Mostrando las entradas con la etiqueta trastorno. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta trastorno. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de agosto de 2020

Los 10 mejores blog sobre trastorno bipolar

Hace poco en un comentario me dijeron que según My Therapy mi blog ha sido clasificado entre los 10 mejores sobre el trastorno bipolar, me gusta esto.

A continuacion reposteo la entrada donde aparecen la clasificación del 2020 sobre los mejores blogs sobre trastorno bipolar

Tener una felicidad indescriptible, sentirte motivado, entusiasmado, estar lleno de expectativas e ilusión y de repente caer en una tristeza absoluta en la que no te dan ganas ni de salir de la cama, es una situación en la que ninguno desearía estar. Sin embargo, esta es la realidad de muchas personas que padecen Trastorno Bipolar.

La Bipolaridad es un trastorno mental, que a pesar de ser el más conocido de este grupo de enfermedades, sigue recibiendo una mala connotación por la desinformación de algunas personas, las cuales no son conscientes de lo que es vivir con esta enfermedad y la lucha que requiere, para quien la padece, llevar una vida lo más estable posible.

Esta enfermedad, conocida anteriormente como trastorno maniaco depresivo, se caracteriza por oscilar entre estados de ánimo de felicidad absoluta (fase maniaca, manía o hipomanía) y tristeza total o fase depresiva. Estos cambios generalmente suceden de forma repentina y aunque pueden parecer una situación por la que pasamos todos en algunos momentos de nuestra vida, es necesario hacer la diferenciación entre inestabilidad emocional y padecer una enfermedad como el Trastorno Bipolar. El objetivo suele ser llegar a un estado llamado Eutimia, el cual es un estado normal o tranquilo descrito en psquiatría como la fase de normalidad situada entre episodios de manía o depresión en pacientes con trastorno bipolar. También es importante aclarar que cuando se habla de bipolaridad no se trata de otras enfermedades como la esquizofrenia o trastorno de personalidad múltiple, con las que generalmente se suele confundir.

La principal causa a la que se le atribuye esta enfermedad es al factor hereditario, ya que se dice que más del 70% de los casos se deben a este motivo. Sin embargo, aún no se tiene total claridad de cuáles son los genes que la provocan y, por otra parte, no todos los que por predisposición biológica deberían sufrir de bipolaridad la desarrollan. En cuanto al diagnóstico, éste no es para nada sencillo ya que como mencionábamos anteriormente, el Trastorno Bipolar se suele confundir con otras enfermedades. La buena noticia es que una vez diagnosticado, existe un tratamiento a base de medicamentos, principalmente con Litio, que han mostrado efectos positivos en un tercio de la población diagnosticada con Bipolaridad.

Aunque toda esta información es de gran importancia, no permite una completa comprensión de lo que se vive al padecer esta enfermedad, y es por ese motivo que hemos decidido hacer un reconocimiento a aquellos valientes que se han animado a compartir sus experiencias e información del trastorno bipolar a través de su blog (o redes sociales) y a brindar un apoyo, a través de sus anécdotas, sufrimientos y todo lo que conlleva vivir con esta enfermedad.

Es a través de sus relatos, que podrás ver el mundo a través de sus ojos y tener un mejor entendimiento de lo que es la Bipolaridad desde otra perspectiva. Por este motivo, les invitamos a visitar estos blogs, pues los hemos seleccionado cuidadosamente, buscando los mejores por la información y las experiencias que ofrecen, enriquecedoras y de ayuda para quienes pasan por la misma situación, o de gran beneficio para aquellos que no la padecen, pero buscan un mayor entendimiento, acabando así con los estigmas que se tienen de la Bipolaridad.



Mejores Blogs sobre Trastorno Bipolar del 2020


Realidad Bipolar

Sergio es un todoterreno. Tiene un blog genial, hace Podcasts muy entretenidos, tiene presencia en redes sociales y, por si fuera poco, saca tiempo para contarnos un chiste malo (o muy malo) cada semana. En su blog vas a encontrar desde información sobre la enfermedad, a experiencias personales. ¡Realidad Bipolar tiene incluso un grupo de WhatsApp de apoyo a personas diagnosticadas y afines a la misma! Desde MyTherapy te animamos a que te unas a la comunidad que se está creando alrededor de este proyecto, ya que creemos que puede ser de gran ayuda.


Desnudando Otro Alma Bipolar

Víctor López es un viejo conocido del blog de MyTherapy. En su artículo Cómo es la Vida con Trastorno Bipolar: Preguntas & Respuestas, nos proporcionó un punto de vista único sobre el Trastorno Bipolar. Eso es exactamente lo que encontrarás en su blog, posts en los que Víctor te formará en la Bipolaridad y te enseñará a cómo convivir con este Trastorno, desde un enfoque completamente cercano y, lo más importante, honesto.



Yo Soy Bipolar

Carlos es una persona que está hasta el gorro del trastorno bipolar. En su blog, Yo Soy Bipolar, encontrarás una gran cantidad de experiencias e información que, contadas desde el buen rollo y el humor, te ayudarán a luchar contra el ‘’bicho’’, como lo llama él. Lo que más nos gusta del blog de Carlos (además de una capacidad de redacción extraordinaria) es su interés en el lector, al que siempre se dirige para tenderle una mano y conversar con él. Sin duda, un blog 100% recomendado.


Remisión Bipolar

El blog de Remisión Bipolar nos encanta. Y su canal de YouTube Esperanza Bipolar, también. Sus historias, reflexiones, anécdotas, consejos y experiencias son enormemente enriquecedoras. Las reflexiones de Alberto son lo contrario a la banalidad, son citas de las que se desprende un aroma de sabiduría y reflexión de las que todo el mundo debe aprender. Aquí dejamos una breve cita, que seguro te animará a visitar el contenido de Alberto: ‘’El tiempo me ha enseñado que todos buscamos un lugar donde poder hacer lo que sabemos hacer. Nadie vale para todo, ni nadie es capaz de cualquier cosa. Un mensaje falso flota en el aire que respiramos que puede hacer mucho daño.



Soy Bipolar

Cruzamos el charco para conocer el blog de Mariel. SoyBipolar es un blog real, no está edulcorado, como Mariel lo describe: ‘’Este blog no es un puto espacio de autoayuda, sino que busca lugares de encuentro, los bellos y los deformes.’’ Mariel ha querido crear este blog para compartir desde su experiencia cómo es vivir con la bipolaridad y hablar de temas que lamentablemente siguen siendo tabú en nuestra sociedad, como el suicidio, la depresión, auto flagelación, manía, etc. Su objetivo es despojar el mito de que hablar de ellos puede desencadenarlos, ella apuesta por intentar entenderlos y sanarlos.




Simplemente Bipolar

Seguimos en Chile para enseñaros el blog Simplemente Bipolar. Lo que nos gusta del blog de Simplemente Bipolar es la variedad de tópicos y temas que expone. Su Blog no va única y exclusivamente sobre el Trastorno Bipolar, su contenido es más bien un conjunto de temas que van desde el propio Trastorno y diferentes patologías, hasta experiencias propias e incluso crítica social.
Pulsa aquí para acceder al blog Simplemente Bipolar



Mi Diario Bipolar

Podemos describir a Nuria de muchas maneras: divertida, constante, trabajadora… pero nuestra favorita es: ¡Valiente! Nuria es una de esas personas que nunca tira la toalla. En su blog te enseñará por medio de sus experiencias cómo es posible vivir con dos enfermedades crónicas, Bipolaridad y Esclerosis Múltiple, y disfrutar del presente.


Cómo Vivo con mi Trastorno Bipolar

En Cómo vivo con mi trastorno bipolar, Óscar comparte sus vivencias y su proceso de comprensión de su propio trastorno. En su blog descubrirás de su mano la importancia del autoconocimiento, proporcionándote en el camino las herramientas que según su experiencia sirven para sobrellevar este problema mental y ayudan a llevar mejor el día a día.



De Bipolar a Bipolar

Este un blog un poco especial, ya que es un Video-Blog. De Bipolar a Bipolar es un canal de YouTube creado por Alejandro Hernández. Con casi 700,000 visitas en su canal, Alejandro realiza una labor informativa maravillosa, en la que no solo nos educa en la enfermedad, sino que también nos muestra a través de sus experiencias consejos para vivir mejor con el Trastorno Bipolar. El conocimiento y la manera de explicar de Alejandro, con esa calma característica, te harán engancharte a un canal extraordinario.



Bipolar Clandestina

Bipolar Clandestina tiene la capacidad de, en un blog anónimo, ser capaz de crear el ambiente más íntimo posible. Su cercanía, su sinceridad, su valentía… todas esas cosas hacen del Blog de Bipolar Clandestina, uno de nuestros favoritos. Mediante sus experiencias e historias, conocerás el día a día de una persona con Trastorno Bipolar, de un modo tan personal, que casi sentirás haber encontrado una amiga en ella.





Oscar

Oscar es un estudiante español de negocios. A Oscar le gusta el fútbol. Demasiado. Sueña cada año con que el Valencia CF gane la liga. Lleva decepcionado 16 años.

miércoles, 28 de junio de 2017

Como ha sido mi vivir con un problema mental




Como ha sido mi vivir con un problema mental



Sufro de algo, no se bien de que, yo lo llamo: Sentimientos encontrados, los que me hacen sentir emociones que muchas veces no están relacionadas con lo que mi entorno me ofrece. 

Lo que me sucede respecto a mi problema de la cabeza es lo siguiente: Puedo sentirme eufórico y bastante alegre, después de haber tenido una gran pérdida sentimental; como también sentir una gran tristeza lo que comúnmente se llama depresión, a pesar de haber logrado un objetivo importante en la vida, que para otra persona podría ser claramente un motivo para estar feliz.

Que esta situación se deba a que sufro de una enfermedad y/o de un trastorno mental o que simplemente no tenga ningún problema con mi cerebro y que haya tenido crisis por problemas personales, es algo que no tengo claro, sobre todo cuando la información al respecto cada vez ofrece versiones contradictorias. Trato de guiarme por lo que siento y por las experiencias que he tenido, pero mis apreciaciones muchas veces van en contra-vía a lo que se afirma en mucho de lo que he podido encontrar en la red, como artículos médicos que dicen tener argumentaciones y sustentos fuertes, basados en teorías manejadas por muchas personas y que estarían soportadas por evidencias médicas.

En el año de 1983 cuando tenía 16 años, sufrí de una crisis mental la cual me llevo a actuar de forma poco lógica, lo que, para el común de las personas, se puede decir que llegué a un estado de locura o de desequilibrio mental, mis razonamientos eran bastante confusos y aunque para mi significaron en esos días, que había encontrado la explicación a todos los interrogantes filosóficos, para las demás personas eran unos razonamientos absurdos o mejor dicho eran idioteces.

Este desorden mental pudo deberse a problemas de adaptación a situaciones de la vida, ya que salí de mi hogar materno y pasé a vivir en otro entorno, en otra ciudad: Dejando amigos, dejando novia y dejando una comodidad de la que había disfrutado en mis primeros 16 años de vida.

Por algo intrínseco o externo llegué a un estado de desorden en mis actuaciones; Como opción para remediar la situación fui remitido donde un psiquiatra, el cual ordenó se me internara en un centro para personas con desórdenes mentales, que en esos días se le llamaba clínica de reposo, para no llamarla como el común de las personas conocen como manicomio.

Allí después de varias semanas de tratamiento, con base en fuertes medicinas que me mantenían como dormido o como denomino yo: Como un zombi, donde fui poco a poco volviendo a razonar y actuar como la mayoría de las personas, después de esto fui dado de alta y regresé a mi cotidianidad, con la prescripción de una gran cantidad y variedad de medicinas que me afectaban en la forma de sentir como también físicamente.

El doctor que me atendió me dijo una frase que siempre martilla mi mente, "estas enfermo y debes tomar medicamentos para el cerebro por el resto de tu vida", por varios meses de pronto cerca del año, pero no más de ahí, cumplí con las prescripciones y acudí a los controles rutinarios, pero debido a que me sentía muy mal, no sé si por los efectos primarios y secundarios de las drogas psiquiátricas o porque había mutado a un sentimiento de depresión profundo, tome la determinación de dejar de tajo todo lo que se me había recetado y trate de vivir mi vida sin medicamentos para la cabeza.

Para mi había pasado por una gran mala experiencia, pero decidí que debía continuar con mi vida y de ser posible hacer realidad los sueños que tenia de niño y de adolescente, aunque pensaba que de pronto podía enloquecerme de nuevo o incluso que existía la posibilidad de llegar a un estado de locura irremediable.

Durante mucho tiempo conviví con ciertos desbalances mentales sin darme cuenta que los tenía, o más bien sabiendo que padecía de algo, pero tratando de no darle mucha importancia, por lo que no me atormentaba demasiado por ello.

Creo que después de varios años de pronto unos 10, dentro de lo que recuerdo no sentí desbalances fuertes, aunque de pronto recuerdo que tenía periodos donde estaba lo que se puede denominar deprimido, como también de ciertos periodos en que hacía cosas de forma apresurada e impulsiva, que después analizaba que no habían sido muy convenientes.

A pesar del episodio de locura sufrido, pude volver a tener una vida dentro de lo que se puede decir normal o promedio, pude realizar y terminar estudios universitarios y me gradué para el año de 1991.

Después entre a trabajar en una empresa, desempeñándome en mi campo profesional con unos buenos ingresos, lo cual me permitió hacer una nueva familia al lado de una esposa y mis dos hijos.

Posteriormente no tengo bien claro la fecha pero fue hacia el año de 1995 o de pronto un año o dos más; donde vine a tener otra crisis no tan fuerte como la primera, cuyos síntomas fueron similares a los que tuve antes de entrar en mi crisis mayor, al sentir que me acercaba a unos sentimientos que para mí eran hacia un estado de locura, al cual no quería llegar, por lo que decidí acudir donde otro médico que me ayudara con mi problema y me permitiera volver a una normalidad, volví de nuevo a tratamiento esta vez con un protocolo dual de psicoterapia y de drogas psiquiátricas, que me permitieron de nuevo volver a una situación normal, a pesar que de nuevo este médico no me dijo que dejara los medicamentos, de nuevo los descontinué y no volví a su consultorio.

Después hacia el año 2007 aproximadamente, cuando llegue a mis 40 empecé de nuevo a sufrir de altibajos emocionales de intensidad media que me acercaban a lo que sentí en mi crisis mayor, de nuevo pensé en acudir a pedir ayuda médica, pero como ese momento coincidió con la disponibilidad y popularidad aquí en mi país de un nuevo medio de información como es la red de Internet, antes de pedir esa ayuda acudí primero a la búsqueda de información sobre cual era la causa de mis problemas mentales, donde descubrí tanto páginas web como también blogs, foros y algunos artículos científicos que se publicaban para no científicos, de muchos temas relacionados con problemas mentales por lo que me dedique a buscar y leer mucho para correlacionar lo que había sentido en mi crisis y en mis desbalances con lo que otros habían sentido y con las clasificaciones que habían hecho otras personas para este tipo de sentimientos.

Vine a encontrar que de acuerdo con muchos sitios de la red, tanto desde el punto de vista de los pacientes como del lado médico que lo que yo había sentido y que venía sintiendo se correspondía con lo que en un tiempo anterior se llegó a llamar psicosis maníaco depresiva, que en ese tiempo se le había dado un nuevo nombre que era el de trastorno bipolar, el cual tenía varias subdivisiones de acuerdo con la severidad de los síntomas, que para mi caso era el de tipo I, que implicaba el haber llegado a un estado de desorden mental agudo, de locura temporal, de delirio o como de acuerdo a los términos psiquiátricos del momento un estado psicótico.

Los artículos que eran a favor de la psiquiatría, hablaban de que la única forma de estar bien y de poder desempeñarse de forma adecuada para una persona que sufre de problemas mentales era la prescripción de medicamentos, muchos sitios de internet tenían publicidad de ciertos medicamentos con marcas comerciales, los cuales se deberían tomar de forma constante es decir estar medicado de por vida, que era lo mismo que me dijo el primer psiquiatra que me trató.

Participé en foros con otros afectados de problemas parecidos y encontraba que en la mayoría de ellos las personas aceptaban y daban por hecho que la única opción era estar medicado a pesar que en general se decían libres de los síntomas más fuertes de los problemas mentales, pero decían no sentirse bien del todo, se encontraba versiones de personas que decían que nunca se sentían bien tanto si tomaban o no tomaban medicamentos y que la vida para ellos no era nada agradable.

Leí varios blogs de personas que habían entrado en fuertes estados psicóticos o en fuertes estados de depresión donde narraban cuestiones bastante escabrosas o historias que rayaban en el límite de la realidad y de un estado de desorden de ideas, en esos días se encontraban fácilmente este tipo de entradas, últimamente es difícil para mí dar con este tipo de blogs. no sé si por la censura que se pueda estar haciendo en la red o porque las personas con estas alteraciones, ya no acuden a este medio para publicar estas situaciones, las entradas que leí en esos días ya no se pueden encontrar en línea, porque fueron eliminadas y sus autores no siguieron escribiendo y/o mutaron o cambiaron sus blogs, a pesar que siempre se publicaba con perfiles anónimos.

También encontré otro tipo de blogs donde se hablaba de las experiencias traumáticas, pero no desde un punto de vista tan fuerte, ni tan crudo, este tipo de blogs ha ido evolucionando poco a poco y muchos de estos blogs todavía están vigentes, se actualizan y algunos están en los enlaces de este blog.

A partir del año 2009 me inicié como bloguero aquí en la internet, y he ido dejando mi forma de ver la situación mía y de lo que se habla sobre los problemas mentales, inicialmente era partidario de definir mi situación como una persona afectada de una enfermedad mental denominada trastorno bipolar del tipo 1, me identifiqué plenamente dentro de este grupo y es más mi blog pasó a llamarse como vivo con mi trastorno bipolar, acepté que lo mejor para convivir con esta "enfermedad" era tomar medicinas que la controlen. Pude identificarme con los blogueros que escribían los más crudos relatos, los cuales narraban historias similares o de un estilo a lo que pude haber sufrido en mi más fuerte crisis, como también de los blogueros que hablaban de sus experiencias de un punto de vista más suave, los cuales se clasificaban todos como bipolares, por lo tanto, decidí que yo también encajaba en esta definición, me etiqueté entonces como bipolar y comencé también con mi propio blog.

Pasó un cierto tiempo de estar en este mundo de las redes y de compartir mi experiencia por este medio, antes de decidir acudir nuevamente donde un psiquiatra, porque para mi forma de ver las cosas era posible que pudiera seguir mi vida sin tener que tomar tanta medicina, pero en esos días empecé a sentir nuevamente fuertes desbalances que me estaban ya causando problemas personales, por lo que decidí de nuevo volver a consulta, esta vez acudí estando en un periodo de eutimia, pero después de haber sufrido varios desbalances que me habían hecho sentir realmente mal, cuando le narre mis síntomas al médico de una me clasificó como paciente que sufre de trastorno bipolar y como siempre se me dijo que debía tomar medicinas de forma constante para estar mejor, de nuevo volví a estar medicado y convencido que esta era la alternativa a tomar, comencé esta vez con unas medicinas que no me hacían sentir tan mal, como las que tome en las dos oportunidades anteriores, por lo que acepté la situación y estuve muy juicioso durante varios años, además que no se si por el efecto de estas medicinas o por la evolución normal de mi problema, vine a sentir que sufría de menos desbalances y que estos eran más suaves o que si trataba de desbalancearme volvía fácilmente a un estado equilibrado.

Entre la información que se encuentra en internet existe una con una tendencia llamada antipsiquiatría la cual está en contra de la forma de ver y de como tratar los problemas mentales que aplica la psiquiatría, en esta tendencia se pueden encontrar críticas con un buen sustento argumentativo, como también en esta tendencia se encuentra una negación completa de los problemas mentales y de la visión científica de la medicina, donde en algunos casos se va hacia el otro extremo negando los avances científicos de la humanidad y buscando un retorno a un pasado donde las situaciones se manejaban con base en conceptos religiosos, a pesar de criticar mostrando casos concretos donde se ha manejado mal la situación de los pacientes afectados con problemas mentales, la solución que plantean considero no ayuda mucho pues predican que se debe cambiar lo que ellos denominan una manipulación moderna por parte de la psiquiatría, por una manipulación basada en preceptos de fe, lo que tampoco es una solución razonable a mi modo de ver.

Hace ya varios años he ido mutando en mi forma de ver la situación respecto a mi problema mental, me he acercado a una visión de ciertos psiquiatras que plantean que se ha hecho un desarrollo interesante en el manejo de los problemas mentales, pero que ha habido un mal manejo en la mayoría de las situaciones de las personas que sufren problemas mentales, no por falta de recursos científicos, si no por un uso desmedido y descontrolado de sustancias que afectan el funcionamiento mental, que en casos concretos pueden ser de ayuda, pero que se están usando para situaciones que pueden considerarse actuaciones normales de las personas pero que se han catalogado mal como enfermedades mentales y en vez de ser herramientas que ayuden a solucionar problemas mentales se han convertido en sustancias que le están provocando daños a muchas personas que realmente no requieren de este tipo de sustancias.

En la forma como me he sentido en el avance de mi vida aquí en este mundo siento a veces que los medicamentos que he tomado me han ayudado ya que han hecho revertir sentimientos que he considerado anormales, pero también he sentido que he podido ser una víctima de la psiquiatría y que he tomado fuertes sustancias para afectar mi mente y que pudieron hacerme daño.

En este momento estoy en un dilema, siento que mi situación es buena, que he podido sobrevivir a un entorno negativo a pesar que sufro de un trastorno mental que sé que sufro y que para mí es real, pero he sido engañado por la psiquiatría moderna de corte mercantilista, he encontrado que de pronto los medicamentos pueden ayudar a tratar ciertos trastornos, pero que no existe un buen desarrollo científico al respecto y no se está avanzando, pues los esfuerzos se están canalizando sobre falsas situaciones, porque lo que se quiere es ganar dinero, mantener una industria que se basa crear y curar falsas enfermedades, donde los realmente enfermos no importan, pues constituyen una minoría dentro del nicho de mercado actual por lo que no representan posibilidades de negocios lucrativos.

Dentro de las conclusiones que he podido sacar entre lo que he sentido y lo que he encontrado en muchos de los planteamientos de psiquiatras que pienso son de corte humano, es que para problemas mentales como los que me afectan existe una forma de atacarlos que puede ser un manejo farmacológico para los estados extremos y cuya utilidad no está demostrada para prevenir nuevas crisis, las cuales lo más probable es que se sigan presentando se tome o no medicamentos, que para el manejo del día a día de estos trastornos lo más probable es que sea más dañino tomar medicamentos, que puede ayudar más tener un buen entorno y unas condiciones sociales y familiares positivas, que los trastornos seguirán su curso pudiendo empeorar o mejorar, pero en este momento no se tiene un protocolo médico comprobado, para controlar realmente la situación, aunque se afirme por muchos lo contrario.

Pienso que el hecho de que no esté perdido para este mundo, no se debe a los medicamentos que he tomado, que de pronto me han dado alivio en situaciones extremas, sino a que he podido contar con personas que me acompañan y que han sido mi apoyo, que han podido seguir conmigo a pesar que he actuado de forma anormal y que les he afectado, también que afortunadamente el curso de mi trastorno no ha sido tan grave que no me han llevado a convertirme en una persona con unas capacidades mentales fuertemente disminuidas, por lo que puedo comportarme y estar en esta sociedad como una persona que se considera normal o promedio, aunque para algunos soy un tipo raro.

Sea que tenga trastorno bipolar u otra condición, he logrado sobrevivir a esta durante 50 años porque parece que uno nace con ciertas características y las puede modificar o modular pero no eliminar y son parte de la forma de ser de uno como persona.

jueves, 18 de abril de 2013

Los locos perdidos o en la calle

Hace unos días en una charla que tuve con mi madre y una prima hermana de ella, se tocó el tema espinoso de los trastornos mentales en la familia, se comentó el caso de una tía abuela mía por parte de mi madre, que era su tía directa como también lo era de la prima de mi madre, se tiene entonces que las dos sufrieron en carne propia dicha historia pues las madres de ellas eran hermanas de la afectada por un trastorno mental.

La historia de mi familiar fue bastante triste, según lo que se me ha comentado que realmente es poco, dado que es un tema tabú, fue que desde muy joven presentó unos cuadros que podrían estar entre crisis por trastorno bipolar o por esquizofrenia, que posteriormente se agravaron, fue tratada en hospitales psiquiátricos de la época hace unos 50 a 60 años que pueden llamarse mas bien manicomios, donde fue una de las tantas personas que fueron conejillos de indias donde se probaron entre otras cosas como ella misma relataba los electrochoques en carne viva, los cuales mi familia dice fueron la causa del cáncer que después le apareció en la cara, despues de estos nefastos tratamientos era devuelta a su hogar, el cual no fue el mejor sitio, su padre era un viudo que a pesar que no se había vuelto a casar si tenía otro hogar y cuando entraba en remisión volvía donde su padre o tenía que ir donde sus hermanas una era mi abuela y la otra mi otra tía abuela las cuales ya tenían su hogar desde edades muy tempranas y estaban llenas de hijos, ella por su problema mental fue rechazada por su familia y por su entorno por lo que no pudo hacer hogar, por lo que cuando volvía a tener crisis era devuelta al manicomio y regresaba cada vez en peor estado.



De haber vivido en una época mas reciente es posible que hubiese sido remitida a su hogar estabilizada, en mejor condición mental y medicada, ademas de haber sido acogida de nuevo en su familia, pues algo se ha avanzado en nuestra sociedad en cuanto a superar los estigmas hacia los enfermos mentales, a lo mejor habria tenido una familia propia, por lo que posiblemente no hubiese recaído cada vez en peor forma, además la enfermedad no hubiese avanzado tanto hasta el punto de perderse para este mundo.

Pero la solución que se le dio en su época a su problema fue dejarla el resto de su vida en un manicomio alejada de la familia y de la sociedad, una condena que duró  mas de 40 años, superior a lo que ha pagado en mi  país el peor de los asesinos, hasta que murió por el cáncer que le devoro primero la cara y luego por fin la dejo descansar.

Esta historia es una de las que para mi, prueba que dios no existe y que si el de pronto existiera es algo tan abominable que castiga a una persona buena de forma tan cruel y premia a otras que han sido demasiado malas a la sociedad, lo cual no considero justo y por lo tanto no merece la pena que se le rinda pleitecía.

Mi tía abuela fue una enferma mental que terminó relegada por su familia y la sociedad, la cual en su momento no pudo o no quiso hacer mas por ella, de igual forma esta situación se repitió y aun se repite millones de veces.

En estos días la situación ha cambiado un poco pero muchas veces no para bien, para  muchos afectados por trastornos mentales que entran en crisis, en vez de ser llevados a un manicomio como se hacía antes o a una institución mental moderna como se hace ahora, son abandonados por su familia y por la sociedad, se les tira a la calle y se les considera desechables, los cuales mas temprano que tarde, se suicidan, mueren perdidos en la droga o se les aplica la pena de muerte sin juicio previo, solo por el delito de ser considerados locos y mueren ejecutados por las bandas de limpieza social.


Me considero afortunado de no haber sufrido una de estas situaciones, gracias a los avances médicos,  a una familia que me ha ayudado, a un entorno social en el que pude regresar a una vida normal aun después de haber estado internado en una institución para enfermos mentales y a que he tenido mas suerte que otros.


viernes, 5 de abril de 2013

Manicomios

Según palabras de Rafael Narbona, en su blog Into the Wild Union hablando de los manicomios de los años 60 dice:  "En esa época, aún existían los antiguos manicomios, espacios claustrofóbicos y represivos que sólo empeoraban el estado del enfermo. El manicomio no desempeñaba un papel terapéutico, sino una función excluyente. La segregación sólo acentuaba la actividad delirante y la tendencia al ensimismamiento. La reforma de la psiquiatría acabó con los manicomios, ofreciendo como alternativa la hospitalización temporal. Si el objetivo es restablecer la salud mental, la estancia del enfermo en una unidad psiquiátrica no debe prolongarse más allá del tiempo necesario para mitigar los síntomas agudos. Es cierto que se ha abusado de ese planteamiento, responsabilizando a las familias del cuidado del enfermo, sin proporcionarle los medios necesarios para enfrentarse a un conflicto que produce una enorme tensión emocional. La locura es un problema individual, pero su superación implica una respuesta social."




En mi caso puedo decir que estuve mas bien en una institución mental moderna, que en lo que se puede decir como un manicomio, por causa de mi trastorno mental, donde después de una hospitalización temporal, pasé de un estado de psicosis fuerte como parte de un cuadro de manía intensa a un estado de eutimia.

Se puede decir que después de mi internado en este sitio logre volver a un estado de equilibrio mental, para después seguir con mi vida casi normal, pero las huellas de mi paso por esta institución no las he podido borrar y no fue solo el hecho de la institución como tal que a mi concepto puedo considerar que realizo bien su trabajo, si no el creer que había estado loco, ese era mi pensamiento después de mi remisión, en este momento tengo un poco mas claro que no había estado loco, sino que había sufrido de una crisis de mi problema mental, que para la época se denominaba psicosis maníaco depresiva, al cual ahora se le tiene un nombre mas complicado, de pronto un poco mas complejo, pero que suena un poco mejor: Trastorno bipolar y es mas se le tiene una subdivisión que en mi caso se denomina de tipo I.

El trastorno bipolar es un eufemismo que pretende encubrir el estigma asociado a la psicosis maníaco depresiva, o el estigma que para muchos implica ser denominado simplemente loco, o alguien que se enloquece por ratos porque esa es la definición popular a mi problema, de igual forma se le denomina a los que sufren esquizofrenia.  Para un parroquiano es igual un esquizofrénico, un bipolar o una persona que sufra de un problema mental entre los miles que definen los manuales de psiquiatría moderna: Es simplemente un loco.

Y como tal los locos son llevados a los manicomios, a pesar que se les de nombres raros a las instituciones mentales para el común son simplemente manicomios.

Para mi ha sido importante conocer en mas detalle mi problema y entender como se desarrolla, sus manifestaciones, como evitar llegar a estados graves, pero para las personas comunes y corrientes no es un tema de interés, ¿Por que debe interesar el tema de las personas locas o desadaptadas a las personas que se consideran normales? pienso que no mucho y menos si no lo sufren o personas muy cercanas lo sufren.  Para muchas personas el loco es así porque quiere y no hace nada por salir de su estado, el loco es así porque le toco por una cuestión de destino o por castigo de dios, para los mas sensibles pero que no tienen conocimiento del tema, el loco es un bicho raro que se mira con pesar pero aun pensando asi lo discrimina, sin embargo, para los que sufrimos de trastornos mentales estas apreciaciones no nos ayudan; a pesar de que no se puede pretender que todas las personas sepan diferenciar claramente que enfermedad mental padece cada uno de los afectados por ellas, se debe llegar a un punto donde se mire que las enfermedades de la mente son similares a las del cuerpo que aunque no todas las personas sepan con exactitud como es cada enfermedad no se discrimina a quienes la sufren. por ejemplo no se discrimina a una persona que sufra de los riñones o de los pulmones pero si al que sufre de esquizofrenia.

A pesar que la sociedad ha avanzado respecto a la discriminación del diferente al promedio,  todavía persiste la estigmatización para los que sufren ciertos problemas como los mentales, se ha avanzado pero falta más, lo que expreso en este espacio y lo que otros expresan va en esa dirección, en mostrar que no somos seres de otro mundo, somos personas como cualquiera que tenemos diferencia en ciertos aspectos y que sufrimos de enfermedades de la mente que pueden ser manejadas hasta cierto punto gracias a los avances científicos  que nos permiten ser parte de la sociedad sin mayores inconvenientes y podemos aportar a ella.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Preguntas y respuestas sobre trastorno bipolar V


Siguiendo con la serie se tienen otras dos cuestiones que son muy polémicas: La psiquiatría como ciencia imperfecta y a la necesidad que se tiene de acudir a ella así no sea el área del conocimiento mas y mejor desarrollada.

"¿Está muy atrasada la psiquiatría?
En los últimos años la psiquiatría ha avanzado enormemente, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Los últimos cuarenta años se ha pasado de una psiquiatría que se limitaba prácticamente a recluir a los enfermos y aislarlos de la sociedad a una psiquiatría que pretende ayudar al enfermo a reintegrarse y que mejora y cura gran parte de los trastornos que se le presentan. Con el progreso de la psiquiatría se han reducido los prejuicios y los miedos ancestrales de la gente en lo que respecta a visitar al psiquiatra, aunque todavía cuesta reconocer que se acude a un especialista en salud mental. Antes, se ingresaba indefinidamente a los pacientes con trastornos graves, y los leves permanecían sin tratar; hoy por hoy, los ingresos son breves y las personas con trastornos menores (depresiones leves, ansiedad...) recurren a la psiquiatría en busca de tratamiento para aliviar sus síntomas. Los medicamentos aparecidos durante los últimos cuarenta años han dotado a la psiquiatría de nuevas armas para el tratamiento de estos trastornos, además de la psicoterapia. Poco a poco aparecen nuevos fármacos, con menos efectos secundarios, que mejoran la calidad de vida de aquellos que lo requieren.
Así pues, hay motivos para ser optimistas ante el futuro."

Se plantea en este corto espacio el cambio que ha tenido la psiquiatría en los últimos años, aunque no es tan perfecta como debiera ser, si ha servido para mejorar la calidad de vida de muchas personas, me incluyo entre estas, pienso que mi vida sería diferente a no ser por la psiquiatría moderna, lo mas probable era estar mal, o estar como muchas veces lo he dicho ser considerado como un loco o una persona que se enloquece por ratos, porque esa era la imagen de nosotros los bipolares ante todos y ahora afortunadamente ante no todas las personas.

Aunque muchos también se han aprovechado de la psiquiatría para hacer cosas indebidas, al igual ha pasado con otras especialidades médicas, con los problemas de la salud se han lucrado muchos sin prestar  un servicio adecuado, pero esto no quiere decir que la medicina en general no funcione.

En muchas partes al igual que con otras enfermedades, si no dispones de recursos importantes tu tratamiento no será el mejor o no serás atendido, son problemas de manejo injusto y desigual de la economía, no de falta de conocimientos médicos.

En mi caso tengo suficiente edad para dar mi opinión respecto al cambio en los medicamentos, fui tratado de mi primera crisis hace casi 30 años y los medicamentos que me dieron me ayudaron a superar la crisis pero sus efectos secundarios me fueron insoportables y a causa de estos los suspendía al llegar a la estabilidad, adicionalmente según lo que he consultado y con base en los nuevos desarrollos respecto a este tipo de medicamentos, parece que los que se me recetaron en esta época no eran los mas adecuados como drogas de control, en este momento estoy tomando otros medicamentos los cuales siento que me controlan la enfermedad, pero no tienen tantos efectos secundarios y si los tienen son soportables, por lo que los vengo tomando con juicio y no los he suspendido.

La mayoría de los medicamentos que tomé en mi primera crisis están fuera del mercado o se usan para casos extremos, o para otras dolencias mentales, no precisamente para el trastorno bipolar.

Solo hay un medicamento que es el mismo que tomo desde mi primera crisis y son las gotas para dormir, a pesar de que llevan mucho tiempo y para algunos médicos son anticuadas, según me dijo el psiquiatra que me trata actualmente son de lo mejor que hay en el momento para tratar el insomnio en mi caso y casos parecidos y como me han funcionado me recomienda seguir con ellas, estas las tomo cuando se me descontrola el sueño, cuando se me normaliza las suspendo.

Adicionalmente no es solo la psiquiatría la que ha evolucionado, también la sociedad, en este momento se acepta sin discriminar mas fácilmente a las personas diferentes a la mayoría y entre estas diferentes estamos los afectados por trastornos mentales, aunque todavía falta evolucionar mas se han dado algunos pasos importantes.


"¿Significa el hecho de visitar a un psiquiatra, o un psicólogo, que no soy capaz de organizar mi vida solo?
En absoluto. Del mismo modo que tener que visitar a un dentista no quiere decir que no se sepa masticar. No es más importante ni más grave tener que visitar a profesionales de la salud mental que al resto de profesionales médicos. Precisamente, el hecho de acudir con regularidad a las visitas del psiquiatra y/o del psicólogo es una muestra de la capacidad de ser responsable en lo que respecta a la propia vida y, por lo tanto, una forma de ejercer la autonomía personal. Visitar a un psiquiatra o a un psicólogo conlleva, en un primer momento, reconocer que alguna cosa «no marcha bien», lo que indica de por sí un acto de madurez."

Aunque no sea del completo agrado, es necesario visitar el psiquiatra porque padecemos así no lo hayamos escogido de una enfermedad y debemos estar en control permanente, de forma análoga una persona que sufra del corazón tiene que estar visitando constantemente a un cardiólogo si  no desea morir repentinamente y si quiere tener calidad de vida.



miércoles, 5 de diciembre de 2012

Preguntas y respuestas sobre trastorno bipolar IV


Sigo analizando, apartes del libro Vieta sobre nuestra enfermedad, resaltado aparece lo del libro, mis comentarios en letra normal

De acuerdo con el libro:

"¿Soy un enfermo mental?
No «sois» enfermos mentales, si acaso, padecéis un trastorno mental. Fijaos en la diferencia entre las dos ideas: ser un enfermo mental implica que uno sólo puede definirse como tal, que uno «es» la enfermedad, que ambos son indistinguibles; por el contrario, el concepto «sufrir» una enfermedad psíquica nos acerca más al modelo médico tradicional, según el cual nadie definiría a una persona a partir de su patología. Así pues, vosotros sois, en primer lugar, personas con sus virtudes y defectos, con aficiones concretas, con preferencias, etc. y padecéis un trastorno bipolar, del mismo modo que vuestro vecino puede padecer del corazón."

Aclara un concepto que se tiene arraigado por muchas personas que permite estigmatizar a los que sufrimos de algún problema de la mente, como se explica no somos enfermos como tal, sufrimos de una dolencia que es diferente, ademas la enfermedad solo es evidente cuando estamos en desbalance de resto aunque padezcamos la dolencia esta no es manifiesta.

"¿Tenemos los enfermos bipolares un riesgo elevado de volvernos esquizofrénicos?
No. La esquizofrenia es una enfermedad completamente distinta del trastorno bipolar. Si bien es verdad que hay pacientes bipolares que están más cerca de la esquizofrenia, ya que presentan un gran número de síntomas psicóticos de manera más o menos persistente, eso no quiere decir que puedan terminar sufriendo esquizofrenia. Es improbable «hacer el salto» de una enfermedad a otra."

Es una duda que siempre tuve, la cual esta aclarada en este libro y en otros escritos que he consultado.

Después de mi primera crisis maníaca (llegué a tener alucinaciones visuales, paranoia, distorsión de la realidad) cuando me encontraba algo mejor pensé que lo que me pasó era como un estado de locura temporal y que tarde o temprano terminaría loco por siempre, la palabra loco para mi en ese momento era igual a esquizofrénico, estando equivocado completamente.

A pesar que la esquizofrenia es una enfermedad mental que podría decirse es mas grave que el trastorno bipolar, tampoco es igual a estar loco, loco es una definición coloquial que abarca muchas condiciones mentales y que científicamente no esta definida, ni clasificada, pero la sociedad en general como tal recoge en esta palabra a muchas personas que discrimina, aísla, maltrata, etc; sufran o a veces ni siquiera sufran una enfermedad mental.

No conocer, ni diferenciar los términos que se refieren a los problemas mentales es algo que la mayoría de las personas manejan, en mi caso, creo que si no sufriese de una dolencia mental, estaría con iguales conceptos errados referente a lo que son los problemas mentales.

Tanto la esquizofrenia como el trastorno bipolar tienen un tratamiento en la actualidad, el cual permite a las personas llevar vidas normales.

En un diagnóstico entre la esquizofrenia y el trastorno bipolar pueden haber confusiones porque una persona afectada de trastorno bipolar que esté en estado maníaco fuerte puede llegar a tener alucinaciones y comportarse de igual manera a un paciente con esquizofrenia en crisis, aunque los síntomas en estos casos sean iguales, la evolución de las enfermedades es diferente.

En el caso de la esquizofrenia difícilmente sin un tratamiento adecuado la persona vuelve a su estado normal, los bipolares aún sin tratamiento pueden salir de una crisis y volver a la estabilidad eso si a veces con consecuencias negativas.

Una persona afectada por esquizofrenia sin tratamiento presenta un deterioro en las capacidades mentales muy fuerte que puede llevarlo a estados de deterioro mental grave y convertirlo en una persona con retraso mental y discapacitado. He encontrado en internet que la ciencia actual ha encontrado tratamientos que logran parar el proceso de deterioro mental y hacer que las personas afectadas por esta dolencia puedan llevar vidas normales, hay un caso muy representativo de esto, el del nobel John Nash quien sufre de este problema, lo ha superado, y a pesar de esto es considerado como una de las mentes mas brillantes de la actualidad.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Terminé

Terminé mi trabajo temporal de un mes, logré los objetivos planteados pero el estrés que me generó fue bastante grande, las últimas dos semanas no dormí si no fuera con el somnífero que tomo, pues en dos oportunidades trate de rebajar la dosis o no tomarlo y pasaba la noche en vela, en otras oportunidades esta situación de estar con insomnio no pasaba de una semana o muchas veces de unos días, será que se esta agravando mi problema o es causa de como creo del estrés causado por el trabajo, no lo sé pero tengo que ir donde el psiquiatra hablar con el y buscar la mejor forma de tratarme.

Gracias a mi trabajo temporal el cual consistió en una asesoría se lograron grandes dividendos para mi empleador el cual está muy agradecido y me ofreció trabajo por un año para el próximo, tengo que entregarle una propuesta económica al respecto, osea que después de casi 10 años voy a tener un trabajo mas o menos estable por un periodo de un año, un cambio drástico para mi pues siempre como comentaba, era un freelance que trabajaba a ratos y muchas veces pasaba tiempos largos sin trabajo pero bueno toca esperar a ver como se pone la situación.

Ademas mi problema en trabajos por ratos no causa casi traumatismos pues como eran cortos no se apreciaba mucho mis cambios y como no estaba mucho tiempo con las mismas personas no notaban nada raro en mi, cosas que si pueden pasar cuando se va a trabajar por mas tiempo, espero que esta vez logre estar estable ojalá todo el tiempo para no mostrarme como soy en casos de crisis que no es muy bueno que digamos.

Otro problema que puede presentarse es que no me quede mucho tiempo para estar por estos lados, pero bueno trataré de sacarlo o si no es una consecuencia que no me traerá problemas pues estar por estos lados es algo divertido mas no necesario.




domingo, 2 de diciembre de 2012

Preguntas y respuestas sobre trastorno bipolar III

Siguiendo con la serie voy a plantear otras dos preguntas


"¿Hay cada vez más bipolares?
No está claro si la frecuencia de esta enfermedad aumenta o si bien, con el perfeccionamiento de los criterios diagnósticos, los avances en psiquiatría y psicología, la mayor disponibilidad de información, el mayor nivel cultural medio de la población, etc., cada vez se diagnostican correctamente más casos de personas que, antaño, se habrían calificado erróneamente de «raras», «excéntricas», «mágicas» o «locas» y que, de este modo, pueden empezar a recibir un tratamiento adecuado que les permita llevar una vida mejor.
¿No es quizás todo el mundo un poco bipolar?
La mayoría de la gente sufre oscilaciones leves del estado de ánimo, lo cual no quiere decir forzosamente que tengan un trastorno bipolar, ya que no han sufrido nunca manía o depresión."

Vuelve y juega el tema de que tantos somos los bipolares y la tendencia de algunos psiquiatras o mas que de los psiquiatras de la industria de las drogas legales (medicamentos) de querer jugar con las cifras de los bipolares y para bien de ellos tratar que se diagnostique la mayor cantidad de personas como bipolares.

Lo que plantea el libro es claro y es posible que de acuerdo con este criterio aumente la cantidad de personas diagnosticadas respecto a lo que se diagnosticaba antes, claro que también hay que tener en cuenta que personas que se diagnosticaban con el trastorno bipolar y otras enfermedades mentales se descartarán de tener estas dolencias. Cuando se llegue a un protocolo para determinar mediante pruebas clínicas un diagnostico mas preciso de la enfermedad, se podrán hacer estudios estadísticos con una mayor aproximación a lo porcentajes de probabilidad de la enfermedad mas aproximados a la realidad, mientras tanto las cifras al respecto seguirán siendo muy inciertas.

A pesar de tener criterios claros y pruebas diagnosticas para determinar una enfermedad como la diabetes tampoco se puede decir con precisión la prevalencia de esta enfermedad porque todo son estudios estadísticos, entonces que puede decirse de una enfermedad donde el diagnóstico es mas difícil.

Tengo un criterio que explico en mi entrada sobre la probabilidad de ser bipolar y es que los bipolares somos aproximadamente el 1% pero no precisamente el que domina el mundo.


martes, 20 de noviembre de 2012

Preguntas y respuestas sobre trastorno bipolar II


Siguiendo con la serie iniciada sobre preguntas y respuestas sobre el trastorno bipolar sigo con otras dos preguntas, que tienen mucho que ver con lo que se denomina teoría del desbalance químico que muchas personas no aceptan, sobre la que cada vez se tienen mas evidencias que dan lugar a probar la validez de esta teoría.

¿Qué son los neurotransmisores?
Son sustancias que circulan entre las neuronas, que son las células del cerebro que transmiten los impulsos nerviosos. Los principales neurotransmisores son serotonina, noradrenalina, acetilcolina, dopamina y GABA, aunque hay muchos más. Las neuronas se comunican entre sí y se envían estas sustancias que recogen unos receptores de la neurona contigua. Cada receptor tiene varias funciones específicas. El exceso de producción de algún neurotransmisor, como por ejemplo la dopamina, es responsable de la aparición de ideas delirantes y alucinaciones, que pueden producirse en descompensaciones graves de la enfermedad. Esta sustancia estimula el pensamiento asociativo y favorece de este modo la interpretación de que coincidencias azarosas o fortuitas tienen en
realidad una causa común, generalmente referida a uno mismo; por ejemplo, el que un coche se ponga en marcha justo en el momento en que nosotros pasamos por delante suyo puede ser algo de lo que no nos demos cuenta o a lo que no demos importancia, o bien podemos interpretarlo como una muestra inequívoca de que estamos vigilados. La dopamina nos hace creer que cualquier cosa puede tener un segundo sentido, muchas veces amenazador. En situaciones de auténtico riesgo, esta función puede ser útil y adaptativa, pero en una situación normal el exceso de estas sustancias hace que la persona se vuelva desconfiada hasta el punto de perder de vista la realidad.

Según la teoría medica actual sobre la cual ya hay ciertas pruebas científicas claras, las emociones son reguladas por sustancias químicas, cuando las cantidades de estas por diversos motivos están por fuera de las cantidades normales se presentan desbalances emocionales, esta situación también puede ser explicada como problemas del alma, del karma o por cuestiones divinas (algún castigo de dios, por pecados de la persona, de familiares, o pecados cometidos en vidas pasadas)  pero para esta explicación no existen pruebas diferentes a la fe, que claro muchas personas tienen esta fe, por lo que si se maneja como la opinión de una mayoría y si se fuera democrático en la validez de una apreciación por mayoría, es posible que esta sea la idea mas aceptada al respecto.

¿Qué es la serotonina?
La serotonina es un neurotransmisor que realiza múltiples funciones en el sistema límbico cerebral. Participa en la regulación del sueño, el hambre, la agresividad, la sexualidad y el estado de ánimo, entre otras cosas. Cuando tiene lugar un descenso en la producción de esta sustancia puede aparecer la fase depresiva de la enfermedad; así pues, ésta se acompaña de trastornos del sueño, el hambre (por lo general pérdida, pero a veces aumento de éste) y las otras funciones controladas por la serotonina. Por eso resultan útiles los fármacos que estimulan la producción de serotonina, como algunos antidepresivos. El litio también actúa, en parte, controlando la cantidad de serotonina que va de una a otra neurona.

Esta apreciacón y definición ya se había presentado en entradas pasadas, como en los post: Dopamina y trastorno bipolar y sobre la teoria del desbalance quimico, adicionalmente si se quiere ver una ampliación sobre el tema recomiendo los otros dos documentos científicos que están en las páginas anexas de este blog la del Dr Carver y la del Dr Florian.

Como también habia dicho las entradas sobre la teoría del desbalance químico parteIparteII, aunque la medicina haya avanzado en la explicación detallada de las causas de los problemas de la mente, todavía mucha de la medicina psiquiátrica se viene aplicando, igual a la medicina del resto del cuerpo unos 100 años atras pero esto no quiere decir que no sea científica.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Historia de un bipolar



Navegando por Internet, no precisamente en páginas y blogs de bipolaridad, si no en páginas de literatura que es uno de mis entretenimientos, encontré esta historia, es la de un escritor moderno que sufre esta dolencia que nos aqueja.

Aquí se tiene el vinculo a su articulo Historia de Un Bipolar que es la autobiografía de su autor en lo que se refiere a nuestra dolencia mental, según se dice en esta historia la vida para él es bastante difícil y tuvo que pasar por situaciones bastante extremas, muchas causadas por su problema mental y otras por situaciones de la vida cotidiana que no tienen que ver con la bipolaridad.

El texto completo a continuación:


"Rafael Narbona: Historia de un bipolar


Hasta ahora he escrito sobre el trastorno bipolar en términos poéticos, intentado mostrar que a veces la belleza se inmiscuye en el dolor y transforma el abatimiento y la euforia en experiencias que trascienden los límites del lenguaje y la razón. Ser bipolar significa transitar por una extraña penumbra sacudida por tempestades de claridad. Las palabras apenas logran reflejar esas convulsiones, que convierten la vida del bipolar en un ejercicio de funambulismo, donde cada paso entraña el riesgo de caer al vacío.

Sin embargo, hoy quiero hablar de la psicosis maniacodepresiva (no conviene olvidar el nombre primitivo de la enfermedad) desde una perspectiva más apegada a los hechos, conteniendo el aliento lírico y las figuras retóricas. Hace dos noches sufrí un feroz insomnio que sólo cedió hacia las cinco de la madrugada con veinte gotas de lormetazepam. Mi mente era incapaz de apaciguarse después de leer algunas notas de prensa sobre el caso de José Bretón, el presunto filicida que ha movilizado a la España negra, hambrienta de patíbulos y venganzas. Algunos periodistas especulaban sobre un posible trastorno bipolar en el sospechoso, preguntándose si esa patología habría influido en su comportamiento. Los psiquiatras alertaban sobre el riesgo de asociar enfermedad mental y violencia, descartando -además- que José Bretón sufriera esa patología. Consideraban más adecuado hablar de una “personalidad anómala, con rasgos de psicopatía” y pedían a la prensa que actuara con prudencia y responsabilidad, evitando dañar la imagen de un colectivo abocado a luchar contra los desarreglos de su sistema límbico. Cada vez soy más escéptico con las explicaciones estrictamente psicológicas. No creo en el psicoanálisis y entiendo que la terapia cognitivo-conductual sólo desempeña un papel auxiliar respecto a la medicación. El trastorno bipolar es una enfermedad biológica. Se desconocen las causas exactas, pero todo apunta a factores genéticos hereditarios. De hecho, suele afectar a varios individuos de la misma familia. Ahora sé que Juan Luis, mi hermano mayor, padecía esa patología. Se suicidó a los 40 años después de un brote de manía que devastó su vida familiar, laboral y social. Sus bruscos cambios de humor, su mezcla de extroversión y ensimismamiento, sus crisis de insomnio alternadas con períodos de acusada somnolencia, sus tendencias autodestructivas y su inestabilidad emocional, despejan cualquier duda sobre un diagnóstico que sólo llegó a formularse después de su muerte. En los años ochenta, aún no se hablaba de trastorno bipolar y mi hermano jamás acudió a un psiquiatra. Entre el 25% y el 30% de los bipolares se suicidan, casi siempre después de varios intentos fallidos. Se estima que el tratamiento psicofarmacológico y el apoyo social y familiar disminuyen notablemente el riesgo. Sin embargo, los afectados a veces no se dejan ayudar, aislándose de sus seres queridos y rehuyendo el contacto social.

Mi hermano jamás se comportó de forma violenta. Ni siquiera era aficionado a discutir o a levantar la voz. Cuando surgía un conflicto, se aislaba del mundo. No abría la puerta, no respondía al teléfono, bajaba las persianas hasta dejar la casa en penumbra y se parapetaba en el silencio. Pasaba las horas tumbado en el suelo, escuchando música y encendiendo un cigarrillo tras otro. A veces lloraba, pensando que nadie le escuchaba, pero si se hallaba en nuestra casa familiar y alguien acudía a consolarlo, respondía con frialdad, fingiendo que sólo se encontraba de mal humor. El 2 de junio de 1982 enterró la cabeza en un horno de cocina y abrió las espitas del gas. En esa fecha se cumplían diez años de la muerte de nuestro padre por un infarto de miocardio. Aún no sé explicar por qué eligió ese día. ¿Pretendía decirnos algo? ¿Quería resolver de alguna manera los conflictos que les separaron en vida, levantando entre ellos un muro de incomprensión? Se querían mucho, pero les tocó vivir una época de cambios y penurias. Ahora los dos descasan en el Cementerio de la Almudena. Yo los visito de vez en cuando. Tuve la desgracia de presenciar la muerte de ambos. El corazón de mi padre se rompió mientras hablaba con mi madre y conmigo. Con un problema de coronarias, llegó a casa agotado y se tumbó a dormir una pequeña siesta antes de comer. Yo me senté a los pies de la cama y mi madre bajó la persiana. Un breve y sobrecogedor ronquido nos heló el alma. No sirvió de nada tener un vecino cardiólogo. Todos los intentos de reanimación fracasaron. Aún faltaban cuatro meses para que yo cumpliera nueve años, pero la muerte me enseñó ese día que no es posible ignorar su llamada. Una década más tarde giraba la llave del apartamento de mi hermano con el corazón encogido por el olor a gas. Tuve que empujar con fuerza la puerta de la cocina, pues unas toallas y una mesa habían bloqueado el acceso. Cuando al fin logré entrar, mis ojos se desviaron del cuerpo arrodillado de Juan Luis y se fijaron en los cristales rotos por la explosión de gas. Durante unos instantes, no reparé en otra cosa. Ni siquiera me inquietó el silbido de las espitas que continuaban liberando su carga letal. Parecía que sólo existían esos cristales, con sus aristas afiladas y la pared del patio que se vislumbraba al otro lado, una superficie llagada y con manchas de humedad que, según mi hermano, se parecían a un lienzo de Pollock. Incapaz de reaccionar de manera racional, observé que Juan Luis estaba descalzo y me pregunté si no debería buscar unos zapatos y unos calcetines. El cerebro a veces dibuja extrañas piruetas para no enfrentarse a un dolor inaceptable. No soy capaz de reproducir con exactitud los momentos ulteriores, pues mi mente se debatía entre la desolación, el llanto, el desamparo y el sentimiento de irrealidad.

Juan Luis perdió a su madre a los nueve años. En mi familia, proliferan las simetrías. No creo que exista un orden secreto en el mundo, pero sí una recurrente fatalidad. Juan Luis y yo conocimos la orfandad a una edad prematura y eso marcó nuestras vidas. Mi padre se casó unos años más tarde con mi madre, trece años más joven. El matrimonio se enfrentó a muchas dificultades. Mis abuelos maternos nunca contemplaron con agrado la relación por razones que aún desconozco. Siempre he sospechado que se hicieron amantes antes de casarse, algo intolerable para la mentalidad de una época bajo el dominio de la Iglesia católica, fiel aliada de la dictadura del general Franco. Juan Luis y mi madre se entendieron bien. A veces salían juntos, mientras mi padre se quedaba en casa escribiendo una columna periodística, un ensayo o una de sus novelas. Solían ir a un cine de la Gran Vía y, al acabar la sesión, merendaban en una cafetería del barrio de Argüelles, casi siempre tortitas con nata y chocolate. Al parecer, todo discurría con la normalidad previsible en una familia de clase media en la España de los cincuenta. Los problemas comenzaron cuando nació mi hermana Rosa. Poco después del alumbramiento, mi madre cayó en una terrible depresión que no respondió a ningún tratamiento. Durante meses, experimentó crisis de llanto y ansiedad, sin que nada mitigara su profunda tristeza. Cuando dos o tres años más tarde, descubrieron que Rosa sufría síndrome de Turner y que eso significaría esterilidad, un crecimiento inferior al normal y algunas complicaciones adicionales, mi madre mejoró transitoriamente, tal vez empujada por la necesidad de cuidar a su hija enferma, pero jamás recuperó la alegría de sus primeros años de matrimonio ni de una niñez rota por la guerra civil. Actualmente, con 87 años, la depresión sigue a su lado. Aunque a veces parece alegre y extrovertida, los ataques de ansiedad, la tendencia a llorar y la desesperanza han desplazado al resto de las emociones. Al despertar, su abatimiento es muy acusado, pero hacia la caída de la tarde mejora un poco. Mi hermana Rosa ha cumplido 56 años. Es profesora de biología y, al igual que Marie Blanchard, ha soportado las burlas crueles de los alumnos por su baja estatura y por una notable cojera que ha dañado gravemente su cadera. Sin posibilidad de engendrar hijos, permanece soltera y la tristeza la devora por dentro. Aguarda la vejez con un creciente miedo a la soledad y cierto rencor hacia un mundo que –en muchas ocasiones- le ha escatimado afecto y solidaridad.


Mi hermano comenzó a mostrar síntomas de inestabilidad en la adolescencia, pero se atribuyeron a la rebeldía y el inconformismo y se les restó importancia. Sin embargo, no era simple rebeldía, sino una dramática incapacidad de controlar sus emociones, que le impulsaban hacia crestas de euforia y luego le pisoteaban con ensañamiento. Sus relaciones de pareja fracasaron una tras otra, no finalizó sus estudios universitarios, pasó un año en Carabanchel acusado de pertenecer al FRAP, no sin haber sido antes interrogado y torturado; viajó por toda Europa, a veces sin blanca y sin permanecer mucho tiempo en ningún sitio. Cuando regresó a España, se casó con Inek, una holandesa muy dulce. El matrimonio duró poco tiempo. El nacimiento de un niño no mejoró la relación, que se rompió a los pocos años. Nuevas relaciones sentimentales, nuevos fracasos, problemas laborales, altibajos emocionales sin tregua y, por último, el suicidio, casi anunciado por la inestabilidad de las últimas semanas, cuando el insomnio se hizo crónico y la voluntad de estar aislado inquebrantable. Sin embargo, esa misma mañana recogió la ropa del tinte. ¿Por qué? ¿Acaso hay algún vínculo incomprensible entre lo banal y lo trágico?

Hasta los ocho años, fui un niño alegre y comunicativo. Pasaba muchas horas con mi padre y se me contagió su forma de hablar, lo cual hacía mucha gracia a los que me escuchaban, pues utilizaba términos impropios de mi edad, cuyo significado ignoraba, pero que me gustaban por su sonoridad y por el misterio que acompaña a las palabras desconocidas. Después de la muerte de mi padre, cambió mi forma de ser. En el colegio, mis notas empezaron a imitar los picos y caídas de un trompetista de bebop, con un estilo frenético y accidentado, aficionado a las notas estruendosas y a los silencios dramáticos. En algunas evaluaciones suspendía todas las asignaturas, pero en el trimestre siguiente las recuperaba y obtenía sobresaliente en todas las materias, exceptuando matemáticas, donde raramente superaba el notable. Con los profesores me mostraba rebelde y desafiante, acumulando castigos y expulsiones. No era aficionado a las gamberradas, pero sí a desobedecer y a cuestionar las normas, rebelándome sistemáticamente contra cualquier forma de autoridad. El psicólogo del colegio se entrevistó conmigo, sometiéndome a una sesión de test y preguntas. Después de examinar los resultados, me dijo que tal vez sufría un trastorno límite de la personalidad. “No aprecio agresividad, pero sí mucha inseguridad y un marcado narcisismo que intenta compensar el miedo al rechazo. Si no aprendes a controlar tus emociones, malograrás tus enormes posibilidades. Tienes un cociente intelectual de 154. Intenta aprovechar tu vida”.  Mi madre se mostró partidaria de acudir a un psiquiatra, pero yo me negué. Sólo consiguió que hablara con un médico amigo de la familia, que me recetó ansiolíticos y me aconsejó visitarle una vez por semana. Angustiada y preocupada, mi madre intentó convencerme, pero yo sólo cedí cuando su enfado se hizo monumental e incluyó la posibilidad de castigos como no salir los fines de semanas o retirarme temporalmente mi preciada colección de vinilos. Asistí a la primera cita, pero a partir de la segunda comencé a mentir, escapándome a la Tony Martin, una tienda de discos situada cerca de Plaza España, o al Parque del Oeste, con un libro en el bolsillo. Recuerdo que en esos momentos leí El arpa de hierba, de Truman Capote, El árbol de la ciencia, de Pío Baroja y Thomas el impostor, de Jean Cocteau, identificándome con sus personajes, donde apreciaba los mismos rasgos que me atribuían: inadaptación, pesimismo, rabia, desesperanza, fantasías desbocadas y cierta fascinación por la muerte. De hecho, Andrés Hurtado se quita la vida con veneno. Al encontrar su cuerpo, comentan: “Ese muchacho no tenía fuerza para vivir. Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía”. Pensé que esas palabras me pertenecían, pues la idea del suicidio ya rondaba por mi cabeza.


Cuando mi madre se enteró de que no acudía al psiquiatra, se disgustó, pero decidió no insistir más, pues opinó que no obtendría ningún beneficio acudiendo a las sesiones por la fuerza. Pensó que el tiempo tal vez me haría comprender la necesidad de pedir ayuda, si mi estado no mejoraba. Entre los dieciséis y los veintidós años, los altibajos emocionales y los pensamientos suicidas marcaron mi existencia. Fueron los años de la movida, con sus excesos letales: alcohol, heroína, sexo con desconocidos, SIDA. Salvo algún momento de alivio obtenido gracias a la literatura, el cine o la música, finalicé el bachillerato e inicié la carrea con un ánimo sombrío, pensado que sólo la muerte podría proporcionarme una paz definitiva y verdadera. El suicidio de mi hermano cuestionó esos pensamientos, enseñándome que el suicida que se mata, de alguna manera también mata a los otros. Es una especie de asesino que no calcula las consecuencias de sus actos. Conocer a mi mujer en 1985 me hizo contemplar el futuro con esperanza, pero la dicha apenas duró un tiempo. A los seis meses, sufrió un brote psicótico que nos reveló la impotencia del ser humano frente al determinismo biológico. Mi novia era una chica de 24 años, con unos bellísimos ojos azules y una cara de rasgos simétricos y delicados, una joven estudiante de filosofía inteligente, alegre y combativa, con grandes dosis de ternura y solidaridad y la ambición de ser profesora, que se desmoronó cuando empezó a escuchar voces en su interior y a no ser capaz de diferenciar sus delirios de la realidad objetiva. Al principio, alentamos la esperanza de una curación completa, pero la esquizofrenia paranoide no se cura. Se puede luchar contra sus síntomas e intentar hacer una vida relativamente normal entre una crisis y otra. Eso es todo. Mi mujer ha sufrido catorce crisis en veintisiete años. Nos casamos en 1991. A pesar de las recaídas, hemos sido muy felices, pero cada brote ha sido como un terrorífico zarpazo, que nos ha hecho conocer las formas más aciagas de la desesperación. Las crisis duran meses y, en los momentos más agudos, se interrumpe la comunicación, pues las alucinaciones se convierten en estímulos mucho más poderosos que el mundo real. En una ocasión, el silencio se prolongó cinco meses. Cinco meses de silencios y de miradas que resbalaban una sobre otra, sin lograr un ápice de entendimiento. Durante las crisis, nos limitábamos a pasear o a sentarnos en una cafetería, sin intercambiar palabra. En estos tres últimos años, la enfermedad se ha olvidado de nosotros, pero eso no significa que no pueda reaparecer. Y, en cualquier caso, la medicación no puede retirarse, un cóctel de pastillas que produce somnolencia, rigidez muscular, sobrepeso y cierta introversión. Nunca pudimos plantearnos la posibilidad de la paternidad, pues el embarazo es incompatible con la medicación y los estrictos criterios de adopción excluyen a los padres con cualquier clase de patología mental. Prefiero no entrar en el debate sobre los tratamientos alternativos, pero casi tres décadas de experiencia con la enfermedad mental me han enseñado que sin los modernos psicofármacos, los afectados se extraviarían en la trama de sus alucinaciones, perdiendo sin remedio la razón, la libertad y la voluntad, convirtiéndose en zombies, es decir, en muertos vivientes, algo mucho más doloroso e inaceptable que la muerte física.

La tristeza me acompaña desde los ocho años, pero la depresión me golpeó con fuerza por primera vez en 1996. Estaba en mis genes, aguardando el momento oportuno. Una recaída de mi mujer y el fin de la beca que nos sostenía actuaron como detonante. Perdí el interés por todo y una vez más me sentí atraído por la muerte. Me diagnosticaron una depresión mayor y me recetaron pastillas, pero no me limité a la dosis prescrita, sino que las utilicé para prolongar mis horas de sueño. Huía del mundo, huía de mi mismo, no me preocupaba no despertar. Mis excesos me llevaron a urgencias en varias ocasiones. Un brote de manía borró la tristeza de un plumazo. De repente, ya no deseaba dormir, sino permanecer despierto y emprender nuevos proyectos. Hablaba sin parar, establecía nuevas amistades, salía de la cama a las cuatro de la madrugada y empezaba a escribir compulsivamente, las horas se esfumaban a una velocidad vertiginosa. En ese estado de euforia, me sentía feliz y realizado. Por fin había superado todas mis inhibiciones y nada parecía imposible. La manía finalizó abruptamente y reapareció la depresión. En mi caso, los cambios de humor se producen a una velocidad vertiginosa. Soy un ciclador rápido. Tal vez eso explique que sacara fuerzas para presentarme a las oposiciones de filosofía de enseñanza secundaria. Mi mujer y yo habíamos disfrutado de una beca de investigación gracias a nuestros expedientes académicos. Piedad trabajó como bibliotecaria y documentalista entre 1992 y 2008. Después, se jubiló anticipadamente por enfermedad y ahora cobra una pensión. Yo aprobé las oposiciones con el número uno, gracias a una disertación sobre “Los límites del conocimiento y el problema de lo irracional”. Siempre me he llevado bien con los alumnos. Conservo muchos recuerdos, casi todos regalos de fin de curso: placas, libros, tarjetas llenas de dedicatorias, plumas, llaveros, figuras e incluso una navaja de diez centímetros de hoja, que me regaló un alumno particularmente conflictivo. En esos años, logré mantener la enfermedad relativamente controlada, si bien nunca desaparecieron los altibajos o los problemas para dormir. Aunque respetaba las pautas de medicación, los síntomas persistían atenuados. Mi psiquiatra sostenía que me había estancado en un estado mixto y que sólo se podía hablar de remisión incompleta.

A principios del curso 2003 pensé que podía prescindir de la medicación. Me sentía bien y con ganas de no ser el esclavo de unas sustancias químicas con unos efectos secundarios muy desagradables. Dejé las pastillas y a los pocos días apareció la manía, con su corte de calamidades. Adelgacé veinte kilos en un mes, inicié varios proyectos disparatados, reduje mi descanso nocturno a cuatro horas de sueño, me acostumbré a viajar por la autovía a más de 160 km/h y creí enamorarme de otra persona mucho más joven, pero no menos desequilibrada e increíblemente dañina. La relación se caracterizó por las discusiones, los chantajes, las reacciones histéricas, la dependencia enfermiza y los sentimientos de culpabilidad. Mi amante me presionó hasta lo inverosímil para que me separara, pero yo no cedí y ella me dejó al cabo de unos meses de peleas, reproches y desencuentros. No creo que ese incidente refleje mi personalidad, pues nunca había hecho nada semejante y me encontraba en pleno brote de manía, sin medicación ni supervisión psiquiátrica. La culpabilidad no se ha apagado diez años después, pese a que mi mujer me ha perdonado y jamás me ha recriminado lo sucedido. Al igual que en las telenovelas, las historias nunca acaban del todo. Hace unos meses, mi amante reapareció y me propuso una cita para hablar como amigos. Nos reunimos en una cafetería y me contó lo que le había pasado en esos años. Había mantenido dos relaciones fallidas con dos hombres que casi le doblaban la edad. La primera duró tres años y se deshizo después de muchos conflictos y discusiones. La segunda finalizó con un desenlace trágico. Un hombre de unos 50 años dejó a su mujer e hijos para marcharse con ella. Tres años más tarde, escogió el 25 de diciembre para volarse la cabeza en un parque, con un pistola de tiro olímpico, pues practicaba ese deporte. No advertí en el relato dolor, compasión o desgarro, sino una mezcla de frialdad y rabia. Pensé que yo habría acabado del mismo modo, si hubiera cometido idéntico error, separándome de mi mujer para iniciar una nueva vida con una joven de veintidós años.

Entre el 2004 y el 2010, seguí trabajando y escribiendo para El Cultural, Revista de Libros y otras publicaciones. Por fin, los psiquiatras decidieron que yo no sufría una depresión, sino trastorno bipolar de tipo I y que no lograba superar un estado mixto con cuadros de ciclación rápida. A pesar de mantener mis actividades cotidianas durante ese período, intenté quitarme la vida en cinco ocasiones. La tentativa del 6 de enero de 2006 fue la más dramática, pues sólo la rápida intervención de una UVI Móvil evitó mi fallecimiento. No sé si se trató de una simple alucinación, pero durante el trayecto hacia el Hospital de la Paz experimenté una visión cenital de mi propio cuerpo. Sentí que mi conciencia observaba desde fuera, con la indiferencia de un forense que observa un cadáver diseccionado. Mi estado de ánimo no mejoró hasta el 2010, cuando comencé a escribir un blog. Hasta entonces, había elaborado centenares de críticas literarias y sólo unos pocos textos de creación, que acumulaban polvo en un cajón. El blog, INTO THE WILD UNION, tuvo un éxito inesperado. En algo más de dos años, ha conseguido 1600 seguidores. No pensaba que el blog, orientado a promover la cultura y el activismo político de izquierdas, me causaría problemas. Mis textos eróticos sobre Sasha Grey o el bondage me provocaron algún disgusto sin importancia, pero mis ensayos sobre Ernesto Che Guevara, Ulrike Meinhof o el conflicto de Euskal Herria despertaron la ira de los grupos ultraderechistas de un barrio obrero de Madrid. Al llegar al instituto una mañana, me encontré con una pintada en el muro de la entrada, donde se leía: ¡Rafa Narbona, comunista! La dirección y mis compañeros, salvo contadas excepciones, respondieron con indiferencia e insolidaridad. Poco después, la asociación de padres del centro presentó un dossier que incluía mis opiniones políticas y unas fotografías que me había realizado con mis amigos, imitando a los sicarios de las favelas con armas simuladas. En blanco y negro, las fotos eran realmente buenas, pero los pies y el contexto en el que aparecían disipaban cualquier duda sobre la posibilidad de que se tratara de peligrosos delincuentes. No era difícil advertir la intervención de  una malicia reñida con el humor y la inteligencia. Aunque el incidente se resolvió sin consecuencias, la acumulación de agravios y agresiones emocionales me desequilibró, reapareciendo la depresión y las fantasías suicidas. De baja médica desde el 2 de febrero, he dedicado mi tiempo desde entonces a leer y escribir. Gracias al apoyo de la familia y los amigos, he conseguido una precaria estabilidad basada en una rutina inalterable. Evito las relaciones personales, pues el contacto con los otros me produce mucha angustia. Nunca descuelgo el teléfono y salir de mi entorno, una casa situada entre campos de trigo y cebada, me causa una terrible ansiedad. A veces parezco huraño, incluso con mis amigos más cercanos, pues casi siempre busco la soledad y el aislamiento.


El pasado 7 de mayo me llegó una carta de la inspección médica, anunciándome que tras leer mi expediente psiquiátrico habían decidido tramitar mi jubilación por incapacidad permanente para el servicio. La mutualidad de los funcionarios dio su visto bueno y ahora sólo falta que el Equipo de Valoración de Incapacidades del INSALUD apruebe la solicitud de la Administración. Aún no sé cuánto tiempo transcurrirá hasta que me convoque el tribunal. Mi primera reacción al recibir la carta fue de absoluta desolación, pero en seguida me planteé que la jubilación constituía la mejor alternativa, pues –aunque me duela reconocerlo- mi mente es un gráfico enloquecido, donde la euforia y la depresión se alternan o se encabalgan en breves períodos de tiempo. Lucho a diario contra el insomnio, las pesadillas, la ansiedad y la tristeza. Hace mucho que no sufro un brote de manía, pero cuando éste comience yo seré el último en advertirlo. Eso sí, no acepto que se asocie el trastorno bipolar o la esquizofrenia con la violencia. Sylvia Plath, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf, Pedro Casariego, Van Gogh y Kurt Cobain padecieron trastorno bipolar. Todos se suicidaron, pero ninguno cometió un acto violento. Artaud, Strindberg, Hölderlin y Leopoldo María Panero son eszquizofrénicos, pero jamás causaron daño a los demás. Asociar el filicidio de José Bretón a una presunta bipolaridad sólo sirve para alimentar falsos mitos. No parece lo más sensato en un momento en que la chusma acosa a la familia del sospechoso, pintarrajeando las paredes de su finca y exigiendo castigos medievales. No creo que les mueva el anhelo de justicia, sino sentimientos primarios de odio y venganza. Un linchamiento social y mediático no aportará ningún consuelo a la familia, que hasta ahora ha respondido a la tragedia con calma y dignidad.

¿Por qué contar todo esto?  ¿Por qué sacar a la luz experiencias tan íntimas? Los escritores son exhibicionistas natos. Michel de Montaigne, Jean-Jacques Rousseau, Dostoievski, Jean Genet y William Burroughs nos relataron los aspectos más dolorosos de sus vidas. Anne Sexton convirtió su poesía en un espejo de su locura, sin escatimar fantasías sexuales que ofendían a la América tolerante y puritana de su época. Pizarnik recreó su desorden interior con sus versos dolientes: “te remuerden los días / te culpan las noches / te duele la vida tanto tanto / desesperada, ¿adónde vas? / desesperada ¡nada más!”. Leo a Pizarnik casi a diario. Aprecio mucho su obra y noto esa proximidad que reúne a todos los que transitan por los mismos infiernos. Sin embargo, de todos los poemas que se han escrito sobre la locura, ninguno me resulta tan cercano como el de Leopoldo María Panero: “El fruto de mi cerebro / cae y cae / sobre la arena / luchando / los despojos de mi alma / ensucian el papel”.

Ser sombra de una sombra es el destino del loco, pero esa existencia fantasmagórica es el tributo que se paga por creer en las palabras y el silencio. No sé lo que me espera, pero no encuentro ninguna razón para ocultar mi incertidumbre."



jueves, 9 de agosto de 2012

Afortunadamente estoy y bien en este mundo

Reflexionando sobre lo que ha sido mi vida y lo que ha sido mi situación personal sufriendo esta enfermedad del trastorno bipolar, viendo a mi alrededor personas que analizo pueden sufrir lo mismo que yo, pero que están en malas condiciones, otros que conocí y que me identificaba con ellos, que de pronto dejaron este mundo por sus manos, siento que soy afortunado de estar aquí y en buenas condiciones.

A partir de la entrada en un blog de otra bipolar muy joven he discutido con ella si nuestra enfermedad se desarrolla o no por las condiciones externas a que nos vemos sometidos y que muchas personas que tienen herencia de problemas mentales desarrollan la enfermedad y otras no; o existe otra teoría según la cual los que tienen la genética de la enfermedad mental la desarrollarán y los que no la desarrollan es porque no la heredaron a pesar que uno o aún ambos padres tengan problemas mentales; científicamente no se ha demostrado ni lo uno ni lo otro, pero en ello están trabajando los científicos.

Sin embargo, saber porque se desarrolla la enfermedad considero que no es lo mas importante, lo que si importa es como poder sobrellevar mejor estos trastornos de la mente y como llegar a que los que padecemos podamos tener vidas plenas y que ojalá sin tener síntomas de la enfermedad, sin llegar a crisis graves que nos puedan dañar la vida.

Muchas de las personas que sufren de trastorno bipolar llegan a volverse alcohólicos o drogadictos, algunos de ellos llegan a situaciones extremas, que se puede decir: Se pierden porque dejan de ser útiles a la sociedad y se convierten mas bien en un problema, tenemos la tendencia a volvernos adictos a sustancias psicoactivas.

En mi caso estuve involucrado con el alcohol, desde muy joven, desde los 14 años lo empecé a consumir y realmente hace mas bien unos pocos años me volví casi abstemio, claro que no llegue a un alto grado de alcoholismo, pero si tuve problemas por su consumo, sin embargo, todavía consumo de pronto una cerveza o una copa de vino,  pienso que ni siquiera eso debiera hacer porque muchas veces lo que te emborracha es la primera copa, porque después viene la segunda y luego ....,

Tengo algo de suerte, pienso, superé la tendencia a la dependencia del alcohol, también a pesar que mi problema de trastorno bipolar me perjudicó fuertemente en las primeras etapas de mi juventud, logré terminar estudios y conseguir buenos empleos, a pesar de sufrir crisis constantes estas no fueron tan funestas y he podido hasta el momento llevar la vida de una persona promedio, económicamente he logrado tener estabilidad y tener una familia, últimamente tengo una inestabilidad laboral grande, estoy en lo que se denomina subempleo y a pesar de ser dura la situación logro sobrellevarla.

En mis crisis las cuales casi siempre empiezan llevándome hacia la manía, he tenido muchos problemas en muchos aspectos, sentimental, familiar, laboral, que me han llevado a tener conflictos, las personas que conocen de mi problema y los mas cercanos han aprendido como ayudarme o a menos soportarme, sin embargo, otros personas no, sobre todo en los aspectos laborales casi siempre me han producido daños irreparables, luego cuando llega la depresión me doy cuenta de lo que he causado y afortunadamente no he llegado a extremos, que espero  no llegar nunca, sin embargo, no puedo asegurarlo, aunque se que lucharé para que mi final no sea por mis propias manos.

Pienso en este momento en la historia de Poe, a mis años era ya famoso, ya había escrito la mayoría de sus obras pero también ya había muerto, en mucho a causa del trastorno bipolar, que unido a su alcoholismo lo destrozaron en los últimos años de vida, dos problemas que tuvo él desde muy joven, sin embargo, estos problemas no impidieron que el fuera uno de los mejores escritores de la época cuyos escritos son aun vigentes, su inteligencia era mayor que sus problemas por lo que pudo trascender, cosa que muy pocos bipolares podrán algún día tener.

Porque algunos bipolares terminan en malas condiciones?, Si unido a esta inestabilidad que nos produce esta dolencia mental, tenemos un entorno complicado bien sea por violencia, abandono, problemas familiares, abuso sexual, pobreza, miseria, maltrato infantil u otras situaciones difíciles pienso que la afectación será mayor y hay mas probabilidades de caer a lo mas profundo; para mi concepto el entorno no causa la enfermedad, de pronto un hecho traumático puede mostrar por primera vez la enfermedad o causar crisis, cuando a otra persona que no sufra de trastorno bipolar se le causen muchos de los problemas anteriores, estos de seguro lo harán sentir muy mal, pero no le producen un desajuste mental como a un bipolar.

Analizando como ha sido mi vida con el trastorno bipolar encuentro que la primera crisis apareció mas bien de repente, de pronto empece a sentirme bastante deprimido por un cambio de entorno, había dejado mi casa paterna en un pequeño pueblo, para ir a estudiar a otra ciudad una capital de provincia pero mucho mas grande y con un entorno mas complicado, estaba estudiando mi primer semestre y sentía que estaba bien en los estudios, había llegado a las primeras pruebas y las había superado bien con buenas notas, de pronto de un momento a otro empece a tomar actitudes extrañas, pase de ser una persona cayada a alguien extrovertido, deje de ir a la universidad y me dio por viajar casi siempre caminando largas jornadas, abandoné el estudio, de pronto si volví a la universidad en alguna vez, pero ya no estaba bien de la mente, hablé de pronto con mis compañeros pero decía y hacía cosas raras, no me presentaba a clases, de pronto me fui de la ciudad donde estudiaba, viaje de un lado a otro, caminé mucho, en este momento perdí el recuerdo de lo que pasó exactamente, esto no aparece en mi memoria o se borró de ella, de pronto alguna vez mis padres y mi hermana hablaron conmigo al respecto, me contaron que me encontraron cerca a la ciudad donde ellos vivían porque unos conocidos le habían dicho que yo estaba en este sitio. Después de ese momento me recogieron y me llevaron a casa, se dieron cuenta que estaba muy raro, me preguntaron, eso si lo recuerdo que si había estado drogándome, también pensaron y me dijeron que tal vez me habían dado algo para estar tan raro, recuerdo que fui donde un médico amigo que hacía poco había terminado, pienso que él identifico mi problema como alguna dolencia mental, les dio una remisión a un psiquiatra del cual el tenía buenas referencias, pienso que me receto y me dio algunos hipnóticos, porque después de esto no tengo recuerdos hasta el momento de verme dentro de una clínica de salud mental ya después de varios días de internado.

Sentí que mi forma de ser se vio muy afectada, de un momento a otro mi vida cambió radicalmente, pasé de ser una persona normal a una persona que podía estar al límite de la locura, durante mucho tiempo me sentí así, con un miedo terrible a enloquecerme del todo y perderme de ese mundo, que aunque cruel, me ha gustado compartir, pero siendo siempre consciente de mis acciones,  (hay que tener en cuenta que no existía la red y nunca recibí información de parte de los médicos o de las personas que me atendieron en la clínica mental), es algo que ha cambiado ahora, el hecho de saber que se tiene una dolencia con un nombre, con una descripción aproximada y teniendo la consciencia de lo que se sufre, es mucho mejor a la incertidumbre causada por la falta de conocimiento, porque simplemente se siente que se tiene algo raro y que uno puede enloquecerse de un momento a otro algo que te trauma.

Fuera del trauma de saber que se tenía un problema de la mente, sentí que mis capacidades mentales quedaron disminuidas, ya no captaba tan rapido, ni facil lo que se me enseñaba, tuve problemas de concentración, adicionalmente después de la crisis de manía me vino un rebote y mantenía bastante deprimido, adicionalmente los medicamentos que me dejaron como control tenían unos efectos secundarios demasiado fuertes y que no me permitían sentirme bien.  Senti que mi tratamiento logro superar y corregir la manía extrema a que habia llegado pero no lograron tener una estabilidad emocional posterior, es por tanto que no se si mal o bien decidí dejar la medicación del todo, mas o menos unos 6 meses despues de mi internado en la clínica.

Después tuve una etapa donde mi problema casi no dio síntomas apreciables durante mucho tiempo de pronto si tenía algunos altibajos de hipomanía y depresión pero ninguna fuerte.

Es posible que unos 10 años después de mi primera crisis tuve un momento donde me sentí bastante afectado y acudí de nuevo donde un psiquiatra que me recetó de nuevo y logre de nuevo llegar a la estabilidad que fue mas bien fácil, no llegue a un estado de manía muy fuerte, ni tampoco la depresión, una vez mas cuando me sentí de nuevo en estabilidad deje por completo la medicación y tampoco volví donde el médico, aún en ese momento me era desconocido el nombre y las características de mi problema mental.

Luego tuve un tercer intento de crisis o una crisis leve que me complicó la vida y volví a reiniciar la medicación con buenos resultados, sin embargo, nuevamente la volví a dejar y permanecí así mucho tiempo, fue entonces cuando por Internet del cual apenas vine a tener acceso a él de una forma similar a como lo tengo actualmente hace unos 5 a 6 años, que ante el dilema de mi problema que lo sentía y no lo entendía, decidí buscar el nombre a mi problema mental, adquirir un conocimiento sobre él, ya que en todo el tiempo que llevaba viendo médicos psiquiatras, nunca se me había hecho claridad respecto, poco a poco logré identificar mi enfermedad.  Lo primero que hice fue buscar una descripción de los problemas mentales que se tienen definidos, comparando los síntomas y asimilándolos a los que yo tenía, pude determinar que mi caso se adaptaba a un trastorno bipolar, aunque siempre pensé que podía ser una enfermedad de pronto mas grave como una esquizofrenia u otro trastorno mental el cual de pronto podía ser tan crítico que mi problema podría llevarme un día tarde o temprano a una locura total y perderme para este mundo, cosa que con la información que he logrado obtener, es poco probable que se de, sobre todo en el presente o futuro cercano.

Realmente descansé pues pude saber que a pesar de tener una enfermedad mental esta no es tan grave ni catastrófica, que se puede vivir con ella igual a una persona que no la tenga, luego de esto traté de seguir mi ritmo de vida sin tomar medicamentos, pues siempre que iniciaba un tratamiento me mejoraba pero no lograba soportar los efectos secundarios de los medicamentos y volvía a dejarlos.

Así pase varios años hasta que empece a sentir los desbalances mas de seguido, aún sabiendo bien que era lo que tenía, entendiendo un poco mas lo que me pasaba, ensayando compuestos naturales y autocontrol, pero no lograba sentirme estable ni bien por mucho tiempo, también como he comentado en otras entradas anteriores siempre acudía a un somnífero que me ayuda a dormir, quizá era el único medicamento que había soportado, porque una vez que superaba el insomnio lo dejaba y volvía a dormir normalmente.

Decidí nuevamente acudir a un psiquiatra, para que me tratara, fue cuando empecé la medicación actual, (según he consultado por internet, es la que mejor se ajusta a mi situación con el tb) la cual inicialmente me dio bastante dificultad, pues me produjo efectos secundarios bastante molestos, pero que he superado, que en este momento casi no siento, creo que mi cuerpo se ha acostumbrado a los medicamentos, pero a la vez siento su efecto benéfico pues estoy mas estable por mas tiempo y no he vuelto a subir o bajar mucho en mi estado de ánimo, aunque si tengo de vez en cuando algo de desbalances.

Por fin he logrado una situación que aunque no es de cura total es mas bien tranquilizadora, lástima que para ello pasara mucho tiempo, que hubiera sufrido mucho sin necesidad, pues mi vida aunque no ha sido mala del todo si se vio muy afectada por el trastorno bipolar que sufro.

Si, estoy en este mundo difícil y afortunadamente bien, pudo haber sido mejor, pero se que hacia el futuro voy a tener un problema menos de que preocuparme, pues mi enfermedad puedo decir esta ahora bajo control, aunque tengo que estar siempre alerta con ella.