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jueves, 21 de febrero de 2019

En fuerte depresión

En mi anterior entrada hablaba que estaba sintiendo un aterrizaje suave despues de haber estado algo arriba, creia haber llegado a la normalidad, que en mi caso no es tan normal, pero donde se puede vivir de una forma muy parecida al promedio de las personas, pero resulta que faltaba bajar mas y no como lo crei y lo dije, estuve en un profundo sentimiento de fatalidad, aunque considero que lo que descubrí, es algo que realmente me esta sucediendo, me senti demasiado mal.










 

Entro en lo que se puede llamar en un sentimiento de depresión, inducido principalmente por mi desbalance de emociones, donde analizando mi situación personal encuentro que mi plan de vida para estos dias y los proximos años no se pudo realizar como lo estaba vislumbrando, porque no lo planee, ni ejecute bien, quería hacer unos cambios en mi forma de vida, pero encontré que por varias circunstancias lo que pensé podian ser unas formas diferentes de vivir, no pude concretarlas.




 A veces niego que tenga un problema, o me digo a mi mismo y a otros que puedo controlarlo, ademas el entorno donde me desempeño esta dificil aun para las personas que se denominan normales, que se puede decir para los que no actuamos de forma normal o promedio, somos seres sociales y a pesar de movernos en entornos donde no intercambiamos con muchas personas, esos pocos contactos que hacemos se vuelven infinitos, donde lo que uno hace tiene un efecto en los demas y lo que hacen los demas tiene efectos en lo que uno siente y mis actuaciones erraticas tienen el efecto de bloquear mis aspiraciones respecto a un cambio de actividad.


 Cuando se llega tan abajo en esto de las emociones se quiere acabar con todo, tanto mas de lo acabado que ya se tienen las pocas relaciones que uno hace, ademas que tambien esta mal mi situacion laboral, entonces se queda uno solo, se siente solo, es cuando algunos deciden hacerse daño y se toman acciones en contra del cuerpo, se entra en el alcohol o las drogas o se piensa o se intenta el suicidio, ya se tene un daño al haber llegado tan bajo, como para causarse otro mayor, esa idea la descarto, despues de sentir haber llegado a lo mas hondo y bajo de las emociones, todo a partir de ahi es ganancia, debo retomar mi vida, dedicarme a producir y bien dentro de las limitaciones que tengo, debo dedicarme a lo que puedo hacer y hacerlo de la mejor forma, si para mi ya es un logro no haberme hecho daño fisico; en este bajón fuera del daño sentimental que he hecho y que deja heridas en las pocas personas con quien tengo relaciones sociales, no debo autoinflinjirme mas daños, debo empezar otro ciclo donde siento que mas bajo no puedo llegar y eso espero que pase, pienso que voy a volver a vivir de nuevo de forma normal aunque sea dificil lograrlo.

viernes, 11 de enero de 2019

TESTIMONIO


Esta entrada es una republicación de la revista mente sana la entrada original la pueden encontrar en la siguiente dirección https://www.mentesana.es/testimonios/en-la-mente-de-un-bipolar_68

Habla de las experiencias de una persona que ya ha vivido y sobrevivido a muchos de los inconvenientes que trae el ser bipolar.



¿Cómo es la mente de un bipolar?
El trastorno bipolar afecta a todos los aspectos de la vida de quienes la padecen. Un diagnóstico a tiempo y seguir unas pautas claras son clave para limitar su impacto.
Rafael Narbona

Cuando me pidieron que escribiera sobre el trastorno bipolar, pensé de inmediato en mi hermano Juan Luis. Al igual que yo, padecía la enfermedad, pero nunca se la diagnosticaron y se quitó la vida a los cuarenta años, incapaz de comprender que sus altibajos no eran un rasgo de su carácter, sino la expresión de una cruel enfermedad.

Desgraciadamente, el diagnóstico estigmatiza, pero también clarifica y ayuda a convivir con una patología que hasta hace poco se denominaba psicosis maniaco-depresiva.

Mi relación con mi hermano no se caracterizó por su intensidad, sino por largos periodos de separación y pocas experiencias compartidas. Cuando yo nací, él ya no vivía en casa. Por su trabajo, viajaba mucho al extranjero. Sus visitas eran imprevisibles. No le gustaba avisarnos. Simplemente, se plantaba en la puerta y llamaba.

A veces, sonriente y cargado de regalos. Otras, huraño y malhumorado. Yo era un niño y no comprendía bien sus reacciones. Si preguntaba por su infancia y adolescencia, siempre me respondían: “Muy cambiante. Encantador, cariñoso, extrovertido y, de repente, huraño, frío y con tendencia al aislamiento”.

Energía para acabar
En sus últimos años, nos vimos un poco más y noté que algo no funcionaba bien. Un viaje a Guinea Ecuatorial aceleró la tragedia, pues contrajo el paludismo y experimentó alucinaciones. Quizá fue la quinina o algo que desconozco, pero mejoró semanas antes de suicidarse. Su mente se estabilizó, recuperó su sentido del humor y se mostró más activo.

En el punto más bajo de la depresión, careces de iniciativa incluso para hacer algo trágico

 ‘‘La depresión ya no controla mi vida’’  
TESTIMONIO

‘‘La depresión ya no controla mi vida’’
Por entonces, yo no sabía que el suicidio exige energía y determinación. Su fatal decisión se consumó a una hora indeterminada de la madrugada. Esa misma mañana había recogido un traje del tinte, habíamos paseado por el Parque del Oeste e incluso habíamos bromeado.

Sin embargo, ya había adoptado las medidas necesarias para poner fin a su vida. Probablemente, su mejoría le dio las fuerzas necesarias para hacerlo. Es algo bastante habitual. En el punto más bajo de la depresión, careces de iniciativa, incluso para hacer algo trágico e irreversible.

Trastorno Bipolar: hacia una sociedad libre de prejuicios
Yo tampoco comprendía lo que me sucedía cuando se apoderó de mí un profundo abatimiento mezclado con brotes de euforia. A los treinta, me diagnosticaron depresión. Diez años más tarde, consideraron que se habían equivocado y que en realidad era trastorno bipolar.

No se trata de un caso de negligencia médica, sino de una confusión habitual. Normalmente, se tarda una década en averiguar que –en algunos casos– la depresión solo es una de las dos caras de la bipolaridad.

No voy a repetir mi historia, que ya he relatado en estas páginas y en un libro autobiográfico. Solo quiero despejar dudas y enviar un mensaje de esperanza. Cuando me diagnosticaron trastorno bipolar, yo ya sabía que la bipolaridad era una forma de psicosis. Dicho de este modo, puede sonar aterrador, pero lo verdaderamente aterrador es que aún se asocie la psicosis a conductas violentas o antisociales.

Para muchos, Norman Bates, el asesino con “doble personalidad” que interpreta Anthony Perkins en Psicosis, la famosa película de Alfred Hitchcock, es el arquetipo de enfermo psicótico. Es más, se tiende a confundir psicosis y psicopatía, cuando lo cierto es que se trata de fenómenos completamente distintos.

Lo verdaderamente aterrador es que aún se asocie la psicosis a conductas violentas o antisociales

La psicopatía es una alteración de la personalidad que aniquila la empatía o incluso frustra su aparición. Es algo común en asesinos y maltratadores, pero también hay comportamientos psicopáticos en la vida cotidiana que pasan desapercibidos.

El maltrato psicológico y la manipulación emocional son notas características de la psicopatía y pueden detectarse en el hombre que golpea a su pareja, el padre o la madre que pega a su hijo, el desalmado que abandona a su perro o el jefe que humilla impunemente a sus subordinados.

Una percepción incomprendida de la bipolaridad
La psicosis no afecta a la empatía, sino a la percepción de la realidad. Deforma los hechos, alterando su significado. Puede consistir en interpretar un gesto banal como una cruel forma de rechazo, pensar que eres el centro de las miradas o sentir que un entorno normal contiene unas insoportables dosis de hostilidad.

En los casos más graves, la psicosis puede presentarse acompañada de alucinaciones auditivas y, más raramente, visuales.

Un enfoque liberador de la salud mental     
        
ANTIPSIQUIATRÍA

Un enfoque liberador de la salud mental
La psicosis puede inducir comportamientos hondamente autodestructivos, pero solo en un 3% de los casos se traduce en actitudes violentas hacia los demás. No incluyo en esa estadística los incidentes sin relevancia penal. Casi nunca se menciona que el riesgo de sufrir una agresión física, maltrato psicológico o cualquier forma de abuso sexual se multiplica por cinco, si se padece alguna enfermedad mental.

Las dos caras de la moneda
La bipolaridad no es “doble personalidad”, si bien es cierto que los estados de manía y depresión afectan a la forma de ser, instigando cuadros de exaltación o congoja. La psiquiatría diferencia entre trastorno bipolar de tipo I y trastorno bipolar de tipo II. En el tipo I, la deformación de la realidad es más aguda y las alucinaciones son frecuentes, pero no aparecen necesariamente. La manía se dispara y el afectado pierde el control de sus actos.

La bipolaridad no es “doble personalidad”, pero los estados de manía y depresión afectan a la forma de ser

En el tipo II, la pérdida de contacto con la realidad es menor y la excitación, menos intensa. De ahí que se hable de hipomanía. Hay una situación particularmente complicada: los estados mixtos con ciclación rápida. En esos casos, la depresión y la manía se manifiestan al mismo tiempo, a veces con diferencia de horas o minutos. Se llama ciclación rápida a los cambios bruscos e imprevisibles.

Los estados mixtos se prolongan a veces durante años. Son más resistentes a la psicoterapia y al tratamiento farmacológico. El riesgo de suicido se incrementa peligrosamente. El 15% de los bipolares se suicidan. En los estados mixtos, la estadística sube hasta un 30%. Yo he pasado por una situación de estas características, pero afortunadamente logré salir de esa espiral.

Vivir con este trastorno: una dura realidad
Actualmente, disfruto de un estado de eutimia o estabilidad. La posibilidad de sufrir nuevos episodios nunca se esfumará, pero gracias a la psicoterapia, la psicofarmacología, la higiene del sueño, la meditación, el ejercicio físico, un entorno afectivo positivo y una rutina enriquecedora, donde desempeña un papel esencial la escritura, he logrado alejarme de la depresión y la manía.

Podría enumerar los síntomas de la bipolaridad, pero prefiero relatar mi experiencia, no sin advertir previamente que existen suficientes recursos para neutralizar los síntomas y hacer una vida prácticamente normal.

El don de la bipolaridad: úsalo a tu favor  
             
CREATIVIDAD

El don de la bipolaridad: úsalo a tu favor
Perdí a mi padre a los ocho años y, al parecer, eso cambió mi carácter. Hasta entonces, fui un niño extrovertido y alegre, pero poco a poco me hice solitario, introvertido y melancólico. A los treinta años, una serie de acontecimientos traumáticos agravaron esas tendencias. La tristeza se hizo insoportable.

Lloraba por cualquier motivo. Apenas podía dormir. No lograba concentrarme ni ilusionarme por nada. Era incapaz de tomar decisiones. El más pequeño esfuerzo me resultaba agotador. Perdí veinte kilos en un mes. Obsesionado con la muerte, ideaba planes de suicidio, sin otra preocupación que fracasar.

Si me pidieran una fórmula para ayudar a un bipolar, no vacilaría: ternura, infinita ternura

Creo que la manía brotó como un mecanismo patológico de defensa. De una forma relativamente brusca, pasé de la tristeza a la euforia. Seguí perdiendo peso y mis horas de sueño se hicieron aún más escasas, pero una energía incontenible me empujaba a realizar proyectos disparatados, hablar sin parar, establecer nuevas relaciones.

Ya no me sentía cansado. Subía las escaleras de tres en tres. Compraba cosas innecesarias de forma compulsiva. Mi concentración no mejoró. De hecho, las ideas fluían por mi mente a una velocidad vertiginosa, pero ya no experimentaba deseos de morir. La apatía sexual se convirtió en hiperactividad. Con la autoestima por las nubes, me sentía capaz de todo.



DE PRODUCTIVIDAD Y MANIA

Se ha dicho que la bipolaridad es la enfermedad de los artistas y no es falso. La lista de grandes creadores afectados por la enfermedad es muy abultada: Beethoven, Schubert, Schumann, Chaikosvki, Van Gogh, Munch, Virginia Woolf, Poe, Mark Twain, Hemingway, Sylvia Plath, Anne Sexton, Herman Hesse, Nietzsche, David Foster Wallace.

No pretendo compararme con ellos, pero yo, que he publicado dos libros y más de mil artículos en quince años, empecé a escribir durante mi primer brote de manía. Hijo de un escritor olvidado, había descartado seguir los pasos de mi padre, quizá porque mi autoestima era muy débil. Con la manía desapareció cualquier complejo o inhibición. Van Gogh realizó casi novecientas obras en una década, padeciendo un estado mixto.

¿Significa eso que la bipolaridad es una de las puertas de acceso al arte? No creo, pero parece innegable que en una mente creativa la manía incrementa el flujo de ideas e intuiciones, lo cual puede alumbrar periodos de alta productividad. Es el caso de Van Gogh o Sylvia Plath, que escribía a un ritmo trepidante.

Plath afirmaba que tenía un don, pero todo indica que muchas veces escribió bajo los efectos de la hipomanía. No conviene alimentar mitos o visiones románticas. Van Gogh se suicidó con treinta y siete años. Sylvia Plath con treinta. Cuando la hipomanía se convertía en manía o caían en una profunda depresión, no podían trabajar. Si no se hubieran quitado la vida, nos habrían legado una obra más vasta, rica y compleja.

Infinita ternura
No hay que sucumbir al pánico ante un diagnóstico de bipolaridad. Es posible educar las emociones y hay infinidad de recursos para abordar los momentos críticos. Siguiendo ciertas pautas, se puede llevar una vida satisfactoria en lo personal y laboral, con razonables expectativas de éxito y felicidad.

Me hubiera gustado decirle esto a mi hermano, me habría agradado oírlo cuando yo empecé a sufrir los mismos problemas, no renuncio a pensar que algún día la sociedad reaccionará con solidaridad y comprensión, sin estigmatizar ni marginar a los afectados.

¿Cómo podemos actuar ante un caso de trastorno bipolar?     

   
CONSULTORIO

¿Cómo podemos actuar ante un caso de trastorno bipolar?
Si alguien me pidiera explicar con un término el trastorno bipolar, no dudaría: vulnerabilidad, extrema vulnerabilidad. Si me pidieran una fórmula para ayudar a un bipolar, tampoco vacilaría: ternura, infinita ternura. “La ternura salvará al mundo”, escuché una vez. Quizá no es cierto, pero sí estoy seguro de que puede salvar muchas vidas.

Cómo estar mejor si eres bipolar

Una buena higiene del sueño. Dormir entre ocho y nueve horas al día es esencial. El descanso será más reparador si antes de acostarte das un paseo de media hora y te das una ducha de agua caliente. Conviene cenar al menos dos horas antes y acostarse todos los días a la misma hora, sin prolongar el sueño innecesariamente. Dormir más de nueve horas puede provocar síntomas de depresión. Y una noche sin dormir puede precipitar una recaída.

Hacer ejercicio habitualmente. La actividad física es un excelente antidepresivo. La mente se relaja y libera endorfinas. La Universidad Estatal de California (EE. UU.) realizó un estudio sobre los ejercicios que reducen la tristeza y la ansiedad, y llegó a la conclusión de que el yoga mejora los cuadros depresivos hasta el punto de permitir bajar las dosis de medicación. El ejercicio nos brinda la oportunidad de salir al exterior, relacionarnos y desconectar de los problemas cotidianos.

Mantener una rutina gratificante. Casi nadie puede escoger completamente su estilo de vida, pero hay que hacer lo posible para llevar una existencia satisfactoria, distribuyendo el tiempo inteligentemente. Si sentimos que cada día es una sucesión de penalidades, preservar nuestro equilibrio será más complicado.

Planificar las tareas que producen estrés. Cualquier cambio o novedad puede constituir un motivo de estrés. Debemos anticiparnos a las circunstancias que disparan nuestra ansiedad. Un simple viaje puede crear mucha angustia. Por eso, conviene prepararse mentalmente y organizarse para no enfrentarnos a sorpresas desagradables. No es buena idea dejar cosas para última hora.

No centrarse solo en la medicación. La medicación no cura. Solo mantiene los síntomas a raya. Esto a menudo es imprescindible, pero el camino real para mejorar (y para necesitar menos medicación) es el psicoanálisis u otras psicoterapias.

Aprender a distanciarse de las emociones. Quizá es complicado, pero es posible. Si aprendemos a observar nuestras emociones y distanciarnos de ellas, no nos afectarán tanto. La meditación puede ayudarnos mucho. No se trata de reprimir emociones o recuerdos, sino de dejarlos pasar. En la mente, nada es definitivo. Contemplar un paisaje o sentir el sol en el rostro puede ayudarnos a superar la ofuscación.

Cultivar la amistad. La tendencia al aislamiento es uno de los síntomas más peligrosos y dañinos del trastorno bipolar. El ser humano está incompleto sin un círculo que proporcione cariño, ayude a mejorar la autoestima y soportar las contrariedades. “Nada es más útil a un ser humano que otro ser humano”, escribió Baruch Spinoza en el siglo XVII. Y casi nadie se ha atrevido a cuestionarlo.

Ponerse metas, elaborar proyectos, ser positivo. Es básico elaborar un proyecto de vida, fijarse metas realistas, sentir que avanzamos. El pesimismo es terriblemente destructivo, pues paraliza la iniciativa y nos desalienta ante la más pequeña dificultad. Ser positivo contribuye a mejorar nuestra calidad de vida y a materializar nuestras ilusiones. El optimismo solo es negativo si alimenta expectativas irracionales.

No exponerse innecesariamente . Las actitudes de evitación no son buenas, pero a veces no es conveniente asumir tareas que nos desbordan. La muerte un familiar produce mucho sufrimiento. A veces es recomendable delegar en otros determinados trámites. No debemos sobrevalorar nuestros recursos.

Evitar las relaciones tóxicas. Una persona vulnerable está más expuesta a relaciones tóxicas. No debemos permitir que nadie dirija nuestra vida, decidiendo por nosotros. Una relación de pareja tóxica es especialmente desestabilizadora. Conviene alejarse de personas celosas, culpabilizadoras, dominantes y chantajistas.

No precipitarse a la hora de tomar decisiones. Los bipolares son hiperemotivos e impacientes, lo cual les incita a ser impulsivos. Una decisión importante puede esperar, y si es algo secundario, tampoco hay prisa. Dar marcha atrás no siempre es factible, por eso hay que pensar bien las cosas.

Relativizar los fracasos. El fracaso es una experiencia inevitable y necesaria que nos ayuda a madurar. Si no conseguimos algo, podemos intentarlo otra vez. O cambiar de objetivo. Si no culminan un ascenso a la primera, los alpinistas aprenden de cada error y lo intentan de nuevo. Debemos seguir su ejemplo. Y si la montaña nos resulta inaccesible, buscar otra a la altura de nuestras posibilidades.

Mantener una vida sexual satisfactoria. Como el ejercicio, el sexo es un buen antidepresivo. A veces, la medicación provoca una disminución de la libido, pero eso no afecta al contacto físico, las caricias, los besos. Sentir la cercanía de otra persona es una fuente de bienestar que siempre contribuirá a que estemos mejor.

No sincerarse con los extraños. La familia cercana y los amigos íntimos deben conocer tu problema, pues si no es así, pueden malinterpretar tus emociones. Pídeles que se informen sobre la enfermedad: la relación mejorará y podrán comprenderte mejor. En cambio, no hay ninguna necesidad de compartir tus circunstancias con personas que podrían responder con rechazo.

No perder la esperanza. Es lo más importante. El trastorno bipolar afecta a millones de personas y la mayoría logra controlar la enfermedad. Si estás en un mal momento, no caigas en la visión túnel, que lo pinta todo negro. Aunque no se perciba a primera vista, siempre hay alternativas. Y si no las percibes, pide ayuda. Hay asociaciones que te pueden prestar apoyo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Los últimos post de nosoyyosoyyo

En este post que he venido actualizando y tengo de primero se publica una copia y pegue de las últimas entradas del blog nosoyyosoyyo, es de una chica que se inscribe dentro de la bipolaridad, que esta sufriendo por situaciones complicadas de la vida, las cuales le provocan desbalances emocionales, narrándolos de una forma desgarradora, expresados de una forma literaria muy poética pero en prosa, esta chica escribe como pocos pueden hacerlo, yo he sentido de forma parecida lo que ella  dice, por esto, quisiera que otros tambien las leyeran.

Quisiera que las personas que entran a este blog porque lo han leido antes y buscan algo nuevo aqui, conozcan lo que se siente cuando se esta en situaciones difíciles, que lo hacen a uno cuestionar mucho y hasta pensar que no se justifica estar aquí en estos momentos, que mejor fuera dejar de vivir, sin embargo, son cosas que se piensan, que se expresan y cuando esto se hace se presenta un desahogo que evita llegar a extremos de causarse daño.  Este tipo de blogs me los vengo encontrando de forma periódica y casi siempre cuando la persona que los escribe sale de la crisis estos blogs desaparecen. Me acuerdo en estos momento de Anfitrite, de Blue (blog carne de psiquiatra), los cuales en su momento publiqué parte de sus entradas y los comenté también."

Este es el último post de nosoyyosoyyo

"Autorizame a jugar un recreo que imagine para vos. Dejame mostrarte el tablero, el campo de batalla descrito por mis palabras utópicas y quijotescas, esas que descreen de la pavura que recorre mi espalda y eriza mi piel. Dejame darte mi mejor versión, mi mejor sonrisa, mi mirada más brillosa. Permitime hacerte creer que no existen las heridas en este cuerpo lascerado hasta en su partes más escondidas, más protegidas de la urbe que roza y marca. Quiero creer que nada fue verdad, que soy lo que elijo ser y que ya no tengo que correr, que escapar de las turbulencias que sacuden y quiebran mi piel de porcelana que, como muñeca de vitrina caída, ya no tiene donde más repararse en sus añicos que no coinciden.

Dejame ser pura, fresca y adictiva. Por favor, quisiera teatralizar quien sueño ser, al menos juguemos a intentarlo.

Alejá tus ojos de mi sangre turbia y purulenta, es mi néctar maldito que todo lo vuelve viscoso y denso. Y nunca observes mi alma, esa que se esconde en mis pupilas aguadas de tanto llorar por la niña que maté mientras se mecía en mis brazos.

Juguemos a que soy nueva, a que nazco frente a tu persona y que no existe reencarnación ni vida pasada que se esconda en esta realidad alterna.

Juguemos a que la maldición nunca fue profecía, que la hechicera no marcó a esta niña por celos a su belleza y a su sonrisa constante, juguemos a que no cargo con tal maleficio.

Dejame contar mi propia historia, creer que soy dueña y tengo la potestad de ser la patrona de mis emociones, que son mías, que no me invaden y aprisionan en una mala pasada que me deja esclava de esta sentencia a muerte, de ese ahorcamiento en la plaza pública.

Permitime contarte lo que todavía queda de mí, lo que todavía late ingenuo y vulnerable en mi pecho que ya no necesita escudo, que ya está endurecido por las batallas.

Es tan lindo verte curiosearme por primera vez, porque son esas primeras miradas las que logran descubrirme auténtica y cándida.

Juguemos a este juego que inventé para vos y para mí. No hay alfiles, no hay torres ni caballos para un jaque mate inminente. Dejame jugar a que soy, mientras vos apostás a sorprenderme insolentemente hasta que el carruaje se convierta en calabaza y los brillos en arapos, y sólo reste mirar a la cenicienta con los pies descalzos pero esta vez, sin zapatos de cristal que la salven de su destino.

Al final de cuentas… somos aquello que protegemos más recelosamente del destrozo.


Este es el penúltimo post de nosoyyosoyyo


Vuelven las etapas depresivas. Vuelve la ceniza mortuoria a tapar los poros que no logran oxigenar la piel y mata. La angustia es tan inmensa que aprieta fuerte la garganta y nos obliga a pedir muerte, liberación, bandera blanca.

Son cuchillos, decenas de ellos enterrados en el pecho, en el alma, en el corazón. La cabeza da vueltas y vueltas y vueltas y se marea como alcohólico a punto del desmayo.  La desesperación es poder, es mandataria, es decisiva en estas horas en donde vivir cuesta la vida.  Regálame paz. Regálame sonrisas. Regálame amor. Sálvame.  Sálvame de esta que me está llevando como río bravo que te golpea contra las piedras que no atajan.



¿Acaso no ven que me quedo por ellos? ¿Que como paciente terminal me aferro a una vida de dolores solo para que  estén tranquilos?

Cuanto deseo unas manos amigas que entiendan y me acompañen en la partida con un abrazo, con un beso en la frente, con un gesto de aceptación, de saber que estoy haciendo las cosas bien.
Nadie ve el barro que tragamos para seguir, porque afuera hay luz, hay brillo, y lo de adentro, mientras no se vea, no coexiste con ese exterior, no para ellos.
Necesito calma por favor. Y mucho amor. Regálame una sola risa que me salve este segundo. Hazme volver aunque tengas que golpearme el pecho para que el aire vuelva a ingresar. Pégame duro, pégame fuerte, que necesito sentir algo más que este suplicio homicida.


post de nosoyyosoyyo del xx de noviembre de 2018

Siempre a este paso de la muerte, a esta corta distancia donde bailo al filo de la caída, al borde de la liberación del alma en pena. Siempre la posibilidad oscura como salvación prometida, como respiro, bocanada de aire en este mundo de oxígeno enmohecido.
Es el ángel y el diablo en nuestros hombros, prometiendo imposibles, intentando convencernos, pero es el ángel el que me llama al olvido, el que me seduce al salto, el que promete liberarme de las penurias de una tierra que degolla los sentimientos más puros y vulnerables que cargo a cuestas.
Siempre a un paso de la muerte, ¿acaso los que me quieren también saben de esta posibilidad que me aguarda a la vuelta de la esquina, junto a la calle de al lado?. Siempre que pienso en ellos pienso en cuán consientes son de que quizás mañana ya no los acompañe en su andar, en su día a día, en sus planes a futuro. ¿Entonces se detendrían a observarme, a darme el último abrazo, el último te quiero para que lleven consigo sin culpas ni promesas en pausa?.
Y en el final, cuando mi espíritu vuele al fin lejos de tanto dolor e injusticias, sabrán festejarme o llorarán por no seguir con ellos, aunque eso me condene a una prisión de martirios que jamás sintieron, que jamás van a sentir.
Siempre esta corta distancia entre el soy y el fui. Entre el vivo y el una vez viví. Y es que hace tanto tiempo ya que la muerte dejó de asustarme, desde que la abracé como amiga y compañera, como leal soldado que se para frente a su capitán para recibir las balas en esta guerra que me lleva a mal tratar.
Siempre a un paso de la muerte, ¿él también sabrá que no me perdió el día que se fue? O acaso cuando le llegue a sus oídos la noticia de mi deceso recién ahí se dará cuenta de que me tenía real, tangible, a un paso de un beso, de un felices hasta que la muerte nos separe. ¿Lo encontrará solo? ¿Lo encontrará con descendencia? ¿Acaso sabrá perdonarse las veces que no me vivió?

Siempre este maldito paso, sin temor, sin la angustia de partir, este maldito paso y todos los fantasmas en el medio, esta culpa de irme y ser feliz,  libre de una vez. Este suicidio en vida, y esa vida en el suicidio."

Este post ha sido copiado y pegado desde el blog original de nosoyyosoyyo ver mas en http:77nosoyyosoyyo o en https://nosoyyosoyyo.wordpress.com/


jueves, 14 de enero de 2016

Reblogueando a una persona desesperada

A continuación presento una entrada escrita por una persona desesperada por su situación mental, es un relato crudo de lo que sintió en un determinado momento, afortunadamente como dice en un comentario final solo fue algo que se le paso por la mente y no lo considera como un intento de suicidio.


De suicidio y resurrección 

Llevo días tratando de escribir esta entrada pero me es imposible. No sé cómo empezar, o la redacto pésimo o me apabullo. Y lo increíble es que los hechos son tan simples: me quise matar, no lo conseguí, me diagnosticaron al fin algo, se me medicó y estoy tratando de vivir mejor.

Es que todo me parece tan patético y tan trillado, tanta mentira, tanta ilusión a la vez. Es que la verdad yo no me quiero morir. A mí me gusta la vida, ahora que lo pienso, pero tampoco sé si esto que digo es producto de las pastillas o son simples ganas, simple ilusión o solo el aliento de la víspera del viaje que emprendo mañana, yo ya no sé nada de mí. Solo que dentro de unos días cumplo 25 años y que ya me cansé de los excesos.

El viernes tomé 12 pastillas -7 clonazepam y 5 alprazolam- con la única intención de dormir los días que fuesen necesario. Sabía -al menos lo creí- que era imposible matarse con ese nimio cóctel. Era la 1:30 a.m. y la crisis estaba en su nivel más alto; ya no sabía en qué posición acostarme, qué vídeos mirar, qué libro coger, qué diablos hacer para que el pecho no se me estrujara de ese modo. Cometí la idiotez, dopada como estaba, de escribirle a mi ex novio, solo palabras sueltas, ningún pedido, vaguedades puras, filosofía de pacotilla. Él me dijo que fuera a su casa. Le dije que no. Un brío de lucidez me dijo que iba a exacerbar mi crisis si lo veía e incluso podía hacerle daño, así que no. Me insistió y le repetí que no porque había tomado pastillas. Y luego lo de siempre: que soy una demente, que arruino mi vida, que lo deje en paz. Ante esas palabras y el malestar que inundaba mi cuerpo, solo caminé a tientas, con mucho frío en el cuerpo, por la casa en busca de más pastillas. Por un minuto sentí el valor de querer morir. Tuve el impulso. Un impulso que solo lo he sentido en dos ocasiones. Es tan fuerte que me hace comprender quizás de soslayo a los suicidas. Buscaba como loca entre las pastillas de mi madre: para la presión, para el estómago, para el dolor de muelas, etc., etc., por ahí tomé algunas para la presión (no las cuento porque no me parecieron tan potentes pero quién sabe).

Con el cuerpo echo polvo, casi a rastras por mi sala, volví a llamar a mi ex novio, esta vez no quería un abrazo de él ni una despedida, quería que me llevara al hospital. Yo sabía -pensaba- que no me iba a morir pero no podía tenderme en pie y el miedo a que algo malo me pasara era demasiado fuerte. No voy a verme implicado en esto, me dijo, y colgó. Llamé seis veces y nunca obtuve respuesta. Otra vez la crisis se hizo más creciente. Yo quería controlarme, entendía lo que sucedía con mis nervios, que todo crecía por tratare de él; buscaba respirar pero me ahogaba. La taquicardia, la despersonalización, el miedo, el desequilibrio, el dolor, un dolor asesino, es que a veces no sé qué es eso. Esto va a parecer huachafo pero yo no lo entiendo: no hay herida pero hay un dolor que retuerce, que ahoga, que paraliza.

Ante la ausencia de pastillas fui en busca de mi cuchillo. En este punto casi gateaba por la habitación. Tampoco buscaba matarme ya, solo herirme, matar un poquito el dolor del pecho con el dolor físico, que es tan nimio en comparación. No lo encontré. El reloj marcaba las 2:00 a.m. Media hora y no me había muerto. Me metí a la cama.

A las 8 p.m. de la mañana siguiente me despertó mi madre con dos cachetadas. Veía borroso, apenas sentí el dolor en las mejillas, ni siquiera entendía en dónde estaba. ¡Estás loca! ¡Estás demente! ¡Mira! ¡Mira!, y me enseñó los empaques vacíos de las pastillas. Casi entendí a que se refería pero era imposible hablar. Me agarró del cuerpo e impuso a que me ponga de pie pero me caí al instante. Se enfadó más. Me dio otras dos cachetadas y volvió a llamarme loca tres veces más. No lo soporté y no sé bien de dónde salió mi rugido pero lo dije: me quise morir para no ser como tú. Obviamente, volvió a pegarme. Luego no recuerdo. Cuatro horas más tarde, volvió a mi cama con una sopa de pollo. Me la comí entera y con ahínco. Estaba muerta de hambre. No hablamos pero ambas estábamos más tranquilas. Volví a dormir.

A la mañana siguiente, mi madre y yo nos dirigimos al Valdizan, un hospital psiquiátrico. Es un lugar muy grande, aunque bastante tétrico, muy notorio en su calidad de sanatorio especializado en salud mental. No quisieron atenderme hasta que un médico general revisara si mis órganos estaban dañados producto de las pastillas. Pero el cansancio, la debilidad de mi cuerpo hacían imposible la espera. En el hospital general la mujer que me atendió le dijo a mi madre que debía llamar a un fiscal o a un policía porque "su hija ha cometido intento de suicidio". Yo no estaba ni enterada que el suicidio era ilegal; me irrité más, le dije que solo había tomado 12 pastillas, que solo quería dormir ¡por el amor de Dios! ¡Una señorita de 23 años falleció ayer con 12 clonazepam, ¿sabe usted?! ¡Así que no me venga con eso de 'querer dormir'. ¡Usted está mal de la cabeza!, me gritó la mujer. Yo no podía entender que una especialista de la salud mental le dijera eso a alguien, así que hice lo que mejor sé: la mandé al diablo y me fui corriendo al hospital psiquiátrico. Toqué la puerta del consultorio más cercano y amenacé con cortarme las venas si no me atendían. Un tropel de médicos salió a atenderme enseguida.

Escuchaba a mi madre llorar en la sala contigua. Creo que adquirí la seguridad que me ha dado el conocer a rajatabla sobre mi enfermedad, el haber leído tanto al respecto que puedo recitar de la A a la Z lo que pasa con mi cerebro. "Solo necesito pastillas porque mi cerebro se está deteriorando. No puedo concentrarme, confundo las palabras, me falta la memoria y escucho A por B, además de la impulsividad, la agresividad y los intensos deseos de morir que creo que son inherentes a mí desde que nací", les dije. "Por favor, necesito trabajar", les supliqué.

Mi diagnóstico: trastorno límite de la personalidad o borderline.

- Es usted una chica muy inteligente, ¿sabe?, me dijo uno de los doctores.

- Eso no sirve para que me quieran Menos para vivir, ¿sabe?

- ¿Por qué cree que no la querrían?

- ¿Quién en su sano juicio estaría con una mujer que cambia de humor como cambiar de aretes, que tiene ataques de ira, pánico y ansiedad en cualquier momento y lugar; que piensa que todos la engañan y que es hipersensible a lo que se diga de ella, que un día pueda comprar un pasaje al caribe y largarse sin recordar que al día siguiente tiene trabajo, que puede dar la vida por la persona que ama  pero que mataría sin remordimiento si la traicionaran? Podría ser la mujer más hermosa e inteligente de este planeta, doctor, y nadie me amaría, ¿comprende?

- ¿Entones para qué quiere medicarse?

- Para ver películas.

Ambos doctores se rieron, yo también me reí. Me dieron mi consabida medicación; cuatro pastillas al día para que este cerebro funcione. Confieso que me siento muy tranquila. Confío en la ciencia, en que nuestro cerebro es una máquina que a veces se avería y, como en estos casos, necesita mantenimiento de por vida.

Sobre mi enfermedad, digo que la conozco porque llevo años leyendo sobre el trastorno borderline y el trastorno bipolar, pues nunca supe cuál de los dos tenía (ambos son muy parecidos), y mi último diagnóstico fue la bipolaridad. Ante la ineptitud de los médicos psiquiatras -esto merece un post aparte-, yo misma tuve que documentarme, leer libros, artículos científicos y hablar con especialistas para saber qué diablos pasaba o pasa conmigo. Ahora, yo no creo en el diagnóstico en cuánto a etiquetas. Eso de ser borderline es solo un nombre, un nombre para englobar una serie de conductas muy marcadas, muy comunes en quienes la padecen, pero no es más que eso. La realidad es que algo sucedió con mi cerebro y es preciso repararlo o al menos atenuarlo.

Por estos días la vida no es muy fácil, aunque sí llevadera. Las pastillas me sumen en un sopor increíble. Somnolencia hasta el mediodía, distracción, falta de concentración y mucho, mucho, mucho sueño. A veces me siento como bajo los efectos de la marihuana debo decirlo, pero sí me siento más calmada. Ayuda mucho que esté embarcada en nuevos proyectos laborales y que mañana me vaya de viaje a la playa. Por el momento -y espero que por muchísimo tiempo- he dejado el alcohol, las drogas, el cigarro e incluso he disminuido el café y los dulces.

Lo que le dije a las doctores era una broma, evidentemente, pero el trasfondo es real. Soy sincera al respecto. Me parece imposible que alguien pueda quererme tal como soy; por supuesto, pueden enamorarse de mí, creo que tengo encanto -como muchas personas- pero de ahí a que pueda establecer una relación a largo plazo lo veo difícil; así me controle con pastillas estoy resignada a una fugacidad que quiero disfrutar y al hecho de no tener hijos por el riesgo genético. Puede parecer una estupidez pero yo no me creo al 100% lo de la "llevar una vida normal". Una persona con mi enfermedad no puede hacerlo o hablaré por mí: no puedo hacerlo.
Yo solo quiero medicarme para disfrutar de algunas tardes, estar tranquila a veces y no hacerle daño a los que quiero. Vivir feliz y en armonía y perogrulladas por el estilo... no.

LDV
 

Publicado por Luisa Devoto 

 

2 comentarios:

1.

Carlos Garcia 5 de noviembre de 2015, 7:23
 

Hola

Relatas como fue un intento de suicidio, espero que sea una historia ficticia y no una cruel realidad, no me gustaría saber que alguien que expresa de forma tan patente los sentimientos, deje este mundo cruel por su propia mano, este mundo es muy injusto, duro y muchas veces es como se dice vulgarmente una mierda.
Sin embargo, es lo que nos tocó vivir y vivir como decía alguien es solo un ratico si lo comparamos con el infinito del tiempo o como dirán los que creen en el mas allá es solo un instante comparado con la vida eterna, por lo que nos toca vivirla y de malas hay que seguir viviendo y si es duro que nos dejen vivir, porque tenemos que ayudarles con nuestra mano a terminar con una vida que muchos quisiera que no existiera.

Espero que puedas seguir contando tu vida por aca que yo estaré pendiente de oir tus quejidos.



2.

Luisa Devoto 6 de noviembre de 2015, 16:25

 


Hola Carlos,
 

Lo que cuento es verdad. Pero no lo llamaría intento de suicidio, pues lo que quise hacer no era morir, no sé realmente que quise, en algún momento, tal como cuento en el relato, lo pensé, pero fue muy fugaz, lo que quería quizás era tan solo escapar y en un momento como eso las pastillas parecen una buena alternativa. Afortunadamente no fue más que un adormecimiento y un posterior susto. Ahora trato de estar mejor y no andar en tonterías. Pues sí, es lo que nos ha tocado. No podemos hacer más. Un abrazo,
Luisa.

 

martes, 9 de septiembre de 2014

La muerte de Edgar Allan Poe, casi un suicidio.






La muerte temprana de Poe, pudo deberse a unos deseos de dejar este mundo, al estar muy afectado por problemas mentales (puede considerarse que tomo una actitud suicida) que encontró una chispa que desencadenó el incendio, como pudo haber sido una intoxicación alcohólica, provocada por quien sabe que cantidad y calidad de licor, en sus ultimas palabras se puede notar que a pesar de querer dejar este mundo, se arrepiente de ello, de haberse causado daño y le pregunta a su médico si le queda alguna esperanza, a pesar de desear verdaderamente la muerte en algunos momentos de desbalances mentales, cuando se vuelve a la lucidez se quiere seguir viviendo, parece que esto fue lo que sintió Poe antes de morir, justo cuando ya era demasiado tarde.

Según una ficción sobre su ùltima borrachera dijo: "He logrado infundir el miedo en el corazón de los hombres. He alumbrado pesadillas que no se olvidarán con facilidad. He bajado a la turbia penumbra donde claudica la razón. He navegado por los negros canales de la locura"

leer mas en http://historiascercas.blogspot.com/p/la-esquina-de-poe.html



sábado, 16 de agosto de 2014

Otro bipolar opina sobre la muerte de unbipolar famoso

De nuevo publico en mi blog la entrada de Rafael Narbona que publicó a raiz de la noticia de la muerte del actor Robin Williams. lo pueden ver en su blog en: http://rafaelnarbona.es/?p=8757#more-8757


UN BIPOLAR ANTE EL SUICIDIO DE ROBIN WILLIAMS




ROBIN 4
¿Qué experimenta un bipolar cuando se suicida otro bipolar? Aunque no se ha comentado demasiado, Robin Williams era bipolar. La lista de actores que sufren esta patología es notable e incluye a Stephen Fry, Catherine Zeta-Jones, Jim Carrey, Ben Stiller, Mel  Gibson, Richard Dreyfuss. Todo indica que Williams primero intentó cortarse las venas, pero probablemente no pudo soportar el dolor. Las venas se resisten a liberar su carga, casi como un niño que lucha para no dormirse porque tiene miedo a la oscuridad. Sin embargo, cuando el deseo de morir se ha apoderado de la mente, no se desiste con facilidad. Por eso, el famoso actor cambió de método, ahorcándose con un cinturón. Al parecer, escogió la noche para decir adiós. Tal vez le empujó el insomnio, un adversario particularmente cruel. La desesperación se agudiza cuando el mundo escatima su tregua diaria, esa pequeña muerte que paradójicamente nos ayuda a vivir, suspendiendo por unas horas el mundo real. Los bipolares raramente disfrutan de un sueño reparador. Yo sufro continuas pesadillas. Sueño que me ahogo, que mi piel arde y se desprende como las pavesas de una hoguera, que mi garganta intenta articular sonidos y solo produce estertores, que mis ojos hormiguean con miles de insectos agitándose debajo de los párpados. Suelo levantarme agotado y confuso, pero el turbulento mundo de los sueños me resulta más tolerable que mi rostro en el espejo, maltratado y envejecido por un dolor obstinado.
robin 5
No voy a ocultar que la muerte de Robin Williams me ha afectado. Tengo 50 años, escribo, soy bipolar, no tengo hijos, he sobrevivido a varios intentos de suicidio y he perdido la esperanza de vivir sin el lastre de la angustia, la tristeza y la ansiedad. El trastorno bipolar recorta la esperanza de vida en diez, veinte, treinta años. Cada estudio arroja un resultado diferente. Mi hermano Juan Luis hundió la cabeza en un horno y abrió las espitas del gas con cuarenta años. No albergaba convicciones religiosas, pero escenificó su muerte con una hilera de crucifijos, alineados en el pasillo que conducía a la cocina. Era mi hermano, pero también una ausencia que yo he combatido reelaborando mis recuerdos, pues no soportaba el contraste entre la realidad y el deseo. Si miro hacia atrás, hay más vacíos que vivencias compartidas. En muchos aspectos, fuimos dos desconocidos que se encontraban de tarde en tarde, fracasando una y otra vez en el propósito de tejer una relación basada en el afecto y la comprensión. Nuestra impotencia para llegar al otro no impidió que naufragáramos en las mismas aguas. Si alguien examina nuestras vidas, advertirá grandes diferencias, pero también se preguntará si no éramos la misma persona, bordeando los mismos abismos. Quizás yo he vivido diez años de más, pero el anhelo de escribir me empuja a seguir aquí. Percibo mis días como páginas que avanzan entre el sufrimiento y el anhelo de felicidad. A estas alturas, tal vez solo soy palabras que se resisten a morir.
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Robin Williams no era uno de mis actores favoritos. Es indudable que tenía talento, pero quizás por mi edad estoy más cerca de Montgomery Clift o Marilyn Monroe. Los dos eran bipolares, autodestructivos y profundamente desdichados. Monty se maltrató a conciencia, abusando de las drogas y el alcohol. Apenas superó los cuarenta años. Marilyn vivió menos. La noche del 5 de agosto de 1962 su cuerpo se rindió ante un cóctel de barbitúricos. Al parecer, mezcló Nembutal (pentobarbital) y Seconal (secobarbital), una combinación fatal que solo fue posible porque su médico de cabecera y su psiquiatra no compartían información. Todo indica que esta vez no buscaba la muerte, pero sí unas horas de sueño, con la desesperación del que ha sobrevivido a duras penas a feroces insomnios. Nunca sabremos las causas y circunstancias exactas de su muerte. Sin embargo, hay incontables testimonios sobre sus fallidos intentos de suicidio, que evidencian su inestabilidad emocional. Ser inestable no es una elección, sino un estado del alma que brota de una interminable herida. No sé cuál era la herida de Robin Williams, que agravó su desorden interior con previsibles adicciones. Previsibles porque el alcohol y las drogas mitigan la depresión, induciendo una alegría tan artificial como efímera. De joven consumí ácidos y cocaína. Solo fue un contacto fugaz, pero no he olvidado su efecto. Al principio, experimentas euforia, excitación y una ilimitada confianza en ti mismo. Hablas durante horas, con una aparente clarividencia. Sientes que por fin has logrado desembarazarte de cualquier inhibición o complejo, pero solo es un cruel espejismo. La avalancha de palabras, hallazgos e intuiciones se detiene poco a poco y de repente comienza una vertiginosa caída. Parece que has saltado por la ventana de un patio interior, con las paredes de color ceniza y un suelo que se prepara para destrozar tu cuerpo, transformando tu cerebro en una medusa moribunda. Al parecer, Robin Williams había superado sus adicciones, pero no la depresión, que se había agudizado durante las últimas semanas. Cuando encontraron su cuerpo, se hallaba casi sentado. Mi hermano estaba de rodillas, con los pies descalzos. Ambas imágenes son desoladoras, pues reflejan indefensión y fragilidad, pero también una profunda determinación de morir.
marilyn death
El suicidio no es una elección libre y racional, sino un impulso incontrolable. Yo celebro estar vivo. Entre 1993 y 2007, busqué la muerte en varias ocasiones, combinando antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, pero desde que empecé a escribir literatura la perspectiva del suicidio perdió fuerza y ahora solo es un lejano fantasma. El suicidio de Robin Williams ha resucitado ese fantasma, pero no como una posibilidad, sino como un doloroso recuerdo. He pensado en Margaux Hemingway, que se suicidó el 1 de julio de 1996. No era una fecha cualquiera, sino el aniversario del suicidio de su abuelo, Ernest Hemingway, el gigantón que amaba el boxeo, los toros, la caza, la guerra, y que en la madrugada del 2 de julio de 1961 se voló los sesos con su escopeta favorita, una Boss calibre 12. Hemingway conservaba la pistola Smith & Wesson con la que se suicidó su padre, el médico Clarence Edmonds. Clarence se pegó un tiro en la cabeza mientras se encontraba en el despacho de su consultorio. Cuando recibió la noticia, el escritor comentó: “Probablemente yo voy por el mismo camino”. Al igual que su abuelo, Margaux sufría trastorno bipolar. Se quitó la vida en su apartamento  de Santa Mónica, California, utilizando una sobredosis de fenobarbital. Tenía 42 años. Dejó un bloc de notas, pero arrancó algunas hojas y las quemó. En las primeras páginas se leía: “Amor, curación, protección perpetua para Margot”. También quemó incienso, hizo un montoncito con sal, alineó dos velas y depositó un ramo de flores blancas en la mesilla de noche. A la izquierda de su cama, colocó un osito Teddy, quizás por nostalgia de la infancia, pese a que siempre manifestó que de pequeña había sido muy desgraciada. Al examinar el cuadro, algunos pensaron que pretendía formular un conjuro contra la muerte, pero tal vez solo quiso escenificar su suicidio. El suicidio es una ceremonia privada abocada a convertirse en acontecimiento público, especialmente si eres un artista. Quizás Margaux nos dejó un mensaje que no sabemos interpretar o solo nos quiso decir adiós a su manera.
margaux
Sobrevivir a un suicidio no produce alivio, sino rabia y frustración. Es un nuevo fracaso en una vida marcada por los sentimientos de fracaso, pero eso no significa que resulte deseable tener éxito, pues el que se mata deja un rastro terrible en su entorno. De alguna manera mata a los que le querían. Yo no soy capaz de pensar en mi hermano sin recordar su suicidio. Sus fotos descansan en un álbum, lejos de la vista, pues su imagen está inevitablemente asociada a su trágica muerte. No le he olvidado. Simplemente, no soporto la sombra del suicidio, dibujándose en una mesa o una repisa. Yo no deseo añadir un nuevo drama a la historia de mi familia. Quiero vivir, tengo muchas ganas de vivir. Pienso que solo he empezado una segunda navegación como escritor, después de pasar quince años en la enseñanza y un lustro como investigador y bibliotecario. Robin Williams nos deja el mismo año que Philip Seymour Hoffman, que se inyectó una explosiva mezcla de heroína, cocaína, benzodiacepinas y anfetaminas. Ambos sucumbieron a sus demonios interiores. Hoffman comentó a sus amigos: “Sé que voy a morir”, pues seis semanas antes había superado de milagro una sobredosis. Incapaz de controlar su adicción, consumía también grandes cantidades de alcohol. Se puede decir que también se suicidó, pues alcohol, drogas y enfermedad mental suelen bailar en la misma cuerda, sin ignorar que antes o después caerán al vacío. Yo me he enamorado de las palabras y eso me ha salvado. Ahora me dedico a seguir los pasos de la luz, embriagándome con su belleza. No hay mucho más. La realidad solo es eso y quizás sea lo mejor, pues nuestra conciencia no podría soportar la carga de la infinitud. Robin Williams no ha sido acogido por un Dios compasivo. Está con nosotros, invitándonos a darle la espalda a la melancolía. No se me ocurre mejor homenaje que mirar al cielo y sencillamente sonreír.
robin 8
RAFAEL NARBONA
http://rafaelnarbona.es/?p=8757#more-8757

Realmente me encanta como Rafael expresa los sentimientos que sentimos los bipolares, expresar con palabras lo que se siente o sufre con nuestro problema de bipolaridad es bien dificil.

Comparto mi opinión sobre que Williams no era tampoco uno de mis actores de Hollywood favoritos, dentro de las actuaciones en películas que he visto, solo rescato la que hizo en Good Will Hunting.

Como actor de TV me gustaba cuando niño su papel que hacia en Mork y Mindy.