Mostrando las entradas con la etiqueta química cerebral. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta química cerebral. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de agosto de 2022

La medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias

La medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias


Imagen de la red DRA



El uso de las drogas muchas veces se hace con en fin de tratar de mitigar y amortiguar el dolor por el sufrimiento físico o también el mental, muchas veces estas drogas se compran ilegalmente otras de forma legal, unas son recetadas por médicos otras autorecetadas, algunas de estas drogas tienen efectos suaves y logran calmar las molestias sin mayores efectos colaterales, otras son muy potentes y además de calmar el dolor producen otros efectos como sentir placer artificial u otros que pueden ser perjudiciales tanto física como mentalmente.

Las drogas se han dividido en buenas y malas: En las buenas están las drogas recetadas por especialistas las cuales se deben de tomar si o si, por muy mal que hagan sentir a las personas y en las malas están las drogas o sustancias 'recreativas' que son cada vez más histéricamente vilipendiadas. 

El ciudadano moderno está atrapado en un flujo constante de mensajes contradictorios, ya que se le dice por un lado que no debe dejar de tomar su antidepresivo pero se le recuerda a la vez que el alcohol, la marihuana o la cocaína son peligrosos. Se alienta a las personas a buscar supresores emocionales lícitos y recetados, pero se las menosprecia (y se las puede criminalizar si se trata de una sustancia prohibida por la ley) por buscar placer a través de medios químicos. 

Con el fin de darle tinte de legalidad a potentes drogas psiquiátricas, se ha creado una explicación pseudocientífica sobre el efecto que estas tienen sobre las personas que las toman, se afirma que estas drogas rectifican anomalías químicas del cerebro en las personas de forma similar a lo que hace la insulina para la diabetes; entonces así las compañías farmacéuticas han podido comercializar drogas para el tratamiento de la depresión mostrándolas como medicinas curativas que logran revertir la bioquímica defectuosa del individuo que se muestra como causante de la depresión.

Las personas que viven en esta sociedad actual están sujetas al sufrimiento que producen las demandas y presiones de la vida moderna: La competitividad, la gestión del desempeño, la creciente inseguridad, la desigualdad, la constante transmisión de riqueza, la extravagancia y poder de algunos contrastado con la miseria en los hogares de la gente común, este sufrimiento genera angustia y esta angustia que sienten muchas personas se ha diagnosticado en muchas oportunidades como la enfermedad de la depresión, para la cual se tiene una cura y esta cura son las medicinas modernas comúnmente denominadas antidepresivos, que básicamente son drogas catalogadas como buenas por lo tanto su uso es legal.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Las enfermedades mentales son una invención

¿A que se deben los trastornos mentales?

De acuerdo con el libro "La invención de trastornos mentales"

 

Los autores Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez plantean la hipótesis que las enfermedades mentales son una invención moderna, porque con base en los problemas mentales de las personas se ha creado mediante estrategias de mercadeo un constructo denominado “enfermedad mental”, donde se ha definido un marco teórico aceptado por la mayoría de la comunidad psiquiátrica y psicológica, afirmando que se tiene una sólida base científica que permite afirmar que los problemas mentales se deben a enfermedades que afectan directamente al cerebro como órgano; diciendo que los desequilibrios mentales se deben a deficiencias o excesos en los neuroquímicos.

Con base en la premisa de tener el problema “enfermedad mental” se crea la solución a este: Darle el mismo trato que se les da a las demás enfermedades de los demás órganos y curarlas mediante las medicinas la cuales corrigen los desequilibrios químicos del cerebro.

Se ha creado entonces la estrategia para poder vender y comercializar los medicamentos para la cura de las enfermedades mentales y como inicialmente se tenían definidas pocas enfermedades mentales, se pasó a configurar los diversos problemas de comportamiento en la vida diaria de las personas como enfermedades mentales y por lo tanto se creó un gran negocio que ha logrado ganancias exorbitantes en los últimos años.

En el libro se plantea que la forma como se vienen manejando los problemas mentales de las personas no es la más adecuada, sobre todo porque se viene manejando un esquema de marketing de los medicamentos denominados psicofármacos, los cuales para poder venderse se les crea un nicho de mercado con base en definiciones de problemas mentales (lo que ellos denominan la invención de trastornos mentales o enfermedades mentales) los cuales inicialmente no son bien claros, pero que después con el tiempo y con base en la manipulación de la información por parte de los medios, de las redes sociales, como de muchos integrantes de la comunidad médica y basándose de estrategias comerciales, se convierten en concisos y claros, permitiendo vender los medicamentos que los curan en grandes cantidades. En resumen, la psiquiatría y psicología actual en general están más interesadas en mantener un negocio que en la salud mental de las personas.

En la reseña del libro se dice lo siguiente: "Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos."

 

Para los autores del libro según una cita textual de un aparte del libro:

“Los <<trastornos mentales>>, lejos de ser las supuestas entidades naturales de base biológica que buena parte de la psiquiatría actual pretende hacer creer, serían entidades construidas de carácter histórico social, más sujetas a los vaivenes de la vida que a los desequilibrios neuroquímicos, en resumen, son más del orden de los problemas de la vida que de la biología y más de la persona que de su cerebro”

miércoles, 16 de octubre de 2019

Medicamentos para el trastorno bipolar

En esta entrada reposteo una entrada del blog de Eliana Martin, la entrada original es la siguiente: https://blogs.psychcentral.com/being-bipolar/2019/10/06/medication-types-used-to-treat-bipolar-disorder/

Tipos de medicamentos utilizados para tratar el trastorno bipolar
Por Elaina J. Martin
Última actualización: 6 de octubre de 2019

"El tratamiento del trastorno bipolar es difícil y complicado. Con cada nuevo régimen de medicamentos, debemos esperar un mes o más para ver si el cóctel de medicamentos incluso funciona. Esto nos hace sentir frustrados y, a menudo, simplemente renunciamos a la espera y dejamos de tomar los medicamentos pensando que nada nos ayudará. Hay tantos tipos de medicamentos utilizados para ayudarnos a vivir una vida más fácil y más estable. Aquí hay algunos tipos:

Los ISRS, o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, son una clase de medicamento que sirve como antidepresivo. Estas pueden ser buenas noticias para aquellos de nosotros que luchamos contra las depresiones feas y oscuras. Se usa más comúnmente para el trastorno depresivo o el trastorno de ansiedad.

Los IMAO, o inhibidores de la monoaminooxidasa, son una clase de medicamentos que inhiben la actividad de una o ambas enzimas de la monoaminooxidasa. Más conocidos como poderosos antidepresivos, estos también se pueden usar para combatir los mínimos del trastorno bipolar. Los IMAO también son terapéuticos para el trastorno de pánico y la fobia social.

Benzodiazapinas o benzos. son una clase de drogas psicoactivas cuya estructura química central es una fusión de un anillo de benceno y un anillo de diazepina. Su uso principal es para el trastorno de ansiedad, a menudo un trastorno comórbido para muchos de nosotros que vivimos con trastorno bipolar, así como convulsiones epilépticas y espasmos.

El litio es el medicamento más común (que yo sepa) recetado para nuestra enfermedad. Se ha utilizado para tratar el trastorno bipolar desde la década de 1960. El litio o el carbonato de litio se clasifica como un metal alcalino. A diferencia de los ISRS y los IMAO, el litio es un medicamento antimaníaco. Mania es el colmo extremo que a veces sentimos.

El litio también se considera un estabilizador del estado de ánimo. Creo que debe tomar un estabilizador del estado de ánimo cuando tome un antidepresivo, ya que los antidepresivos pueden hacer que vivir con bipolar se convierta en una manía. Otros estabilizadores del estado de ánimo incluyen lamotrigina (Lamictal), carbamazepina (Carbatrol, Epitol, Equetro, Tegretol), Divalproex sódico (Depakote) y ácido valproico (Depakene).

Algunos medicamentos anticonvulsivos se reconocen como estabilizadores del estado de ánimo. Estos estabilizadores del estado de ánimo tratan o previenen los episodios del estado de ánimo en el trastorno bipolar. Los anticonvulsivos funcionan calmando la hiperactividad en el cerebro de muchas maneras. Estos medicamentos, como su nombre indica, se usan para tratar la epilepsia, prevenir las migrañas y para tratar otros trastornos cerebrales.

Los medicamentos antipsicóticos se utilizan como tratamiento a corto plazo para controlar los síntomas psicóticos, como las alucinaciones, los delirios o los síntomas maníacos. Estos medicamentos ayudan a regular el funcionamiento de los circuitos cerebrales que controlan el pensamiento, el estado de ánimo y la percepción. Los antipsicóticos atípicos se conocen como antipsicóticos de segunda generación, ya que se introdujeron en la década de 1990. La versión anterior, o antipsicóticos de primera generación, se conocen como antipsicóticos de primera generación.

Como puede ver, hay muchas clases de medicamentos para ayudarnos. Dentro de cada clase hay una multitud de medicamentos particulares, cada uno un poco diferente al resto. Podemos ver por qué debe ser difícil para los psiquiatras hacerlo bien, antes en el primer intento. Tan frustrante como puede ser al principio, y durante toda nuestra enfermedad realmente, tenemos que tratar de ser pacientes con el proceso. Sabemos que estos medicamentos tardan un tiempo en funcionar y, a veces, no creemos que podamos esperar a que los medicamentos surtan efecto. Te insto a que confíes un poco en los profesionales. Habla sobre los efectos secundarios"

miércoles, 11 de julio de 2018

Diferencias importantes en el tratamiento farmacológico de problemas médicos del cuerpo y de la mente

En esta entrada estoy rebloggeando un artículo publicado por la Dra Joanna Moncrieff recientemente en su blog




La Dra Joanna Moncrieff es una médica Psiquiatra del Reino Unido que se define a si misma como: "Psiquiatra practicante y académica, además soy escritora a tiempo parcial. Me interesa la historia, la filosofía y la política de la psiquiatría, soy particularmente critica con el uso, el mal uso y la tergiversación en el uso de las drogas psiquiátricas".

El resumen del artículo que ella publica es el siguiente: "El tratamiento de los trastornos mentales con medicamentos no es el mismo tipo de actividad que el uso de medicamentos para problemas de otros órganos, además que las implicaciones éticas son diferentes. En terminos generales los medicamentos psiquiátricos no se dirigen a corregir una enfermedad o a los mecanismos que producen síntomas; su funcionamiento se basa en crear un estado alterado de funcionamiento mental que se superpone a los sentimientos y comportamientos de los pacientes".

Ver articulo completo en inglés: https://joannamoncrieff.com/2018/06/29/drug-treatment-in-medicine-and-psychiatry-papering-over-important-differences/

En este artículo la Dra Moncrieff critica la forma como la psiquiatría actual basa la forma de tratar los problemas mentales usando el modelo de accion de los psicofármacos basado en la enfermadad, criticando fuertemente y con argumentos las publicaciones que han hecho recientemente los doctores 
Pariante, Harmer y Cowen.

Ella durante mucho tiempo ha venido planteando que el modelo que se debe usar para el tratamiento de los problemas mentales es es de modelo de accion basado en los fármacos dado que según ella: "Los medicamentos psiquiatricos lejos de corregir un estado anormal, como sugiere el modelo basado en la enfermedad, inducen un estado anormal o alterado; porque estas son sustancias psicoactivas, como el alcohol y la heroína.  Las sustancias psicoactivas modifican la forma en que funciona el cerebro y al hacerlo producen alteraciones en el pensamiento, los sentimientos y el comportamiento."


miércoles, 2 de mayo de 2018

Los trastornos mentales no deberían ser considerados como enfermedades mentales



Según mi opinión los trastornos mentales no deberían ser considerados como enfermedades mentales, porque el término de enfermedad se refiere básicamente a problemas en las condiciones físicas del cuerpo humano, mientras que los trastornos mentales consisten en patrones diferenciados de comportamiento humano.

Muchas personas han tratado de mantener la idea de que los trastornos mentales se consideran como enfermedades mentales separando estos términos de su vínculo con el cuerpo.  De hecho, se ha enturbiado el concepto de enfermedad, hemos tenido que inventar nuevos conceptos para referirnos a un trastorno corporal, por ejemplo: Hablamos de enfermedades orgánicas o enfermedades físicas o enfermedades médicas, por lo tanto el concepto de "enfermedad". también a veces funciona para indicar una condición específicamente corporal, en oposición a la "enfermedad" que se usa más ampliamente.

La otra forma en que las personas han intentado envolver los trastornos mentales dentro de la categoría de enfermedad es alegando que son enfermedades del cuerpo, particularmente del cerebro. Todos estamos familiarizados con esta retórica, que a menudo presenta la idea como si hubiera sido demostrada de manera concluyente.

Según afirma el psiquiatra, E. Fuller Torrey : "Desde principios de la década de 1980, con la disponibilidad de técnicas de imágenes cerebrales y otros desarrollos en neurociencia, la evidencia se ha vuelto abrumadora de que la esquizofrenia y el trastorno maníaco-depresivo son trastornos del cerebro".

A pesar de lo anterior, La Dra Joanna Moncrieff afirma: “Estamos muy lejos de encontrar una patología específica que se alinee con lo que llamamos esquizofrenia, psicosis, depresión, ansiedad, TDAH, TOC o cualquier otro trastorno mental que desee mencionar. El hecho de que haya algunas diferencias sutiles entre las personas con algunos diagnósticos y "controles normales" en aspectos de la estructura o función cerebral no demuestra la presencia de una enfermedad neurológica. Ninguno de los hallazgos es específico o capaz de diferenciar entre una persona que se cree que tiene un trastorno mental particular y otra que no lo es. El diagnóstico aún se realiza sobre la base del comportamiento, los pensamientos y los sentimientos que informa el individuo o quienes los rodean, y que dependen, por supuesto, de los juicios sobre lo que es "normal" y lo que no.”

Son definiciones contradictorias de dos Doctores en psiquiatría, según mi opinión estoy de acuerdo con lo segundo, considero por lo tanto que los que sufrimos de problemas mentales no debemos etiquetarnos como enfermos mentales, porque el concepto de enfermedad mental es un concepto errado.  Ademas al etiquetarnos como enfermos mentales le estamos haciendo el juego a personas escrupulosas que se están beneficiando económicamente al decir que pueden curar a los enfermos mentales.


En mi caso durante mucho tiempo me consideré enfermo de trastorno bipolar, sin embargo, últimamente he reconsiderado esta definición y me defino como una persona que ha sufrido problemas mentales cuyas características concuerdan con la definición de trastorno bipolar anteriormente llamado trastorno maníaco depresivo, y esta es la etiqueta con que me he definido de unos años para acá y que también cuenta para mi servicio de salud, pienso que es posible que me haya servido en algo para saber como atacar y controlar los sentimientos negativos en periodos de crisis, sin embargo, para mi esta etiqueta de bipolaridad no la veo como una enfermedad, ni de nada que me etiquete como un enfermo mental, mi opinión es que son una serie de características de comportamiento desviado respecto a un comportamiento promedio y de como manejo mis sentimientos cuando entro en crisis, puede ser importante clasificar para buscar la mejor forma de abordar el problema al comparar los síntomas con lo que han sentido otros en condiciones parecidas y como mediante que protocolos se ha logrado mejorar las condiciones de vida de los que han pasado por situaciones análogas


Muchas veces las etiquetas se manejan como constructos para clasificar personas de ciertas características comunes que se definen como una enfermedad, pero que pueden mas bien un problema temporal al presentar ciertas desviaciones en los comportamientos respecto a lo que le pasa a la mayoría, lo de definir a los afectados como enfermos muchas veces se usa para cumplir con las "METAS" de diagnósticos dentro de un sistema de salud y no para solucionar los problemas mentales de los afectados.

Hablo respecto a las etiquetas porque cuando uno habla con diferentes personas y cuando revisa información por la Internet se encuentran cada vez mas etiquetas para denominar las actuaciones anormales de las personas respecto a su función mental y es posible que uno piense que puede ser etiquetado diferentemente y que de pronto por no haber tenido un buen diagnóstico es que el problema no ha sido bien manejado y no se logra una adecuada solución


Generalmente los problemas mentales que han sido etiquetados como enfermedades mentales se tiene definido que no tienen cura como tal, que son condiciones crónicas y que no tienen una solución definitiva como tal; aunque se da como solución que si se sigue un tratamiento de por vida, generalmente farmacológico, las personas estarán la mayor parte de tiempo aliviadas, he aquí porque es conveniente que las personas afectadas por problemas mentales sean etiquetadas como enfermos mentales.

viernes, 24 de febrero de 2017

Sobre el suicidio de Robin Williams (un bipolar famoso) 11 de agosto de 2014, Paradise Cay, California, Estados Unidos



En días pasados, publiqué un post sobre el suicidio de Robin Williams, en el analizaba el por qué una persona que lo tenía como se dice todo, decide por su propia mano dejar este mundo.1.

De Robin Williams se decía que tenía el don bipolar y había estado últimamente deprimido, encontré una foto de él de hace pocos días antes de su muerte, donde se le puede notar su depresión:

Una foto de Robin Williams en sus últimos días

Al parecer no le sirvió ser exitoso, tener fama, dinero, compañeros, al parecer una familia y amigos que lo rodeaban y apoyaban, para mi forma de ver la situación, tenía un problema mental tan grave que finalmente lo llevó a tomar esta decisión.

Se ha dicho que durante un tiempo fue adicto al alcohol y las drogas, pero, según lo dijo él mismo: Estaba controlado últimamente, aunque, algunos medios periodísticos dicen que había recaído en la adicción al alcohol y de pronto a otros psicoactivos.

Se barajan muchas posibilidades de las causas que desencadenaron el hecho de que Robin Williams haya llegado al suicidio, que van desde las que muestran los medios sensacionalistas que afirman que se debió que había recaído en el alcohol y las drogas, cosa que él negaba al declararse sobrio últimamente, donde ademas se enfocan mas en la forma como se quito la vida, describiendo las situaciones macabras que conllevaron físicamente a su muerte, que en un análisis mas humano de las causas de su suicidio.


Segun investigaciones forenses y con base en lo que su familia investigó al respecto, principalmente su última esposa, se encontró que desde poco antes de su muerte Robin venia presentando sintomas de problemas neurológicos y fisicos, que con el analisis forense de su cerebro se determinó que sufría de la terrible enfermedad: Demencia con Cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa y progresiva. 

Poco más de un año después de la muerte de Robin, su esposa habló por primera vez del suicidio del actor y confesó que la demencia que Williams padecía no le habría permitido vivir más de tres años: “Con suerte, Robin habría vivido tres años más, y habrían sido años muy duros que probablemente tendría que pasar recluido" al respecto publicó la carta donde explica la causa mas probable que llevó a Robin a tomar la decisión del suicidio y es que el artista no quería convertirse en una carga para las personas allegadas porque además de sentir fuertes depresiones, presentía que perdería la razón en los próximos días, ya que tenía síntomas similares al mal de Parkinson, como también sentía que se desconectaba de la realidad por momentos.

Según comentó su esposa "Hemos tenido una respuesta. Mi corazón se llenó de esperanza. Pero de alguna manera sabía que Robin no se lo creía. Robin estaba perdiendo la cabeza y él era consciente de ello”.

Sea como fuese la muerte de este famoso probablemente se debió a los problemas mentales que sufría, sin embargo, se puede decir que esta persona vivió plenamente ya que tuvo todo lo que cualquiera podría desear, el hecho de morir por suicidio fue un hecho más que le ayudó a ganar resonancia ante los demás y acrecentar mas su fama, porque de no haber sido así, sus días finales habrían sido los de un viejo afectado por demencia el cual se habría deteriorado día tras día, hasta el momento final, lo cual no habría sido una noticia tan mencionada.

1. Post donde sin la información de la autopsia se analiza porque decidió suicidarse Robin Williams.  http://unbipolarmas.blogspot.com.co/2014/08/muere-el-actor-robin-williams-los-63.html
2. Carta enviada por la viuda de Robin Williamns a la revista Neurology http://www.neurology.org/content/87/13/1308.full

lunes, 12 de septiembre de 2016

Como actúan las medicinas para tratar los problemas mentales

En esta entrada pienso exponer como desde un punto de vista crítico y con un lenguaje lo mas sencillo posible, como es que funcionan las medicinas que llamaremos psicofármacos, que son básicamente compuestos químicos que afectan el funcionamiento del cerebro de quienes los toman, no necesariamente se puede considerar que sean malos o totalmente perjudiciales, son como muchas de las invenciones de los hombres: Según el manejo que se les dé, pueden ayudar a las personas, como también perjudicarlas.

Las medicinas psiquiátricas una gran fuente de dinero para las farmacéuticas


Encontré hace poco una entrada en una pagina web de Facebook la siguente entrada: "¿Qué motiva a la sociedad a intentar convertir en trastorno mental...todo comportamiento humano? No se dejen convencer... los verdaderos "enfermos" no son tantos. No todas las personas deben consumir psicotropicos, son muy pocos los que verdaderamente requieren tratamiento médico."

Para empezar entonces, quienes deben consumir psicofármacos, pienso que las personas que tengan realmente un problema mental que digamos sea grave y cuyos síntomas sean tan fuertes que se puede considerar necesario hacerlo, similar a una persona que digamos tuvo un accidente y sufre de fuertes dolores por un trauma, entonces es necesario tomar algo para controlar el fuerte dolor que tenga, pero una vez superada la situación no se requiere tomar algo porque ese dolor ya no existe, lo otro es que si el trauma no es tan fuerte pues se puede recuperar de este sin necesidad de tomar ningún medicamento.

Los problemas mentales que no se deben llamar enfermedades mentales, pues no se ha podido definir una causa efecto claro que pueda definir lo que en medicina se llama enfermedad en el caso de las afecciones de la mente, en muchas y diría yo que en la mayoría de las ocasiones no son situaciones indefinidas, se pueden asemejar al caso anterior a un trauma físico que en este caso sería un trauma mental, por lo que su intervención terapéutica debe ser similar: ayudar a controlar los síntomas del trauma y una vez controlado este pues no se requieren.

Ademas muchos de lo que llamo traumas mentales pueden manejarse sin necesidad de psicofármacos, muchos de esos traumas son situaciones cotidianas de la vida algunas complicadas y otras pueden ser muy graves, pero que se pueden manejar como siempre se ha hecho durante mucho tiempo con otras alternativas, no necesariamente se requieren sustancias que alteren el funcionamiento de la mente que es lo que hacen los psicofármacos.

En un comentario de Facebook a esta entrada se presenta la siguiente analogía que representa una definición de lo que son los psicofármacos: "Las medicinas cumplen varias funciones que podemos resumir en que nos anestesian, nos enyesan, nos frenan, nos inhiben, nos controlan; son como bastones provisionales, que nos soportan, por lo tanto estas funciones que cumplen los tratamientos farmacológicos podemos reemplazarlas en el mediano y largo plazo, no de un solo lapo, por otro tipo de bastones, muletas, anestésicos o frenos y puede ser mediante un proceso de psicoeducación y de autoconocimiento asimilando a las terapias de recuperación que hacen los pacientes cardíacos para no volver a tener nuevas crisis agudas o recaídas con sus respectivas consecuencias, tales como hospitalizaciones, daños, deterioro, pérdidas y secuelas adicionales."

En este momento esta muy de moda y es por decirlo así la versión oficial que impulsa la gran industria farmacéutica, sobre la forma en que funcionan los psicofármacos:

Los psicofármacos son el tratamiento de primera linea para las enfermedades mentales porque corrigen un estado anormal del cerebro, mediante la estabilización de los niveles de las sustancias químicas que regulan su funcionamiento, en forma análoga a como la insulina regula los niveles de glucosa en la sangre.

Una versión alternativa a la primera es la siguiente:

Los psicofármacos inducen un estado anormal o alterado. Las drogas psiquiátricas son sustancias psicoactivas, como el alcohol y la heroína. Las sustancias psicoactivas modifican la forma en que funciona el cerebro y de esta manera producen alteraciones en el pensamiento, el sentimiento y la conducta.

Son dos forma distintas de ver como funcionan estos compuestos que aunque puede parecer a simple vista algo sin mucha importancia, esta si la tiene.

En la primera definición se plantea que los psicofármacos corrigen problemas del cerebro y que por lo tanto controlan la enfermedad mental, simplemente es descubrir la medicina adecuada que controle adecuadamente cada enfermedad, mientras que la segunda definición, en la cual tampoco se habla de enfermedad mental, plantea que realmente los psicofármacos no corrigen los problemas del cerebro, sino que modifican el funcionamiento del cerebro y estas modificaciones en algunos casos ayudan a las personas, ya que inducen estados que pueden ser preferibles a estados alterados fuertes como estados psicóticos o como se dice normalmente a estados de locura, que pueden ser manejados al dar un freno mental como sería dar un fuerte sedante o calmante.

Según la forma moderna de acción de los medicamentos para las enfermedades mentales, los médicos las prescriben a sus pacientes argumentando que curan las patologías que sus usuarios padecen. Dicen que estos productos proporcionan al cerebro sustancias químicas de las que el cerebro carece. lo que se denomina por algunos críticos de este modelo El mito de la cura química porque: Muchos médicos dicen: Toma esta droga, puesto que tienes una depresión que es causada por un desbalance de un neurotransmisor llamado serotonina, los antidepresivos la regulan aliviando por lo tanto la depresión, o cosas así; podemos presuponer que entonces la cura a través fármaco viene al restablecer el nivel de la química cerebral, sin embargo eso no funciona de ese modo. Para explicar cómo funciona, veamos, por ejemplo, el caso del alcohol. Es popularmente conocido que tomar un par de copas puede ayudar a una persona tímida a desinhibirse y poder mantener una conversación. En muchos casos, la persona tímida, puede sentir, tras tomar cierta cantidad de alcohol que es una persona mucho más interesante. Sin embargo, a nadie se le ocurriría argumentar que el alcohol cura la timidez, ¿verdad? El alcohol crea un estado alterado que “tapa” la dificultad, pero que puede generar problemas posteriores graves.

Ademas los medicamentos que se dice son para tratar las enfermedades mentales tienen muchos efectos indeseables donde muchas veces la gente que toma estas medicinas, no se reconoce a sí misma, ya que estas sustancias que mejor se denominan como psicofármacos afectan de muy diversas maneras al sistema nervioso de las personas. En ocasiones, esa afectación es mejor que el trastorno que la persona padece, pero en otras no es tan eficaz. Queremos decir que, el efecto del psicofármaco es la creación de un estado que se solapa con el del paciente, esa es la idea del modelo centrado en el fármaco. La pastilla genera un estado alterado que tiene ventajas pero que también puede tener grandes inconvenientes. La mayoría de los usuarios de estos fármacos no son conscientes de la creación de estos estados alterados. Algunos de ellos son tan tremendos que no justifican su utilización puesto que son peores que el propio trastorno que pretenden tratar.

La forma en que se llegó a definir la versión actual sobre como funcionan los psicofármacos se ilustra en la siguiente explicación de la Dra Moncrieff: "Cuando los medicamentos psiquiátricos modernos se introdujeron en la década de 1950, fueron entendidas de acuerdo con un modelo centrado en las drogas. Los antipsicóticos, por ejemplo, que luego fueron conocidos como "los principales tranquilizantes," eran considerados como un tipo especial de sedante. Se cree que tienen propiedades que les hizo singularmente útiles en situaciones como un episodio psicótico agudo, ya que podrían frenar el pensamiento y amortiguar la emoción, sin dormir, simplemente inducir, pero no fueron considerados como un tratamiento de metas de la enfermedad. Por la década de 1970, sin embargo, este punto de vista fue eclipsado y el modelo centrado en la corrección de la enfermedad por acción del fármaco se convirtió en dominante. De acuerdo con las drogas psiquiátricas eran considerados como los tratamientos específicos que trabajaron por la orientación de una enfermedad subyacente o anormalidad. El cambio se demuestra más claramente en la manera en que las drogas se nombraron y clasificaron. Antes del año 1950 las drogas se clasificaban de acuerdo a la naturaleza de los efectos psicoactivos que producían. Los medicamentos existentes fueron crudamente clasificados de acuerdo con sus efectos como sedantes o estimulantes sobre el sistema nervioso. Después de la década de 1950, sin embargo, las drogas se nombraron y clasificaron según la enfermedad o trastorno que se cree tratan: Antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos, eutimizantes, etc".

Según lo que se ha expuesto anteriormente para mi modo de ver las cosas decir psicofármacos es mejor decir medicinas para tratar las enfermedades mentales.

Esto no quiere que los psicofármacos como tal sean malos, muchos son útiles y eso no se puede negar, lo que se critica es el mal uso que se les da, muchos psicofármacos pueden convertirse en una falsa ayuda. La persona que, por ejemplo, enfrenta una reunión tomando una pastilla puede llegar a la conclusión de que sólo si consume ese producto puede enfrentar dicha reunión. Muchos estudios muestran que para este tipo de casos una buena psicoterapia puede ser de más ayuda que un tratamiento con psicofármacos.

Como actualización de esta entrada voy a adicionarle dos comentarios que me parecen la enriquecen:


  • En mi caso la medicación no me ha cambiado. Para mi es fundamental apegarse al tratamiento ya que el trastorno bipolar no se trata sólo de episodios a crisis, es una enfermedad en la que se ve una hopofunción en el lóbulo frontal lo cual regula al sistema límbico (emociones), sin tomar medicamentos puedes pasar un tiempo estable pero seguirás teniendo recaídas, así que el trastorno bipolar tiene una base fisiológica y es necesaria la medicación, de lo contrario sería como decirle a un diabético que tome medicamento sólo cuando tenga una crisis grave.
    Eliminar
  • Respondiendole al Anónimo 29 de noviembre de 2016, 13:33

    No estoy de acuerdo cuando dices que la medicación no cambia a las personas, si las cambia, y es muy probable que para unos estos cambios pueden ser preferibles a como se vivía antes sin medicación, en muchos casos podría necesitarse estar apegado a un protocolo de medicación continua, sin embargo, estos protocolos deben buscar un uso adecuado y minimizado en cuanto a intensidad y variedad de compuestos, se debe llegar a un mínimo y también de ser posible pensar en eliminar la medicación. Como tocas el tema de la diabetes: Miremos entonces análogamente la situación: Una persona ya afectada por este problema, si este no es tan crítico, si es del tipo 2, que se adquiere ya de adulto y apenas esta empezando; esta demostrado estadísticamente que sin medicación, pero con un cambio de dieta y con ejercicio adecuado, la persona puede reducir los niveles de azúcar a valores normales. Entonces si una persona que tiene problemas mentales y estos no son tan críticos (aunque se considere bipolar, pero es del tipo II, o es ciclotimico o de otros tipos de problemas dentro de lo que se denomina espectro bipolar) la persona puede estar mejor con otro tipo de intervenciones y es probable que no necesite medicación constantemente, ademas si la persona es de las que esta etiquetada como bipolar pero que realmente no tiene un problema grave y que mas bien es debido a un diagnóstico no tan adecuado porque su problema es mas de adaptación social, la medicación se convierte en un problema mas en vez de una solución, porque la medicación no le va ayudar a adaptarse socialmente mejor y antes le complica la vida porque le cambia la función mental.
    Lo otro que me gustaría saber es lo que hablas respecto a la afirmación que haces cuando dices: "se ve una hopofuncion en el lóbulo frontal lo cual regula al sistema limbico (emociones)" si esto es una teoría científicamente probada o simplemente es una retórica del tipo confunde y reinarás, si puedes dime la fuente de donde sacaste esta definición, puedes tener razón, pero hay que mirar detalladamente lo que uno encuentra y analizarlo de forma crítica, hay mucha investigación sobre los problemas mentales y se han encontrado protocolos que pueden mejorar la vida a algunas personas, pero también, muchos de los nuevos desarrollos (que llaman sin razón de investigación científica) de las grandes farmaceúticas van por otro camino y lo que buscan es aumentar su mercado creando necesidades en las personas, sobre que requieren de medicinas para curar enfermedades mentales que realmente no lo son.




  • jueves, 17 de marzo de 2016

    Imperialismo Psiquiátrico

    Imperialismo Psiquiátrico



    Esta entrada es una regular traducción hecha por parte mía con la ayuda del traductor de google, del artículo en inglés publicado originalmente por su autora la Dra Joanna Moncrieff, que data del año 1997, el cual esta siendo reproducido sin la autorización directa de su autora, sin embargo, como esta disponible libremente en la internet, como también que esta publicación se hace con fines informativos y sin animo de lucro, la rebloggeo traducida aún con los inconvenientes mencionados, adicionalmente se aclara que dicha traducción puede en algún momento cambiar algunas de las ideas originales de su autora, pues no soy experto traductor, como también que en cada traducción hay un aspecto de la forma de ver las cosas del traductor, también encontré aquí en la internet otra traducción al español de este mismo artículo

    En esta entrada la Dra Moncrieff muestra como la psiquiatría se ha convertido en una herramienta más, para el control social, la cual ha logrado hacerse con el manejo de muchos de los aspectos de la vida de muchas personas, se muestra aquí como partiendo de la búsqueda de tratamientos a personas con marcados problemas mentales, se han desarrollado medicinas y protocolos que también pueden aplicarse a muchas mas personas con problemas no tan graves, o que realmente no tienen problemas mentales, sino problemas causados por tener que vivir en la sociedad moderna.

    Es de tener en cuenta además que dicho artículo no es una novedad, pues fue publicado hace ya casi 20 años, sin embargo, lo que plantea esta mas que vigente y explica mucho de lo que esta pasando en estos momentos en la sociedad, gracias a la intervención de la psiquiatría moderna.

    Antes de presentar el artículo voy a presentar brevemente a su autora.

    Según se dice en la Wikipedia:
    En ingles original: Joanna Moncrieff is British psychiatrist and a leading figure in the Critical Psychiatry Network. She is a prominent critic of the modern 'psychopharmacological' model of mental disorder and drug treatment, and the role of the pharmaceutical industry. She has written papers, books and blogs on the use and over-use of drug treatment for mental health problems, the mechanism of action of psychiatric drugs, their subjective and psychoactive effects, the history of drug treatment, and the evidence for its benefits and harms. She also writes on the history and politics of psychiatry more generally. Her best known books are The Myth of the Chemical Cure,[1] and The Bitterest Pills.[2]


    En la regular traduccion al español: Joanna Moncrieff es una psiquiatra británica y una figura destacada de la  Red Crítica a la Psiquiatría. Ella es una fuerte crítica del modelo moderno 'psicofarmacológico' del trastorno mental,  del tratamiento con drogas y del papel de la industria farmacéutica.  Ha escrito artículos, libros y blogs sobre el uso y el abuso en el tratamiento farmacológico de los problemas de salud mental, del mecanismo de acción de los fármacos psiquiátricos, de sus efectos subjetivos y psicoactivos, como de la historia del tratamiento con drogas, la evidencia de sus beneficios y daños . También escribe sobre la historia y la política de la psiquiatría. Sus libros más conocidos son El mito de la Cura de la Química, [ 1 ] y las píldoras más amargas . [ 2 ].



    IMPERIALISMO PSIQUIÁTRICO: La medicalización de la vida moderna
    Joanna Moncrieff,

    Reimpresión de Sondeos, número 6, el verano de 1997

    Introducción

    La institución de la psiquiatría creció en el siglo XIX durante la emergencia y consolidación del capitalismo industrial. Su función fue la de hacer frente a un comportamiento anormal y extraño que, sin romper la ley, no se ajustaba a las exigencias del nuevo orden social y económico.  Su asociación con la medicina esta en la función oculta de política de control social, dotándola de la objetividad y neutralidad de la ciencia.  El modelo médico de trastorno mental ha servido desde entonces para ocultar los procesos sociales que producen y definen la desviación, mediante la localización de la causa de los problemas en la biología individual.

    La psiquiatría se presta a la perpetuación del orden establecido, por el desafío que está implícito en una conducta desviada, socavando con ello una fuente de crítica y oposición.

    Durante el siglo XX, un feroz ataque contra la psiquiatría, ha condenado esta caracterización médica engañosa de los problemas de la vida y las medidas represivas que se hacen pasar por un tratamiento psiquiátrico.

    Sin embargo, al mismo tiempo, la tecnología más sofisticada ha permitido a la profesión psiquiátrica capear el temporal, además ha servido para reforzar su reclamo a la jurisdicción sobre la denominada "enfermedad mental", dándole con este disfraz la oportunidad de ser una herramienta del sistema, para el control social y la represión de la disidencia.

    En algunos aspectos, la psiquiatría nunca había sido tan segura y respetable como lo es en la actualidad.

    En los años 1950 y 1960, una revolución farmacológica dio origen a una serie de medicamentos que pudieron usarse como tratamiento en trastornos como la esquizofrenia, la depresión y la ansiedad, los cuales permitieron a la psiquiatría acercarse al paradigma de la medicina física, al dotarla con la capacidad de administrar curas específicas, para condiciones específicas. A partir de este período también, la atención psiquiátrica se trasladó de los asilos desacreditados a los hospitales generales, en una mayor cercanía con el resto de la comunidad médica. Este movimiento encarnaba los intentos de la profesión psiquiátrica de quitarse la estigmatización de cuidar enfermos mentales crónicos y pasar a curar la enfermedad mental aguda.

    La atención comunitaria es la concesión a la naturaleza crónica y recurrente de las condiciones psiquiátricas.

    Del mismo modo, los esfuerzos en localizar los orígenes biológicos de la enfermedad mental han sido revitalizados con la introducción de nuevas tecnologías para el estudio del cerebro, el desarrollo de la genética molecular y el proyecto del genoma humano.

    Sin embargo, a pesar de una decepcionante falta de resultados consistentes, la cantidad de recursos dedicados a esta investigación da aun más credibilidad al modelo médico de enfermedad mental.

    En el siglo XX se ha producido una influyente crítica de la psiquiatría, articulado por académicos y algunos psiquiatras rebeldes (RD Laing, Thomas Szasz y David Cooper). Las teorías sociológicas de la desviación, la medicalización y la organización de las profesiones, ayudaron a exponer las funciones políticas y procesos involucrados en la institución de la psiquiatría.

    El paternalismo de la psiquiatría fue atacado y el tratamiento médico fue acusado de ser más opresivo que las sanciones o castigos legales.

    Estas ideas se expresaron en forma concreta en las actividades de los movimientos de protesta, grupos de defensa de los pacientes y los experimentos en instituciones. A principios de la década de 1970 en los Países Bajos y Estados Unidos, donde los movimientos de protesta fueron particularmente fuertes, hubo manifestaciones en contra del uso de la terapia electro convulsiva (ECT), se interrumpieron conferencias universitarias y algunos psiquiatras biológicos prominentes tuvieron necesidad de protección policial.

    Hubo intentos famosos para crear comunidades terapéuticas que renunciaron a distinciones y jerarquías (como RD Laing Kingsley Hall y Ward David Cooper) en el Reino Unido y en Italia un movimiento psiquiatría democrática políticamente consciente instituyó reformas a la atención psiquiátrica personal.  El movimiento de defensa de los pacientes, que se inspiró en las organizaciones de derechos civiles, fue otro acontecimiento importante. Aunque el activismo ha disminuido, los grupos de pacientes o sobrevivientes siguen siendo fuertes y las personas y grupos de profesionales que sigan promoviendo enfoques alternativos, a los problemas de la llamada enfermedad mental. El movimiento "antipsiquiatría" también tuvo un impacto significativo en la política social que resulta en el aumento de las restricciones sobre el encierro involuntario y el tratamiento y un uso cada vez menor de técnicas físicas tales como la psicocirugía o los electrochoques en el cerebro (ECT).

    Sin embargo, los acontecimientos recientes en la definición y gestión de las dos principales condiciones psiquiátricas, la depresión y la esquizofrenia, ilustran que la influencia social y los poderes formales de la psiquiatría institucional ahora pueden expandirse... La crítica que se expresó por primera vez hace tres décadas atrás, puede ser más relevante que nunca.


    Depresión: Medicalización del descontento.




    La Campaña Derrota de la  Depresión (DDC según las siglas en inglés), lanzada en 1992, fue organizada por el Colegio Real de Psiquiatras, en asociación con el Colegio Real de Médicos Generales, con la financiación de la industria farmacéutica. La literatura de esta campaña indicaba que alrededor del 10% de la población sufre de un trastorno depresivo en un momento dado, además que un tercio lo sufrirá en algún momento de sus vidas, para lo cual se recomiendan fármacos antidepresivos, aun para todos aquellos con síntomas moderados a severos. Estas afirmaciones parecen sugerir que una gran proporción de la infelicidad humana tiene una base biológica y puede ser corregido de manera similar.

    La publicidad que rodea el nuevo antidepresivo fluoxetina (Prozac), se ha convertido en sólo un poco más que extrema, con afirmaciones de que altera la personalidad y la mejora de las propiedades generales de la vida.

    Una reciente colección de entrevistas con psicofarmacólogos destacados, los cuales participaron en el descubrimiento y la introducción de los fármacos psiquiátricos modernos, proporcionan un telón de fondo histórico interesante para la DDC. En la década de 1950 según datos de la práctica hospitalaria psiquiátrica, la depresión era un trastorno relativamente raro y no existía el concepto de un fármaco antidepresivo, específicamente en oposición a un estimulante general. Cuando la acción antidepresiva de ciertos compuestos fue propuesta por las compañías farmacéuticas, los psiquiatras eran inicialmente reacios a desarrollar y poner en marcha este tipo de medicamentos.


    En una alianza inconsciente de intereses, psiquiatras influyentes desarrollaron y popularizaron la imagen de que la depresión es un trastorno de base biológica común, susceptible de tratamiento con drogas y con frecuencia esta no era reconocida; este concepto tenía la doble ventaja de ampliar enormemente el mercado de los medicamentos psiquiátricos y extender los límites de la psiquiatría fuera del asilo, desde este momento la profesión psiquiátrica y la industria farmacéutica inculcaron esta idea en la conciencia colectiva, tanto del público como en los médicos en general. El DDC es la última ofensiva.

    La propuesta de que numerosos mecanismos bioquímicos son los responsables de la enfermedad depresiva y que estos implican a una variedad de mecanismos bioquímicos y hormonales: Esta en su mayor parte determinado por la moda. La evidencia de todas estas teorías ha sido inconsistente y el consenso acerca de la eficacia de los fármacos antidepresivos sigue siendo el más firme apoyo a la tesis de que la depresión es una condición fisiológica. Examinando la literatura psiquiátrica, esta indica que este consenso fue desarrollado a mediados de la década de 1970, se basa en la evidencia de los ensayos controlados aleatorios de los antidepresivos que estaban siendo ampliamente utilizados, los tricíclicos. Sin embargo, las primeras críticas de esta evidencia, es que se presenta una situación ambigua con una gran proporción de ensayos donde no se encuentra un efecto positivo. Además, más recientemente, algunos investigadores han sugerido que los antidepresivos no son específicamente activos contra la depresión, sólo ejercen un efecto placebo en un estado receptivo.

    Ellos parecen funcionar mejor que un placebo inerte debido a que sus efectos secundarios aumentan su poder sugestivo y pueden admitir sesgo en el procedimiento de evaluación, permitiendo a los investigadores adivinar si los pacientes están con el fármaco activo o con el placebo. Un reciente meta-análisis de ensayos controlados con placebo versus Prozac, encontró que la probabilidad de recuperación fue de hecho asociada con la experimentación de efectos secundarios. Una revisión de siete estudios que utilizaron una sustancia activa como un placebo para imitar los efectos secundarios antidepresivos, encontró que sólo uno mostró que el antidepresivo era superior al placebo.

    La variación en el estado de ánimo es una forma característicamente humana de responder a las circunstancias, pero la infelicidad se ha convertido en tabú en la tarde del siglo XX, tal vez porque socava la imagen que la sociedad desea proyectar. La medicalización disminuye la legitimidad de la pena y el descontento, por lo tanto reduce el repertorio de respuestas humanas aceptables para eventos y niega a las personas la oportunidad de disfrutar de sus sentimientos. Al mismo tiempo desvía la atención de los factores políticos y ambientales que pueden hacer que la vida moderna sea tan difícil y angustiante. Tal vez no sea coincidencia que el concepto de la depresión ha alcanzado su pico de popularidad presente en las sociedades occidentales, que están recuperándose de dos décadas de acontecimientos económicos adversos y de las medidas de políticos que han sido las culpables de un aumento del desempleo y la marginación de una parte sustancial de la población.

    Sin embargo, también es importante reconocer que las personas tienen diferentes propensiones a experimentar estados de ánimo intensos y que, para los que están en los extremos de este espectro, como las personas con trastorno maníaco-depresivo, la vida puede ser muy difícil. Por lo tanto la medicación profiláctica es promovida por los psiquiatras para usarse a largo plazo en esta condición, principalmente en la forma de litio. Sin embargo, de manera similar a los antidepresivos, los reclamos de la eficacia del litio parecen haberse basado en pruebas insustanciales y en los estudios de seguimiento de las personas con depresión maníaca, los cuales no indican que se haya mejorado la perspectiva de la condición. Es posible, por tanto, que el tratamiento farmacológico profiláctico constituye una falsa esperanza que se ofrece a las personas que se sienten desesperados, por una profesión que se siente impotente.

    Pero podría socavar aún más la única seguridad en sí mismo de las personas que ya son vulnerables. En lugar de aspirar a completar la curación, remisión natural de episodios debería fomentarse mediante la atención y la seguridad, y se deben hacer esfuerzos para mejorar la confianza en su propia capacidad para administrar o sobrevivir a su condición de afectado.



    Esquizofrenia: Disfraz del control social.








    La enorme inversión en la investigación de las bases biológicas de la esquizofrenia no ha producido una información concluyente. Décadas de cada vez más sofisticada investigación tecnológica ha puesto de manifiesto una débil pero posible predisposición genética, a menudo mucho más exagerada por los comentaristas psiquiátricos que ignoran las deficiencias de los principales estudios. Estudios de genética molecular han publicitado conclusiones iniciales que implican varios genes diferentes, que luego encontraron que se deben al azar, cuando los intentos de replicación fracasaron. El estudio paneuropeo más reciente concluye audazmente que las asociaciones genéticas reveladas, están implicadas en la patogénesis de la enfermedad. Sin embargo, el gen implicado es común en la población general, sólo es ligeramente más común en personas con diagnóstico de esquizofrenia y la similitud del grupo de comparación en este estudio fue asegurado sólo por el origen étnico y no por otros factores. Dado que la función respecto cerebro y anatomía, el único hallazgo consistente es el mayor tamaño del ventrículo lateral, una de las cavidades del cerebro, en personas con esquizofrenia. Una vez más hay un solapamiento importante con la población "normal" y la mayoría de estudios se han realizado en las personas con un largo historial de tratamiento con psicofármacos. Sin embargo, la posibilidad de que las drogas puedan ser las responsables de causar las anormalidades cerebrales observadas han recibido poca atención en la literatura psiquiátrica.

    Las drogas psiquiátricas que se denominan diversamente como "tranquilizantes mayores'', "neurolépticos" o "antipsicóticos" son la base del tratamiento para la esquizofrenia, se ha afirmado que tienen una acción específica contra los síntomas psicóticos, como delirios y alucinaciones, pero los críticos sugieren que actúan de una manera mucho más cruda, mediante la producción de una lobotomía química o camisa de fuerza, que inhibe todos los procesos de pensamiento creativo; la psiquiatría aplaude el papel de estos fármacos en el vaciado de los asilos, pero una perspectiva alternativa sugiere que simplemente ayudaron a reemplazar el cuidado de custodia caro, con el control inducido por fármacos a largo plazo.

    Una consecuencia política de la evolución hacia la atención comunitaria es que la ansiedad del público, ha reemplazado la preocupación por los derechos de los pacientes, con la preocupación por la protección de la comunidad, el tratamiento psiquiátrico se ha convertido en la panacea para este complejo problema social. En respuesta a algunos casos muy publicitados de actos violentos o peligrosos por parte de ex pacientes psiquiátricos, se introdujeron modificaciones en la Ley de Salud Mental (1983), que entró en vigor en abril de 1996 y que permite al personal psiquiátrico tener acceso a un paciente si se considera necesario y obligarlo a hacer cumplir la asistencia a los centros psiquiátricos; no confiere el derecho de hacer cumplir el tratamiento médico, pero sí permite una evaluación para el ingreso en un hospital, sin el consentimiento del paciente, si él no esta de acuerdo con algunas cuestiones como negarse a la medicación. La justificación de esta legislación esta en la suposición de que el tratamiento médico puede curar las perturbaciones y prevenir las recaídas. Sin embargo, la evidencia indica que una proporción sustancial de las personas con un episodio psicótico no responden a la medicación en absoluto, hay también una mayor proporción significativa de recaídas a pesar de tomar la medicación a largo plazo (en los ensayos clínicos, las tasas de recaída en la medicación es de alrededor de 30%) y, al igual que otras personas, pueden comportarse de manera antisocial cuando no están activamente psicóticas.

    El elemento de control social de los cambios a la Ley de Salud Mental es sólo ligeramente velado y ha sido fuerte la oposición de los grupos de derechos civiles y de los pacientes. Su importancia radica en la introducción de un nuevo precedente de control sobre la gente después del alta hospitalaria. El uso de la antigua Ley de Salud Mental de 1983 para estos fines fue desafiado con éxito en los tribunales en la década de 1980. La forma exacta de las nuevas disposiciones cuando se implementa es incierto y es probable que varíe de acuerdo con la predisposición de los profesionales locales. Aunque hay mucho malestar entre los psiquiatras acerca de asumir una mayor responsabilidad por las acciones de la gente etiquetada como enfermos mentales, muchos en la profesión han pedido mayores competencias para hacer cumplir el tratamiento médico en la comunidad.

    El modelo médico de enfermedad mental ha facilitado el movimiento hacia una mayor restricción, encubierto bajo el manto de un tratamiento. Este proceso de medicalización de la conducta desviada, oculta cuestiones políticas complejas, sobre la tolerancia de la diversidad, el control de la conducta disruptiva y la gestión de la dependencia. Permite a una sociedad que profesa valores liberales y el individualismo de imponer conformidad y lo reforzará. Se disfraza la economía de un sistema en el que el trabajo humano es valorado sólo por el beneficio que puede generar, marginando a todos aquellos que no son aptos o no están muy dispuestos a ser tan explotados.

    La caracterización de la esquizofrenia como una enfermedad de base física del cerebro también excluye cualquier debate sobre el significado de las experiencias y acciones asociadas. Los intentos de hacer que los síntomas esquizofrénicos inteligibles y de comprender su valor comunicativo ayuda tanto para iluminar la experiencia ordinaria y aumentar la empatía por las personas con esta condición. Otras conclusiones interesantes apuntan a la asociación de la esquizofrenia con características de la estructura social. Nada parecido a la esquizofrenia fue descrito con anterioridad a principios del siglo 19, lo que sugiere una asociación con el surgimiento del capitalismo industrial en las sociedades modernas.

    La esquizofrenia se diagnostica con mayor frecuencia en los centros urbanos, entre las personas de clase social baja y en ciertos grupos de inmigrantes, en comparación con su país de origen, en especial la segunda generación de la gente afrocaribeña en el Reino Unido. La investigación en el tercer mundo ha demostrado que las personas con esquizofrenia tienen un mejor pronóstico con una menor probabilidad de recaída y de declive funcional que sus contrapartes en el mundo desarrollado. Por tanto, parece que las condiciones sociales juegan un papel en la determinación de la expresión de los síntomas esquizofrénicos y así la esquizofrenia puede ser considerada como un espejo en las deficiencias de la estructura social actual.

    La tolerancia de la diversidad de la vida humana y el respeto por la autonomía de todos deben ser la base de un enfoque alternativo progresivo. Mejorar el control de las personas sobre sus vidas significa ofrecer opciones y oportunidades genuinas para las todas las personas de diferentes tendencias. Significa crear una sociedad donde hay nichos disponibles que permiten una diversidad de estilos de vida. Implica aceptar que algunas personas pueden optar por llevar una vida de apariencia extraña o empobrecida. Aunque algunas personas con esquizofrenia encontrarán útil el tratamiento con drogas psiquiatras, hay frecuentes quejas sobre que muchos optan por no tomar la medicación.

    Del mismo modo, algunas personas con enfermedad mental crónica gravitan lejos de la rehabilitación, de un ambiente estructurado, de los servicios de salud mental o de los albergues sin hogar y va a parar en las calles. Es común culpar a la falta de financiación de la atención comunitaria de este fenómeno, pero la investigación ha encontrado que la mayoría de las personas sin hogar psiquiátricamente enfermas no habían salido directamente de los hospitales mentales, una explicación alternativa podría ser que: En el largo plazo los enfermos mentales prefieren la naturaleza poco exigente de la situación de los sin techo, a las demandas intrusivas de la familia, la comunidad y  de los servicios de salud mental.

    La gestión de los comportamientos perturbadores y potencialmente peligrosos es un problema para todas las sociedades. El confinamiento y el tratamiento involuntario siguen siendo un área importante en la contención de estos, la oposición a esta situación hace hincapié en la necesidad de respetar la autonomía de las personas y se opone a la imposición de una serie relativa de valores acerca de lo que es normal y sano. Se argumenta que debería ser posible, mediante sanciones legales normales, hacer frente a un comportamiento que puede dañar o acosar a otras personas. Es un área que requiere una consideración más amplia. Sea cual sea la opción elegida, debe ser desarrollada de manera abierta y democrática, con la provisión adecuada para la representación y el escrutinio público, por lo que las medidas adoptadas no pueden ser subvertidas para servir a los fines de ciertos grupos por encima de otros.




    Conclusión


    A pesar de la reducción de personal político y profesional de los últimos años, hay muchos acontecimientos que presagian la transformación final del sistema psiquiátrico. El floreciente movimiento de derechos de los pacientes y la crítica anti-psiquiatría son algunas de ellas. El rechazo del paternalismo también se plasma en el papel cada vez más importante de los consumidores en la medicina en general y la exigencia de justificación de los tratamientos con la participación en la toma de decisiones. La profesión médica también está poniendo más énfasis en la evidencia objetiva sobre la eficacia de los procedimientos y mostrando menos inclinación a apoyar el principio de la libertad clínica.

    Muchos psiquiatras individuales son conscientes de los conflictos políticos que aquejan a su práctica y tratan de abordar estos, de forma analítica y con respeto a sus pacientes. Esta saliendo a flote en la actualidad un debate filosófico con toques inevitables sobre cuestiones políticas, dentro de la profesión psiquiátrica.  Sin embargo, es poco probable que la psiquiatría se transforme radicalmente, sin un profundo cambio social y político. El control de la desviación y el cumplimiento de la conformidad son fundamentales para el buen funcionamiento del sistema social de división y de explotación en el que vivimos.


    Joanna Moncrieff: ver biografía en http://joannamoncrieff.com/about/

    Según se dice en la Wikipedia:
    En ingles original: Joanna Moncrieff is British psychiatrist and a leading figure in the Critical Psychiatry Network. She is a prominent critic of the modern 'psychopharmacological' model of mental disorder and drug treatment, and the role of the pharmaceutical industry. She has written papers, books and blogs on the use and over-use of drug treatment for mental health problems, the mechanism of action of psychiatric drugs, their subjective and psychoactive effects, the history of drug treatment, and the evidence for its benefits and harms. She also writes on the history and politics of psychiatry more generally. Her best known books are The Myth of the Chemical Cure,[1] and The Bitterest Pills.[2]


    En la regular traduccion al español: Joanna Moncrieff es una psiquiatra británica y una figura destacada de la  Red Crítica a la Psiquiatría. Ella es una fuerte crítica del modelo moderno 'psicofarmacológico' del trastorno mental,  del tratamiento con drogas y del papel de la industria farmacéutica.  Ha escrito artículos, libros y blogs sobre el uso y el abuso en el tratamiento farmacológico de los problemas de salud mental, del mecanismo de acción de los fármacos psiquiátricos, de sus efectos subjetivos y psicoactivos, como de la historia del tratamiento con drogas, la evidencia de sus beneficios y daños . También escribe sobre la historia y la política de la psiquiatría. Sus libros más conocidos son El mito de la Cura de la Química, [ 1 ] y las píldoras más amargas . [ 2 ]