martes, 24 de febrero de 2026

Cada vez estoy más retirado de las drogas

Últimamente casi no tomo drogas, solo tomo de forma continuada un compuesto para controlar la presión arterial, respecto a medicamentos para el tratamiento del trastorno bipolar llevo ya bastante tiempo sin tomar nada.




Mi trastorno bipolar no se ha ido, sé que no se irá nunca, porque es una parte de mi forma de ser, es una condición intrínseca que se tiene; que al no ser una enfermedad, no es curable.


El trastorno bipolar no se considera una enfermedad según la opinión de algunas personas entre ellas algunos psiquiatras reconocidos mundialmente.

Para lo que estoy hablando cuando digo drogas me refiero a compuestos que se toman para cambiar el funcionamiento físico del cuerpo, entre las drogas hay unas recetadas, como también otras que se toman por recomendación de otras personas o porque además tienen efectos "recreativos".

También ando retirado de este espacio, antes publicaba más de seguido, como tambien que tenia mas visitas y tenía comentarios, ahora todo se ha venido abajo, ya no he vuelto a tener entradas que  logren una buena visibilidad, esto se lo debo entre otras cosas a que este tipo de espacios son poco vistos últimamente, lo que funciona son los video blogs y los podcasts, toca pasar al formato de video y dar tu imagen plena o trabajar como guionista para que otra persona sea la que de la cara; ahora se puede y voy a ver cómo lo hago para presentar videos con las caras de otras personas o de avatares, voy a ver como me vuelco a un formato de estos.

Dentro de lo que quiero ser esta no ser visto en público como un afectado de trastorno bipolar para que me encasillen en esto, quiero conservar mi perfil anónimo, aunque acá puede que utilice mi nombre este es un genérico que muchos pueden tener, tengo un caso de una amiga que tiene un hermano que tiene mi mismo nombre, mi hermana tiene el mismo nombre de mi amiga sin que seamos familiares cercanos y esto en un pequeño pueblo, que se puede decir de una zona mas grande o de un país o del mundo.
Tengo 59 años y estoy dando cambios a mi vida.

Este 2026 cumpliré cinco años de relación sentimental.

De nuevo tengo un hogar más o menos común, el de dos personas maduras que van a convivir, donde se estará el uno para el otro, sin tener obligación con niños pequeños, entre otras cosas en comun tenemos 4 hijos y 3 nietos los cuales no son una obligación si no en gusto cuando se puede compartir con ellos.

Espero y esto lo vislumbro que respecto a mi nueva forma de vivir, esta va a ser mejor para sobrellevar mi condición de bipolar, ya con mi madurez, he comprendido mejor que es lo que me pasa y que he aprendido a lo que se puede decir sobrevivir con mi trastorno bipolar. Mi pareja que sabe de mi condición, me comprende y hasta el momento me ha acompañado de buena manera en las veces que no he estado tan normal, aunque no he tenido crisis, ni tampoco situaciones donde se generen problemas fuertes por mi forma de ser bipolar.

La vida es linda unas veces vivir es sencillo y otras veces se pone difìcil, considero que en este momento el destino me sonríe y me da la oportunidad de vivir de nuevo en compañía, estoy dando todo para que las situaciones en pareja funcionen.


La Depresión Bipolar: Cuando la Tormenta llega sin Nubes

Cuando un bipolar siente la depresión, esta tiene una cualidad traicionera y paradójica. No surge necesariamente de un fracaso, de una pérdida o de una tragedia externa. A veces, llega en silencio, cuando se puede decir que todo esta en orden. No pide permiso, no da explicaciones. Simplemente se instala, desconectando la voluntad, tiñendo el mundo de plomo y dejando una pregunta cruel flotando en el aire: ¿Por qué me siento así?, Si cuando analizas lógicamente no hay razones para sentirse mal.








De nuevo me siento deprimido: Me siento profundamente mal, a pesar de que, al analizar mi situación con lógica, no encuentro una razón objetiva para estarlo.

Mis obligaciones me obligan a salir y a cumplir con mis tareas. Lo hago, pero es un movimiento por puro impulso, automático. Si dependiera únicamente de mi voluntad, no cruzaría la puerta en todo el día.

Todo es tan extraño. Hace apenas unos días, era otra persona. No podía estarme quieto, tenía ánimo para todo: para trabajar en varios frentes a la vez y, aún después de largas jornadas, para salir a buscar diversión. Ahora, en cambio, solo espero la primera oportunidad para tirarme en la cama, un lugar donde, irónicamente, me siento todavía peor.

Era una situación esperada. Sabía que tras la subida vendría la caída. Y ahora que estoy aquí, es difícil de soportar. Solo me queda un consuelo frío: "Al menos es mejor que estarla 'embarrando' por estar acelerado".

Incluso escribir estas líneas me ha costado una dificultad inmensa. No tengo ganas de hacer nada. Solo lo hago con la intención de dejar un testimonio, una ventana a cómo se siente uno de los polos de este desbalance: las diversas y agotadoras facetas de este problema.

Afortunadamente —y esto es un "afortunadamente" amargo— tengo a quién echarle la culpa: A mi problema mental. No a las circunstancias, no a las personas que me rodean, y, lo más importante, no llego al abismo de pensar que mi vida es una desgracia completa que no merece ser vivida. Esa es una línea que he visto cruzar a otros y que, en el pasado, yo mismo contemplé cuando no entendía mi dolencia. Hoy, el diagnóstico, por duro que sea, actúa también como un salvavidas conceptual ,sin embargo, tras todo este proceso de reflexión, tras encontrar la explicación lógica, la realidad persiste: Sigo sintiéndome mal. Muy mal.  Sé que esto es pasajero, pero ese conocimiento no apaga el dolor.  Solo el tiempo, permitirá que cambie los sentimientos que ahora tengo.

Hago este esfuerzo de escribir desde el fondo, con fuerza titánica, que es en sí mismo un acto de resistencia. Este post no es una reflexión en frío, sino un mapa dibujado desde el territorio hostil. Sirve para que quien lo lea y no lo viva, pueda acercarse a comprender; y para quien sí lo viva, pueda sentirse menos solo en su propia batalla silenciosa contra la gravedad del alma.



Mi historia

Según la etiqueta que me he inventado, yo sufro de sentimientos encontrados. Estos me hacen sentir emociones que, muchas veces, no están relacionadas con lo que mi entorno ofrece. Para ilustrar mejor lo que digo: puedo sentirme eufórico y bastante alegre después de haber tenido una gran pérdida sentimental; como también puedo sentir una gran tristeza, lo que comúnmente se llama depresión, a pesar de haber logrado un objetivo importante en la vida que, para otra persona, podría ser claramente un motivo para estar feliz.

Que esta situación se deba a que sufro de una enfermedad, de un trastorno mental o como se pueda llamar, es algo que aún no tengo claro, sobre todo cuando la información al respecto ofrece versiones contradictorias. Trato de guiarme por lo que siento y por las experiencias que he tenido, pero mis apreciaciones muchas veces van en contravía de lo que se afirma en gran parte de lo que he podido encontrar en la red, como artículos médicos que dicen tener argumentos y sustento sólidos, basados en teorías manejadas por muchas personas y que estarían respaldadas por evidencias médicas.

En el año 1983, cuando tenía 16 años, sufrí una crisis mental fuerte en la cual llegue a alucinar y que me llevó a actuar de forma poco lógica. Para el común de las personas, se podría decir que llegué a un estado de locura o de desequilibrio mental. Mis razonamientos eran bastante confusos y, aunque para mí significaron en esos días que había encontrado la explicación a todos los interrogantes filosóficos, para las demás personas eran razonamientos absurdos o, mejor dicho, eran idioteces; y mirando desde mi punto de vista actual tuve un episodio de manía intensa, pero no de iluminación o de entrar en contacto con el mundo inmaterial aunque eso fue lo que senti y pensé en ese momento. 

Este desorden mental pudo deberse a problemas de adaptación a situaciones de la vida, ya que salí de mi hogar materno y pasé a vivir en otro entorno, en otra ciudad: dejando amigos, dejando novia y dejando una comodidad de la que había disfrutado en mis primeros 16 años de vida. Por algún motivo intrínseco o externo, llegué a un estado de desorden en mis actuaciones. Como opción para remediar la situación, fui remitido a un psiquiatra, el cual ordenó que me internaran en un centro para personas con desórdenes mentales, que en esos días se llamaba "clínica de reposo", para no llamarlo como el común de las personas conoce: "manicomio".

Allí, después de varias semanas de tratamiento con base en fuertes medicamentos que me mantenían como dormido —o como denomino yo, como un zombi—, fui poco a poco volviendo a razonar y a actuar como la mayoría de las personas. Después de esto, recibí el alta médica y regresé a mi cotidianidad, con la prescripción de una gran cantidad y variedad de medicamentos que me afectaban en la forma de sentir, como también físicamente.

El doctor que me atendió me dijo una frase que siempre martilla mi mente: "Estás enfermo y debes tomar medicamentos para el cerebro por el resto de tu vida". Por varios meses —quizá cerca de un año, pero no más de ahí— cumplí con las prescripciones y acudí a los controles rutinarios. Sin embargo, debido a que me sentía muy mal, no sé si por los efectos primarios y secundarios de las drogas psiquiátricas o porque había mutado a un sentimiento de depresión profunda, tomé la determinación de dejar de tajo toda la medicación que se me había recetado y traté de vivir mi vida sin medicamentos para la cabeza.

Para mí, había pasado por una gran mala experiencia, pero decidí que debía continuar con mi vida y, de ser posible, hacer realidad los sueños que tenía de niño y de adolescente, aunque pensaba que de pronto podía enloquecer de nuevo o incluso que existía la posibilidad de llegar a un estado de locura irremediable. Durante mucho tiempo, conviví con ciertos desbalances mentales sin darme cuenta de que los tenía, o más bien sabiendo que padecía de algo, pero tratando de no darle mucha importancia, por lo que no me atormentaba demasiado por ello.

Creo que después de varios años —unos 10, estamos hablando del año 1993—, dentro de lo que recuerdo, no sentí desbalances fuertes, aunque de pronto recuerdo que tenía periodos donde estaba lo que se puede denominar "deprimido", como también ciertos periodos en que hacía cosas de forma apresurada e impulsiva, que después analizaba y no habían sido muy convenientes. A pesar del episodio de locura sufrido, pude volver a tener una vida dentro de lo que se puede decir normal o promedio. Pude realizar y terminar estudios universitarios y me gradué para el año 1991. Después entré a trabajar en una empresa, desempeñándome en mi campo profesional con unos buenos ingresos, lo cual me permitió hacer una nueva familia al lado de una esposa y mis dos hijos.

Posteriormente, no tengo bien claro la fecha, pero fue hacia el año 1995 o quizá un año o dos más, donde tuve otra crisis, no tan fuerte como la primera, cuyos síntomas fueron similares a los que tuve antes de entrar en mi crisis mayor. Al sentir que me acercaba a unos sentimientos que para mí eran hacia un estado de locura al cual no quería llegar, decidí acudir a otro médico, esta ve un psicoanalista, que me ayudara con mi problema y me permitiera volver a la normalidad. Volví de nuevo al tratamiento, esta vez con un protocolo dual de psicoterapia y drogas psiquiátricas, que me permitieron de nuevo volver a una situación normal. A pesar de que este médico tampoco me dijo que dejara los medicamentos, de nuevo los descontinué y no volví a su consultorio.

Después, hacia el año 2007 aproximadamente, cuando llegué a mis 40, empecé de nuevo a sufrir altibajos emocionales de intensidad media que me acercaban a lo que sentí en mi crisis mayor. De nuevo pensé en acudir a pedir ayuda médica, pero como ese momento coincidió con la disponibilidad y popularidad aquí en mi país de un nuevo medio de información, como es la red de internet, antes de pedir esa ayuda acudí primero a la búsqueda de información sobre cuál era la causa de mis problemas mentales. Allí descubrí tanto páginas web como blogs, foros y algunos artículos científicos que se publicaban para no científicos, de muchos temas relacionados con problemas mentales, por lo que me dediqué a buscar y leer mucho para correlacionar lo que había sentido en mi crisis y en mis desbalances con lo que otros habían sentido y con las clasificaciones que habían hecho otras personas para este tipo de sentimientos.

Vine a encontrar que, de acuerdo con muchos sitios de la red, tanto desde el punto de vista de los pacientes como del lado médico, lo que yo había sentido y que venía sintiendo se correspondía con lo que en un tiempo anterior se llegó a llamar "psicosis maníaco-depresiva", y que en ese tiempo se le había dado un nuevo nombre: "trastorno bipolar", el cual tenía varias subdivisiones de acuerdo con la severidad de los síntomas. Para mi caso, era el tipo I, que implicaba el haber llegado a un estado de desorden mental agudo, de locura temporal, de delirio o, de acuerdo con los términos psiquiátricos del momento, un estado psicótico.

Los artículos que eran a favor de la psiquiatría hablaban de que la única forma de estar bien y de poder desempeñarse de manera adecuada para una persona que sufre problemas mentales era la prescripción de medicamentos. Muchos sitios de internet tenían publicidad de ciertos medicamentos con marcas comerciales, los cuales se deberían tomar de forma constante, es decir, estar medicado de por vida, que era lo mismo que me dijo el primer psiquiatra que me trató.

Participé en foros con otros afectados de problemas parecidos y encontraba que, en la mayoría de ellos, las personas aceptaban y daban por hecho que la única opción era estar medicado. Aunque, en general, se decían libres de los síntomas más fuertes de los problemas mentales, decían no sentirse bien del todo. Se encontraban versiones de personas que decían que nunca se sentían bien, tanto si tomaban como si no tomaban medicamentos, y que la vida para ellos no era nada agradable.

Leí varios blogs de personas que habían entrado en fuertes estados psicóticos o en fuertes estados de depresión, donde narraban cuestiones bastante escabrosas o historias que rayaban en el límite de la realidad y de un estado de desorden de ideas. En esos días se encontraban fácilmente este tipo de entradas; últimamente es difícil para mí dar con este tipo de blogs. No sé si por la censura que se pueda estar haciendo en la red o porque las personas con estas alteraciones ya no acuden a este medio para publicar estas situaciones. Las entradas que leí en esos días ya no se pueden encontrar en línea porque fueron eliminadas y sus autores no siguieron escribiendo, o mutaron o cambiaron sus blogs, a pesar de que siempre se publicaba con perfiles anónimos.

También encontré otro tipo de blogs donde se hablaba de las experiencias traumáticas, pero no desde un punto de vista tan fuerte ni tan crudo. Este tipo de blogs ha ido evolucionando poco a poco y muchos de ellos todavía están vigentes, se actualizan y algunos están en los enlaces de este blog.

A partir del año 2009, me inicié como bloguero aquí en internet y he ido dejando mi forma de ver la situación mía y de lo que se habla sobre los problemas mentales. Inicialmente, era partidario de definir mi situación como la de una persona afectada de una enfermedad mental denominada "trastorno bipolar tipo 1". Me identifiqué plenamente dentro de este grupo y, es más, mi blog pasó a llamarse "Cómo vivo con mi trastorno bipolar". Acepté que lo mejor para convivir con esta "enfermedad" era tomar medicinas que la controlen. Pude identificarme con los blogueros que escribían los más crudos relatos, los cuales narraban historias similares o de un estilo a lo que pude haber sufrido en mi más fuerte crisis, como también con los blogueros que hablaban de sus experiencias desde un punto de vista más suave, los cuales se clasificaban todos como bipolares. Por lo tanto, decidí que yo también encajaba en esta definición, me etiqueté entonces como bipolar y comencé también con mi propio blog.

Pasó un cierto tiempo de estar en este mundo de las redes y de compartir mi experiencia por este medio, antes de decidir acudir nuevamente a un psiquiatra, porque para mi forma de ver las cosas era posible que pudiera seguir mi vida sin tener que tomar tanta medicina. Pero en esos días empecé a sentir nuevamente fuertes desbalances que me estaban ya causando problemas personales, por lo que decidí de nuevo volver a consulta. Esta vez acudí estando en un periodo de eutimia, pero después de haber sufrido varios desbalances que me habían hecho sentir realmente mal. Cuando le narré mis síntomas al médico, de una me clasificó como paciente que sufre de trastorno bipolar y, como siempre se me dijo que debía tomar medicinas de forma constante para estar mejor, de nuevo volví a estar medicado y convencido de que esta era la alternativa a tomar. Comencé esta vez con unas medicinas que no me hacían sentir tan mal como las que tomé en las dos oportunidades anteriores, por lo que acepté la situación y estuve muy juicioso durante varios años. Además, no sé si por el efecto de estas medicinas o por la evolución normal de mi problema, vine a sentir que sufría de menos desbalances y que estos eran más suaves, o que si trataba de desbalancearme volvía fácilmente a un estado equilibrado.

Entre la información que se encuentra en internet, existe una con una tendencia llamada "antipsiquiatría", la cual está en contra de la forma de ver y de cómo tratar los problemas mentales que aplica la psiquiatría. En esta tendencia se pueden encontrar críticas con un buen sustento argumentativo, como también se encuentra una negación completa de los problemas mentales y de la visión científica de la medicina, donde en algunos casos se va hacia el otro extremo, negando los avances científicos de la humanidad y buscando un retorno a un pasado donde las situaciones se manejaban con base en conceptos religiosos. A pesar de criticar mostrando casos concretos donde se ha manejado mal la situación de los pacientes afectados con problemas mentales, la solución que plantean, considero, no ayuda mucho, pues predican que se debe cambiar lo que ellos denominan una "manipulación moderna" por parte de la psiquiatría, por una manipulación basada en preceptos basados en la fe, lo que tampoco es una solución razonable, a mi modo de ver.

Hace ya varios años he ido mutando en mi forma de ver la situación respecto a mi problema mental. Me he acercado a una visión de ciertos psiquiatras que plantean que se ha hecho un desarrollo interesante en el manejo de los problemas mentales, pero que ha habido un mal manejo en la mayoría de las situaciones de las personas que sufren problemas mentales, no por falta de recursos científicos, sino por un uso desmedido y descontrolado de sustancias que afectan el funcionamiento mental. Estas, en casos concretos, pueden ser de ayuda, pero se están usando para situaciones que pueden considerarse actuaciones normales de las personas y que se han catalogado erróneamente como enfermedades mentales. En vez de ser herramientas que ayuden a solucionar problemas mentales, se han convertido en sustancias que le están provocando daños a muchas personas que realmente no requieren de este tipo de sustancias.

En la forma como me he sentido en el avance de mi vida aquí en este mundo, siento a veces que algunos de los medicamentos que he tomado me han ayudado, ya que han hecho revertir sentimientos que he considerado anormales; pero también he sentido que he podido ser una víctima de la psiquiatría y que he tomado fuertes sustancias para afectar mi mente y que pudieron hacerme daño.

En este momento estoy en un dilema. Siento que mi situación es buena, que he podido sobrevivir a un entorno negativo a pesar de que sufro de un trastorno mental —que sé que sufro y que para mí es real—, pero que he sido engañado por la psiquiatría moderna de corte mercantilista. He encontrado que quizá los medicamentos pueden ayudar a tratar ciertos trastornos, pero que no existe un buen desarrollo científico al respecto y no se está avanzando, pues los esfuerzos se están canalizando sobre falsas situaciones, porque lo que se quiere es ganar dinero, mantener una industria que se basa en crear y curar falsas enfermedades, donde los realmente afectados por graves trastornos mentales no importan, pues constituyen una minoría dentro del nicho de mercado actual, por lo que no representan posibilidades de negocios lucrativos.

Dentro de las conclusiones que he podido sacar entre lo que he sentido y lo que he encontrado en muchos de los planteamientos de psiquiatras que pienso son de corte humano, es que existe una infinidad de problemas mentales, aunque como tal no se puedan definir como "enfermedades mentales". Existen diversas formas de atacarlos, entre las cuales puede funcionar el manejo farmacológico para los estados extremos y cuya utilidad no está demostrada para prevenir nuevas crisis, las cuales lo más probable es que se sigan presentando, se tomen o no medicamentos. Para el manejo del día a día de estos trastornos, lo más probable es que sea más dañino tomar medicamentos, y que puede ayudar más tener un buen entorno y unas condiciones sociales y familiares positivas. Los trastornos seguirán su curso pudiendo empeorar o mejorar, pero en este momento no se tiene un protocolo médico comprobado para controlar realmente la situación, aunque se afirme lo contrario por muchos.

Pienso que el hecho de que no esté perdido para este mundo no se debe a los medicamentos que he tomado —que quizá me han dado alivio en situaciones extremas—, sino a que he podido contar con personas que me acompañan y que han sido mi apoyo, que han podido seguir conmigo a pesar de que he actuado de forma anormal y que les he afectado. También, que afortunadamente el curso de mi trastorno no ha sido tan grave como para haberme convertido en una persona con unas capacidades mentales fuertemente disminuidas, por lo que puedo comportarme y estar en esta sociedad como una persona que se considera normal o promedio, aunque para algunos sea un tipo raro.

Sea que tenga trastorno bipolar u otra condición, he logrado sobrevivir a esta situación durante 40 años porque parece que uno nace con ciertas características y las puede modificar o modular, pero no eliminar, y son parte de la forma de ser de uno como persona.

jueves, 12 de febrero de 2026

Trastorno bipolar y medicación: ¿Cuándo es necesaria y cuándo no?

El trastorno bipolar es una condición compleja que plantea desafíos tanto para quienes lo padecen como para quienes buscan tratarlo. En mi experiencia, no creo que una persona con este trastorno deba estar sometida a una fuerte medicación de manera permanente. Sin embargo, reconozco que en momentos críticos, los tratamientos farmacológicos pueden ser indispensables. Mi perspectiva es que estos deberían ser temporales y, en caso de requerirse de forma crónica, administrarse en dosis mínimas y cuidadosamente controladas.

Uno de los mayores riesgos de la medicación excesiva es la polimedicación, que puede llevar a una situación en la que, tras superar una crisis, la persona pierde la capacidad de afrontar la vida por sí misma. En lugar de recuperar su autonomía, termina dependiendo de los efectos de la medicación en su día a día.

Es cierto que las crisis mentales pueden disminuir las capacidades de quienes las padecen, especialmente si se comparan con su estado previo. Sin embargo, esto varía según el tipo de trastorno y la intensidad de las crisis. En muchos casos, es posible recuperar un desempeño similar al que se tenía antes. Es importante recordar que los medicamentos no restauran las capacidades mentales disminuidas; su función no es curar, sino paliar los síntomas.

Polimedicación en el trastorno bipolar

Quienes han experimentado un episodio maníaco intenso, técnicamente llamado episodio psicótico, saben que en ese estado se sienten relativamente bien y no perciben la enfermedad. En esos momentos, la medicación puede verse como la causante de devolverlos a un estado gris y poco deseable. Por eso, es común que la persona rechace tomar medicamentos, incluso después de superar la crisis. Esto suele interpretarse como un síntoma de manía, aunque ya haya pasado.

En mi caso, durante mi primer episodio, sentí claramente que no necesitaba medicación para estar bien. Sin embargo, tras superar la crisis y a pesar de sentirme mal debido a los calmantes, acepté que el tratamiento farmacológico fue necesario en ese momento.

El papel del insight y la estabilidad

Con el tiempo, he desarrollado lo que se conoce como insight (presentimiento), que me permite reconocer cuándo me acerco a un estado anormal. Entiendo que entrar en un estado de manía es un síntoma claro de que mi trastorno me está afectando, por lo que debo buscar ayuda y, si es necesario, medicarme para controlarlo. También he aprendido a identificar cuándo estoy estable y puedo actuar adecuadamente sin necesidad de medicación o con dosis mínimas.

En resumen, el tratamiento farmacológico no debe ser visto como una solución permanente, sino como una herramienta temporal o complementaria. La clave está en encontrar un equilibrio que permita a la persona vivir de manera autónoma y plena, sin depender exclusivamente de los medicamentos.


Reflexiones sobre el tratamiento farmacológico del trastorno bipolar

Reflexiones sobre el tratamiento farmacológico del trastorno bipolar

No considero que una persona afectada por un trastorno mental, como el trastorno bipolar, deba estar sometida a una fuerte medicación de manera permanente. Sin embargo, reconozco que en ciertos momentos puede ser necesario recurrir a tratamientos farmacológicos. En mi opinión, estos deberían ser temporales y, en caso de requerirse de forma crónica, administrarse en dosis mínimas y controladas. Esto se debe a que, en muchos casos, se recurre a la polimedicación, lo que puede llevar a una situación en la que, tras superar una crisis, la persona pierde la capacidad de afrontar la vida por sí misma y termina dependiendo de los efectos de la medicación en su día a día.

Es probable que las crisis mentales disminuyan las capacidades de quienes las padecen, especialmente si se comparan con su estado previo a las crisis. Sin embargo, esto depende del tipo de trastorno y de la intensidad de las crisis. En muchos casos, la persona puede recuperar un desempeño similar al que tenía antes de la crisis. Es importante destacar que los medicamentos no restauran las capacidades mentales disminuidas, ya que no actúan como una cura, sino como un paliativo.

Polimedicación en el trastorno bipolar

Si alguien con trastorno bipolar ha experimentado un episodio maníaco intenso, técnicamente denominado episodio psicótico, sabrá que en ese estado se siente relativamente bien y no percibe la enfermedad. En esos momentos, la medicación puede verse como la causante de devolverlo a un estado gris y poco deseable. Por ello, es común que la persona rechace tomar medicamentos, incluso después de superar la crisis. Esto suele interpretarse como un síntoma de manía, aunque ya haya pasado.

En mi caso, durante mi primer episodio, sentí claramente que no necesitaba medicación para estar bien. Sin embargo, tras superar la crisis y a pesar de sentirme mal debido a los calmantes, acepté que el tratamiento farmacológico fue necesario en ese momento.

viernes, 16 de enero de 2026

¿Es el trastorno bipolar una enfermedad?


El trastorno bipolar, que a mi parecer no es una enfermedad mental, es un problema mental bastante difícil de manejar, aunque no imposible. Se sufre mucho, aunque a veces también se goza; sin embargo, después de haber pasado por momentos que podríamos llamar “buenos”, nos arrepentimos terriblemente de las locuras cometidas. Considero que, si uno sobrevive a los primeros episodios, aprende a convivir con este problema. Cada cual lo hace a su manera; yo lo he hecho a la mía, de buena forma. He sobrevivido ya casi cuarenta años padeciendo esta situación que, vuelvo y repito, no es una “enfermedad mental”.

Considero, además, que he tenido una vida plena a pesar de cargar con el estigma del trastorno bipolar, porque he hecho muchas cosas, tal como las ha podido hacer alguien que no tiene este problema.

Quiero hacer énfasis en que el trastorno bipolar no es una enfermedad. Para ser catalogado como tal, tendría que demostrarse científicamente que se debe a un problema físico, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Aunque puedo afirmar que, para la mayoría de los psiquiatras, el trastorno bipolar es una enfermedad que tiene su base física en un problema de neurotransmisores dentro de las neuronas del cerebro, esto no ha sido posible probarlo dentro de lo que se llama el método científico. Solo se tienen teorías, o lo que se denomina científicamente hipótesis, pero que no han pasado las pruebas de demostración necesarias para que se pueda decir que se convierten en tesis comprobadas.