El trastorno bipolar es una condición compleja que plantea desafíos tanto para quienes lo padecen como para quienes buscan tratarlo. En mi experiencia, no creo que una persona con este trastorno deba estar sometida a una fuerte medicación de manera permanente. Sin embargo, reconozco que en momentos críticos, los tratamientos farmacológicos pueden ser indispensables. Mi perspectiva es que estos deberían ser temporales y, en caso de requerirse de forma crónica, administrarse en dosis mínimas y cuidadosamente controladas.
Uno de los mayores riesgos de la medicación excesiva es la polimedicación, que puede llevar a una situación en la que, tras superar una crisis, la persona pierde la capacidad de afrontar la vida por sí misma. En lugar de recuperar su autonomía, termina dependiendo de los efectos de la medicación en su día a día.
Es cierto que las crisis mentales pueden disminuir las capacidades de quienes las padecen, especialmente si se comparan con su estado previo. Sin embargo, esto varía según el tipo de trastorno y la intensidad de las crisis. En muchos casos, es posible recuperar un desempeño similar al que se tenía antes. Es importante recordar que los medicamentos no restauran las capacidades mentales disminuidas; su función no es curar, sino paliar los síntomas.
Polimedicación en el trastorno bipolar
Quienes han experimentado un episodio maníaco intenso, técnicamente llamado episodio psicótico, saben que en ese estado se sienten relativamente bien y no perciben la enfermedad. En esos momentos, la medicación puede verse como la causante de devolverlos a un estado gris y poco deseable. Por eso, es común que la persona rechace tomar medicamentos, incluso después de superar la crisis. Esto suele interpretarse como un síntoma de manía, aunque ya haya pasado.
En mi caso, durante mi primer episodio, sentí claramente que no necesitaba medicación para estar bien. Sin embargo, tras superar la crisis y a pesar de sentirme mal debido a los calmantes, acepté que el tratamiento farmacológico fue necesario en ese momento.
El papel del insight y la estabilidad
Con el tiempo, he desarrollado lo que se conoce como insight (presentimiento), que me permite reconocer cuándo me acerco a un estado anormal. Entiendo que entrar en un estado de manía es un síntoma claro de que mi trastorno me está afectando, por lo que debo buscar ayuda y, si es necesario, medicarme para controlarlo. También he aprendido a identificar cuándo estoy estable y puedo actuar adecuadamente sin necesidad de medicación o con dosis mínimas.
En resumen, el tratamiento farmacológico no debe ser visto como una solución permanente, sino como una herramienta temporal o complementaria. La clave está en encontrar un equilibrio que permita a la persona vivir de manera autónoma y plena, sin depender exclusivamente de los medicamentos.