lunes, 25 de mayo de 2026

He aprendido a convivir con la bipolaridad



En estos momentos me encuentro mejor, saliendo adelante con mi vida, considero que he superado el duelo que implicó la tragedia que  me afectó durante la pandemia, como también el hecho de separarme, decidí fluir, alejarme de una situación que no me hace bien y seguir mi vida por un nuevo camino.

De nuevo estoy en una relación, he encontrado de nuevo un amor y he de seguir, la vida ha de continuar, todavía tengo ganas de vivir, siento que puedo hacerlo, convivo con mis problemas diarios, pero disfruto de compartir con personas que quiero, de saber que he hecho muchas acciones por mi vida, como también, por la vida de otros, aunque he sufrido por culpa de las vicisitudes del hecho de estar vivo, es una situación que considero natural; como pienso que la vida es una ratico, que aquí se viene a vivir y a morir, entonces se disfruta de la compañía de las personas cuando están y se añora a los que no están, mientras se ha de continuar hasta el final.

Respecto a mi dolencia del trastorno bipolar, ahí esta, no se ha ido, se que no se irá nunca, estoy en una etapa donde tengo desbalances pero son relativamente suaves, (porque mi experiancia los hace ver asi), donde puedo estar varios días de pronto una semana o hasta dos en un animo estable, pero luego vuelvo a tener oscilaciones de ánimo, tengo cortos periodos donde me voy un poco arriba por un día, máximo dos y la paso bien, para luego sufrir el rebote donde estoy también uno o dos días con el animo bajo, hasta que vuelvo a la estabilidad, en estos momentos la paso sin tomar medicamentos, comparando: Cuando tomaba medicamentos realmente no lograba evitar los desbalances, mas bien me mantenía en un estado de somnolencia, me sentía apagado, para cuando venían los desbalances estos eran mas fuertes, además de sentir los efectos primarios y secundarios de los medicamentos. Cuando no tomo medicamentos los desbalances son mas suaves además que no tengo los efectos desagradables de la medicación psicotrópica.

Considero que para mi fortuna he podido vivir la bipolaridad a mi manera, logrando convivir con este problema sin dañarme y sin afectar a los demás. Lo que vengo haciendo con mis imaginarios o mis fantasmas como los llamo, es que a pesar de sentirme el más poderoso en la manía, se que no lo soy por lo que no actúo como si lo fuera; al contrario cuando me siento el ser mas infeliz, se que esto no va con mi realidad, se que puedo seguir viviendo de buena forma cuando supere el bajón. 

Los fantasmas o mi manera de ser bipolar siempre estará ahí pero he aprendido a vivir bien y a comportarme de acuerdo con lo que se acostumbra para poder compartir socialmente con los demás, sin mayores inconvenientes. 

Dentro de este convivir actual no incluyo la medicación, acepto que ha sido un apoyo en momentos críticos y reconozco que me ha servido, pero en un día a día se convierte en otra carga, más que en un mecanismo estabilizador como dicen muchos. 


jueves, 21 de mayo de 2026

Psicofarmacos para el trastorno bipolar

 ¿Estabilizadores del ánimo o calmantes? La visión de la Dra. Joanna Moncrieff que todo paciente debería conocer

En el camino de convivir con el trastorno bipolar, una de las preguntas que más he hecho es: ¿qué hacen realmente los medicamentos dentro del cerebro? Hoy quiero compartir la perspectiva de la Dra. Joanna Moncrieff, una psiquiatra e investigadora que lleva años cuestionando las bases de la psiquiatría convencional y que nos invita a mirar el tratamiento con otros ojos.

La Dra Moncrief no trata de demonizar la medicación, sino de entenderla desde una visión que para mí concepto es la más realista.

El modelo centrado en el fármaco: un cambio de mirada

La Dra. Moncrieff propone algo revolucionario: pasar del modelo "centrado en la enfermedad" al modelo "centrado en el fármaco". ¿Qué significa esto?

· El modelo tradicional, (centrado en la enfermedad) el que probablemente te han explicado alguna vez, asume que los medicamentos psiquiátricos corrigen un desequilibrio químico del cerebro, como la insulina trata la diabetes.

· En cambio, Moncrieff sostiene que estos fármacos son sustancias psicoactivas que generan un estado alterado del funcionamiento cerebral. Ese estado puede suprimir o enmascarar los síntomas emocionales o conductuales. Lo impactante es que esto ocurre en cualquier persona, tenga o no un diagnóstico.

Lo que realmente hacen los estabilizadores del ánimo

Para Moncrieff, el término "estabilizador del ánimo" es, como mínimo, problemático. Según su revisión, fármacos como el litio, el valproato o los antipsicóticos que se usan para el trastorno bipolar no estabilizan nada anormal. En realidad, ejercen un efecto sedante y de inhibición neurológica general. Dicho de otro modo, pueden atenuar los episodios de hiperexcitación (manía) porque reducen la actividad mental y física, no porque estén corrigiendo una supuesta causa específica.

Y aquí viene otro punto delicado. Moncrieff advierte sobre los riesgos del uso a largo plazo y a dosis altas. En sus investigaciones señala que el uso continuado de antipsicóticos podría estar asociado con efectos como la atrofia cerebral. Por eso insiste en que los beneficios de la medicación preventiva a largo plazo deben sopesarse con honestidad frente a estos posibles daños.

Su propuesta: decisiones informadas y compartidas

La conclusión de la Dra. Moncrieff no es un rechazo absoluto a los medicamentos, sino un llamado urgente a la toma de decisiones informada y compartida. Algo que, como pacientes, debería ser nuestro derecho básico.

· Útil en crisis agudas: Reconoce que el efecto sedante de los fármacos puede ser un alivio bienvenido durante un episodio severo de manía o psicosis, ayudándonos a moderarnos.

· Transparencia total: Insiste en que los médicos deberían explicarnos que estos fármacos actúan como sedantes, no como correctores de un desequilibrio químico que no es claro que exista. Necesitamos conocer tanto los efectos psicoactivos reales como los riesgos del consumo a largo plazo.

· Decisiones individualizadas: Con esa información en la mano, cada persona diagnosticada puede decidir, junto con su clínico, cuál es la mejor estrategia a largo plazo: mantener un tratamiento farmacológico preventivo (siendo consciente de sus riesgos) o implementar otras estrategias de manejo y afrontamiento para posibles crisis futuras.

En esencia, el enfoque de la Dra. Moncrieff nos empodera. Nos exige transparencia sobre lo que las pastillas realmente hacen: inducir un estado alterado que puede ayudarnos en momentos puntuales, pero que no es una "cura química" libre de consecuencias.

viernes, 8 de mayo de 2026

Neutralizando el sufrimiento


Neutralizando el sufrimiento:

Cómo la medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias.


Introducción

Está es una traducción hecha con la ayuda Google y en la redacción con ayuda de ChatGPT con algunas correcciones mías para hacerla mas entendible, de un artículo científico escrito por la Dra Joanna Moncrieff.

En el artículo se aborda la evolución de la medicalización de la angustia a lo largo del tiempo y sus implicaciones. Se destaca que, a lo largo de las décadas, la generalización del uso de medicamentos de prescripción para los problemas mentales ha llevado a la creciente medicalización de la vida cotidiana, afectando la relación que las personas tienen con sustancias psicoactivas. Se ejemplifica con la historia de John Barton, un trabajador del siglo XIX adicto al opio, comparándolo con la situación actual en la que personas como él serían diagnosticadas con depresión y se les ofrecerían medicamentos como Prozac en lugar de opio.

El ensayo critica la creencia de que los medicamentos psiquiátricos pueden rectificar trastornos mentales al atacar un mecanismo subyacente, argumentando que esta idea ha contribuido a la desaparición de la comprensión anterior de las sustancias psicoactivas. Además, señala cómo las compañías farmacéuticas han promovido nuevos trastornos para ampliar el mercado de antidepresivos, como el trastorno bipolar.

La Dra Moncrieff destaca la contradicción en la percepción de las drogas, donde la medicación prescrita se considera aceptable, mientras que las sustancias recreativas son vilipendiadas. Se menciona la comercialización exitosa de antipsicóticos para la depresión y el trastorno bipolar, señalando las consecuencias graves de estos medicamentos.y en última instancia,  sugiere que las demandas y presiones de la vida moderna han contribuido a una sociedad donde la insatisfacción es generalizada, proporcionando un terreno fértil para la industria farmacéutica y las profesiones psicológicas.

Los párrafos anteriores presentan un resumen del artículo completo escrito como un paper científico, con las fuentes de dónde se basó para su escritura 




Joanna Moncrieff es una de mis referentes respecto a los conceptos sobre los medicamentos psiquiátricos; psiquiatra británica y académica conocida por su crítica a la medicalización excesiva de la angustia y la psicopatologización de problemas sociales. Ha abogado por un enfoque más crítico y contextualizado en el tratamiento de los trastornos mentales, cuestionando la idea de que los medicamentos psiquiátricos aborden problemas subyacentes específicos.

Moncrieff es profesora y jefa de la Sección de Psiquiatría Social en el University College London (UCL). Ha escrito numerosos artículos y libros que exploran temas relacionados con la psiquiatría y la medicalización, y su trabajo ha contribuido a debates críticos en el campo de la salud mental. Su perspectiva destaca la importancia de considerar factores sociales y contextuales en la comprensión y tratamiento de las dificultades emocionales y mentales

A continuación se presenta el artículo completo:


Neutralizando el sufrimiento:

Cómo la medicalización de la angustia borra su significado y genera ganancias.


@joannamoncrieff / 11 de marzo de 2014

  Las personas han usado sustancias psicoactivas para mitigar y amortiguar el dolor, la miseria y el sufrimiento desde tiempos inmemoriales, pero solo recientemente, en las últimas décadas, las personas se han convencido de que lo que están haciendo en esta situación se considera correctamente como tomar un remedio para una enfermedad subyacente.

  La generalización del uso de medicamentos de prescripción ha ido de la mano con la creciente medicalización de la vida cotidiana y la correspondiente pérdida de la relación anterior que las personas tenían con las sustancias psicoactivas.

   La novela de Elizabeth Gaskell, Mary Barton, iba a llevar originalmente el nombre del padre de Mary, John Barton,un obrero de fábrica adicto al opio (1); la novela describe la inimaginable pobreza y explotación del Manchester industrial que hizo del olvido inducido por el opio un atractivo escape, aunque Gaskell desaprobaba claramente la adicción de John, al lector no le queda ninguna duda de que el consumo de opio en la Gran Bretaña del siglo XIX era un síntoma de un profundo malestar social, John es una víctima de su entorno social, junto con el dolor abrumador de perder a su amada esposa, los cuales se cree que contribuyeron al declive gradual de John hacia el letargo y la beligerancia inducidos por las drogas.


  Hoy en día, John Barton sin duda sería diagnosticado con depresión, y se le ofrecería Prozac y Zopiclona en lugar de opio; Le dirían que aunque los "factores sociales" podrían haber precipitado sus sentimientos, sufría de un desequilibrio químico subyacente, que las drogas podrían ayudar a remediar. En lugar de tomar una sustancia con cuyas propiedades estaba familiarizado, por muy destructivas que resultaran, estaría tomando algo cuyos efectos en la psique humana nunca se han investigado adecuadamente y apenas se describen. Se desalentaría de evaluar cómo le afectaban las drogas, de averiguar si ayudaban o entorpecían sus actividades diarias, o si sus efectos eran agradables o desagradables. Además, al sugerir que el problema estaba en su cerebro, se le haría creer que las circunstancias en las que vivía y trabajaba, la pérdida de su esposa y la pérdida de su trabajo eran meramente detalles incidentales, y que desafiar su situación sería bastante inútil e irrelevante para su estado de ánimo. Cuando el primer lote de píldoras inevitablemente no lograba erradicar su desesperación, se le ofrecían otras curas milagrosas para mejorar o reemplazar las primeras.

  Los lectores de la versión moderna de Mary Barton no despertarían una ira e indignación justificadas por el estado de los pobres urbanos, como se pretendía que sucedieran los lectores de escritores como Gaskell y Dickens. Solo sentirían lástima por el desafortunado personaje cuyo maquillaje defectuoso lo llevó a su ruina.

  Hemos sido alimentados con un mito sobre la naturaleza de las drogas psiquiátricas durante décadas, el mito de que pueden rectificar los trastornos mentales al atacar un mecanismo subyacente. Nos han dicho que son tratamientos específicos, en la misma línea que la insulina para la diabetes, que actúan revirtiendo las anomalías que dan lugar a los síntomas de un determinado trastorno. A medida que esta idea se ha arraigado, hemos llegado a comprender cada vez más nuestros problemas diarios en términos de las sustancias químicas de nuestro cerebro (2), y en el proceso contribuye aún más a la desaparición de la comprensión anterior de la naturaleza de las sustancias psicoactivas y cómo modular estados psicológicos.

   Las drogas ahora se han dividido claramente en buenas y malas: la medicación prescrita que la gente debe tomar por muy mal que la haga sentir, y las sustancias 'recreativas' que son cada vez más ya menudo históricamente vilipendiadas (3). Al mismo tiempo que se les dice a las personas que no deben dejar de tomar su antidepresivo, se les recuerda constantemente los peligros del alcohol y el canabis. Se alienta a las personas a buscar supresores emocionales lícitos y recetados, pero se las menosprecia (y se las procesa si se trata de la sustancia equivocada) por buscar placer a través de medios químicos. El ciudadano moderno está atrapado en un flujo constante de mensajes contradictorios.

  David Healy ha descrito la transformación de los "nervios cotidianos" a principios de la década de 1990 a través de la comercialización de los nuevos antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como Prozac y Seroxat (4). Problemas que antes se concebían como ansiedad, para ajustarse a los estereotipos retratados en la comercialización de las benzodiazepinas, comenzaron a entenderse como un trastorno del estado de ánimo, y la noción de 'depresión' se expandió para abarcar casi todas las formas de insatisfacción y descontento. Las compañías farmacéuticas tuvieron cuidado de comercializar su nueva gama de medicamentos para la depresión como medicinas, que funcionaban al revertir la bioquímica defectuosa del individuo. El tardío reconocimiento de que las benzodiazepinas inducían dependencia, junto con las críticas a su uso generalizado como un pacificador químico para el receptor sobrecargado o frustrado, generalmente femenino, había amenazado con desacreditar toda la empresa del tratamiento masivo de la miseria común o corriente. Los ISRS debían presentarse como algo diferente, como una cura nueva y milagrosa para una enfermedad de buena fe, una enfermedad que, por una misteriosa coincidencia, solo había sido plenamente reconocida cuando los ISRS entraron en escena. Así que las compañías farmacéuticas se dedicaron a comercializar la teoría de la depresión de la serotonina, arrasando con gran parte de las profesiones psíquicas, con solo unas pocas voces solitarias señalando tardíamente que el emperador estaba desnudo (5). como una cura nueva y milagrosa para una enfermedad de buena fe, una enfermedad que, por una misteriosa coincidencia, solo había sido plenamente reconocida cuando los ISRS entraron en escena. Así que las compañías farmacéuticas se dedicaron a comercializar la teoría de la depresión de la serotonina, arrasando con gran parte de las profesiones psíquicas, con solo unas pocas voces solitarias señalando tardíamente que el emperador estaba desnudo (5). como una cura nueva y milagrosa para una enfermedad de buena fe, una enfermedad que, por una misteriosa coincidencia, solo había sido plenamente reconocida cuando los ISRS entraron en escena. Así que las compañías farmacéuticas se dedicaron a comercializar la teoría de la depresión de la serotonina, arrasando con gran parte de las profesiones psíquicas, con solo unas pocas voces solitarias señalando tardíamente que el emperador estaba desnudo (5).

   El éxito de Prozac inspiró un frenesí de actividad, con empresas compitiendo por hacerse con una parte del enorme mercado de los antidepresivos. Cuando se saturó la capacidad de persuadir a las personas de que estaban deprimidas, se promovieron nuevos trastornos para atraer a más sectores de la población y extender las patentes de los nuevos antidepresivos. Trastornos como el trastorno de ansiedad social y el trastorno disfórico premenstrual fueron promovidos por campañas ostentosas orquestadas por empresas de relaciones públicas disfrazadas de organizaciones de base (6).

   A fines de la década de 1990, los fabricantes de antipsicóticos atípicos también comenzaron a fijarse en este mercado y se dedicaron a construir un problema esencialmente nuevo, que ocultaron bajo el antiguo concepto de "depresión maníaca" que se asimila al trastorno maníaco depresivo el cual es un problema mental grave. El nuevo pensamiento sugería que 'la depresión era sólo la mitad de la historia' (7) (P 190), y que los altibajos emocionales eran una condición patológica que se clasificaba bajo la rúbrica de 'trastorno bipolar'. Se alentó a las personas a monitorear sus estados de ánimo con "diarios de estados de ánimo" para detectar la condición, y hordas de personas comenzaron a identificar sus experiencias de esta manera, incitadas por el respaldo de celebridades como Stephen Fry.
 
   Eli Lilly obtuvo una licencia para el uso de Zyprexa en el trastorno bipolar I (el nuevo nombre para el antiguo concepto de depresión maníaca) en 2000, pero la población objetivo nunca fue el pequeño número de personas con esta condición rara y grave. El objetivo, como se revela en los anuncios y en los documentos internos filtrados conocidos como los "papeles Zyprexa", era la enorme población de personas que actualmente se identificaban como deprimidas, preocupadas, infelices, inestables o casi cualquier persona a la que se pudiera persuadir de que había algo malo en su vida (8).

'  Zyprexa equilibra las sustancias químicas que se encuentran de forma natural en el cerebro', se nos habla del nuevo éxito de taquilla de Lilly (9), una declaración que no ofrece indicios de las graves consecuencias metabólicas, el aumento masivo de peso y la reducción del volumen cerebral que puede producir la droga (10), o los grandes acuerdos que Lilly ha hecho con litigantes en Estados Unidos y Canadá (11). Lilly no está sola. Los fabricantes de Seroquel, otro antipsicótico 'atípico', también han posicionado su producto en el mercado de la depresión y el trastorno bipolar, asegurando con éxito que también se convierta en uno de los medicamentos más vendidos de todos los tiempos (12). La combinación de obtener licencias para condiciones vagas y fácilmente ampliables, con la comercialización ilegal para indicaciones sin licencia (13) ha asegurado que los antipsicóticos, una vez reservados para el tratamiento de los más gravemente perturbados, han escapado del asilo ahora metafórico y en la comunidad. Son el 'opio del pueblo' más nuevo.

    Es posible que las personas que viven en las sociedades occidentales ya no sufran las desesperadas privaciones materiales de personas como John Barton, sino las demandas y presiones de la vida moderna, la competitividad, la gestión del desempeño, la creciente inseguridad, la desigualdad, la constante transmisión de riqueza, extravagancia y poder en los hogares de la gente común, contribuyen a una sociedad donde todos se sienten inadecuados e insatisfechos, y nadie está seguro: terreno fértil para la industria farmacéutica y las profesiones psicológicas. Desde este punto de vista, la tragedia de John Barton fue que al vengarse del hijo del dueño del molino, dejó el sistema no sólo intacto, sino fortalecido. ¡Al menos no pensó que el enemigo era su cerebro!

    Este ensayo fue escrito por primera vez como un tributo al profesor Mark Rapley, QEPD, para una edición conmemorativa especial del Foro de Psicología Clínica.

Referencias

(1) Gaskell E. Mary Barton. Londres: Penguin Books; 1848.
(2) Rose N. Convertirse en sí mismos neuroquímicos. En: Stehr N, editor. Biotecnología, Comercio y Sociedad Civil. New Brunswick, New Jersey: Transaction Publishers; 2004. pág. 89-128.
(3) DeGrandpre R. El Culto de la Farmacología. Cómo Estados Unidos se convirtió en la cultura de drogas más problemática del mundo. Durham, Carolina del Norte: Duke University Press; 2006.
(4) Healy D. Dando forma a lo íntimo: influencias en la experiencia de los nervios cotidianos. Soc Stud Sci 2004 abril; 34 (2): 219-45.
(5) Lacasse JR, Leo J. Serotonina y depresión: una desconexión entre los anuncios y la literatura científica. PLoS Med 2005 Dic;2(12):e392.
(6) BI de Koerner. Trastornos hechos a la medida. Mother Jones 27 [julio/agosto]. 2002.
(7) Healy D. Mania: una breve historia del trastorno bipolar. Baltimore, MD: Prensa de la Universidad John Hopkins; 2008.
(8) SpielmansGI. La promoción de la olanzapina en la atención primaria: un examen de los documentos internos de la industria. Soc Sci Med 2009 Jul;69(1):14-20.
(9) Eli Lilly. Cómo funciona Zyprexa. www zyprexa com/schizophrenia/pages/howzyprexaworks aspx 2011 [citado el 25 de marzo de 2011]; Disponible en: URL: http://www.zyprexa.com/schizophrenia/pages/howzyprexaworks.aspx
(10) Dorph-Petersen KA, Pierri JN , Perel JM, Sun Z, Sampson AR, Lewis DA. La influencia de la exposición crónica a medicamentos antipsicóticos en el tamaño del cerebro antes y después de la fijación del tejido: una comparación de haloperidol y olanzapina en monos macacos. Neuropsicofarmacología 2005 Sep;30(9):1649-61.
(11) Boyle T. Acuerdo de demanda colectiva en drogas para la esquizofrenia. healthzone ca 2010 30 de junio [citado el 12 d. C. el 30 de noviembre]; disponible en: URL: http://www.healthzone.ca/health/newsfeatures/article/830750–class-action-settlement-in-drug-for-schizophrenia
( 12) Thase ME, Macfadden W, Weisler RH, Chang W, Paulsson B, Khan A, et al. Eficacia de la monoterapia con quetiapina en la depresión bipolar I y II: un estudio doble ciego controlado con placebo (estudio BOLDER II). J Clin Psychopharmacol 2006 Dic; 26 (6): 600-9.
(13) Departamento de Justicia de los Estados Unidos. La compañía farmacéutica Eli Lilly pagará un récord de $ 1.415 mil millones por la comercialización de medicamentos fuera de etiqueta. www.justicegov/usao/pae/News/Pr/2009/jan/lillyreleaase pdf 2009 enero 15:1-4.