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viernes, 11 de septiembre de 2026

Neutralizando el sufrimiento


Neutralizando el sufrimiento:

Cómo la medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias.


Introducción

Está es una traducción hecha con la ayuda Google y en la redacción con ayuda de ChatGPT con algunas correcciones mías para hacerla mas entendible, de un artículo científico escrito por la Dra Joanna Moncrieff.

En el artículo se aborda la evolución de la medicalización de la angustia a lo largo del tiempo y sus implicaciones. Se destaca que, a lo largo de las décadas, la generalización del uso de medicamentos de prescripción para los problemas mentales ha llevado a la creciente medicalización de la vida cotidiana, afectando la relación que las personas tienen con sustancias psicoactivas. Se ejemplifica con la historia de John Barton, un trabajador del siglo XIX adicto al opio, comparándolo con la situación actual en la que personas como él serían diagnosticadas con depresión y se les ofrecerían medicamentos como Prozac en lugar de opio.

El ensayo critica la creencia de que los medicamentos psiquiátricos pueden rectificar trastornos mentales al atacar un mecanismo subyacente, argumentando que esta idea ha contribuido a la desaparición de la comprensión anterior de las sustancias psicoactivas. Además, señala cómo las compañías farmacéuticas han promovido nuevos trastornos para ampliar el mercado de antidepresivos, como el trastorno bipolar.

La Dra Moncrieff destaca la contradicción en la percepción de las drogas, donde la medicación prescrita se considera aceptable, mientras que las sustancias recreativas son vilipendiadas. Se menciona la comercialización exitosa de antipsicóticos para la depresión y el trastorno bipolar, señalando las consecuencias graves de estos medicamentos.y en última instancia,  sugiere que las demandas y presiones de la vida moderna han contribuido a una sociedad donde la insatisfacción es generalizada, proporcionando un terreno fértil para la industria farmacéutica y las profesiones psicológicas.

Los párrafos anteriores presentan un resumen del artículo completo escrito como un paper científico, con las fuentes de dónde se basó para su escritura 




Joanna Moncrieff es una de mis referentes respecto a los conceptos sobre los medicamentos psiquiátricos; psiquiatra británica y académica conocida por su crítica a la medicalización excesiva de la angustia y la psicopatologización de problemas sociales. Ha abogado por un enfoque más crítico y contextualizado en el tratamiento de los trastornos mentales, cuestionando la idea de que los medicamentos psiquiátricos aborden problemas subyacentes específicos.

Moncrieff es profesora y jefa de la Sección de Psiquiatría Social en el University College London (UCL). Ha escrito numerosos artículos y libros que exploran temas relacionados con la psiquiatría y la medicalización, y su trabajo ha contribuido a debates críticos en el campo de la salud mental. Su perspectiva destaca la importancia de considerar factores sociales y contextuales en la comprensión y tratamiento de las dificultades emocionales y mentales

A continuación se presenta el artículo completo:


Neutralizando el sufrimiento:

Cómo la medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias.


@joannamoncrieff / 11 de marzo de 2014

  Las personas han usado sustancias psicoactivas para mitigar y amortiguar el dolor, la miseria y el sufrimiento desde tiempos inmemoriales, pero solo recientemente, en las últimas décadas, las personas se han convencido de que lo que están haciendo en esta situación se considera correctamente como tomar un remedio para una enfermedad subyacente.

  La generalización del uso de medicamentos de prescripción ha ido de la mano con la creciente medicalización de la vida cotidiana y la correspondiente pérdida de la relación anterior que las personas tenían con las sustancias psicoactivas.

   La novela de Elizabeth Gaskell, Mary Barton, iba a llevar originalmente el nombre del padre de Mary, John Barton,un obrero de fábrica adicto al opio (1); la novela describe la inimaginable pobreza y explotación del Manchester industrial que hizo del olvido inducido por el opio un atractivo escape, aunque Gaskell desaprobaba claramente la adicción de John, al lector no le queda ninguna duda de que el consumo de opio en la Gran Bretaña del siglo XIX era un síntoma de un profundo malestar social, John es una víctima de su entorno social, junto con el dolor abrumador de perder a su amada esposa, los cuales se cree que contribuyeron al declive gradual de John hacia el letargo y la beligerancia inducidos por las drogas.


  Hoy en día, John Barton sin duda sería diagnosticado con depresión, y se le ofrecería Prozac y Zopiclona en lugar de opio; Le dirían que aunque los "factores sociales" podrían haber precipitado sus sentimientos, sufría de un desequilibrio químico subyacente, que las drogas podrían ayudar a remediar. En lugar de tomar una sustancia con cuyas propiedades estaba familiarizado, por muy destructivas que resultaran, estaría tomando algo cuyos efectos en la psique humana nunca se han investigado adecuadamente y apenas se describen. Se desalentaría de evaluar cómo le afectaban las drogas, de averiguar si ayudaban o entorpecían sus actividades diarias, o si sus efectos eran agradables o desagradables. Además, al sugerir que el problema estaba en su cerebro, se le haría creer que las circunstancias en las que vivía y trabajaba, la pérdida de su esposa y la pérdida de su trabajo eran meramente detalles incidentales, y que desafiar su situación sería bastante inútil e irrelevante para su estado de ánimo. Cuando el primer lote de píldoras inevitablemente no lograba erradicar su desesperación, se le ofrecían otras curas milagrosas para mejorar o reemplazar las primeras.

  Los lectores de la versión moderna de Mary Barton no despertarían una ira e indignación justificadas por el estado de los pobres urbanos, como se pretendía que sucedieran los lectores de escritores como Gaskell y Dickens. Solo sentirían lástima por el desafortunado personaje cuyo maquillaje defectuoso lo llevó a su ruina.

  Hemos sido alimentados con un mito sobre la naturaleza de las drogas psiquiátricas durante décadas, el mito de que pueden rectificar los trastornos mentales al atacar un mecanismo subyacente. Nos han dicho que son tratamientos específicos, en la misma línea que la insulina para la diabetes, que actúan revirtiendo las anomalías que dan lugar a los síntomas de un determinado trastorno. A medida que esta idea se ha arraigado, hemos llegado a comprender cada vez más nuestros problemas diarios en términos de las sustancias químicas de nuestro cerebro (2), y en el proceso contribuye aún más a la desaparición de la comprensión anterior de la naturaleza de las sustancias psicoactivas y cómo modular estados psicológicos.

   Las drogas ahora se han dividido claramente en buenas y malas: la medicación prescrita que la gente debe tomar por muy mal que la haga sentir, y las sustancias 'recreativas' que son cada vez más ya menudo históricamente vilipendiadas (3). Al mismo tiempo que se les dice a las personas que no deben dejar de tomar su antidepresivo, se les recuerda constantemente los peligros del alcohol y el canabis. Se alienta a las personas a buscar supresores emocionales lícitos y recetados, pero se las menosprecia (y se las procesa si se trata de la sustancia equivocada) por buscar placer a través de medios químicos. El ciudadano moderno está atrapado en un flujo constante de mensajes contradictorios.

  David Healy ha descrito la transformación de los "nervios cotidianos" a principios de la década de 1990 a través de la comercialización de los nuevos antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como Prozac y Seroxat (4). Problemas que antes se concebían como ansiedad, para ajustarse a los estereotipos retratados en la comercialización de las benzodiazepinas, comenzaron a entenderse como un trastorno del estado de ánimo, y la noción de 'depresión' se expandió para abarcar casi todas las formas de insatisfacción y descontento. Las compañías farmacéuticas tuvieron cuidado de comercializar su nueva gama de medicamentos para la depresión como medicinas, que funcionaban al revertir la bioquímica defectuosa del individuo. El tardío reconocimiento de que las benzodiazepinas inducían dependencia, junto con las críticas a su uso generalizado como un pacificador químico para el receptor sobrecargado o frustrado, generalmente femenino, había amenazado con desacreditar toda la empresa del tratamiento masivo de la miseria común o corriente. Los ISRS debían presentarse como algo diferente, como una cura nueva y milagrosa para una enfermedad de buena fe, una enfermedad que, por una misteriosa coincidencia, solo había sido plenamente reconocida cuando los ISRS entraron en escena. Así que las compañías farmacéuticas se dedicaron a comercializar la teoría de la depresión de la serotonina, arrasando con gran parte de las profesiones psíquicas, con solo unas pocas voces solitarias señalando tardíamente que el emperador estaba desnudo (5). como una cura nueva y milagrosa para una enfermedad de buena fe, una enfermedad que, por una misteriosa coincidencia, solo había sido plenamente reconocida cuando los ISRS entraron en escena. Así que las compañías farmacéuticas se dedicaron a comercializar la teoría de la depresión de la serotonina, arrasando con gran parte de las profesiones psíquicas, con solo unas pocas voces solitarias señalando tardíamente que el emperador estaba desnudo (5).

   El éxito de Prozac inspiró un frenesí de actividad, con empresas compitiendo por hacerse con una parte del enorme mercado de los antidepresivos. Cuando se saturó la capacidad de persuadir a las personas de que estaban deprimidas, se promovieron nuevos trastornos para atraer a más sectores de la población y extender las patentes de los nuevos antidepresivos. Trastornos como el trastorno de ansiedad social y el trastorno disfórico premenstrual fueron promovidos por campañas ostentosas orquestadas por empresas de relaciones públicas disfrazadas de organizaciones de base (6).

   A fines de la década de 1990, los fabricantes de antipsicóticos atípicos también comenzaron a fijarse en este mercado y se dedicaron a construir un problema esencialmente nuevo, que ocultaron bajo el antiguo concepto de "depresión maníaca" que se asimila al trastorno maníaco depresivo el cual es un problema mental grave. El nuevo pensamiento sugería que 'la depresión era sólo la mitad de la historia' (7) (P 190), y que los altibajos emocionales eran una condición patológica que se clasificaba bajo la rúbrica de 'trastorno bipolar'. Se alentó a las personas a monitorear sus estados de ánimo con "diarios de estados de ánimo" para detectar la condición, y hordas de personas comenzaron a identificar sus experiencias de esta manera, incitadas por el respaldo de celebridades como Stephen Fry.
 
   Eli Lilly obtuvo una licencia para el uso de Zyprexa en el trastorno bipolar I (el nuevo nombre para el antiguo concepto de depresión maníaca) en 2000, pero la población objetivo nunca fue el pequeño número de personas con esta condición rara y grave. El objetivo, como se revela en los anuncios y en los documentos internos filtrados conocidos como los "papeles Zyprexa", era la enorme población de personas que actualmente se identificaban como deprimidas, preocupadas, infelices, inestables o casi cualquier persona a la que se pudiera persuadir de que había algo malo en su vida (8).

'  Zyprexa equilibra las sustancias químicas que se encuentran de forma natural en el cerebro', se nos habla del nuevo éxito de taquilla de Lilly (9), una declaración que no ofrece indicios de las graves consecuencias metabólicas, el aumento masivo de peso y la reducción del volumen cerebral que puede producir la droga (10), o los grandes acuerdos que Lilly ha hecho con litigantes en Estados Unidos y Canadá (11). Lilly no está sola. Los fabricantes de Seroquel, otro antipsicótico 'atípico', también han posicionado su producto en el mercado de la depresión y el trastorno bipolar, asegurando con éxito que también se convierta en uno de los medicamentos más vendidos de todos los tiempos (12). La combinación de obtener licencias para condiciones vagas y fácilmente ampliables, con la comercialización ilegal para indicaciones sin licencia (13) ha asegurado que los antipsicóticos, una vez reservados para el tratamiento de los más gravemente perturbados, han escapado del asilo ahora metafórico y en la comunidad. Son el 'opio del pueblo' más nuevo.

    Es posible que las personas que viven en las sociedades occidentales ya no sufran las desesperadas privaciones materiales de personas como John Barton, sino las demandas y presiones de la vida moderna, la competitividad, la gestión del desempeño, la creciente inseguridad, la desigualdad, la constante transmisión de riqueza, extravagancia y poder en los hogares de la gente común, contribuyen a una sociedad donde todos se sienten inadecuados e insatisfechos, y nadie está seguro: terreno fértil para la industria farmacéutica y las profesiones psicológicas. Desde este punto de vista, la tragedia de John Barton fue que al vengarse del hijo del dueño del molino, dejó el sistema no sólo intacto, sino fortalecido. ¡Al menos no pensó que el enemigo era su cerebro!

    Este ensayo fue escrito por primera vez como un tributo al profesor Mark Rapley, QEPD, para una edición conmemorativa especial del Foro de Psicología Clínica.

Referencias

(1) Gaskell E. Mary Barton. Londres: Penguin Books; 1848.
(2) Rose N. Convertirse en sí mismos neuroquímicos. En: Stehr N, editor. Biotecnología, Comercio y Sociedad Civil. New Brunswick, New Jersey: Transaction Publishers; 2004. pág. 89-128.
(3) DeGrandpre R. El Culto de la Farmacología. Cómo Estados Unidos se convirtió en la cultura de drogas más problemática del mundo. Durham, Carolina del Norte: Duke University Press; 2006.
(4) Healy D. Dando forma a lo íntimo: influencias en la experiencia de los nervios cotidianos. Soc Stud Sci 2004 abril; 34 (2): 219-45.
(5) Lacasse JR, Leo J. Serotonina y depresión: una desconexión entre los anuncios y la literatura científica. PLoS Med 2005 Dic;2(12):e392.
(6) BI de Koerner. Trastornos hechos a la medida. Mother Jones 27 [julio/agosto]. 2002.
(7) Healy D. Mania: una breve historia del trastorno bipolar. Baltimore, MD: Prensa de la Universidad John Hopkins; 2008.
(8) SpielmansGI. La promoción de la olanzapina en la atención primaria: un examen de los documentos internos de la industria. Soc Sci Med 2009 Jul;69(1):14-20.
(9) Eli Lilly. Cómo funciona Zyprexa. www zyprexa com/schizophrenia/pages/howzyprexaworks aspx 2011 [citado el 25 de marzo de 2011]; Disponible en: URL: http://www.zyprexa.com/schizophrenia/pages/howzyprexaworks.aspx
(10) Dorph-Petersen KA, Pierri JN , Perel JM, Sun Z, Sampson AR, Lewis DA. La influencia de la exposición crónica a medicamentos antipsicóticos en el tamaño del cerebro antes y después de la fijación del tejido: una comparación de haloperidol y olanzapina en monos macacos. Neuropsicofarmacología 2005 Sep;30(9):1649-61.
(11) Boyle T. Acuerdo de demanda colectiva en drogas para la esquizofrenia. healthzone ca 2010 30 de junio [citado el 12 d. C. el 30 de noviembre]; disponible en: URL: http://www.healthzone.ca/health/newsfeatures/article/830750–class-action-settlement-in-drug-for-schizophrenia
( 12) Thase ME, Macfadden W, Weisler RH, Chang W, Paulsson B, Khan A, et al. Eficacia de la monoterapia con quetiapina en la depresión bipolar I y II: un estudio doble ciego controlado con placebo (estudio BOLDER II). J Clin Psychopharmacol 2006 Dic; 26 (6): 600-9.
(13) Departamento de Justicia de los Estados Unidos. La compañía farmacéutica Eli Lilly pagará un récord de $ 1.415 mil millones por la comercialización de medicamentos fuera de etiqueta. www.justicegov/usao/pae/News/Pr/2009/jan/lillyreleaase pdf 2009 enero 15:1-4.

domingo, 22 de junio de 2025

Loco o anormal

Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general.
Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto.
De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal.
Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, «agressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi».

Diremos, pues, si, que estoy loco.


Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida...  y un estado de sombra y duda, ...."(ver nota)



  Digamos pues que si, que soy un loco, a pesar de que solo actúo de forma no común (anormal), en muy pocas ocasiones.



  Todo comenzó hacia el año 1984, tuve que ser internado en una institución para personas con problemas mentales, según mi apreciación, no era tan cruel y tétrica como los manicomios que se muestran en las películas.



  En mi caso particular ( con el fin de suavizar las situaciones ): Estuve en una institución para el tratamiento de personas con problemas mentales moderna (por no decir que en un manicomio, moderno eso si), el cual se define dentro de la misión estratégica de negocio en el año 2018, como: "Pioneros en la atención de Salud Mental en el Valle del Cauca y en la región del Pacífico colombiano".



  Hasta donde me da mi memoria, estuve internado cerca de tres semanas, pudo ser más pero no me acuerdo bien.



Después de la hospitalización temporal, donde entré como un loco más, es posible que mi diagnóstico haya sido de un paciente que ingresa en un estado de psicosis fuerte como parte de un cuadro de manía intensa (traducción al español coloquial: locura); pasé a un estado de remisión ambulatoria pero medicado (zombi drogado).



Se puede decir que después de mi internado en este sitio, logré volver a un estado de cierto equilibrio mental por muchos años, para después seguir con mi vida casi normal, sin embargo, las huellas de mi paso por esta institución no las he podido borrar del todo de mi mente y no fue solo el hecho de la institución como tal, que a mi concepto puedo considerar que realizo bien su trabajo, si no el creer que había estado loco, o que terminaría enloqueciéndome y perdiéndome de este mundo pero en vida, ese era mi pensamiento después de mi remisión y lo fue por mucho tiempo.


En este momento, año 2025, tengo un poco mas claro que según la definición de los psiquiatras de la época: Había sufrido de una crisis de un problema mental (que para mi no tenía nombre), que es probable que para la época se denominaba psicosis maníaco depresiva, al cual ahora se le tiene un nombre mas complicado, de pronto un poco mas complejo, pero que suena un poco mejor; además que está de moda en estos días, ya que según muchas personas hay mucho famoso por ahí que dicen que la sufre: Se denomina trastorno bipolar y es mas se le tienen muchas subdivisiones, que en mi caso se denomina de tipo I.



Después de salir de mi hospitalización psiquiátrica logré la remisión, sin embargo, algo que me marcó fuertemente fueron unas palabras que me resonaron mucho cuando empecé a ser tratado; cuando el psiquiatra me dijo: "Usted esta enfermo y a partir de este momento debe tomar medicación por el resto de su vida".



Según mi apreciación, la definición actual de trastorno bipolar es un eufemismo que pretende encubrir el estigma asociado al anterior termino: Psicosis maníaco depresiva, o el estigma que para muchos implica ser denominado simplemente loco, o alguien que se enloquece por ratos, porque esa es la definición popular a mi problema, de igual forma se le denomina a los que sufren esquizofrenia y de otros trastornos mentales, que como tales no pueden definirse bien como enfermedades mentales, pues según he logrado entender el termino enfermedad se refiere principalmente a problemas físicos corporales que no tienen que ver con el funcionamiento de la mente. Para un parroquiano es igual un esquizofrénico, un bipolar o una persona que sufra de un problema mental entre los miles que definen los manuales de psiquiatría moderna: "Es simplemente: Un loco"


Considero que para mí puede haber sido importante conocer en más detalle mi problema y tratar de entender cómo se desarrollan sus manifestaciones, cómo evitar llegar a estados graves; pero para las personas comunes y corrientes no es un tema de interés. ¿Por qué debe interesar el tema de las personas locas o desadaptadas a quienes se consideran normales? Pienso que no mucho, y menos si no lo sufren o si personas muy cercanas no lo sufren. Para muchos, el loco es así porque quiere y no hace nada por salir de su estado; para otros, es así porque le tocó por una cuestión de destino o por castigo de un dios; y para los más sensibles pero que no tienen conocimiento del tema, el loco es un bicho raro que se mira con pesar. Sin embargo, aún pensando así, se le discrimina. Para los que sufrimos con nuestros problemas mentales, estas apreciaciones no nos ayudan; a pesar de que no se puede pretender que todas las personas nos tengan que comprender ni sepan diferenciar claramente qué problema mental tiene cada uno de los afectados.

Al parecer, la sociedad ha avanzado respecto a la discriminación hacia lo diferente al promedio (al anormal, diciéndolo en crudas palabras), aunque todavía persiste la estigmatización hacia los que sufren ciertos problemas, como los mentales. Lo que expreso en este espacio, y lo que otros expresan en sitios parecidos, va en esa dirección: mostrar que no somos seres de otro mundo. Somos, quizá, anormales (diferentes, especiales u otros eufemismos) y somos pocos; sufrimos problemas de la mente que pueden ser manejados hasta cierto punto gracias a los avances científicos actuales, o aun a pesar de estos.

En mi caso, escribo sobre mi problema mental, algo que quizás solo debería interesarme a mí. Soy, en términos coloquiales, un loco que escribe y que, para hacerlo, se basa en lo que siente y se ayuda con lo que sienten y expresan otros, porque muchas veces me resulta difícil decirlo con mis palabras. Esta es mi situación actual, aunque, como ya dije anteriormente y en otras ocasiones, no pretendo volverme famoso ni rico con este blog. Sin embargo, me encanta que alguien lo lea; me alegra cuando las estadísticas muestran que varias personas lo han leído últimamente, y mucho más cuando comentan las entradas.



Si, Soy de pronto un loco mas




Si, Soy de pronto un loco mas

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Sin embargo, considero que en mi caso particular estar loco es un estado temporal o para mejor decir entro en un estado de locura de cuando en vez y normalmente paso desapercibido ante casi todas las personas, se puede decir que la mayor parte del tiempo soy una persona cuerda o mejor dicho actúo de forma normal, mis estados de locura son realmente muy pocos, solo en una oportunidad tuve unos sentimientos profundos de infinita sabiduría, de total inspiración, iluminación, dios me hablaba en el oído y yo lo ignoraba, pero el tiempo que duró mi delirio fue muy corto comparado con todo lo que he vivido, estadísticamente puede decirse que no pasó.



Cuando entro en esto que llamaré estado de locura temporal (Manía, según psiquiatras), llego a un estado de clarividencia, donde descubro cosas que han estado al alcance de mi conocimiento, pero que no había captado antes por no analizarlas bien, sin embargo, son tantas y de tantos aspectos al mismo tiempo, que termino abrumado. Es como cuando uno está en un sueño que vislumbra y descubre todo, pero estando despierto; de ahí que Poe lo describa dentro de su forma poética al decir: "Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche", médicamente en la actualidad esto que he estado diciendo es un síntoma del trastorno bipolar, como también lo puede ser de otros pñ´´´´´´´´ problemas mentales y lo llaman estado psicótico, pero a diferencia de un sueño donde uno interactúa con seres que uno mismo ha creado, cuando se esta despierto se interacciona con seres reales y choca muchas veces con ellos, porque mucho de lo que uno hace esta en contra de las normas y digo normas refiriéndome a lo que la mayoría hace.



Cuando uno pasa mucho tiempo en este estado donde se siente una infinita felicidad y no se regresa a la triste realidad; se necesita de un impulso de algo, es cuando las personas buscan ayuda, o cuando la sociedad a su alrededor decide parar esta situación, antes se encontraba con el alcohol u otras sustancias que se tenían al alcance sin ser ilegales o ahora se buscan sustancias mas potentes las drogas de las cuales hay algunas legales y otras ilegales, mediante estas se intoxica el cuerpo y la mente bloqueando este estado anormal, a veces sin consecuencias apreciables, pero muchas veces causando daños a corto o largo plazo, ademas muchas de estas drogas son para el resto de la vida por su forma de actuar al volverse la persona dependiente de ellas.



Nota: La primera parte en negrilla, no es de mi autoría pero como dice una canción por ahí: Esa canción es mía por un derecho casual, ya que define lo que siento en algún momento y se puede decir que su letra soy yo, además de acuerdo con mi poco conocimiento legal no puedo ser demandado por quien la escribió, aunque se revuelque en la tumba si uso sus palabras sin su autorización.

Esta forma de escribir solo la puede hacer una persona como lo fue Edgar Allan Poe y hace parte de su cuento Eleonora, este cuento lo pueden ver en mi versión plologada e ilustrada en http://unbipolarmas.blogspot.com.co/2015/10/cuento-eleonora-por-poe.html



miércoles, 5 de febrero de 2025

No considero que una persona con trastorno bipolar, deba estar todo el tiempo sometida a una fuerte medicación


Realmente no considero que una persona afectada por un trastorno mental como el trastorno bipolar deba estar todo el tiempo sometida a una fuerte medicación, aunque no descarto que en algún momento deba someterse a tratamientos farmacológicos, opino que estos deben ser temporales y de ser necesario su uso de forma crónica, que se usen en dosis controladas y mínimas, esto porque en muchos casos se reciben una variedad de compuestos (polimedicación), donde después de haber salido de una crisis y habiéndola superado se pierde la capacidad de afrontar la vida por  misma y la persona se convierte en alguien que vive de acuerdo con lo que la medicación le produzca en cada instante de su quehacer cotidiano, es probable que las crisis mentales puedan convertir a quien las afecta en una persona con capacidades disminuidas, si se hace una comparación a como era antes de las crisis; sin embargo, esto depende del trastorno mental que se tenga y la fuerza en que se presenten las crisis, en muchas situaciones la persona puede llegar a estar igual a como se desempeñaba antes de una crisis mental; se considera que las medicinas no recuperan las capacidades mentales disminuidas si estas se presentan debidas a un trastorno mental, ya que estas no actúan como cura, si no como paliativo. 

Polimedicación para el trastorno bipolar


Si alguien que sufre de trastorno bipolar lee estas líneas ha pasado por un episodio maníaco de tipo fuerte denominado técnicamente como un episodio psicótico, muy parecido a un estado psicotico de una persona afectada por esquizofrenia y del cual no se diferencia sustancialmente, o como se puede decir por muchas personas que se tuvo un episodio de locura temporal, sabe que en esa vorágine donde se siente relativamente bien y principalmente de todo menos enfermo, donde se cree en esos momentos que se está sano y que enfermo se estaba antes, dondse percibe la medicación como la culpable de devolverte a un estado anterior donde todo es gris, estando en este estado se querrá de todo menos de tomar medicinas y no se estará dispuesto a tomarlas, por eso se critica a muchas personas cuando no quieren tomar tanta medicación y se les acusa que en ese momento piensan así porque están en un estado de manía aunque ya se haya superado este. Yo sentí claramente en mi primer episodio que no necesitaba de las medicinas para estar bien, sin embargo, después de superada la crisis y aun sintiéndome mal debido a estar sometido a fuertes calmantes acepté y aun lo acepto que fue necesario en esos momentos estar sometido a un tratamiento farmacológico. 

Considero que cuando se está en crisis nuestras actuaciones no son las más adecuadas y gracias a un insight (presentimiento) que he adquirido, sé cuando me estoy acercando a un estado anormal, entiendo claramente que entrar en un estado de manía no es bueno y es un síntoma claro de que mi trastorno me está afectando, por lo que debo acudir a pedir ayuda y de ser necesario a medicarme para eliminar este síntoma, también he aprendido a reconocer claramente cuando me encuentro en estado estable y que es posible actuar de forma adecuada sin necesidad de tomar medicinas o tomando muy pocas.  

Creer que si se lleva el tratamiento médico disciplinadamente la persona estará a salvo de las idas y venidas de la enfermedad es un error que creo que todos hemos cometido alguna vez. Lo que ocurre es que estas “altas expectativas” crean descontento o incluso frustración cuando no las vemos cumplidas, esto es un sofisma para decir que las medicinas si funcionan la mayoría de las veces y hay que estar medicado con medidas preventivas porque si no la enfermedad no se controla, considero que las medicinas no funcionan como medidas preventivas, las medicinas funcionan controlando ciertos  aspectos de la persona, para algunas y en determinadas condiciones puede ser necesario tomarlas de forma crónica y ser necesarias para poder la persona estar mejor que si no se toman; mi forma de ver las cosas lo puedo definir con la siguiente analogía, una persona que tiende a tener la presión alta debe tomar de forma crónica una medicina que provoca que su presión se mantenga en un nivel menor que si no la toma, una persona que tiende a estar agitada constantemente y que este síntoma no puede eliminarse de forma diferente a tomar un calmante que lo mantenga lento o apagado podría tener la obligación de tomar este calmante durante el resto de su vida, pero si se lograra por otros métodos que la persona pueda manejar su agitación y poder vivir de una forma aceptable a pesar de sentirse algo agitado, podría estar mejor sin tomar medicinas para calmarlo, un caso típico de un problema mental de lo mas grave (esquizofrenia) se tiene cuando una persona escucha voces, sobre las cuales se ha demostrado que con ciertos medicamentos pueden dejar de escucharlas, sin embargo, existen personas que escuchan voces y pueden convivir relativamente bien con esta situación y logran tener una vida aceptable a pesar de este síntoma indeseable. 

Soy del concepto de que: el tratamiento farmacológico para el trastorno bipolar no es preventivo, si no que es paliativo. Realmente no creo que una persona deba estar todo el tiempo sometida a una fuerte medicación, donde a veces se reciben una diversidad de compuestos al mismo tiempo (polimedicación), donde después de haber salido de una crisis y habiéndola superado se pierde la capacidad de afrontar la vida por  misma y la persona se convierte en alguien que vive de acuerdo con lo que la medicación le produzca en cada instante de su quehacer cotidiano, es probable que las crisis mentales puedan convertir a quien las afecta en una persona con capacidades disminuidas, si se hace una comparación a como se era antes estas, sin embargo, esto depende del trastorno mental que se tenga y la fuerza en que se presenten las crisis, se considera que las medicinas no recuperan estas capacidades, ya que estas no sirven como cura si no como paliativo que controlan síntomas, por lo tanto hay que adaptarse a vivir con esta merma de capacidades. 

Según como he venido viendo las medicinas para tratar problemas mentales me suscribo a una definición poco aceptada por la mayoría, en la cual se define que estas medicinas son básicamente psicofármacos que caben en dos tipos principales o son sustancias calmantes o son sustancias estimulantes las cuales actúan directamente sobre el funcionamiento de la mente de las personas modificando la forma en que funciona el cerebro y de esta manera producen alteraciones en el pensamiento, el sentimiento y la conducta, ademas estos medicamentos o psicofármacos ejercen sus efectos en cualquier persona que los tome, independientemente de si tienen o no una condición mental, sin embargo, los efectos psicoactivos producidas por algunos fármacos son médicamente útiles en situaciones específicas, actuando como se dice de paliativos al crear un estado cerebral alterado que puede suprimir o sustituir síntomas problemáticos en personas con manifestaciones de problemas mentales y de comportamiento; un ejemplo claro es el que se presenta cuando una persona afectada de trastorno bipolar llega a una crisis y la persona está en un estado de manía intensa, que es lo mismo que un estado de locura temporal, mediante psicofármacos de tipo de calmantes la pueden llevar a un estado de calma inducido que es preferible al estado alterado producido por una crisis de un trastorno mental. 

Resultado de imagen para Trastorno bipolar o maníaco depresión
No me considero un experto en medicina, ni pretendo demostrar teorías científicas sobre problemas mentales, hablo con base en las hipótesis que han publicado personas que considero poseen buenos conocimientos en el tratamiento de problemas mentales y que las comparo con lo que he sentido en mi quehacer cotidiano, dado que he experimentado las diferentes opciones como lo es estar o no estar medicado con fuertes psicofármacos en años anteriores entre hace 35 años hasta hace unos 8 añoscomo también en los últimos 8 años donde he estado medicado de forma crónica con unos psicofármacos menos fuertes y en dosis menores o he suspendido dicha medicación. 

Gracias a mi experiencia con estos sentimientos encontrados que me afectan, he descubierto que el sentirme bien no depende de estar o no medicado, o mejor dicho no depende de estar afectado o no por un trastorno mental, el diario vivir y la forma en que afronto la vida y las condiciones en las que transcurre mi vida son las que me hacen sentir bien o mal, los síntomas de mi problema mental cuando estos aparecen son un factor entre varios que pueden hacerme sentir mal, aunque también hay que decirlo han hecho que me haya sentido bien sin que haya debido estarlo, por esto mismo pienso que este problema mental que me afecta algunas veces deba convertirse en un estado de constante problema al tener que tomar diariamente unas medicinas que me cambian la forma de actuar en todo momento. 

Con base en lo que he vivido me inclino por pensar que lo mío no es un problema menor, que requiere de pronto de ayuda externa y del uso de químicos, pero en este momento no se tiene un protocolo científicamente probado y claro para mi tratamiento y lo que hago es con base en lo vivido: He definido mi forma de tratarme, tratando de estar un máximo de tiempo libre de sustancias externas tóxicas pero de pronto necesarias en algunos momentos. Bien sea que realmente no tenga ninguna enfermedad y solo sea un problema de adaptación pero he sufrido por comportamientos que he tenido, que no son muy comunes, que no están bien vistos, que han afectado a otros y a mí mismo, por lo que he necesitado de algo que me ayude a corregirlos, en algunas oportunidades, ese algo que ha sido llamado como se quiera: Medicinas, drogas, psicofármacos o psicoactivos, han hecho que me pueda sentir mejor de ciertas características de mi comportamiento y que actué más normalmente ante la sociedad, pero sin excluir sus efectos malucos.  En mi caso creo que si tengo un problema mental, que se puede decir grave, que necesito ayuda externa y tomar fuertes psicofármacos en los episodios de crisis, que afortunadamente han sido muy pocos, sin embargo, he sentido también que he podido vivir relativamente bien, sin tomar medicinas cuando tengo periodos de estabilidad emocional, que es la mayor parte del tiempo o tomando un mínimo de estas cuando tengo desbalances leves para evitar llegar a una crisis. 

sábado, 1 de junio de 2024

Loco

"Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones."




"Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general.
Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto.
De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal.
Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, «agressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi».

Diremos, pues, si, que estoy loco.

Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida...  y un estado de sombra y duda, ...."



Digamos pues que si, que soy un loco, a pesar de que solo actúo de forma no común (anormal), en muy pocas ocasiones.

Todo comenzó cuando estaba en mi adolescencia (hacia el año 1984), cuando tuve que ser internado en una institución para personas con problemas mentales, después de mi primer ataque de locura, (según términos médicos: Episodio psicótico), esta clínica, no era tan cruel y tétrica como los manicomios que se muestran en las películas.  

   En mi caso particular puedo decir con el fin de suavizar las situaciones, que estuve mas bien en una institución para el tratamiento de personas con problemas mentales moderna, clínica de reposo, centro de rehabilitación de enfermos mentales u otros eufemismos (para no decir que en un manicomio, moderno eso si), que se define dentro de la misión estratégica de negocio, como: "Pioneros en la atención de Salud Mental en el Valle del Cauca y en la región del Pacífico colombiano".

  Hasta donde me da mi memoria, estuve internado cerca de tres semanas, pudo ser mas o menos pero no me acuerdo bien.

  Después de la hospitalización temporal, pasé de un estado de psicosis fuerte como parte de un cuadro de manía intensa (locura) a un estado de remisión ambulatoria pero medicado (zombi drogado).

  Se puede decir que después de mi internado en este sitio, logré volver a un estado de cierto equilibrio mental por muchos años, para después seguir con mi vida casi normal, pero las huellas de mi paso por esta institución no las he podido borrar del todo de mi mente y no fue solo el hecho de la institución como tal, que a mi concepto puedo considerar que realizo bien su trabajo, si no el creer que había estado loco, o que terminaría enloqueciéndome y perdiéndome de este mundo pero en vida, ese era mi pensamiento después de mi remisión, en este momento tengo un poco mas claro que según la definición de los psiquiatras de la época: Había sufrido de una crisis de un problema mental (que para mi no tenía nombre), que es probable que para la época se denominaba psicosis maníaco depresiva, al cual ahora se le tiene un nombre mas complicado, de pronto un poco mas complejo, pero que suena un menos grave, y mucho menos parecido a locura, además que está de moda en estos días (2024), ya que según muchas personas hay mucho famoso por ahí que dicen que la sufre: Se denomina trastorno bipolar, al cual se le han dado muchas subdivisiones, que en mi caso clasifico en el tipo I.


Después de salir de mi hospitalización psiquiátrica logré la remisión en buenas condiciones, sin embargo, algo que me marcó fuertemente fueron unas palabras que me resonaron mucho cuando empecé a ser tratado; cuando el psiquiatra me dijo: "Usted esta enfermo y a partir de este momento debe tomar medicación por el resto de su vida".

Según mi apreciación, la definición actual de trastorno bipolar es un eufemismo que pretende encubrir el estigma asociado al anterior termino: Psicosis maníaco depresiva, o el estigma que para muchos implica ser denominado simplemente loco, o alguien que se enloquece por ratos, porque esa es la definición popular a mi problema, de igual forma se le denomina a los que sufren esquizofrenia y de otros trastornos mentales, que como tales no pueden definirse bien como enfermedades mentales, pues según he logrado entender el termino enfermedad se refiere principalmente a problemas físicos corporales que no tienen que ver con el funcionamiento de la mente.  Para un parroquiano es igual un esquizofrénico, un bipolar o una persona que sufra de un problema mental entre los miles que definen los manuales de psiquiatría moderna: "Es simplemente: Un loco"


Considero que para mi puede haber sido importante conocer en mas detalle mi problema y tratar de entender como se desarrollan sus manifestaciones, como evitar llegar a estados graves, pero para las personas comunes y corrientes no es un tema de interés, ¿Por que debe interesar el tema de las personas locas o desadaptadas a las personas que se consideran normales? pienso que no mucho y menos si no lo sufren o personas muy cercanas lo sufren. 

   Para muchas personas el loco es así porque quiere y no hace nada por salir de su estado, el loco es así porque le tocó por una cuestión de destino o por castigo de un dios, para los mas sensibles pero que no tienen conocimiento del tema, el loco es un bicho raro que se mira con pesar pero aun pensando así, se lo discrimina.  Sin embargo, para los que sufrimos de con nuestros problemas mentales estas apreciaciones no nos ayudan; a pesar de que no se puede pretender que todas las personas nos tengan que comprender y sepan diferenciar claramente que problema mental tiene cada uno de los afectados.

   A pesar que la sociedad ha avanzado respecto a la discriminación del diferente al promedio (al anormal, diciéndolo en crudas palabras),  todavía persiste la estigmatización para los que sufren ciertos problemas, como los mentales, se ha avanzado pero falta más, lo que expreso en este espacio y lo que otros expresan en sitios parecidos va en esa dirección, en mostrar que no somos seres de otro mundo, somos de pronto diferentes y somos pocos, pero somos personas que tenemos diferencias en ciertos aspectos, sufrimos con problemas de la mente que pueden ser manejados hasta cierto punto gracias a los avances científicos o aún a pesar de estos.

   En mi caso escribo sobre mi problema mental, algo que quizás solo me debiera interesar a mi, soy en términos coloquiales un loco que escribe, que para hacerlo tiene que basarse en lo que siente, que se ayuda con lo que sienten y expresan otros, porque muchas veces se me dificulta decirlo con mis palabras, esta es la situación que tengo en este momento, aunque como lo dije anteriormente y en otras ocasiones: No pretendo volverme famoso, o rico con este blog, sin embargo, me encanta que alguien lo lea, me alegra cuando las estadísticas me dicen que varias personas lo han leído últimamente y mucho más cuando se comentan las entradas.


  Si, Soy de pronto un loco mas, para decirlo más elegante soy unbipolarmas

  Sin embargo, considero que en mi caso particular estar loco es un estado temporal o para mejor decir entro en un estado de locura de cuando en vez y normalmente paso desapercibido ante casi todas las personas, se puede decir que  la mayor parte del tiempo soy una persona cuerda o mejor dicho actúo de forma normal, mis estados de locura son realmente muy pocos, solo en una oportunidad tuve unos sentimientos profundos de infinita sabiduría, de total inspiración, iluminación, dios me hablaba en el oído y yo lo ignoraba, pero el tiempo que duró mi delirio fue muy corto comparado con todo lo que he vivido, estadísticamente puede decirse que no pasó.

  Cuando entro en esto que llamaré estado de locura temporal (Manía, según psiquiatras), llego a un estado de clarividencia, donde descubro cosas que han estado al alcance de mi conocimiento, pero que no había captado antes por no analizarlas bien, sin embargo, son tantas y de tantos aspectos al mismo tiempo, que termino abrumado. Es como cuando uno está en un sueño que vislumbra y descubre todo, pero estando despierto; de ahí que Poe lo describa dentro de su forma poética al decir: "Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche", médicamente en la actualidad esto que he estado diciendo es un síntoma del trastorno bipolar, como también lo puede ser de otros pu´´´´xftf´´´ problemas mentales y lo llaman estado psicótico, pero a diferencia del sueño cuando uno interactúa con seres que uno mismo ha creado, uno estando despierto interacciona con seres reales y choca muchas veces con ellos, porque mucho de lo que uno hace esta en contra de las normas y digo normas refiriéndome a lo que la mayoría hace.

Cuando uno pasa mucho tiempo en este estado donde se siente una infinita felicidad y no se regresa a la triste realidad; se necesita de un impulso de algo, es cuando las personas buscan ayuda, o cuando la sociedad a su alrededor decide parar esta situación, antes se encontraba con el alcohol u otras sustancias que se tenían al alcance sin ser ilegales o ahora se buscan sustancias mas potentes las drogas de las cuales hay algunas legales y otras ilegales, mediante estas se intoxica el cuerpo y la mente bloqueando este estado anormal pero muchas veces causando daños, ademas muchas de estas drogas son para el resto de la vida por su forma de actuar al volverse la persona dependiente de ellas.

Nota: La primera parte en negrilla, no es de mi autoría pero como dice una canción por ahí: Esa canción es mía por un derecho casual, ya que define lo que siento en algún momento y se puede decir que su letra soy yo, sin embargo, esa forma de escribir solo la puede hacer una persona como lo fue Edgar Allan Poe y hace parte de su cuento Eleonora, este cuento lo pueden ver en mi versión prologada e ilustrada en: 








domingo, 26 de mayo de 2024

MI problema mental version 5.0

Mi problema mental

Son una serie de sentimientos encontrados que se desencadenan en situaciones de crisis personales que me acompañan desde que tenía 16 años, para mi fue el momento en que llegue a una crisis psicótica (era como un loco, hasta un amigo me dijo loco en la cara), he sido tratado por médicos de la mente (llámense psiquiatras, psicólogos, psicoterapeutas etc), tal vez en otro tiempo podría estar completamente loco o sin estarlo ser considerado loco y vivir abandonado en un manicomio o estar vagando por las calles a lo mejor sintiéndome bien así, pero aislado del mundo, o de pronto; habría que tenido que afrontar por mi mismo la situación y la habría resuelto a mi manera.
A pesar de ser posible que para los psiquiatras que me trataron, sobre todo en mi crisis fuerte, tenían algo claro mi problema (para 1984 era un paciente que sufría una crisis psicótica debida a un posible trastorno maníaco-depresivo), pero para mi en ese año 1984 era todo un dilema, luego por internet encontré ya en el año 2007 que lo que sufro encaja en lo que últimamente se ha decidido llamar trastorno bipolar y que este tiene varios tipos encajando en el denominado tipo I.

Durante mucho tiempo conviví con mi problema mental sin darme cuenta, o mas bien sabiendo que padecía de algo, pero tratando de no darle importancia, por lo que no me atormentaba demasiado por ello, a menos que estuviera cerca a una crisis, adicionalmente la mayor parte del tiempo parezco una persona normal con o sin tratamiento y solo ante unos pocos he parecido como un loco o una persona que actúa raro porque esta siendo afectada por un trastorno mental, sin embargo, vengo a darme cuenta últimamente que mis actuaciones con las personas que me rodean son a veces extrañas y tengo patrones de comportamiento no tan promedio, además que soy una persona que tiende a aislarse.

Como causa de mis desbalances tuve una crisis mayor y otras menores que me causaron muchos problemas, perdí personas que amaba, posibilidades laborales tanto así que después de los 33 años no pude volver a conseguir un empleo formal, me di cuenta también que cuando entraba en crisis me convertía en una fuente de sufrimiento para mi familia, pero a pesar de eso sigo vivo y además optimista de que puedo estar tranquilo aun padeciendo un problema mental.

En la antigüedad y aun hoy en día muchas personas sufren de problemas de la mente sin saberlo o sintiendo que tienen algo pero sin darle importancia, eso les pasaba o les pasa a los que esta etiquetados como bipolares y muchos vivieron o viven felices o no, sin saber que significaba o significa trastorno bipolar, es mas esta etiqueta es muy reciente, en la antigüedad ni siquiera existía (antes o una persona estaba loca o era normal, de pronto sufría crisis de locura y volvía a la normalidad pero no existía la definición de un tipo de trastorno mental como lo es hoy, además como no era tratada con drogas que la modifican esta no presentaba las condiciones de lo que es hoy llamado trastorno bipolar).

Últimamente vengo a descubrir basándome en mi experiencia y según mi criterio personal científicamente no existe un buen tratamiento para mi problema, según las definiciones técnicas de la medicina no cabe dentro de la definición de enfermedad mental y que el hecho de que no este tan enredado, se debe más a mi suerte ya que he contado con un entorno favorable y personas que me quieren y me han ayudado para no haber terminado tan mal como otros.

Mi problema mental ha estado últimamente bajo control, muchas veces con ayuda de médicos, otras solamente por mi experiencia, sé un poco más de cómo es, por lo que trato de mantenerme en equilibrio y cuando tengo los primeros síntomas de un desbalance, he sabido y logrado pararlos, aunque sintiendo los efectos de un sube y baja emocional que me hace sentir realmente mal, para mi fortuna, hasta ahora he logrado cortar el avance hacia una crisis mayor, la cual no he vuelto a tener.

Hace poco vine a saber que dentro de mis características de personalidad, poseo una la cual se denomina baja empatía, donde la empatía la defino aquí como la que le permite a las personas entender de forma autónoma las reacciones de las demás personas y predecir en muchas ocasiones las actuaciones de otros, lo que me trae problemas de comunicación, esto hace que mis relaciones con los demás hayan sido problemáticas, aunque, yo no lo había apreciado, según el psiquiatra que estoy visitando el lo define como un rango de personalidad esquizoide que suena mucho a estar loco de remate, pero bueno esto es lo que opina él, puede que debido a esto (o como se llame) ha hecho que sea una persona que tiende a aislarse, porque se me dificulta establecer relaciones personales a profundidad, sobre todo de amistad o sentimentales.

sábado, 26 de junio de 2021

Definición de las enfermedades mentales según algunos psiquiatras que son mas bien pocos

 


 

La antipsiquiatría como también algunos psiquiatras plantean respecto a los problemas mentales: "que estos no pueden definirse como enfermedades mentales, porque la gente es compleja y diversa, por lo que los problemas encontrados en el transcurrir por la vida también son complejos y diversos. Algunos de los problemas a que se enfrentan las personas son relativamente menores y fáciles de tratar. Otros pueden ser realmente abrumadores. Algunos son de hecho problemas médicos y requieren ayuda médica. Otros, simplemente, no lo son. La mayoría de las actualmente llamadas enfermedades mentales, son básicamente problemas de conducta personal y no requieren fármacos. la teoría que plantea la medicalización de los problemas emocionales de los humanos es tan falsa, como las antiguas teorías del flogisto o la brujería. Las drogas (medicinas recetadas por psiquiatras, el alcohol o los psicotrópicos ilegales pero de fácil consecución) no son una solución eficaz a los problemas de la vida".

Soy de la opinión de que no existen las enfermedades mentales, existen problemas mentales, existen los trastornos mentales, existen los trastornos de la personalidad, existen problemas medicos que traen como consecuencia desbalances mentales, para mi concepto hablar de enfermedad se refiere a un problema de salud que tiene una causa comprobada y cuyos comportamientos son estudiados y corresponden a sintomas claros y definidos, como también que existen tratamientos claros y definidos.

No se tiene suficiente claridad sobre cuales son las causas de los problemas mentales, solo se tienen muchas hipotesis algunas compartidas por muchos psiquiatras pero que no pasan las pruebas cientificas para decir que son tesis comprobables, verificables o replicables, en resumen mediante el metodo cientifico no se pueden comprobar estas hipótesis respecto a las causas de los problemas mentales. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

Como se siente entrar en un estado de locura (episodio psicótico)

Antes de aparecer la internet y tener la posibilidad de autoetiquetarme, llamaba "mi problema mental" a mis desbalances de ánimo y de mis emociones cuando sentía que no eran normales, básicamente en esos momentos estoy hablando antes del año 2005, sentía que en una oportunidad me había enloquecido, cuando tuve condiciones bastante estresantes, además que me sentía desadaptado en la sociedad.



Para mi parecer llegué a una locura temporal (Psicosis, según psiquiatras), lo que sentí fue llegar a un estado de clarividencia, donde descubro cosas que han estado al alcance de mi conocimiento, pero que no había captado antes por no analizarlas bien, sin embargo, son tantas y de tantos aspectos al mismo tiempo, que termino abrumado. Es como cuando uno está en un sueño que vislumbra y descubre todo, pero estando despierto; de ahí que Poe lo describa dentro de su forma poética al decir: "Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche", para los psiquiatras modernos, esto que he estado diciendo es un síntoma de trastornos mentales, y lo llaman estado psicótico, pero a diferencia de un sueño donde uno interactúa con seres que uno mismo ha creado, cuando se esta despierto se interacciona con seres reales y choca muchas veces con ellos, porque mucho de lo que uno hace esta en contra de las normas y digo normas refiriéndome a lo que la mayoría hace.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Neurolépticos: banalidad de su prescripción (por Javier Romero Cuesta, vía AMSM)

Hoy deseo repostear un articulo técnico de uno de los blogs que sigo y que tengo enlazados en este blog, corresponde a un artículo sobre los neurolépticos que en jerga comun significa calmantes.

dicho articulo lo pueden encontrar en la siguiente direccion electrónica: http://postpsiquiatria.blogspot.com.co/2016/12/neurolepticos-banalidad-de-su.html

El artículo habla principalmente sobre los calmantes (técnicamente denominados neurolépticos); en este artículo escrito por un psiquiatra con mucha experiencia dice en un lenguaje muy tecnico que: "a nivel clínico nos encontramos con fármacos efectivos a nivel sintomático a corto plazo y posiblemente perjudiciales de manera mantenida", que traducido al lenguaje cotidiano quiere decir que los calmantes son efectivos para controlar a personas que parecen locas, o que están actuando raro, y son efectivos en los primeros momentos, pero que no son buenos a largo plazo

También dice: "Con el problema añadido de no tener parámetros concretos que diferencien una recaída de un síndrome de discontinuidad" Traduciendo a lenguaje vulgar dice que no se tiene como diferenciar si una persona que viene tomando calmantes cuando los deja les da una crisis del problema mental o tienen un sindrome de abstinencia por la falta del calmante.

a continuación presento el artículo completo:

"Como sin duda imaginarán, la psiquiatría es, por supuesto, política, como señaló Moncrieff o Munárriz en el último editorial de la Revista de la AEN, con lo cual no deja de haber cierta relación entre la necesidad de llegar a la gente a la que se dice querer defender y expresarse de la forma más cercana posible para ser escuchado y entendido. Lo que no quiere decir, por supuesto, perder nada de complejidad en el discurso, pero sí no añadir dificultades adicionales. En fin, que el blog ha cambiado, que ya era hora. Todas las entradas siguen ahí y todos los enlaces laterales también, pero esperamos que todo se lea mejor. En última instancia, si hacemos esto es para ser leídos, para hacer llegar nuestras opiniones y los hechos que conocemos y, tal vez o tal vez no, contribuir a provocar un cambio. No de otra cosa va todo esto.

Entrando ya en el tema que nos ocupa hoy, en el siempre imprescindible blog de la Asociación Madrileña de Salud Mental leímos hace poco una excelente revisión sobre los neurolépticos (mal llamados antipsicóticos) y los problemas que llevan aparejados. Creemos que es una excelente síntesis de un tema que está de plena actualidad. Se acumulan cada vez más los estudios que cuestionan tanto eficacia como seguridad de estos fármacos, que hasta hace no mucho considerábamos indudables. Y tengamos en cuenta además que son prescritos muchas veces fuera de las indicaciones aprobadas, con lo que eso supone. Su autor es Javier Romero Cuesta, psiquiatra.
RESUMEN
Tras décadas en las que el tratamiento para las personas con trastornos psicóticos ha estado basado en el uso de neurolépticos en detrimento de los abordajes psicoterapéuticos, nos encontramos recientemente con interrogantes tanto sobre la efectividad de estos fármacos como también sobre su seguridad, hasta el punto de poder tener influencia negativa en la evolución del proceso psicótico con el uso de los mismos.
En este estudio se realiza una revisión narrativa de dos importantes efectos secundarios que producen estos fármacos y que pueden estar detrás de esta posible iatrogenia; el síndrome de discontinuidad y la pérdida de sustancia cerebral. Los resultado, aún escasos, son preocupantes en cuanto al daño que pueden estar ocasionando con su uso continuado y hacen pensar en la necesidad de cambios en el abordaje de los trastornos psicóticos donde los neurolépticos no sean el eje de los mismos, recuperando abordajes más relacionales. Estos resultados colocan a los clínicos en su relación con pacientes medicados en una situación de conflicto. Conflicto que tendremos que afrontar desde una perspectiva ética en el marco de la relación clínica, deliberando conjuntamente con los pacientes. Sin olvidar los aspectos éticos de la organización que deben hacer plantearse a nuestras instituciones el modelo de atención a los pacientes que sufren trastornos psicóticos.

INTRODUCCIÓN
En la evolución del tratamiento de la esquizofrenia siempre se ha considerado un antes y un después de la aparición de los neurolépticos, comparándose su aparición a la introducción de la penicilina (1). La utilización de los neurolépticos ha sido y es en nuestro entorno la base del tratamiento de la esquizofrenia y otras psicosis siendo poco cuestionada su utilización. En la década de los 50-60 los neurolépticos demostraron su eficacia a nivel sintomático lo que permitió la salida de muchos pacientes de las instituciones. Aunque posiblemente se han minusvalorado otros factores que también pudieron influir en la desinstitucionalización, como medidas psicosociales, de rehabilitación y psicoterapéuticas que se fueron incorporando (2) (3). En los 70-80 la preocupación pasó a estar más centrada en la evitación de recaídas lo que llevó a implantar recomendaciones de tratamiento a largo plazo. Todavía hoy es fácil encontrar pacientes a los que se les recomendó que mantuvieran la medicación “de por vida a raíz de un solo episodios psicótico”. Ya en los 90, como medida para influir en el curso de la enfermedad, la atención se localizó en la disminución del tiempo de la psicosis no tratada como un tiempo crítico que podía inducir cambios irreversibles si no se actuaba antes (4) (5).
Con el uso generalizado de los neurolépticos también comenzaron a aparecen efectos secundarios, algunos muy invalidantes como las discinesias tardías. Con la particularidad que al retirar la medicación causante se producía un empeoramiento que volvía a mejorar retomándola de nuevo (6) (7).
Para evitar los efectos secundarios se intentó retirar, en general de manera brusca, la medicación, mediante la identificación de pródromos para un reinicio rápido de la misma. Este tratamiento intermitente cuando se comparó con el tratamiento de mantenimiento dio peores resultados en cuanto a la prevención de las descompensaciones y hospitalizaciones (8) (9) (10). Pero es interesante señalar dos cuestiones que no se tuvieron en cuenta. La primera, en el caso de pacientes con un primer episodio el tratamiento intermitente era más favorable que el de mantenimiento (11). La segunda cuestión era que la mayor frecuencia de recaídas se producía en aquéllos que tenían dosis previas más altas de neurolépticos (6) (7). Al pasar estas dos cuestiones desapercibidas, ganó peso la idea que la retirada del tratamiento para pasar a intermitente tenía más porcentaje de recaídas y hospitalizaciones.

SÍNDROME DE DISCONTINUIDAD vs RECAIDA
Aún habiendo hecho posible el alta de muchos pacientes hospitalizados y contribuido a acortar la estancia, el tratamiento con neurolépticos también se ha asociado a un aumento de las readmisiones que se ha relacionado, al menos parcialmente, con problemas de discontinuidad.
A finales de los 70 Chouinard (12) (13) publicó un artículo donde hizo un paralelismo entre la fisiopatología de las discinesias tardías y la aparición de síntomas psicóticos tras la retirada de los neurolépticos. Ambos eventos, las discinesias y las reaparición de los síntomas, estarían causados por una hipersensibilidad dopaminérgica en la regíón neoestriada para las discinesias y mesolímbica para lo que llama el autor psicosis por hipersensibilidad.
Otras observaciones que apoyan esta hipótesis de iatrogenia las encontramos en la aparición de síntomas psicóticos en pacientes sin antecedentes psiquiátricos cuando se le retiraba metoclopramida (14). También se observó algo similar en pacientes con trastorno bipolar que al retirar el neuroléptico aparecía una sintomatología paranoica que no habían tenido antes (15) (16).
Al no tratarse de un síndrome de abstinencia al uso tenemos dificultades para concretar este fenómeno. En la literatura lo podemos encontrar también como síndrome de estrés farmacológico que se caracterizaría por una aparición de síntomas no inmediatos tras la retirada, al mismo tiempo que aparecen cambios estructurales por la acción prolongada del fármaco los cuales persistirían a pesar de la retirada de éste. Esta dificultad de concreción del síndrome ha contribuido a su vez a sobreestimar el efecto del fármaco, al interpretar la sintomatología como recaída por haber retirado el mismo (17).
En la presentación de este fenómeno de discontinuidad parecen influir:
1- Dosis de neurolépticos. A mayor dosis de neurolépticos mayor frecuencia de presentación (6) (7).
2- Gradualidad en la retirada. En un metaanálisis donde se compara una retirada gradual de tres semanas, con una retirada abrupta, encuentran unas diferencias de 32% de recaída frente a 65% en la retirada abrupta (18). La gradualidad podría ser un elemento tan fundamental que incluso las tres semanas de este estudio no se puedan considerar hoy día un tiempo lento de retirada.
3- Tiempo de tratamiento. La acción prolongada de neurolépticos provoca cambios estructurales a nivel de receptores dopaminérgicos. Una persona con años de tratamiento posiblemente no precisará el mismo ritmo de retirada que otra con pocos meses (19). La reversibilidad de estos cambios estructurales es una incógnita.
Hay datos recientes sobre la fisiopatología de la esquizofrenia que pueden aportar más luz a esta cuestión de la discontinuidad. Desde el principio la fisiopatología de la esquizofrenia ha estado centrada en la dopamina al observarse la aparición de síntomas psicóticos al administrar sustancias dopaminérgicas como las anfetaminas en controles sanos. Esta hipótesis hiperdopaminérgica se modificó al observar que pacientes con predominio de síntomas negativos no presentaban este incremento dopaminérgico, lo que hizo pensar en un exceso de dopamina subcortical que estaría ligado a la presencia de síntomas positivos y una hipodopaminergia frontal responsable de los síntomas negativos (20) (21).
En un reciente metanálisis de estudios de imágenes se describen pruebas consistentes de disfunción presináptica en la esquizofrenia sin que haya regulación al alza de receptores (20). Al actuar los neurolépticos bloqueando los receptores a nivel postsináptico estaríamos empeorando esta hiperdopaminergia presináptica. Al mismo tiempo a nivel postsináptico, la neurona responde al bloqueo farmacológico generando más receptores (22) (23). Podemos entonces comprender que al retirar bruscamente el neuroléptico estamos abriendo un puente de comunicación dopaminérgica intensa y puedan aparecer síntomas psicóticos propios de un síndrome de discontinuidad. Con estos hallazgos se demuestra que estamos farmacológicamente actuando en un lugar inadecuado, al mismo tiempo que se da un mayor peso a la hipótesis de la discontinuidad (20) (24).

REMISION / RECUPERACIÓN
La existencia de este síndrome da un giro copernicano a los estudios realizados hasta ahora, pues tenemos que considerar que la retirada brusca para pasar a placebo, que es la metodología habitual en los ensayos de neurolépticos, no es igual a comparar con un grupo de no tratamiento (25). Si el concepto de recaída está en cuestión, lo mismo ocurre con el de remisión. Generalmente utilizamos éste para hablar de pacientes cuya sintomatología positiva ha disminuido a niveles considerados leves o inferiores y en presencia de síntomas negativos que no sean moderados (26) (27) (28) (29).
Pero ni el concepto de recaída ni el de remisión prestan atención al elemento de funcionalidad, concepto mas interesante en nuestro quehacer clínico diario que contempla un nivel adecuado de funcionamiento vocacional y social y que está más en relación con la idea de recuperación. El creciente interés en la recuperación funcional está permitiendo ahora observar la falta de interrelación entre recuperación y la remisión sintomática. En estudios observaciones a largo plazo tenemos recientes datos que sugieren que un tratamiento farmacológico prolongado podría tener un impacto positivo en la remisión de los síntomas y paradójicamente adverso a nivel del funcionamiento social (30) (31).
No es ésta una cuestión totalmente nueva, ya en 1990 se realizó un estudio de seguimiento de dos años de duración comparando placebo y fármaco en el que se encontraron más recaídas en el grupo placebo, y a pesar de ello, mejor funcionalidad (32). 
En otro estudio de seguimiento de siete años (32), continuación de un ensayo aleatorizado, realizado en pacientes con un primer episodio de psicosis a los que se le retiró de manera gradual la medicación, se observó hasta los dos años una mayor tasa de recaída en el grupo de retirada. A partir del tercer año los datos de recaída se igualaron y al final del estudio, se observó que no había diferencia a nivel sintomático entre los grupos y un mejor funcionamiento en el grupo de retirada comparado con el grupo de mantenimiento del tratamiento. La estrategia de reducción / discontinuación tuvo una recuperación funcional del 46,2% vs 19,6% en el grupo de mantenimiento (33).
En un estudio más reciente con un seguimiento de 20 años aparecen resultados similares. De los 139 pacientes incorporados al estudio se encontró un 5% de recuperación en aquéllos que siguieron tratamiento con neurolépticos y un 40% en los pacientes que no siguieron tratamiento (34).
Estos trabajos sobre la recuperación y su relación con el uso limitado de neurolépticos son aún escasos y necesitan replicación. Pero nos llevan al otro efecto secundario objeto de estudio de este trabajo que es la asociación entre la toma de neurolépticos y el daño cerebral.

NEUROLÉPTICOS Y DAÑO CEREBRAL
No tenemos un tratamiento eficaz para los llamados síntomas negativos y es aceptado que el uso de neurolépticos puede producir efectos secundarios a nivel cognitivo (35). Los datos sobre el uso de neurolépticos y su relación, a dosis y, posiblemente, tiempo dependiente, con el daño cerebral comienzan a ser preocupantes, hasta el punto de considerar a los neurolépticos como una variable confusora en la evolución de la enfermedad (36).
Tras los resultados del estudio de ensayos de efectividad de los antipsicóticos “CATIE” (37) donde no se encontraron diferencias significativas entre los neurolépticos en general, se siguió una línea de investigación basada en el posible efecto neuroprotector de los atípicos a diferencia de los típicos (38) (39) (40). Esta hipótesis se basaba en los hallazgos de lesión cerebral junto a niveles bajos del factor neurotrófico (BDNF) que se detectaban en los pacientes con esquizofrenia no medicados y la posible reversión de dichos niveles con el uso de neurolépticos atípicos (41) (42) (43) (44) (45) (46) (47). Recientes estudios sin embargo parecen no sustentar esta hipótesis neuroprotectora (48) (49) (50). Un estudio de seguimiento de pacientes con inicio reciente de esquizofrenia, mediante resonancia magnética, encontró una progresión de lesiones, reducción de sustancia blanca a nivel frontal e incremento del volumen al mismo nivel, sin que los neurolépticos consiguieran reducir estas lesiones. Hallazgos que fueron mayores en los pacientes con peor evolución (51). Los estudios se hicieron tomando como grupo control a personas que no padecían enfermedad psiquiátrica alguna. Metodología que no permite discriminar un posible efecto de los fármacos en la lesión.
El efecto lesivo de los neurolépticos sobre el tejido cerebral comenzó a valorarse en estudios con macacos que permitieron observar una pérdida significativa de sustancia cerebral tras una exposición de alrededor de dos años a neurolépticos (52).
Ho y Andreasen siguieron estudiando las variables que podían influir en los cambios observados a nivel cerebral. Estudiaron 4 potenciales predictores: duración de la enfermedad, tratamiento neuroléptico, gravedad de la enfermedad y abuso de sustancias. De manera prospectiva siguieron a 211 pacientes con diagnostico de esquizofrenia durante 7 y 14 años con resonancia magnética de alta resolución (53). La conclusión a la que llegaron es que existe una relación entre el uso de neurolépticos y la disminución de la sustancia gris y de la sustancia blanca, con aumento de los ganglios basales de manera dosis dependiente. Ante estos hallazgos los autores recomiendan una cuidadosa valoración del beneficio-riesgo en el uso de estos fármacos. Debiendo revisarse tanto las dosis como la duración del tratamiento, así como considerar el uso fuera de indicación de estos fármacos.
Hay que señalar que este concluyente estudio se publicó años después, en 2011, pues los resultados no fueron dados a conocer de una manera paternalista por los autores hasta años después por el miedo a un abandono del tratamiento por parte de los pacientes (54).
A pesar de que los datos parecen bastante relevantes como para cuestionar el uso de estos fármacos, los defensores de utilización de los mismos emplean el argumento de que una asociación en los estudios no necesariamente implica una relación de causalidad (55). Al mismo tiempo refieren que no es tan peligroso este efecto, por un lado porque la propia enfermedad lo produce y por otro porque otros fármacos de reconocida efectividad como la levodopa en Parkinson, o la difenilhidantoína en la epilepsia también producen efectos secundarios similares (56) (57) (58) (59).

DISCUSIÓN: ¿QUÉ DEBEMOS HACER?
A nivel clínico nos encontramos con fármacos efectivos a nivel sintomático a corto plazo y posiblemente perjudiciales de manera mantenida. Con el problema añadido de no tener parámetros concretos que diferencien una recaída de un síndrome de discontinuidad.
Con todo lo visto lo primero a señalar es que estos fármacos no deberían utilizarse fuera de indicación y menos en poblaciones tan vulnerable como son los ancianos, los niños y las personas con discapacidad intelectual.
En el caso de la esquizofrenia y otras psicosis, a la hora de abordar como manejamos esta medicación se nos plantean, de manera genérica, dos escenarios diferentes: Pacientes en un primer episodio o sin tratamiento previo y pacientes estables en tratamiento prolongado con neurolépticos.
1.- Pacientes en su primer episodio o en situación de descompensación psicótica sin tratamiento actual con neurolépticos:
1.1 Tener en cuenta que entre un 20-26% de personas diagnosticadas de esquizofrenia tienen una buena evolución (60) (61), y que un 20% de las personas diagnosticadas de esquizofrenia tendrán sólo un episodio (62). Necesitamos un mayor esfuerzo para poder identificar mejor a este grupo y recuperar la esperanza de que puede haber una buena evolución independientemente del uso de neurolépticos.(63) (64) (65) (66) (67) (68) (69).
1.2. Mientras no tengamos otros fármacos mejores, los neurolépticos no deberían ser el eje central del abordaje terapéutico Estamos obligados a considerar otras alternativas terapéuticas no farmacológicas (70).
1.3 En pacientes que comienzan tratamiento con neurolépticos debemos plantear una hoja de ruta considerando, dentro de la incertidumbre, tiempo y gradualidad de la retirada. Evidentemente sin plantear “tratamiento de por vida” en ningún caso.
1.4. Monitorización estrecha y un balance continuado entre riesgos y beneficios.
1.5 Dosis bajas de neurolépticos. La dosis terapéuticas parecen ser mucho más bajas que las que suelen utilizarse habitualmente y con mejores resultados (71) (72). Los estudios de ocupación de receptores apoyan que esta sea la línea de actuación desde el inicio (73). Un estudio en primeros episodios psicóticos determinó que una dosis de 1 mg de haloperidol mantenida durante 4 semanas fue útil para el 55 % de los pacientes y solo el 20% requirieron subir a 3 o 4 mg (74). Conociendo esto, cabe reconsiderar el uso que estamos haciendo de los neurolépticos en su utilización más como tranquilizantes que por el efecto antipsicótico lo que está ocasionando un exceso de medicación con el impacto negativo consiguiente (75). Siguiendo criterios de ocupación de receptores posiblemente podríamos utilizar los fármacos de manera más espaciada (76) (77) (78).
1.6 Hay acuerdo en la literatura en cuanto a la utilización de dosis bajas, pero tenemos mayor incertidumbre cuando hablamos del tiempo que debemos mantener esta medicación.
A pesar de haber pasado más de 50 años de la utilización de estos fármacos es sorprendente los pocos trabajos sobre eficacia en las primeros episodios. Y escasos y poco concluyentes a la hora de apoyar las recomendaciones de tratamiento prolongado. Existe un número pequeño de ensayos aleatorizados controlados con placebo que midan eficacia en el periodo inicial de la enfermedad. Una reciente revisión de la Cochrane Library plantea que la recomendación de las guías de mantener el tratamiento durante 6 a 24 meses no está sustentada con suficientes pruebas, puesto que proceden de estudios de pacientes con múltiples episodios anteriores (79). Necesitamos más estudios que comparen el uso de neurolépticos con otros tratamientos no farmacológicos. Curiosamente hay una preocupación cada vez mayor entre los investigadores al observar que la respuesta positiva al placebo está siendo cada vez mayor en estudios comparando con antipsicóticos. Datos que son interpretados más con preocupación, centrándose en el placebo, que con un espíritu crítico en los neurolépticos (80) (81).
2.- Pacientes estables en tratamiento prolongado con neurolépticos:
Al no tener predictores pronósticos adecuados y considerar que los neurolépticos tienen efecto preventivo (82), las guías clínicas recomiendan mantener la medicación para prevenir recaídas con la excepción de los episodios psicóticos breves (83). Pero la base de este efecto preventivo parte de pacientes en remisión con tratamiento farmacológico a los que se le retira la medicación pasándolos a placebo. Como hemos comentado antes, la creciente evidencia de un síndrome de discontinuidad hace pensar que exista un sesgo importante en los estudios, lo cual nos llevaría a que debe hacerse una revisión de los estudios que comparaban mantenimiento vs retirada de medicación.
Ya la propia NICE recoge el problema de salud con el tratamiento mantenido con neurolépticos refiriéndose al trabajo de Wunderink: “Si se replican, esto debería marcar un importantísimo cambio reduciendo los riesgos en el tratamiento a largo plazo asociado con los neurolépticos“ (84).
2.1 Ética del riesgo: Mientras llegan estos estudios no podemos quedarnos sin cambiar nada bajo la excusa de la incertidumbre. En pacientes que llevan un tratamiento prolongado con buena evolución nos encontramos por un lado, con un evidente riesgo al retirar, incluso de manera gradual, la medicación y por otro con el riesgo de que el mantenimiento pueda ocasionar más probabilidades de daño cerebral. Pero esta situación de incertidumbre no nos exime del deber de informar. Tendremos que analizar conjuntamente con el paciente los beneficios, los riesgos y los miedos. Sin olvidar que el riesgo no lo corremos los profesionales sino los pacientes. Hay dignidad en tomar un riesgo y puede haber una indignidad deshumanizadora en la seguridad (85).
2.2 El consentimiento informado (CI) debería estar más reglado dado los riesgos que conlleva el uso de estos fármacos. Hay que tener en cuenta dos errores en los que podemos caer los profesionales en el manejo de la información que no hay que olvidar es la base del CI: Por un lado ocultar información al paciente como medida de protección, (privilegio terapéutico), que fue lo que hizo Andreasen durante años con los resultados de su estudio. Por otro lado no dar la información correcta o hacer más énfasis en otros aspectos (decisiones silentes) (86). La información es un proceso continuo que se da dentro de un marco relacional asistencial y es más de calidad que de cantidad. Esto nos obliga a los profesionales a adaptarnos al estado intelectual y emocional que tenga la persona en ese momento. No será igual ante un paciente que lleva años estable tomando medicación y con la idea transmitida de tratamiento de por vida, que ante un paciente estable tras un primer episodio. Es trascendental no olvidar el papel de los familiares o cuidadores, pues va a ser difícil plantear la retirada o reducción de la medicación sin contar con su apoyo.
2.3 En caso de que tome la decisión de retirada gradual.
2.3.1 Esta debe hacerse preferiblemente en una etapa de estabilidad y con apoyo familiar y terapéutico estrecho.
2.3.2 No abandono: tras informar adecuadamente al paciente si el deseo de éste es dejar el tratamiento nuestra obligación será respetarlo sin abandonarlo porque creamos que es una decisión equivocada. El abandono por nuestra parte se va a relacionar con más probabilidad, con una retirada brusca de la medicación y por tanto con un mayor riesgo de complicaciones.
2.3.3 Decisiones compartidas: planes de crisis. Hay que ayudar a identificar pródromos de cara a poder elaborar conjuntamente un plan de crisis que se incluya dentro de un modelo más centrado en la recuperación, que tenga en cuenta los valores del propio paciente (87) (88) y cuente con el apoyo de pares (89) (90) (91).
2.3.4 Pautas de reducción: la pauta de reducción debe ser de alrededor del 10% de la dosis total en intervalos de cuatro a seis semanas. Hay que tener en cuenta que a mayor tiempo de tratamiento más lenta debería ser la reducción. En pacientes que han tomado medicación durante más de cinco años el tiempo de retirada debería ser de más de dos años (92).
A nivel institucional estamos obligados a cuestionarnos si no hemos organizado nuestra asistencia en torno al uso de unos fármacos que distan mucho de ser todo lo beneficiosos que pensábamos. ¿Qué pasaría si se confirmara la gravedad de lo visto hasta el punto de tener que retirarlos del mercado? ¿Podemos imaginar en estos momentos en nuestro entorno una práctica clínica sin neurolépticos? El tratamiento de personas con psicosis descansa sobre la medicación casi exclusivamente. Nuestras hospitalizaciones se hacen con ingresos muy cortos, sostenidos por el uso de altas dosis de medicación. A nivel ambulatorio, al carecer de suficientes recursos de apoyo cercanos, es impensable un abordaje sin medicación y también difícil el comienzo con dosis bajas. Todo hace pensar que debemos empezar a reflexionar sobre cambios organizativos de abordaje a los pacientes con psicosis. Cambios que pueden empezar por adecuar las dosis y los tiempos de tratamiento y continuar con la diseminación e implementación de recursos no basados en la medicación.
Vivimos tiempos de crisis en psiquiatría una vez más. Desde el comienzo de nuestra especialidad hemos ido viendo cómo tratamientos han funcionado durante unas décadas para poco a poco ir demostrándose su ineficacia y peligrosidad: la cura de Sakel, la malarioterapia, la lobotomía, los IMAO, los antidepresivos y ahora los antipsicóticos. De esta crisis tenemos que salir no abandonando herramientas científicas, sino fortaleciendo los aspectos éticos de nuestro trabajo que despierte a los profesionales de un letargo que dura décadas producido por la fascinación farmacológica y genere un mayor escepticismo crítico ante los supuestos avances.

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Javier Romero Cuesta. Psiquiatra.
Unidad Gestión Salud Mental del Área Serranía Málaga.
Centro de Salud Santa Bárbara Ronda.