo. Las ideas delirantes se suceden, se enredan, se mezclan: las ideas ambiciosas son contemporáneas de las ideas de persecución; las preceden o las siguen, después desaparecen para reaparecer nuevamente; ideas hipocondríacas, místicas, etc. […] se mezclan o se les agregan confusamente, sin ningún orden. Estos delirios pueden ser exclusivamente intelectuales, sin el menor rastro de perturbaciones sensoriales. Cuando las alucinaciones se desencadenan, es casi siempre por bouffées, súbitamente; en esos casos no hay ninguna sistematización; por el contrario, hay una confusión extrema de las ideas, secundaria a la invasión de la conciencia por las alucinaciones múltiples. Nacidos sin incubación, instantáneamente, estos delirios cesan de la misma forma, pero pueden más tarde reproducirse, ya sea en una forma idéntica a la primera o bajo un aspecto diferente… Retengamos solamente estos caracteres: delirio nacido repentinamente, por lo común múltiple y proteiforme, sin tendencia marcada a la sistematización, rápidamente extinguido”."

Según este artículo que habla básicamente de que los estados psicóticos son muy tipicos de la esquizofrenia, existe un tipo de problema mental que aunque puede tener un episodio psicotico fuerte puede evolucionar sin causar mayor daño y que la persona puede parecer como un individuo promedio aunque puede haber una cierta tendencia a repetirse este tipo de estados.

Lo que se dice aquí es lo mas parecido a lo que me ha pasado, aunque de acuerdo con lo que he encontrado en internet lo que me pasa puede ser similar a lo que se denomina trastorno maniaco depresivo y que últimamente se ha mal llamado trastorno bipolar del cual segun la clasificación que se ha definido lo mio podría encajar en el del tipo I.

Parece ser que las definiciones antiguas pueden ser mas acertadas que las modernas, para mi forma de ver las cosas esto se debe a que la investigación actual se hace con fines de beneficiar a los conglomerados farmaceuticos mas que a los pacientes, por lo que se busca mas confundir que crear claridad como dice el dicho popular "confunde y reinarás".

Esta definición de este artículo y en otras de otros artículos,  he encontrado que mucho de lo que se manejaba hace varios años tiene de pronto mas validez que los llamados últimos descubrimientos científicos, por lo que parece que las personas de antes y en los que hay ahora en las partes mas atrasadas científicamente, como en muchos de los países que se llaman del tercer mundo, se tienen unos mejores resultados en el manejo de los problemas mentales y esto se debe en muchos casos en el uso de un limitado arsenal terapéutico y en un uso limitado en el tiempo de este arsenal, pues en ya muchos estudios se menciona que la recuperación de muchos de los casos de personas diagnosticadas con esquizofrenia es mayor para los que viven en los denominados paises del tercer mundo que en los del primero donde se puede decir que la recuperación de la esquizofrenia es inversamente proporcional al dinero que se invierte en los pacientes, algo que es bastante ilógico pero que las estadísticas modernas han definido como resultado.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Medicamentos para el trastorno bipolar

Para que deberían ser las medicinas en las personas que sufren del problema mental denominado trastorno bipolar?

Primero definamos trastorno bipolar: En un aparte de la wikipedia dice "...es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo. Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más extrema que las personas que no padecen esta patología..." también pueden ser elocuentes las imagenes a continuación.

Grafico de estados de ánimo vs tiempo en el trastorno bipolar






Ahora defino lo que es el trastorno bipolar que me afecta (según términos técnicos mi etiqueta es trastorno bipolar tipo I) y del cual he sufrido con sus manifestaciones, según mi concepto: "Los síntomas de mi problema mental son la distorsión de mis sentimientos, los cuales no están acordes con las circunstancias, algo diferente como le pasa a cualquiera que es capaz de sentir un profunda tristeza (que no debiera decirse que es depresión) cuando muere un ser querido y se siente feliz si se gana un premio, es normal sentir fuertes emociones y tener cambios bruscos de humor, pero en mi caso cuando estoy con síntomas de mi problema mental:  Puedo llegar a sentirme eufórico y bastante alegre, después de haber tenido una gran perdida sentimental o personal como por ejemplo ser despedido de un empleo; como también sentirme deprimido (que es diferente a estar triste) a pesar de haber logrado un objetivo importante en la vida, que para otra persona podría ser claramente un motivo para estar feliz.

Que esta situación se deba a que sufro de una enfermedad o de un trastorno o como se pueda llamar, es algo que no se tiene bien claro y mas cuando la literatura al respecto ofrece opiniones contradictorias."


Ahora después de esta introducción pasemos a hablar sobre mi concepto de lo que son los medicamentos que se toman para controlar el trastorno bipolar:
No son para cambiar la tristeza por felicidad, si no para poder sentir la tristeza verdaderamente, sin pensar en que no hay salidas diferentes a la muerte, como tampoco para cambiar la alegría por la calma, si no para poder sentir felicidad si hay razón para ello, porque hay veces en que se esta feliz sin deber estarlo.

Una persona etiquetada como bipolar o algo parecido, no debería tomar medicinas para atacar situaciones que no son síntomas de su problema mental o cuando sus sentimientos están acordes a lo que la mayoría de las personas deben tener, por ejemplo si a una persona se le murió su mascota y se siente deprimida no debería tomar antidepresivos, pues no esta deprimida sino triste y en este caso estos fármacos pueden hacerle mas daño que bien.

Para mi concepto existen dos polaridades de medicinas los cuales deben controlar las dos polaridades de los síntomas de distorsión de los sentimientos, los estimulantes y los calmantes.  De acuerdo a las medicinas que he tomado y de los efectos que he sentido los estimulantes son principalmente los que llaman antidepresivos y los calmantes son principalmente los que llaman antipsicóticos y por esto mismo no considero que existan los estabilizadores de ánimo, ya que los psicofármacos que he tomado, me han tirado a alguno de los polos.

Es posible que los psicofármacos de acuerdo con las personas que los tomen puedan tener efectos diferentes, entonces un compuesto al que a una persona haga sentir algo mas alegre o sea que lo estimule; puede hacer sentir a otra que lo calma y lo hace sentir de pronto algo mas triste, entonces este compuesto ha funcionado como estimulante en el primer caso y como calmante en el segundo.


Dirán que como no soy científico estoy loco, por lo que estoy diciendo puros disparates, que lo que digo no es científicamente posible, pero miremos un ejemplo muy común de los efectos de una sustancia bastante simple desde el punto de vista químico y que una gran mayoría de personas han tomado o toman constantemente: El alcohol, de acuerdo con la cantidad que se tome, de la persona y del tiempo transcurrido desde su ingesta, puede tener efectos estimulantes o efectos calmantes, en la mayoría de las personas cuando se toman algunos tragos se estará mas feliz por lo que su efecto para ellos es como un estimulante, sin embargo, hay otras personas que cuando ingieren licor se vuelven tristes, se les despiertan sentimientos de amargura o si miramos el efecto a largo plazo cuando pasan varias horas de haberlo tomado el efecto es de hacer sentir la persona triste y apagada entonces esta sustancia esta funcionando como un calmante.

Si hacemos el símil de los efectos del alcohol con otras sustancias es posible y lo mas probable que de acuerdo con las personas, con las dosis tomadas y de acuerdo con el tiempo transcurrido, las medicinas que han sido etiquetadas con determinados efectos por ejemplo como antidepresivos puedan tener efectos contrarios y ser calmantes y si una persona esta tomando antidepresivos para no estar deprimido osea para estar mas alegre y toma una sustancia que en determinado momento se vuelve un calmante pues lo va a deprimir mas y de pronto puede convertirse en algo muy negativo que le puede llevar a un estado extremo como de querer matarse.

Para afirmar lo de los párrafos anteriores me base en lo que dice la Dra Joanna Moncrieff, principalmente en la conferencia que aparece en Youtube llamada: "Hablando claro: Una introducción a los fármacos psiquiátricos - Joana Moncrieff (presentación)"
Allí afirma que los fármacos no corrigen, si no modifican el funcionamiento del cerebro, cuando hay un fármaco que funciona aplaca los síntomas de un trastorno subyacente; los fármacos son sustancias psicoactivas, similares al alcohol y la cocaína, estos alteran la manera como siente la gente las percepciones o las emociones; además los clasifica en dos tipos: Neurolépticos o sedantes y los estimulantes.

miércoles, 20 de enero de 2016

Mi problema mental

Son una serie de sentimientos encontrados que se desencadenan en situaciones de crisis personales que me acompañan desde que tenía 16 años, que para mi fue el momento en que llegue a estar como loco, desconectado completamente de la realidad y aunque nunca me he sentido mejor, era cuando estaba peor, pues mis actuaciones eran ilógicas y estaban en contra de lo que una persona debe hacer normalmente, según términos técnicos tuve una crisis mental denominado estado psicótico.

Debido a esta primera crisis me internaron en una clínica para personas con problemas mentales y fui tratado por un psiquiatra, quien me controló inicialmente con unos fuertes medicamentos (antipsicóticos los llaman), que me mantenían casi desconectado mentalmente e impedido físicamente, difícilmente podía moverme, es posible que en esta primera etapa de mi problema, para los médicos tratantes se tuviera claro mi diagnóstico, para 1983 era un paciente que sufría una crisis psicótica debida con una alta probabilidad a un trastorno maníaco-depresivo.

Después de salir de mi hospitalización, cuando los síntomas cedieron y ya me comportaba de forma mas o menos normal, mejor dicho estaba aterrizado de nuevo con la realidad de este mundo, seguí con un tratamiento ambulatorio con el mismo tipo de medicamentos, pero con dosis algo mas bajas, según se me dijo en ese momento este tratamiento sería de por vida.

Inicialmente seguí las indicaciones y tomaba estas medicinas de forma incondicional, hasta que debido a que me sentía mal por los efectos secundarios de los medicamentos;  después de seguir la medicación por casi un año, no se si fue por estar en un estado de depresión o por los efectos de los medicamentos que decidí dejarlas de improviso, esto hizo que me sintiera aun peor, pero esta situación pasó, luego al fin y de nuevo volví a sentirme de forma mas o menos normal.

Aunque el haberme comportado como un loco era algo que me ponía a pensar y a veces me preocupaba por ello, decidí que mas bien me dedicaba a seguir con mi vida sin pensar mucho al respecto.

Durante mucho tiempo conviví con mi problema mental sin darme cuenta, o mas bien sabiendo que padecía de algo pero tratando de no darle importancia, por lo que no me atormentaba demasiado por ello.



Hace ya tiempo definí dentro de mi lo que tengo: “Sentimientos encontrados” estos me hacen sentir emociones que muchas veces no están relacionadas con lo que mi entorno me ofrece. Yo denomino a los síntomas de mi problema mental como desbalances, en donde se presenta una distorsión de los sentimientos que no son los que debiera tener para las circunstancias, algo diferente como le pasa a cualquiera que es capaz de llorar cuando muere un ser querido y se siente feliz si se gana un premio, es normal sentir fuertes emociones y tener cambios de humor, pero en mi caso cuando estoy con desbalances:  Puedo sentirme eufórico y bastante alegre, después de haber tenido una gran perdida sentimental o personal como por ejemplo ser despedido de un empleo; como también sentir una gran tristeza lo que comúnmente se llama depresión, a pesar de haber logrado un objetivo importante en la vida, que para otra persona podría ser claramente un motivo para estar feliz.


Que esta situación se deba a que sufro de una enfermedad o de un trastorno o como se pueda llamar, es algo que no se tiene bien claro y mas cuando la literatura al respecto ofrece opiniones contradictorias. Trato de guiarme por lo que siento y por las experiencias que he tenido, pero mis apreciaciones muchas veces van en contra-vía a lo que se afirma en mucho de lo que he podido encontrar en la red, como artículos médicos que dicen tener argumentaciones y sustentos fuertes, basados en hipótesis manejadas por muchas personas y que estarían soportadas por evidencias médicas


Después de mi primera crisis y de sufrir lo que denomino algunos desbalances, que no fueron tan intensos pasaron unos quince años. Entonces fue cuando afronté una etapa de fuerte presión, pues quede sin trabajo formal y no pude encontrar de nuevo un trabajo estable, fue cuando presente lo que llamo yo mi segunda crisis, entre en un estado que se asemejaba al sufrido en mi primera crisis mental, por lo que acudí de nuevo donde un psiquiatra el cual de nuevo me recetó medicinas muy parecidas a las que tome cuando tuve mi primer episodio, de nuevo las estuve tomando durante un periodo y de nuevo las deje.

 
Pasé por otro periodo relativamente largo sin medicación (quizás unos 10 años mas), recuerdo que padecí de algunos desbalances que no llegaban a provocar una crisis fuerte, así pasaron muchos días en los cuales hacía una vida cotidiana que no se diferencia mucho de la que puede tener una persona promedio, ya que a menos que estuviera cerca a una crisis, mis actuaciones eran lo que se puede decir normales, adicionalmente la mayor parte del tiempo parezco una persona normal este con o sin tratamiento y solo ante unos pocos he parecido como un loco o enfermo mental, esto en las etapas de crisis mas fuertes que han sido realmente muy pocas, sin embargo, debo aclarar que los desbalances que sufro no son del todo benignos, pues me causan problemas (algunos pueden ser graves) afectando mi entorno: Familia, trabajo, relaciones personales, perdidas económicas, riesgos para la salud; por lo que no es bueno sufrirlos y se que los debo evitar a toda costa.



Estando en esta situación, después de 25 años de la primera crisis, comencé con la tarea de averiguar que podía ser lo que me afectaba, antes de esta época moderna, difícilmente hubiese podido encontrar la información para tener una idea de lo que sufría, de pronto podía haber sido para mi beneficio, pues como un paciente que de cuando en vez se afectaba por crisis de comportamiento no es fácil encontrar información sobre problemas mentales pues los libros y revistas que tratan el tema solo están al alcance de los médicos y personal científico, además cuando acudí a tratamientos no se me explicó en ningún momento que era lo que tenía.


Estamos hablando del año 2006 o 2007 cuando tuve un acceso bueno a la internet, fue cuando me di a la tarea de averiguar por este medio que podía ser lo que me afectaba respecto a mi comportamiento y si sufría de alguna enfermedad mental y que tan grave podía ser.


Es de aclarar que esta herramienta de la internet, te puede beneficiar pero también te puede llevar a complicar mucho mas la situación, pues hay la tendencia de que se viene usando para llevar a las personas a clasificarse dentro de unas definiciones de enfermedades mentales inexistentes.


Vengo a saber ahora último que no existen muchas enfermedades mentales definidas como tal, dentro de las definiciones médicas.  Hasta hace poco me consideraba un enfermo mental que tenía la enfermedad del trastorno bipolar. Me quedé por mucho tiempo con esta definición de lo que me afectaba, etiquetándome como un bipolar y cree este blog con este nombre: Un bipolar mas, mi forma de ver las cosas estuvo en esta sintonía, hasta ahora, que vengo a tener una perspectiva algo diferente.


Ahora me defino como una persona que esta afectada por un problema que altera su comportamiento (que no es una enfermedad) denominada trastorno bipolar, que también se denomina trastorno maniaco depresivo, estas definiciones pueden sonar a lo mismo (enfermedad=trastorno=problema) pero estas diferencias de definición tienen unas implicaciones muy grandes, desde el punto de vista médico como también legal.  El problema que me afecta hace que tenga un desbalance en los estados de ánimo, además de sufrir con problemas de concentración, relaciones interpersonales complicadas, cuando se desencadena la manía o hipomanía tengo problemas en los ámbitos laborales y personales, como también puedo entrar en una depresión profunda.



También debido a que en internet la idea mas vendida y que la mayoría acepta como válida es que se tiene que estar medicado de por vida, lo mismo que me dijo en su momento el primer psiquiatra que me trato, fue entonces que de nuevo volví a acudir donde los psiquiatras para que me trataran de nuevo, estoy hablando del año 2010 a 2011, esta vez sin estar en crisis, por lo que pase por una tercera etapa de tratamiento, esta vez con medicamentos algo diferentes a los dos primeros, en esta  oportunidad el tratamiento de control era con unas medicinas que se denominan estabilizadores de ánimo algo diferentes a los antipsicóticos que me recetaron en las oportunidades anteriores, a pesar que no tenían estos efectos secundarios tan fuertes, si provocaron otros efectos que aunque no eran tan apreciables si me afectaron, aunque tengo que reconocer que es muy probable que estas medicinas tuvieron algo de efecto benéfico, por lo que no puedo afirmar que no sirvan, sin embargo, decidí de nuevo que podía volver a estar en un nuevo periodo libre de medicinas para problemas mentales las cuales suspendí hace ya algo mas de un año (osea para el 2014)  las cuales pienso podría retomar, si veo que estoy de nuevo con síntomas de desbalances que puedan afectar mi vida, sobre todo si estoy perdiendo el contacto con la realidad que es lo que no estoy dispuesto a aceptar, de no ser tan extrema la situación se que puedo sobrevivir sin tomar estos psicofármacos.

Dentro de las cosas que hicieron cambiar mis ideas respecto a mi problema mental es que vengo a saber que últimamente no existe un buen tratamiento científicamente probado, para mi problema y que el hecho de que no este tan enredado, se debe mas a mi suerte ya que he contado con un entorno favorable y personas que me quieren y me han ayudado para no haber terminado mal como otros.


La forma como he sobrevivido a mi problema mental ha sido en resumen: Estar en  tratamiento médico recetado con fuertes psicofármacos cuando he entrado en crisis fuertes.  Después de salir de estas, pasar por largos periodos (años), sin medicarme de forma constante y solo tomar algo que me ayude a reducir los síntomas negativos de mis desbalances, los cuales he logrado indentificar bien; cuando tengo los primeros, los paro cortando el avance hacia una crisis; he logrado dilucidar que en mi caso particular lo que desencadena los desbalances es la falta de sueño, unido o aislado a un acelere que me da, que se produce sin causa concreta o por el clic de un hecho que me afecte emocionalmente, como por ejemplo un viaje, un cambio en el trabajo, quedarme sin trabajo, una perdida emocional; los síntomas problemáticos que me afectan, los controlo en la mayoría de las veces regulando el sueño, ya que desde mi primera crisis vengo tomando unas gotas que sirven de somnífero, las cuales regulo en su cantidad de acuerdo a la intensidad del insomnio, hasta que este cede y después de este también se reducen los otros síntomas, hasta que mi comportamiento es lo que se puede decir mas o menos normal.


Esta situación me ha funcionado relativamente bien creo yo, en mi caso particular puede decirse que mi problema mental no ha sido tan fuerte hasta el momento, o que afortunadamente lo he podido manejar sin necesidad de estar medicado todo el tiempo, porque se tienen referencias de personas que con casos similares al mío, tuvieron problemas graves, que no les permitió llevar una vida normal, o donde los desbalances les llevo a situaciones extremas, que terminaron en la drogadicción, en la delincuencia, el alcoholismo o que pusieron fin a su vida por su propia mano.


Mi problema mental se caracteriza en que a menos que esté cerca a una crisis, o cuando presento desbalances fuertes, mis actuaciones son las mismas que una persona normal con o sin tratamiento, y esto ha sido la mayor parte del tiempo, solo ante unos pocos y en muy pocas oportunidades he parecido como un loco o enfermo mental (aclaro que mi problema como tal no se considera una enfermedad mental).


En la antigüedad y aun hoy en día muchas personas sufren de problemas de la mente sin saberlo o sintiendo que tienen algo pero sin darle importancia, eso les pasaba o les pasa a los etiquetados como bipolares o como otras definiciones y muchos vivieron o viven felices o no, sin saber que significaba o significa trastorno bipolar, es mas se puede decir que el trastorno bipolar en la antigüedad ni siquiera existía (antes o una persona con un problema similar al que sufro, estaba loca o era normal, de pronto sufría crisis de locura y volvía a la normalidad), se puede afirmar que  no existía la entidad tal como se presenta en la actualidad, además como no era tratada con drogas que la modifican esta no presentaba las condiciones de lo que es hoy llamado trastorno bipolar.


Mi problema mental ha estado últimamente bajo control, muchas veces con ayuda de médicos, otras solamente por mi experiencia, se un poco más de como es, por lo que trato de mantenerme en equilibrio y cuando tengo los primeros síntomas de un desbalance, he sabido como pararlos, aunque sintiendo los efectos de un sube y baja emocional que me hace sentir realmente mal y para mi fortuna hasta ahora he logrado cortar el avance hacia una crisis mayor, la cual no he vuelto a tener desde hace ya unos 15 años aproximadamente.

jueves, 14 de enero de 2016

Reblogueando a una persona desesperada

A continuación presento una entrada escrita por una persona desesperada por su situación mental, es un relato crudo de lo que sintió en un determinado momento, afortunadamente como dice en un comentario final solo fue algo que se le paso por la mente y no lo considera como un intento de suicidio.


De suicidio y resurrección 

Llevo días tratando de escribir esta entrada pero me es imposible. No sé cómo empezar, o la redacto pésimo o me apabullo. Y lo increíble es que los hechos son tan simples: me quise matar, no lo conseguí, me diagnosticaron al fin algo, se me medicó y estoy tratando de vivir mejor.

Es que todo me parece tan patético y tan trillado, tanta mentira, tanta ilusión a la vez. Es que la verdad yo no me quiero morir. A mí me gusta la vida, ahora que lo pienso, pero tampoco sé si esto que digo es producto de las pastillas o son simples ganas, simple ilusión o solo el aliento de la víspera del viaje que emprendo mañana, yo ya no sé nada de mí. Solo que dentro de unos días cumplo 25 años y que ya me cansé de los excesos.

El viernes tomé 12 pastillas -7 clonazepam y 5 alprazolam- con la única intención de dormir los días que fuesen necesario. Sabía -al menos lo creí- que era imposible matarse con ese nimio cóctel. Era la 1:30 a.m. y la crisis estaba en su nivel más alto; ya no sabía en qué posición acostarme, qué vídeos mirar, qué libro coger, qué diablos hacer para que el pecho no se me estrujara de ese modo. Cometí la idiotez, dopada como estaba, de escribirle a mi ex novio, solo palabras sueltas, ningún pedido, vaguedades puras, filosofía de pacotilla. Él me dijo que fuera a su casa. Le dije que no. Un brío de lucidez me dijo que iba a exacerbar mi crisis si lo veía e incluso podía hacerle daño, así que no. Me insistió y le repetí que no porque había tomado pastillas. Y luego lo de siempre: que soy una demente, que arruino mi vida, que lo deje en paz. Ante esas palabras y el malestar que inundaba mi cuerpo, solo caminé a tientas, con mucho frío en el cuerpo, por la casa en busca de más pastillas. Por un minuto sentí el valor de querer morir. Tuve el impulso. Un impulso que solo lo he sentido en dos ocasiones. Es tan fuerte que me hace comprender quizás de soslayo a los suicidas. Buscaba como loca entre las pastillas de mi madre: para la presión, para el estómago, para el dolor de muelas, etc., etc., por ahí tomé algunas para la presión (no las cuento porque no me parecieron tan potentes pero quién sabe).

Con el cuerpo echo polvo, casi a rastras por mi sala, volví a llamar a mi ex novio, esta vez no quería un abrazo de él ni una despedida, quería que me llevara al hospital. Yo sabía -pensaba- que no me iba a morir pero no podía tenderme en pie y el miedo a que algo malo me pasara era demasiado fuerte. No voy a verme implicado en esto, me dijo, y colgó. Llamé seis veces y nunca obtuve respuesta. Otra vez la crisis se hizo más creciente. Yo quería controlarme, entendía lo que sucedía con mis nervios, que todo crecía por tratare de él; buscaba respirar pero me ahogaba. La taquicardia, la despersonalización, el miedo, el desequilibrio, el dolor, un dolor asesino, es que a veces no sé qué es eso. Esto va a parecer huachafo pero yo no lo entiendo: no hay herida pero hay un dolor que retuerce, que ahoga, que paraliza.

Ante la ausencia de pastillas fui en busca de mi cuchillo. En este punto casi gateaba por la habitación. Tampoco buscaba matarme ya, solo herirme, matar un poquito el dolor del pecho con el dolor físico, que es tan nimio en comparación. No lo encontré. El reloj marcaba las 2:00 a.m. Media hora y no me había muerto. Me metí a la cama.

A las 8 p.m. de la mañana siguiente me despertó mi madre con dos cachetadas. Veía borroso, apenas sentí el dolor en las mejillas, ni siquiera entendía en dónde estaba. ¡Estás loca! ¡Estás demente! ¡Mira! ¡Mira!, y me enseñó los empaques vacíos de las pastillas. Casi entendí a que se refería pero era imposible hablar. Me agarró del cuerpo e impuso a que me ponga de pie pero me caí al instante. Se enfadó más. Me dio otras dos cachetadas y volvió a llamarme loca tres veces más. No lo soporté y no sé bien de dónde salió mi rugido pero lo dije: me quise morir para no ser como tú. Obviamente, volvió a pegarme. Luego no recuerdo. Cuatro horas más tarde, volvió a mi cama con una sopa de pollo. Me la comí entera y con ahínco. Estaba muerta de hambre. No hablamos pero ambas estábamos más tranquilas. Volví a dormir.

A la mañana siguiente, mi madre y yo nos dirigimos al Valdizan, un hospital psiquiátrico. Es un lugar muy grande, aunque bastante tétrico, muy notorio en su calidad de sanatorio especializado en salud mental. No quisieron atenderme hasta que un médico general revisara si mis órganos estaban dañados producto de las pastillas. Pero el cansancio, la debilidad de mi cuerpo hacían imposible la espera. En el hospital general la mujer que me atendió le dijo a mi madre que debía llamar a un fiscal o a un policía porque "su hija ha cometido intento de suicidio". Yo no estaba ni enterada que el suicidio era ilegal; me irrité más, le dije que solo había tomado 12 pastillas, que solo quería dormir ¡por el amor de Dios! ¡Una señorita de 23 años falleció ayer con 12 clonazepam, ¿sabe usted?! ¡Así que no me venga con eso de 'querer dormir'. ¡Usted está mal de la cabeza!, me gritó la mujer. Yo no podía entender que una especialista de la salud mental le dijera eso a alguien, así que hice lo que mejor sé: la mandé al diablo y me fui corriendo al hospital psiquiátrico. Toqué la puerta del consultorio más cercano y amenacé con cortarme las venas si no me atendían. Un tropel de médicos salió a atenderme enseguida.

Escuchaba a mi madre llorar en la sala contigua. Creo que adquirí la seguridad que me ha dado el conocer a rajatabla sobre mi enfermedad, el haber leído tanto al respecto que puedo recitar de la A a la Z lo que pasa con mi cerebro. "Solo necesito pastillas porque mi cerebro se está deteriorando. No puedo concentrarme, confundo las palabras, me falta la memoria y escucho A por B, además de la impulsividad, la agresividad y los intensos deseos de morir que creo que son inherentes a mí desde que nací", les dije. "Por favor, necesito trabajar", les supliqué.

Mi diagnóstico: trastorno límite de la personalidad o borderline.

- Es usted una chica muy inteligente, ¿sabe?, me dijo uno de los doctores.

- Eso no sirve para que me quieran Menos para vivir, ¿sabe?

- ¿Por qué cree que no la querrían?

- ¿Quién en su sano juicio estaría con una mujer que cambia de humor como cambiar de aretes, que tiene ataques de ira, pánico y ansiedad en cualquier momento y lugar; que piensa que todos la engañan y que es hipersensible a lo que se diga de ella, que un día pueda comprar un pasaje al caribe y largarse sin recordar que al día siguiente tiene trabajo, que puede dar la vida por la persona que ama  pero que mataría sin remordimiento si la traicionaran? Podría ser la mujer más hermosa e inteligente de este planeta, doctor, y nadie me amaría, ¿comprende?

- ¿Entones para qué quiere medicarse?

- Para ver películas.

Ambos doctores se rieron, yo también me reí. Me dieron mi consabida medicación; cuatro pastillas al día para que este cerebro funcione. Confieso que me siento muy tranquila. Confío en la ciencia, en que nuestro cerebro es una máquina que a veces se avería y, como en estos casos, necesita mantenimiento de por vida.

Sobre mi enfermedad, digo que la conozco porque llevo años leyendo sobre el trastorno borderline y el trastorno bipolar, pues nunca supe cuál de los dos tenía (ambos son muy parecidos), y mi último diagnóstico fue la bipolaridad. Ante la ineptitud de los médicos psiquiatras -esto merece un post aparte-, yo misma tuve que documentarme, leer libros, artículos científicos y hablar con especialistas para saber qué diablos pasaba o pasa conmigo. Ahora, yo no creo en el diagnóstico en cuánto a etiquetas. Eso de ser borderline es solo un nombre, un nombre para englobar una serie de conductas muy marcadas, muy comunes en quienes la padecen, pero no es más que eso. La realidad es que algo sucedió con mi cerebro y es preciso repararlo o al menos atenuarlo.

Por estos días la vida no es muy fácil, aunque sí llevadera. Las pastillas me sumen en un sopor increíble. Somnolencia hasta el mediodía, distracción, falta de concentración y mucho, mucho, mucho sueño. A veces me siento como bajo los efectos de la marihuana debo decirlo, pero sí me siento más calmada. Ayuda mucho que esté embarcada en nuevos proyectos laborales y que mañana me vaya de viaje a la playa. Por el momento -y espero que por muchísimo tiempo- he dejado el alcohol, las drogas, el cigarro e incluso he disminuido el café y los dulces.

Lo que le dije a las doctores era una broma, evidentemente, pero el trasfondo es real. Soy sincera al respecto. Me parece imposible que alguien pueda quererme tal como soy; por supuesto, pueden enamorarse de mí, creo que tengo encanto -como muchas personas- pero de ahí a que pueda establecer una relación a largo plazo lo veo difícil; así me controle con pastillas estoy resignada a una fugacidad que quiero disfrutar y al hecho de no tener hijos por el riesgo genético. Puede parecer una estupidez pero yo no me creo al 100% lo de la "llevar una vida normal". Una persona con mi enfermedad no puede hacerlo o hablaré por mí: no puedo hacerlo.
Yo solo quiero medicarme para disfrutar de algunas tardes, estar tranquila a veces y no hacerle daño a los que quiero. Vivir feliz y en armonía y perogrulladas por el estilo... no.

LDV
 

Publicado por Luisa Devoto 

 

2 comentarios:

1.

Carlos Garcia 5 de noviembre de 2015, 7:23
 

Hola

Relatas como fue un intento de suicidio, espero que sea una historia ficticia y no una cruel realidad, no me gustaría saber que alguien que expresa de forma tan patente los sentimientos, deje este mundo cruel por su propia mano, este mundo es muy injusto, duro y muchas veces es como se dice vulgarmente una mierda.
Sin embargo, es lo que nos tocó vivir y vivir como decía alguien es solo un ratico si lo comparamos con el infinito del tiempo o como dirán los que creen en el mas allá es solo un instante comparado con la vida eterna, por lo que nos toca vivirla y de malas hay que seguir viviendo y si es duro que nos dejen vivir, porque tenemos que ayudarles con nuestra mano a terminar con una vida que muchos quisiera que no existiera.

Espero que puedas seguir contando tu vida por aca que yo estaré pendiente de oir tus quejidos.



2.

Luisa Devoto 6 de noviembre de 2015, 16:25

 


Hola Carlos,
 

Lo que cuento es verdad. Pero no lo llamaría intento de suicidio, pues lo que quise hacer no era morir, no sé realmente que quise, en algún momento, tal como cuento en el relato, lo pensé, pero fue muy fugaz, lo que quería quizás era tan solo escapar y en un momento como eso las pastillas parecen una buena alternativa. Afortunadamente no fue más que un adormecimiento y un posterior susto. Ahora trato de estar mejor y no andar en tonterías. Pues sí, es lo que nos ha tocado. No podemos hacer más. Un abrazo,
Luisa.

 

sábado, 31 de octubre de 2015

Cuento Eleonora por Poe



Uno de los hechos que según mi apreciación sobre Poe, lo marcó fuertemente fue la agonía y muerte de su esposa Virginia, quien a la vez era su sobrina, cuando se lee el cuento que les presentaré a continuación: El expresa ese sentimiento desgarrador, mediante un relato corto que uno cree que es uno mas de sus cuentos de terror, pero al avanzar en su lectura, termina siendo un poema con una hermosa historia de amor.

"Eleonora" es uno de los cuentos fantásticos de de Poe, publicado en 1842 en la revista The Gift, y reeditado con algunas correcciones en 1845, en el Broadway Journal. Aquí, Poe parece anticiparse a los senderos de la culpa y la desesperada búsqueda de perdón y redención. Durante el período en que fue escrito Eleonora, Virginia Clemm, esposa del autor, comenzaba a manifestar los primeros síntomas de tuberculosis cinco años antes de su muerte. Es mundialmente aceptado por los seguidores del maestro del terror gótico que este trabajo refleja un sentimiento proyectado hacia un futuro sin Virginia, acaso con una nueva musa. Los temas del primer amor arrebatado por la muerte, la culpa por el incesto y el olvido, se repiten en toda su obra. Algunos de los cuentos que lo evidencian son: Berenice, El retrato oval, La caída de la casa Usher, Morella, Ligeia, entre tantos otros.

El personaje que Poe muestra se describe en el primer párrafo del cuento como loco y pronuncia una de las frases mas conocidas del autor que dice: "Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche", a pesar de ser muy conocida esta oración, no creo que sea muy conocida la fuente inicial, que corresponde al cuento Eleonora.  A Poe se le tilda de haber estado Loco o de acuerdo con las descripciones modernas como una persona afectada de trastorno bipolar, y como tal se le atribuye haberse descrito a si mismo con estas palabras, sin embargo, la realidad es que estas palabras describen a un personaje de ficción, aunque es posible que fueran autobiograficas.



Sub conservatione formæ specifícæ salva anima.

(RAIMUNDO LULIO)



Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones.

                                    Eleonora


Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto. De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal. Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, «agressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi».

Diremos, pues, que estoy loco. Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida, que no puede discutirse y pertenece a la memoria de los sucesos de la primera época de mi vida, y un estado de sombra y duda, que pertenece al presente y a los recuerdos que constituyen la segunda era de mi existencia. Por eso, creed lo que contaré del primer período, y, a lo que pueda relatar del último, conceded tan sólo el crédito que merezca; o dudad resueltamente, y, si no podéis dudar, haced lo que Edipo ante el enigma.


La amada de mi juventud, de quien recibo ahora, con calma, claramente, estos recuerdos, era la única hija de la hermana de mi madre, que había muerto hacía largo tiempo. Mi prima se llamaba Eleonora. Siempre habíamos vivido juntos, bajo un sol tropical, en el Valle de la Hierba Irisada. Nadie llegó jamás sin guía a aquel valle, pues quedaba muy apartado entre una cadena de gigantescas colinas que lo rodeaban con sus promontorios, impidiendo que entrara la luz en sus más bellos escondrijos. No había sendero hollado en su vecindad, y para llegar a nuestra feliz morada era preciso apartar con fuerza el follaje de miles de árboles forestales y pisotear el esplendor de millones de flores fragantes. Así era como vivíamos solos, sin saber nada del mundo fuera del valle, yo, mi prima y su madre.


Desde las confusas regiones más allá de las montañas, en el extremo más alto de

nuestro circundado dominio, se deslizaba un estrecho y profundo río, y no había nada más brillante, salvo los ojos de Eleonora; y serpeando furtivo en su sinuosa carrera, pasaba, al fin, a través de una sombría garganta, entre colinas aún más oscuras que aquellas de donde saliera. Lo llamábamos el «Río de Silencio», porque parecía haber una influencia enmudecedora en su corriente. No brotaba ningún murmullo de su lecho y se deslizaba tan suavemente que los aljofarados guijarros que nos encantaba contemplar en lo hondo de su seno no se movían, en quieto contentamiento, cada uno en su antigua posición, brillando gloriosamente para siempre.





Las márgenes del río y de los numerosos arroyos deslumbrantes que se deslizaban por

caminos sinuosos hasta su cauce, así como los espacios que se extendían desde las márgenes descendiendo a las profundidades de las corrientes hasta tocar el lecho de guijarros en el fondo, esos lugares, no menos que la superficie entera del valle, desde el río hasta las montañas que lo circundaban, estaban todos alfombrados por una hierba suave y verde, espesa, corta, perfectamente uniforme y perfumada de vainilla, pero tan salpicada de amarillos ranúnculos, margaritas blancas, purpúreas violetas y asfódelos rojo rubí, que su excesiva belleza hablaba a nuestros corazones, con altas voces, del amor y la gloria de Dios.


Y aquí y allá, en bosquecillos entre la hierba, como selvas de sueño, brotaban fantásticosárboles cuyos altos y esbeltos troncos no eran rectos, mas se inclinaban graciosamente hacia la luz que asomaba a mediodía en el centro del valle. Las manchas de sus cortezas alternaban el vívido esplendor del ébano y la plata, y no había nada más suave, salvo las mejillas de Eleonora; de modo que, de no ser por el verde vivo de las enormes hojas que se derramaban desde sus cimas en largas líneas trémulas, retozando con los céfiros, podría habérselos creído gigantescas serpientes de Siria rindiendo homenaje a su soberano, el Sol.

Tomados de la mano, durante quince años, erramos Eleonora y yo por ese valle antes de que el amor entrara en nuestros corazones. Ocurrió una tarde, al terminar el tercer lustro de su vida y el cuarto de la mía, abrazados junto a los árboles serpentinos, mirando nuestras imágenes en las aguas del Río de Silencio. No dijimos una palabra durante el resto de aquel dulce día, y aun al siguiente nuestras palabras fueron temblorosas, escasas. Habíamos arrancado al dios Eros de aquellas ondas y ahora sentíamos que había encendido dentro de nosotros las ígneas almas de nuestros antepasados. Las pasiones que durante siglos habían distinguido a nuestra raza llegaron en tropel con las fantasías por las cuales también era famosa, y juntos respiramos una dicha delirante en el Valle de la Hierba Irisada. Un cambio sobrevino en todas las cosas. Extrañas, brillantes flores estrelladas brotaron en los árboles donde nunca se vieran flores. Los matices de la alfombra verde se ahondaron, y mientras una por una desaparecían las blancas margaritas, brotaban, en su lugar, de a diez, los asfódelos rojo rubí. Y la vida surgía en nuestros senderos, pues altos flamencos hasta entonces nunca vistos, y todos los pájaros gayos, resplandecientes, desplegaron su plumaje escarlata ante nosotros. Peces de oro y plata frecuentaron el río, de cuyo seno brotaba, poco a poco, un murmullo que culminó al fin en una arrulladora melodía más divina que la del arpa eólica, y no había nada más dulce, salvo la voz de Eleonora. Y una nube voluminosa que habíamos observado largo tiempo en las regiones del Héspero flotaba en su magnificencia de oro y carmesí y, difundiendo paz sobre nosotros, descendía cada vez más, día a día, hasta que sus bordes descansaron en las cimas de las montañas, convirtiendo toda su oscuridad en esplendor y encerrándonos como para siempre en una mágica casa-prisión de grandeza y de gloria.


La belleza de Eleonora era la de los serafines, pero era una doncella natural e inocente, como la breve vida que había llevado entre las flores. Ningún artificio disimulaba el fervoroso amor que animaba su corazón, y examinaba conmigo los escondrijos más recónditos mientras caminábamos juntos por el Valle de la Hierba Irisada y discurríamos sobre los grandes cambios que se habían producido en los últimos tiempos.


Por fin, habiendo hablado un día, entre lágrimas, del último y triste camino que debe sufrir el hombre, en adelante se demoró Eleonora en este único tema doloroso,

vinculándolo con todas nuestras conversaciones, así como en los cantos del bardo de Schiraz las mismas imágenes se encuentran una y otra vez en cada grandiosa variación de la frase.

Vio el dedo de la muerte posado en su pecho, y supo que, como la efímera, había sido creada perfecta en su hermosura sólo para morir; pero, para ella, los terrenos de tumba se reducían a una consideración que me reveló una tarde, a la hora del crepúsculo, a orillas del Río de Silencio. Le dolía pensar que, una vez sepulta en el Valle de la Hierba Irisada, yo abandonaría para siempre aquellos felices lugares, transfiriendo el amor entonces tan apasionadamente suyo a otra doncella del mundo exterior y cotidiano. Y entonces, allí, me arrojé precipitadamente a los pies de Eleonora y juré, ante ella y ante el cielo, que nunca me uniría en matrimonio con ninguna hija de la Tierra, que en modo alguno me mostraría desleal a su querida memoria, o a la memoria del abnegado cariño cuya bendición había yo recibido. Y apelé al poderoso amo del Universo como testigo de la piadosa solemnidad de mi juramento. Y la maldición de Él o de ella, santa en el Elíseo, que invoqué si traicionaba aquella promesa, implicaba un castigo tan horrendo que no puedo mentarlo. Y los brillantes ojos de Eleonora brillaron aún más al oír mis palabras, y suspiró como si le hubieran quitado del pecho una carga mortal, y tembló y lloró amargamente, pero aceptó el juramento (pues, ¿qué era sino una niña?) y el juramento la alivió en su lecho de muerte. Y me dijo, pocos días después, en tranquila agonía, que, en pago de lo que yo había hecho para confortación de su alma, velaría por mí en espíritu después de su partida y, si le era permitido, volvería en forma visible durante la vigilia nocturna; pero, si ello estaba fuera del poder de las almas en el Paraíso, por lo menos me daría frecuentes indicios de su presencia, suspirando sobre mí en los vientos vesperales, o colmando el aire que yo respirara con el perfume de los incensarios angélicos. Y con estas palabras en sus labios sucumbió su inocente vida, poniendo fin a la primera época de la mía.






Hasta aquí he hablado con exactitud. Pero cuando cruzo la barrera que en la senda del Tiempo formó la muerte de mi amada y comienzo con la segunda era de mi existencia,siento que una sombra se espesa en mi cerebro y duda de la perfecta cordura de mi relato.


Mas dejadme seguir. Los años se arrastraban lentos y yo continuaba viviendo en el Valle de la Hierba Irisada; pero un segundo cambio había sobrevenido en todas las cosas. Las flores estrelladas desaparecieron de los troncos de los árboles y no brotaron más. Los matices de la alfombra verde se desvanecieron, y uno por uno fueron marchitándose los asfódelos rojo rubí, y en lugar de ellos brotaron de a diez oscuras violetas como ojos, que se retorcían desasosegadas y estaban siempre llenas de rocío. Y la Vida se retiraba de nuestros senderos, pues el alto flamenco ya no desplegaba su plumaje escarlata ante nosotros, mas voló tristemente del valle a las colinas, con todos los gayos pájaros brillantes que habían llegado en su compañía. Y los peces de oro y plata nadaron a través de la garganta hasta el confín más hondo de su dominio y nunca más adornaron el dulce río. Y la arrulladora melodía,más suave que el arpa eólica y más divina que todo, salvo la voz de Eleonora, fue muriendo poco a poco, en murmullos cada vez más sordos, hasta que la corriente tornó, al fin, a toda la solemnidad de su silencio originario. Y por último, la voluminosa nube se levantó y, abandonando los picos de las montañas a la antigua oscuridad, retornó a las regiones del Héspero y se llevó sus múltiples resplandores dorados y magníficos del Valle de la Hierba Irisada.







Pero las promesas de Eleonora no cayeron en el olvido, pues escuché el balanceo de los incensarios angélicos, y las olas de un perfume sagrado flotaban siempre en el valle, y en las horas solitarias, cuando mi corazón latía pesadamente, los vientos que bañaban mi frente me llegaban cargados de suaves suspiros, y murmullos confusos llenaban a menudo el aire nocturno, y una vez —¡ah, pero sólo una vez!— me despertó de un sueño, como el sueño de la muerte, la presión de unos labios espirituales sobre los míos.


Pero, aun así, rehusaba llenarse el vacío de mi corazón. Ansiaba el amor que antes lo colmara hasta derramarse. Al fin el valle me dolía por los recuerdos de Eleonora, y lo abandoné para siempre en busca de las vanidades y los turbulentos triunfos del mundo.


Me encontré en una extraña ciudad, donde todas las cosas podían haber servido para

borrar del recuerdo los dulces sueños que tanto duraran en el Valle de la Hierba Irisada. El fasto y la pompa de una corte soberbia y el loco estrépito de las armas y la radiante belleza de la mujer extraviaron e intoxicaron mi mente. Pero, aun entonces, mi alma fue fiel a su juramento, y las indicaciones de la presencia de Eleonora todavía me llegaban en las silenciosas horas de la noche. De pronto, cesaron estas manifestaciones y el mundo se oscureció ante mis ojos y quedé aterrado ante los abrasadores pensamientos que me poseyeron, ante las terribles tentaciones que me acosaron, pues llegó de alguna lejana, lejanísima tierra desconocida, a la alegre corte del rey a quien yo servía, una doncella ante cuya belleza mi corazón desleal se doblegó en seguida, a cuyos pies me incliné sin una lucha, con la más ardiente, con la más abyecta adoración amorosa. ¿Qué era, en verdad, mi pasión por la jovencita del valle, en comparación con el ardor y el delirio y el arrebatado éxtasis de adoración con que vertía toda mi alma en lágrimas a los pies de la etérea Ermengarda? ¡Ah, brillante serafín, Ermengarda! Y sabiéndolo, no me quedaba lugar para ninguna otra. ¡Ah, divino ángel, Ermengarda! Y al mirar en las profundidades de sus ojos, donde moraba el recuerdo, sólo pensé en ellos, y en ella.

Me casé; no temí la maldición que había invocado, y su amargura no me visitó. Y una

vez, pero sólo una vez en el silencio de la noche, llegaron a través de la celosía los suaves suspiros que me habían abandonado, y adoptaron la voz dulce, familiar, para decir:




«¡Duerme en paz! Pues el espíritu del Amor reina y gobierna y, abriendo tu apasionado corazón a Ermengarda, estás libre, por razones que conocerás en el Cielo, de tus juramentos a Eleonora.»

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Trastorno bipolar o maníaco depresión

Como he expresado anteriormente no sé bien como denominar a lo que me pasa, en lo que se refiere a mi problema mental, a veces me identifico con la definición de trastorno bipolar porque es una expresión que se volvió corriente, porque ya muchos hablan de esta, pero maníaco depresión va mas con lo que me pasa, pues su nombre describe claramente los estados a que estoy sometido cuando entro en estados de desbalances.

Pienso que la nueva definición de trastorno bipolar tiene sus efectos positivos, pues al dar un nombre no tan brusco, puede ayudar a disminuir la estigmatización que se tiene con este problema mental. Sin embargo, esta nueva forma de etiquetar una serie de actuaciones de personas que se puede decir están fuera del funcionamiento normalmente aceptado por la sociedad, tiene sus efectos negativos, principalmente porque permite crecer de forma artificial, una denominación que tiene su marca sobre las personas; porque además se hace principalmente con el fin de medicalizar en exceso y de pronto sin necesidad, a personas que no sufren de un problema mental tan grave como el mío y lo más seguro es que no necesitasen tomar tantas medicinas o alguna medicina.

Según estudios estadísticos realizados en países del primer mundo, con el cambio de definición de los términos (de maníaco depresivo a bipolar), se pasó de una afectación de menos del 1% en el caso del trastorno maníaco depresivo a un 24% o mas y creciendo, para el trastorno bipolar en sus diferentes modalidades.

Soy de la opinión que no se debería tomar tantas medicinas, para los problemas mentales o problemas de adaptación social, ataques de locura o como quiera que se denomine a los desbalances mentales que tenemos, que hacen que en algunos momentos nos comportemos fuera de lo normalmente aceptado, bien sea que la causa sea un problema intrínseco causado por un desbalance interno (teoría del desbalance químico), o porque sea una característica de nuestro comportamiento (teoría de la antipsiquiatría), pero actuamos de forma no tan normal o como lo conocen muchos que no se interesan en problemas de la mente, actuamos como personas locas en determinados momentos.

Sobre que no se debería tomar tantas medicinas, existen médicos que no están de acuerdo en que se deba tomar medicinas de por vida, después de haber sufrido episodios de problemas mentales, entre ellos esta la Dra Moncrieff la cual publicó en su blog el 2 de marzo de 2016 que en el Reino Unido se inició un estudio para determinar que pasa con los pacientes a los que se les reduce o suprime los antipisicóticos, como tratamiento de mantenimiento a pacientes que han tenido uno o varios episodios psicóticos y dentro de esta clasificación estamos los maníaco depresivos o bipolares I.

Aunque no vivo en los Estados Unidos, lo que se define en mi país al estar bajo su influencia, en cuanto a la regulación de la medicina para los trastornos mentales, se hace con base en lo que defina allá.

Muchos de los protocolos de atención que usan los psiquiatras en mi país, se basan en los manuales de diagnóstico desarrollados por la Asociación de Psiquiatras de los Estados Unidos (APA); lo que está haciendo dicha entidad con las nuevas definiciones para el trastorno bipolar, al incluir solo la posibilidad de episodios psicóticas (no como algo distintivo y definitorio, que si lo es para la definición de trastorno maníaco depresivo), es crear la impresión de que este es un asunto muy serio; al mismo tiempo arreglándoselas para aumentar la cantidad de posibles pacientes, extendiendo la red de diagnóstico, al poder incluir en este diagnóstico a personas con problemas mentales relativamente leves.

Lo que se busca con lo que se dice en el párrafo anterior, es poder recetar legalmente antipsicóticos a personas que no han tenidos episodios de psicosis (yo llamo a esto un contrasentido), antes de definirse la nueva etiqueta de trastorno bipolar una persona solo era diagnosticada como maniaco depresiva, si había tenido un episodio psicótico fuerte, de resto no tenía un diagnóstico que lo asimilara a este grupo, al cambiar la definición a trastorno bipolar se ampliaron las posibilidades de asimilarse a este grupo de pacientes afectados por problemas mentales similares, sin embargo, lo que se hizo es empezar a tratar a pacientes que no tenían un problema mental tan grave (maniaco depresión), con medicinas muy agresivas como son los antipsicóticos, que si se mira bien es un contrasentido, pero este había quedado legalizado.

En la evolución de los conceptos de la psiquiatría: Se pasó de una definición muy cruda, pero a la vez muy concreta para definir un problema mental, que es el denominado anteriormente como trastorno maníaco depresivo, pasando a algo más bien vago y que puede dar cabida a muchos más pacientes que la definición más antigua, como es la nueva definición de trastorno bipolar.

Correlacionando lo que me ha afectado y he sentido, con las definiciones antiguas y más modernas de problemas mentales, lo que me afecta cuadra con la definición más clásica de trastorno maníaco depresivo, que es lo que seguramente me diagnosticaron en el momento en que entre en un estado comúnmente llamado de locura o médicamente denominado estado psicótico, por allá a principios de los 80 y de acuerdo con las nuevas definiciones dadas por la psiquiatría moderna que surgieron en la década de los 90, sufro de un trastorno bipolar del tipo I.

La antipsiquiatría y aún algunos psiquiatras plantean respecto a los problemas mentales, "que estos no pueden definirse como enfermedades mentales, porque la gente es compleja y diversa, por lo que los problemas encontrados en el transcurrir por la vida también son complejos y diversos. Algunos de los problemas a que se enfrentan las personas son relativamente menores y fáciles de tratar. Otros pueden ser realmente abrumadores. Algunos son de hecho problemas médicos y requieren ayuda médica. Otros, simplemente, no lo son. La mayoría de las actualmente llamadas enfermedades mentales, son básicamente problemas de conducta personal y no requieren fármacos. La medicalización de los problemas humanos de la vida es tan falsa, como las antiguas teorías del flogisto o la brujería. Las drogas (medicinas recetadas por psiquiatras, el alcohol o los psicotrópicos ilegales pero de fácil consecución) no son una solución eficaz a los problemas de la vida".

Aunque no estoy 100% de acuerdo con la antipsiquiatría, estoy de acuerdo con el anterior planteamiento y con base en lo que he vivido me inclino por pensar que lo mío no es un problema menor, que requiere de pronto de ayuda externa y del uso de químicos, pero en este momento no se tiene un protocolo científicamente probado y claro para mi tratamiento y lo que hago es con base en lo vivido: He definido mi forma de tratarme, tratando de estar un máximo de tiempo libre de sustancias externas toxicas pero de pronto necesarias en algunos momentos.

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Bien sea que realmente no tenga ninguna enfermedad y solo sea un problema de adaptación pero he sufrido por comportamientos que he tenido, que no son muy comunes, que no están bien vistos, que han afectado a otros y a mí mismo, por lo que he necesitado de algo que me ayude a corregirlos, en algunas oportunidades, ese algo que ha sido llamado como se quiera: Medicinas, drogas, psicofármacos o psicoactivos, han hecho que me pueda sentir mejor de ciertas características de mi comportamiento y que actué más normalmente ante la sociedad, pero sin excluir sus efectos malucos.

En mi caso creo que si tengo un problema mental, que se puede decir grave, que necesito ayuda externa y tomar fuertes psicofármacos en los episodios de crisis, que afortunadamente han sido muy pocos, sin embargo, he sentido también que he podido vivir relativamente bien, sin tomar medicinas cuando tengo periodos de estabilidad emocional, que es la mayor parte del tiempo o tomando un mínimo de estas cuando tengo desbalances leves para evitar llegar a una crisis.

martes, 14 de julio de 2015

Feliz de no haber sido tratado con litio para mi trastorno bipolar

Dentro de las situaciones afortunadas que he tenido, dentro de lo que me ha tocado soportar debido a mi problema mental, se tiene el no haber sido medicado con litio, en ninguna de las veces en que acudí a los psiquiatras que me han tratado.

Aunque lo que he tomado, no ha sido lo mas suave y con menos efectos secundarios, si se compara con lo que puede pasar si se toma litio es preferible.

En mi primera crisis, año 1983, debido a que no existía la internet y que a los pacientes no se les explica mayormente lo que les pasaba (aún hoy esto es lo mas común), no supe que existía el litio como medicina para tratar los desbalances, fui tratado con antipsicóticos fuertes, después de la remisión los síntomas de mi tb fueron pocos. Se me dejo entonces un tratamiento de control, con base en un antipsicótico, el cual debido a sus molestos efectos secundarios decidí dejarlo, aun cuando lo corté de tajo, pude estar en una situación de relativa normalidad durante varios años.

Luego cuando tuve de nuevo fuertes síntomas de mi maníaco depresión, fui tratado de nuevo con antipsicóticos los cuales tomé por un corto tiempo y descontinué de nuevo, volviendo a un estado de relativa estabilidad.  Siempre se me dijo que tenia que tomar medicamentos de control, pero no soportaba sus efectos secundarios y los suspendía, con algunas consecuencias negativas, pues habían momentos en que mi trastorno se alborotaba, aunque sin llegar a una crisis fuerte, y como no se controlaban estos desbalances, tuve inconvenientes en la vida personal y laboral.



Corría el año de 2007, tuve de nuevo síntomas significativos de mi trastorno mental, esta vez con desbalances muy fuertes y después de haber soportado los efectos negativos que estos me causaron sin tomar medicinas para ello.  Fue entonces cuando por este medio (la internet), encontré que lo que sufría estaba definido como un problema mental denominado trastorno bipolar, antes llamado trastorno maníaco depresivo y que lo mejor para los afectados es tomar medicamentos de control, decidí pues, ir de nuevo donde el psiquiatra, esta vez en un estado que se puede decir de equilibrio, pues la crisis ya había hecho su curso, pero consciente de tener un problema crónico que me afectaba, le conté mi situación y me medicó con un anticonvulsivo como medicina de control, esta vez sufrí menos efectos secundarios, pero los tuve y después de cierto tiempo logré acostumbrarme a esta medicina sin sentir sus efectos secundarios, aunque si los tenía pero sin ser apreciables de primerazo.

A pesar de no haberme ido tan mal con este ultimo tratamiento de control; hace un año aproximadamente lo volví a suspender y solo estoy tomando los medicamentos que se me dejaron como control, para el manejo de síntomas problemáticos cuando siento que tengo desbalances que son parte de mi tb.

Hace pocos días leí el post del blog de la  Dra Joanna Moncrieff donde habla sobre el litio que es la primera opción terapéutica como tratamiento de control para el trastorno bipolar en la actualidad, puede no ser tan bueno como se dice por muchos y puede ser que por la mayoría de los psiquiatras, según afirma con sus palabras cuando dice entre otras cosas lo siguiente:

“Tenemos pocas pruebas de que el litio sea un tratamiento realmente eficaz."

"El litio es una neurotoxina, que inhibe el funcionamiento del sistema nervioso por lo cual las personas pueden sentirse somnolientas, letárgicas y se desaceleran.  Estos efectos se observaron en los conejillos de indias en un principio, y luego en personas con manía por el médico australiano, John Cade, quien propuso por primera vez que el litio podría ser un tratamiento útil para la depresión maníaca. En el siglo XIX el litio se había utilizado para el tratamiento de la gota, y se convirtió en un ingrediente popular de tónicos e incluso cerveza, hasta que se demostró que no se disuelven los cristales de ácido úrico que causan la gota como había sido reivindicado.  En mi opinión, la evidencia de que el litio ayuda a prevenir los episodios de depresión maníaca es demasiado débil para compensar los daños que puede causar (que comúnmente se incluyen los daños de la tiroides, daño renal, y la toxicidad neurológica aguda a dosis muy cercanos a los que se utilizan en la práctica, por lo tanto la necesidad de vigilancia en la sangre). El síndrome maníaco depresivo es una enfermedad muy variable. Algunas personas tienen muchos episodios, algunas personas pocos, y el patrón de los episodios varía a lo largo de la vida también. Los largos períodos de estabilidad no son necesariamente evidencia de la efectividad de un tratamiento. Por lo anterior tendríamos que demostrar la eficacia y el valor del litio en un ensayo prospectivo aleatorizado en el que las personas que no habían estado previamente en el tratamiento farmacológico a largo plazo fueron asignados al azar para comenzar litio o placebo. En la actualidad, mi opinión es que la evidencia de que el litio podría ser eficaz no es lo suficientemente fuerte como para justificar un juicio tal, dados los riesgos para la salud asociados."

Ya para terminar este articulo, la Dra Moncrieff a nivel de conclusión deja unos párrafos bastante duros y críticos con la psiquiatría moderna cuando dice:

 "Los médicos deben ser honestos sobre el estado de las pruebas sobre el litio, no estoy convencida de que hay circunstancias que justifiquen los riesgos que conlleva.

En 1957 un farmacólogo lamentó la moda para el tratamiento 'por el envenenamiento de litio’. Un día, creo yo, vamos a despertar y darnos cuenta de que su preocupación era correcta".




En este otro post: Pruebas sobre el efecto del litio sobre el suicidio la Dra plantea que:


"No parece estar aumentando la aceptación sobre la idea de que el litio prevenga suicidio, o que pueda reducir las tasas de mortalidad."


Según mi opinión que he tomado después de mi autoanálisis, basándome en las opiniones de ciertos psiquiatras, principalmente en la de la Dra Moncrieff, unido a mi deseo de no tener que estar sujeto a tomar tanta medicación: Mi problema mental, al cual se puede etiquetar como trastorno bipolar, no tiene una cura y el tratamiento de control que se recomienda por algunos médicos no es el indicado, pues no hay una evidencia solida de que al estar bajo droga de control, se tengan menos episodios de crisis, si se compara cuando no se toma esta.

 Aunque la mayoría de los médicos dicen que es necesaria la droga de control, que esta funciona y es lo que la mayoría de los pacientes están convencidos que es así, pues esta mentira nos la han repetido mil veces, convirtiéndola en una verdad que se acepta como tal, como los dogmas de fe que antiguamente imponían las religiones cristianas, en mi forma de ver las cosas el manejo de nuestro problema mental debe ser el de atacarlo solamente en las crisis, reduciendo al mínimo los síntomas problemáticos, con compuestos que se ha comprobado que minimizan los estados alterados,  que a mi modo de ver es provocar un estado de desconexión mental parcial de la persona, para evitar los daños que puedan causarse al paciente y/o su entorno, mientras que los síntomas del trastorno mental siguen su curso y la persona afectada vuelve de nuevo a un estado cercano a la estabilidad, así solo en en estos periodos se sufrirán las consecuencias de los efectos malucos de los medicamentos, pero una vez se controlen estos deben reducirse a un mínimo o suspenderlos mientras no se tenga un nuevo síntoma.




domingo, 31 de mayo de 2015

Fue Bolivar Bipolar?

Ahora aparece por varios lados que otro famoso fue bipolar, Simón Bolivar, fue un general americano, descendiente de españoles y al parecer también de africanos (aunque él, siempre trato de ocultar la mitad de su origen, en los cuadros siempre parece un fino español mantuano, gracias al Photoshop del siglo XIX), que fue una de las personas claves para la separación de las colonias americanas del dominio español, situación que se dio a principios del siglo XIX.

Para empezar para mi forma de ver Bolívar no fue bipolar principalmente porque dicho trastorno apenas existe a partir de la última década del siglo XX, digo que existe solo a partir de los últimos tiempos, porque antes existían otros problemas mentales diferentes, pues la condición de bipolar tiene que ver entre otras cosas con algo que solo se puede dar en el contexto actual, pues requiere de unas condiciones internas de personas que provocan un funcionamiento mental fuera de la norma, moduladas por la forma de vida actual, con toda su modernidad, que incluye el consumo diario de demasiados compuestos químicos sintéticos, que no existían antes, además porque muchos casos de bipolaridad son creados por esta misma situación, lo que de pronto pudo sufrir Bolivar pudo ser análogo a lo que ahora se llama trastorno bipolar, pero como tal no lo fue.

Según un análisis que el Dr Jorge Téllez Vargas hace de Bolívar: en el Artículo "Dos hombres, un héroe, La mente del Libertador en la pluma de Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez y Evelio Rosero" que hace parte del libro 12 personajes literarios en busca de psiquiatra.

Basándose de la imagen entre histórica y ficticia de Bolívar, que muestran estos tres escritores lo define como un bipolar mas.

Existe un audio de una entrevista del Dr tellez donde se habla de este artículo.

Entre otras cosas se dice:





"Serían necesarias algo más de dos décadas a partir de nuestra consulta imaginaria con el Libertador para que la psiquiatría conceptualizara su dolencia. A mediados del siglo XIX, Jules Baillarger y Pierre Falret hablaron de una enfermedad que tenía fases de manía y melancolía. El primero la llamó locura de forma dual y el otro, locura circular. A comienzos del siglo XX, Emil Kraepelin hizo una descripción más detallada que la de sus predecesores y acuñó el concepto de psicosis maniacodepresiva, que desde 1994 se conoce como trastorno bipolar.  No es de descartar que en un futuro lo llamen trastorno de la regulación del afecto, como se sugiere para algunos cuadros clínicos en una eventual quinta versión del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Como se observa en nuestro paciente imaginario, es un trastorno en el que alternan o coexisten episodios de gran exaltación (manía) e hiperactividad (hipomanía) con momentos de depresión.  Hoy en día sabemos que el trastorno bipolar tiene un alto componente hereditario y se origina en una alteración de los circuitos cerebrales que equilibran el estado de ánimo.

Gracias a los estudios del psiquiatra suizo-estadounidense Jules Angst, se conoce que en la evolución de la enfermedad bipolar los cuadros de manía e hipomanía, tan floridos y recurrentes en la adolescencia o la juventud temprana, se tornan paulatinamente menos frecuentes. Entonces la depresión comienza a ser la protagonista, y con frecuencia tiende a ser crónica, como lo describe Gabo en su novela.

Todos los seres humanos presentan variaciones anímicas de acuerdo con las circunstancias ambientales y sus vivencias íntimas.  Se trata de periodos de alegría o de tristeza, relacionados y adecuados a la circunstancia, y siempre pasajeros.  Lo que marca la diferencia en el paciente bipolar es que sus respuestas ante los estímulos son exageradas y prolongadas.

Los síntomas suelen aparecer desde la infancia.  Primero se manifiestan con comportamientos oposicionistas e hiperactividad, síntomas que el Bolívar histórico presentó en su infancia y que hicieron que su padre y después su tío Carlos Palacios cambiaran continuamente a sus institutores, incluidos los mismos Simón Rodríguez y Andrés Bello.  También es probable que se presente cierta precocidad sexual.

El paciente bipolar suele ser impulsivo.  Tiene, por tanto, mayor riesgo de abuso de sustancias y suicidio.  En su corte de pacientes bipolares suizos, Angst observó que el 29 por ciento se quitaron la vida.

La psiquiatría paulatinamente ha aceptado algunas de las categorías sugeridas por el psiquiatra armenio estadounidense Hagop Souren Akiskal para el trastorno bipolar: El trastorno bipolar tipo I, que consiste en periodos de depresión que alternan con fases de manía en las que el paciente pierde el contacto con la realidad; el trastorno bipolar tipo II, el más frecuente y difícil de diagnosticar, en el que se combina la depresión con la hipomanía, entendida como hiperactividad y euforia; y el trastorno bipolar tipo III, que corresponde a cuadros de hipomanía o manía desencadenados por el alcohol, las sustancias psicoactivas o algunos fármacos como los antidepresivos tricíclicos.

En su tiempo, Bolívar habría tenido pocas esperanzas de recibir un tratamiento apropiado.  Fue en la mitad del siglo XX cuando se descubrieron las bondades del litio para estabilizar a los pacientes, aunque la toxicidad derivada de su uso fue cuestionada.  Enfoques posteriores se centraron en tratar cada fase sintomática –por un lado antidepresivos para la melancolía y por otro antipsicóticos para la manía– y años más tarde, a partir de los ochenta, se emplearon los anticonvulsivantes y moduladores del ánimo.  Estos fármacos, al estabilizar las alteraciones neurobiológicas de las redes y circuitos cerebrales que dan lugar al trastorno bipolar, impiden la aparición de nuevos episodios afectivos.  Ya sean manifestaciones de tinte depresivo, maníaco o hipomaníaco, estos medicamentos estabilizan el comportamiento del paciente y mejoran su calidad de vida.  Mejor dosificado, hoy vemos un resurgir del litio como terapia, así como la aparición de nuevos estabilizadores del ánimo.  Si apareciera en mi consultorio, a este Bolívar literario yo le habría recetado un estabilizador del ánimo para yugular los síntomas de su bipolaridad, posiblemente de tipo II.

También le habría recomendado psicoterapia para monitorear el tratamiento y enseñarle a identificar los disparadores de sus síntomas.

En conclusión, tenemos varios indicios para sospechar que el Simón Bolívar descrito por Mutis, Gabo y Rosero es bipolar y que le estamos dando el tratamiento acertado.  Son notorios los altibajos emocionales, el escaso control de sus impulsos sexuales, la agresividad, la megalomanía, la distractibilidad y, en ciertos intervalos, momentos de frustración, pesimismo y tristeza.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es un mismo personaje o son dos personajes distintos? ¿Es lícito amalgamar las visiones de tres escritores para hacer una sola interpretación?
En efecto, cuando se juntan opiniones diversas sobre una persona, y entre estas opiniones se incluyen las de críticos y admiradores, es casi inevitable concluir que esta presenta un carácter dual, o al menos que es francamente inestable.

Aun así, para cualquier psiquiatra es verosímil que el Simón Bolívar de los tres escritores sea una misma persona.  En la personalidad bipolar pueden fácilmente convivir el hombre reflexivo descrito por Mutis, el líder con sus debilidades humanas contado por Gabo y el promiscuo con rasgos de sadismo que pinta Rosero. La moneda tiene dos caras, pero siempre será una sola".

Lo anterior corresponde a una parte del articulo escrito por el Dr Téllez, el articulo completo lo pueden encontrar en el post 12 personajes literarios analizados por psiquiatras donde pinchan donde dice enlace.