viernes, 6 de junio de 2014

Reflexiones para mi diario bipolar

Estoy un poco retirado de este blog, causas estoy envuelto en las entretenciones fáciles de internet, de  los computadores, de los celulares, aunque no tengo un perfil activo fuertemente en facebook u otras redes sociales, dedico mi tiempo de entretenimiento a otras cosas banales, ademas he tenido algo de trabajo.  Mi problema de tb ha estado mas bien calmado, no he vuelto a tener desvelo, por lo tanto en mi caso no he sentido altibajos emocionales, es importante para mi estar aliviado; es estar aterrizado en la cruel realidad, no es que pueda hacerme feliz, como tampoco el estar enfermo siempre me haga estar triste, porque en una manía podemos estar felices aunque estemos hundidos en lo mas profundo, lo que significa estar aliviado del trastorno bipolar: Es que los sentimientos que se tienen están de acuerdo con las circunstancias, no en contravía o amplificados.

Estoy en la alienación de los medios actuales, demás que si estuviera en otro tiempo también encontraría alineación en otras cosas, el presente mio se puede decir que es bueno, dentro de una familia estándar, con una comprensión de mis allegados de mi problema mental, que casi se puede decir que pasa desapercibida.  En este momento que estoy sin síntomas de trastorno bipolar, mi situación económica aunque no es boyante, no es mala, me permite sufragar los gastos necesarios, quedando algo para lujos y comodidades, como también para tener la esperanza de una futura vejez cómoda, gracias a inversiones que he realizado.

Me emociona saber que tengo mas de cien mil visitas a mi blog, esto no significa que cien mil personas me hallan leído, la mayoría de las visitas son hechas por máquinas guiadas por programas de buscadores, indexadores o por programas espías: Buscando algo raro en los blogs, también de personas que buscan información no necesariamente del tema del trastorno bipolar, si no por búsqueda a partir de  palabras semejantes son llevadas a mi blog, descubren que no es lo que querían y simplemente pasan de largo, también por personas interesadas en temas relacionados a los que trato, pero que al no encontrar exactamente lo que quieren también pasan de largo, sin embargo, un pequeño porcentaje de estas visitas se puede decir que es realmente por interés del tema y que se queda al menos un tiempo leyendo alguna entrada o de pronto busca otras, esto es lo que se busca cuando escribo, saber que de pronto hay un numero aunque pequeño de personas que realmente lo han leído con interés, que lo que expresa una persona ordinaria sin muchas pretensiones, sin mucha calidad desde el punto de vista de escritura es recibido por otros, es gratificante, es lo que me impulsa a pensar en seguir escribiendo.

Este blog me ha permitido compartir opiniones con personas iguales a mi, simples pacientes con sus sufrimientos que cuentan su historia en otros blogs o en sus comentarios, muchas veces se encuentra como han hecho para superarse, como viven con este trastorno mental o con otros, teniendo vidas normales.

Me alegra mucho recibir comentarios, aun de los que me critican, pues son la retroalimentación que me permite reflexionar y poder mejorar en lo que escribo, como también que me permiten nuevos conocimientos respecto a las dolencias que tengo, porque de la gente ordinaria como yo u otros pacientes se puede aprender mucho, igual que de artículos científicos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Otra pagina de mi diario bipolar

De nuevo con sentimientos encontrados, estoy unas veces algo acelerado, otras como en este momento algo deprimido.

Mis emociones casi nunca son bien claras, esto lo provoca mi enfermedad, me considero demasiado sensible ante las situaciones negativas, lloro fácilmente ante hechos que afecten mi entorno cercano, como también ante cuestiones banales: Leer cosas tristes así sean de ficción, ver dramas en cine o televisión.  Como dato curioso no puedo evitar llorar al empezar a ver la película UP, por lo que no la he podido ver completa, solo soporto ver las escenas del final, pero aun así me entristezco cuando las veo, pero también tengo mi lado duro, soy dado a enojarme y a veces a salirme de las casillas ante situaciones cotidianas que me pueden causar problemas con otros.

En este momento estoy sin proyectos de mi especialidad, solo atiendo rutinariamente una serie de cuestiones que me permiten obtener ingresos limitados pero suficientes para mi cotidianidad, pero no implican una carga laboral completa, como sucede al obtener contratos de obras o contratos de trabajo temporal, estoy como se puede decir desempleado.

Como tengo trabajo por temporadas, el estar sin muchas obligaciones en este momento me pone tenso, aunque me permite entre otras cosas disponer de tiempo para escribir, tal como lo hago ahora.

A excepción de ayer he estado durmiendo bien, aunque no me desperté en la madrugada, si tardé algo en dormirme, dormí solo unas 6 horas, esto no conviene para mí, las consecuencias es lo que vengo sintiendo y relatando.

Estoy a la espera de si entro en insomnio tomar algo para controlarlo, por lo demás solo sigo tomando mi medicamento de control, el cual consiste en un solo tipo de pastillas, que considero soporto y que me viene funcionando.



martes, 25 de marzo de 2014

Un bipolar en primavera por: Rafael Narbona

Me sigo tomando el atrevimiento de reproducir entradas del blog de Rafael Narbona, dado que tuve el permiso de parte de él, en el caso de un post anterior.

A continuación presento otro post donde trata de forma precisa los sentimientos de una persona que sufre esta dolencia, donde aún estando en un periodo de cierta normalidad, los sentimientos están afectados.

La entrada original la pueden encontrar en un bipolar en primavera http://rafaelnarbona.es/?p=7068#more-7068



UN BIPOLAR EN PRIMAVERA


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Hace unas semanas me encontraba tan bien que me planteaba si los médicos no se habían confundido en mi diagnóstico. No es la primera vez que me sucede y creo que es una vivencia común entre ese 25% de la población mundial, con alguna clase de trastorno mental. Desde hacía mucho tiempo, no experimentaba picos de euforia ni estados depresivos. Los últimos meses se habían mostrado particularmente benévolos, ahuyentando la melancolía y sembrando la esperanza. No pensé que la proximidad de la primavera se aliaría con la imperfección de las relaciones humanas para desencadenar una recaída depresiva. He escrito un libro sobre mi interminable litigio con el trastorno bipolar, pero creo que muchos aún no han comprendido la naturaleza de esta enfermedad. Sólo los que conviven conmigo han captado las turbulencias que se desatan en mi interior y han aprendido a no alimentarlas con torpezas o reacciones intempestivas. Miedo de ser dos recrea mis cincuenta años de vida, prestando una especial atención a los últimos veinte, que constituyen el escenario de mis crisis. En esas dos décadas mi cerebro ha soportado el asedio de la psicosis maníaco-depresiva, una patología insidiosa y recurrente que nunca se da por vencida. Ahora me dispongo a librar un nuevo asalto, convencido de que esta vez la muerte no será una tentación, sino un lejano telón de fondo. No anhelo morir, pero agradezco que nuestro tiempo no sea ilimitado. Si el ser humano viviera eternamente, su peripecia se parecería al martirio de Sísifo, pero sin la grandeza de los mitos.
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¿Por qué me quejo de la incomprensión ajena? Algunos olvidan que el rasgo diferencial de una mente herida no es el talento, sino la extrema vulnerabilidad. Ser vulnerable significa que estás más expuesto al dolor y posees menos recursos para enfrentarte con la adversidad, incluso cuando ésta se presenta como algo trivial e insignificante. Ya no me produce angustia conducir, pero cualquier trámite que altere mi rutina me aterra. Enviar un giro postal, rellenar un impreso, realizar una gestión en el banco, hablar con un amigo. Vivo en una casa de campo bordeada por la estepa castellana. No me gusta la dureza de esta tierra, con sus campos desnudos y sus temperaturas extremas. Lejos del mar, la llanura escatima el frescor, la brisa, la ternura. No se pueden establecer analogías con el desierto, pues el desierto es un espacio tan enigmático como el universo o el océano. Su vacío es una forma de plenitud. En cambio, la planicie de la meseta es tan áspera como una plegaria que no espera respuesta. No hay nada más desolador que sentir el silencio de Dios, corroborando que el anhelo de un más allá sólo es una fantasía infantil. Las montañas del horizonte, con sus crestas blancas, acentúan la desolación del que camina solo, sorteando surcos, piedras y retamas, pues la felicidad parece algo muy lejano y casi inaccesible.  Yo no pertenezco a este paisaje, pero me refugio en él, pensando que más allá comienza el mundo, con sus tensiones y conflictos. La tentación de aislarse es casi irresistible, pues el trato con los otros resulta tan hiriente como observar la agonía de un niño enfermo. Algunos no advierten ese sufrimiento y no lo entienden. No puedo reprochárselo, pues yo tampoco lo comprendo. Casi todos nos debatimos en la telaraña de nuestro propio ego y somos incapaces de entender al otro, particularmente cuando su cerebro es una copa de cristal a punto de estallar.
En Miedo de ser dos, hablo muchas veces de la luz como una fuente de alegría y serenidad, pero lo cierto es que la luz primaveral es cruel e implacable. Penetra en nuestros ojos con la fiereza de un cuchillo, abriéndose paso hasta la glándula pineal. Sé que la luz de marzo ha afectado a mi secreción de melatonina, la hormona que regula los ciclos circadianos y los estados de ánimo. Somos pura química, pero nuestra conciencia se rebela contra ese hecho elemental. No soportamos ser simple biología, desplegándose de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Pienso que lo único trascendente es nuestra capacidad de poetizar nuestro paso por el mundo. Estamos abocados a desaparecer sin dejar huella. No sólo morirá nuestro yo. Beethoven, Shakespeare, la pintura de Rembrandt, las Ideas platónicas y las ecuaciones de Einstein son piruetas efímeras en la vida del universo. Nada podrá evitar que caigan en el olvido. Desconocemos lo que nos precede y lo que surgirá cuando ya no estemos aquí. Somos transeúntes, simples vagabundos, que viajamos del centro a los márgenes y de los márgenes a la nada. La luz se enreda en nuestras vidas, provocando reacciones paradójicas. Este año la luz me ha desequilibrado, pero en otras ocasiones me ha ayudado a continuar. Recuerdo una tarde de desolación a los diecisiete años. En esas fechas, no se hablaba de bipolaridad y yo no sabía casi nada sobre la mente humana. Simplemente, experimentaba una tristeza intensa y contemplaba el futuro con un pesimismo irreductible. Me encontraba en Guadarrama y había pasado toda la tarde en la cama, demorando el encuentro con el mundo exterior. Por mi cabeza rondaba la idea del suicidio. Era un joven solitario e inadaptado. La muerte de mi padre había dejado un profundo vacío en mi interior. No tenía amigos. No me entendía con los chicos de mi edad. Era la época de las discotecas, el alcohol, las drogas y las hormonas desbocadas. El compromiso político ya no estaba de moda y la Movida ya había empezado a mostrar su rostro estúpido y reaccionario. Alaska y su corte de imitadores presumían de ser frívolos y consumistas. El esnobismo adquiría rango de categoría estética y las letras insustanciales (“Terror en el hipermercado / Horror en el ultramarinos / Mi chica ha desaparecido / y nadie sabe cómo ha sido / no, oh”) reemplazaban a las canciones que habían servido de inspiración a las generaciones anteriores  (“Sólo le pido a Dios / Que el dolor no me sea indiferente / Que la reseca muerte no me encuentre / Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”). Mi afición a la literatura me hacía fracasar en todos los frentes. Cosechaba suspensos, pues dedicaba las horas de estudio a leer a Tolstoi, Chejov, Nietzsche o Borges, aunque muchas veces no los entendiera. No lograba integrarme en ninguna pandilla. Después de cometer unas cuantas fechorías entre los catorce y los dieciséis años, me había transformado en un chico tímido e introvertido. Odiaba bailar y beber. No soportaba el tabaco y las drogas me inspiraban miedo y repugnancia, lo cual no significa que años más tarde no sucumbiera a los paraísos artificiales, pagando un tributo exiguo a un dios que devoró las vidas de algunos amigos de mis años universitarios. Las chicas no me hacían mucho caso. Era bajito y parecía más joven, casi un niño. Pasar las horas en el Parque del Oeste con los cuentos de Julio Cortázar o las novelas de Hermann Hesse, no incrementaba mi atractivo, al menos en aquella época. Los libros me acompañaban día y noche, pero eran como las velas desgarradas de un barco que zozobra sin remedio. Viajarían conmigo hasta el fondo del océano, pero no evitarían que me ahogara.
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No sin un enorme esfuerzo, logré levantarme de la cama y salí al exterior. Me subí a una bicicleta y empecé a pedalear sin rumbo fijo. Era julio o agosto. No hacía demasiado calor y la luz se filtraba por la copa de los árboles. La claridad se deslizó suavemente por mis ojos y mi estado de ánimo cambió súbitamente. De repente, experimenté rabia, alegría, rebeldía. Pensé que vivir merecía la pena. Mis fracasos dejaron de pesarme como una prolongada condena de prisión. Mis sentidos se pusieron alerta. Debía registrar cada detalle en mi mente. Cuando regresara a mi habitación, escribiría. Escribiría sobre las casas de piedra que aún sobrevivían entre construcciones nuevas, con fachadas insulsas y ventanas de aluminio. Escribiría sobre los árboles centenarios, que extendían su sombra en la plaza del pueblo, acogiendo con la misma generosidad a jóvenes y ancianos. Escribiría sobre los desconocidos, a los que atribuía una felicidad inaudita. No recuerdo si escribí algo, pero no he olvidado que la idea de escribir me transmitió esperanza y me liberó temporalmente de la tristeza. He necesitado cincuenta años para completar un libro. Espero que sólo constituya el inicio de una obra que crecerá poco a poco. Escribir no es una elección, sino mi forma de vivir. Cuando dejo de escribir, de alguna manera dejo de vivir. La primavera se ha enseñado con mi cerebro durante unos días, pero ya estoy mejor. He conseguido romper el maleficio antes de que sellara todas las puertas. Escribir es un comienzo y un final. Escribir es mi vida y mientras logre decir algo, ligar las palabras y expresar una idea, un recuerdo o un sentimiento, tendré la certeza de que el abismo ha quedado atrás. La luz de marzo ya no es una caída interminable, sino la claridad que me reconcilia con el insólito hecho de existir.
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RAFAEL NARBONA

jueves, 13 de febrero de 2014

Cuando era bipolar y no lo sabía.

He leído bastante respecto a la bipolaridad en los niños y casi siempre se encuentra lo mismo, cuando se trata de definirlo:  Se dice que son niños demasiado inquietos, que no se concentran, inestables emocionalmente, en una pagina web encontré una definición que trascribo textualmente la cual no comparto: " el trastorno bipolar en los niños deteriora considerablemente la capacidad funcional en el colegio y las relaciones con los compañeros y la familia. Muchos niños con trastorno bipolar tienen discapacidades simultáneas y una baja autoestima."



Sin embargo, mi caso y de pronto otros, que son poco reseñados, sobre los cuales he encontrado en algunos textos: Se habla de todo lo contrario, sobre personas que son bipolares ahora; pero, en su niñez fueron muy diferentes a lo que se define ahora como los síntomas de un niño con trastorno bipolar.

En mi niñez fui muy estable, mas bien introvertido no era lo que se dice demasiado inquieto, tenía una buena autoestima y no se me dificultaba concentrarme, la descripción de como fui en esos días puede estar en el lado contrario, poseía un don de aprendizaje el cual me permitía rendir a un máximo académico, con un mínimo de esfuerzo, con solo leer una vez un texto o si el profesor era bueno y explicaba muy bien el tema, era suficiente para grabarlo, muchas veces sin tomar buenas anotaciones, para posteriormente sacar las máximas calificaciones.

Aunque considero que cuando niño no fui lo que se dice un alumno problemático, si fui bastante crítico en mis apreciaciones, lo que me llevo a tener problemas leves con algunos profesores, los malos, que afortunadamente para mi, eran pocos en el colegio donde estudiaba, porque muchas veces adelantaba o profundizaba en el tema a tratar y desde muy corta edad me atrevía a contradecirlos.

En el colegio solo tuve inconvenientes algo fuertes en las clases de religión, que no pasaron de esta materia como tal, pues mi colegio era laico y los problemas con la religión como materia solo se suscribieron a esta asignatura, como es un tema que para mi no posee una base concreta, llegar a unas conclusiones claras no me eran aceptables a mi edad juvenil, esta situación la superé gracias a mi padre que me hizo ver que no ganaba nada al respecto contradiciendo a los demás, algo que también tuvo que hacer él y de una forma mas violenta en su época, ya que lo que yo hacia no era tan horrible en la época que me toco (años 1980s), pero si lo era en los años de su niñez y juventud (1940 a 1950), me recomendó que viera la religión como parte de la literatura, como una base de historias antiguas muchas ficticias, sobre las cuales se basaban muchas personas modernas para actuar y que aunque para mi parecer estaban equivocadas, debía dejar y respetar que creyeran, porque eso es la libertad de culto, que se debe ser flexible en esto, era mejor que llegar a los extremos que le toco vivir cuando la gente se mataba por sus convicciones políticas o religiosas.

Cuando comencé mis estudios superiores tenía una gran ilusión, porque sentía que podría ser un estudiante y un profesional aventajado, debido a mi buena capacidad de aprendizaje y de desempeño académico, sin embargo, una crisis de trastorno bipolar fuerte cambio esta situación.

Cuando estaba estudiando el primer semestre de mis estudios superiores, fui fuertemente afectado por el trastorno bipolar, cuando sufrí un fuerte cuadro psicótico, que me llevó a tener alucinaciones y una desconexión completa con la realidad, me retire de la universidad y fui internado por algún tiempo en una institución de salud mental, donde fui recuperado para este mundo, sin embargo, no sin sufrir consecuencias, la principal, la perdida de mis grandes capacidades académicas las cuales hasta ahora no he podido recuperar.

En el video documental que realizó Stephen Fry para la BBC Stephen Fry - Trastorno Bipolar I Parte  y Stephen Fry - Trastorno Bipolar II Parte muestra en la parte final un caso de una mujer joven que cuando niña era muy similar a lo que yo fui y que precisamente después de sufrir un fuerte episodio de la enfermedad, perdió gran parte de las capacidades académicas sufriendo un trauma grande por esta situación bien difícil de superar.




Para mi fue un golpe muy duro, pasar de ser el mejor del curso en el primer semestre, a ser uno mas del montón: Que tiene que esforzarse y aun así repetir materias para poder continuar, logré superarlo creo yo, pienso que el hecho de no saber el tipo de enfermedad que tenía y lo grave que podía ser (aunque el psiquiatra que me trató, me dijo que estaba enfermo y que debía medicarme de por vida), en mi ser consciente ignoré este hecho y no me preocupe demasiado, trate se continuar con mi vida normalmente, de pronto de haber estado en esta época, al saber que tenía una enfermedad mental grave e incurable, con todas sus características, de pronto me hubiese dado mas duro y no hubiese podido terminar mis estudios superiores.

La afectación fuerte de mi enfermedad vino muchos años después mas o menos a eso de los 35 años cuando siendo profesional ya y con muy buen empleo, fui despedido pienso yo gracias a un ataque de mi enfermedad, es mas, solo cinco años después vine a saber que la sufría.

Pienso a veces que el hecho de saber que tienes una enfermedad grave, muchas veces afecta mas que tenerla.  En la antigüedad cuando no se sabía ni se había catalogado el trastorno bipolar las personas tenían que sobrevivir a ella y de pronto para algunos, les pudo afectar menos que lo que nos pasa ahora cuando se tiene demasiada información al respecto.

El hecho es que: Pude sobrevivir relativamente bien durante unos 20 años, sin tomar cócteles de medicamentos, sin tener crisis demasiado fuertes que me provocaran internarme en un hospital, pero si episodios de manía que me causaron problemas sentimentales y laborales.

Después de salir de las crisis fuertes pasaba esos días sin medicarme de forma constante y solo lo hacía cuando tenía de nuevo desbalances fuertes, me funcionó relativamente bien creo yo, mi caso en particular puede decirse que no fue tan fuerte, o que afortunadamente lo pude manejar sin tanto medicamento, porque se tienen referencias de personas que con casos similares al mío, tuvieron problemas graves, que no les permitió llevar una vida normal, o donde los desbalances del trastorno bipolar les llevo a situaciones extremas, que terminaron en la drogadiccion, alcoholismo o que pusieron fin a su vida por su propia mano.

A pesar de no saber que era lo que sufría precisamente, tenía lo que se dice un insight o un sentimiento profundo en el subconsciente, que me dice que sufría del cerebro, que debía tratar de no dejarme llevar a los extremos, descubrí y aplique este descubrimiento: Que lo que me controlaba básicamente era dormir bien y cuando no lo hacía tenía que tomar algo para regular el sueño, regulándolo mis emociones se regulaban también, logré creo un autocontrol de mis emociones, sin embargo, ahora que se que es lo que tengo, no me atrevo a dejarme ir sin el medicamento de control, que tomo como una muleta, el cual no puedo dejar a un lado porque me caería, claro que tengo para decir que esta muleta, hasta ahora, de pronto me ha ayudado a que no haya vuelto a tener episodios fuertes, solo algunos desbalances mas leves.




martes, 21 de enero de 2014

De nuevo con desvelo

En esta entrada voy a relatar lo que me ha estado sucediendo desde hace unos días, desde que inicio con unos primeros síntomas de un nuevo desbalance hasta que considere que este haya pasado.

Día uno:

Son las 5 de la madrugada, hace como dos horas me desperté y no pude volver a dormir, ya es hora de iniciar el día y no puedo volver a acostarme.

Espero que esta situación no sea para comenzar de nuevo un ciclo de desbalances.

Esta noche voy a tomar el somnífero y espero que regule de nuevo mi dormir.

Día dos:

Anoche tomé las gotas que son un somnífero y me levanté como a las nueve de la mañana, bastante frenado, pero pude dormir bastante tiempo, pienso que recuperé parte del sueño perdido de ayer.

El día fue bastante normal, de pronto sentí algo de acelere y me dicen que vengo hablando mas fuerte de lo promedio, siento que estoy un poco conflictivo, siento que estoy acelerado.

Resulta que mañana tengo unos compromisos de labores de un contrato, temprano en la mañana y si no me levanto a tiempo puedo tener problemas, por lo que decidí no tomar gotas y ensayar a ver como amanezco, lo mas seguro es que vuelva a tener síntomas de desbalance, que estos pueden ir en aumento, pero debo cumplir con obligaciones es un dilema que tengo.

Día tres:

Anoche dormí poco, casi no puedo conciliar el sueño, tuve una discusión con mi pareja y todo creo debido a mi problema.

Hoy logre levantarme temprano, escribo estas lineas rápidamente y voy a realizar lo que tengo pendiente por hacer, me siento acelerado pero con ganas de hacer las cosas, estoy entre ansioso y un poco pensativo por mi situación, espero que logre trabajar bien.

Si logro programar mis cosas y no tengo que madrugar mucho para mañana, pienso que puedo estar mejor, porque en definitiva tengo que de nuevo tomar las gotas para dormir, parece que de nuevo se esta presentando un episodio de mi tb y debo hacer lo posible para que este no siga su curso negativo.

Día cuatro:

Dormí bastante anoche, después de tomar el somnífero y  de un día ocupado, tal como esperaba hoy me levante un poco mas tarde, aplace y adelanté cosas para no tener que madrugar tanto y poder dormir un poco mas, afortunadamente como no tengo un trabajo estable puedo darme estos lujos, sin embargo, es duro saber que si lo tuviera estaría en problemas, porque rendir laboralmente así es difícil.

Respecto a la mañana de ayer siento que estoy menos acelerado, ayer estaba bastante acelerado, estuve muy disperso y desconcentrado, mi rendimiento real en estas circunstancias es poco, porque comienzo varias cosas que dejo a medio camino y no termino, aplazo labores que debo hacer mas temprano y me dedico a cuestiones que no tengo que hacer todavía, o sea mis prioridades son un desorden completo.
Básicamente hice lo que por agenda, por obligación y compromiso tenía que realizar, lo demás quedo en el aire.

Lo único es que me sentí bien, típico sentimiento de una tendencia a la manía, el remordimiento por lo anteriormente relatado lo vengo a sentir ahora y me lamento por la perdida de tiempo, por no realizar cuestiones que debí hacer en su debido momento.

Tampoco estoy deprimido como tampoco puedo decir que llegué a estar hipomaníaco, mis fluctuaciones son leves por el momento, pero si rápidas pues pase de estar con tendencia a la manía a estar relativamente estable en mis emociones.

Como en ocasiones anteriores voy a tener que seguir tomando las gotas para dormir por lo menos una o dos semanas de forma continua y con la condición que aún teniendo que levantarme temprano, las tomaré, pues ya ensaye sin tomarlas y el insomnio aparece, situación que no es buena para mi, pues sé que si dejo que este aparezca, tendré muy probablemente un cuadro de desbalance fuerte.

Respecto al medicamento de control que vengo tomando, en ningún momento lo he dejado y es mas en estos días lo he venido tomando cumplidamente.

Día nueve: Me he sentido con altibajos los últimos días, tuve depresión suave un día y después algo de hipomanía, estoy en ciclado rápido, tengo que tomar el somnífero si pretendo dormir bien, una noche no lo tomé y dormí apenas como tres o cuatro horas despertándome a las 3 de la madrugada sin saber que hacer y pasando el siguiente día acelerado, espero llegar de nuevo a una estabilidad y poder dejar el somnífero por un tiempo, pero no será en estos momentos.

A pesar de mis desbalances no he tenido problemas externos, de pronto algunos roces con mi pareja dado que me pongo muchas veces insoportable, lo sé cuando lo analizo, pero en el momento no soy consciente de lo que estoy haciendo.

En el fin de semana que pasé en estos días me olvidé que estaba con problemas y me sentí bien, pero cuando tengo que laborar no me siento tan bien, pues se sienten los efectos del somnífero y del estado alterado en mis sentires.

Día diez y seis: Todos los días anteriores desde el día nueve, he venido tomando las gotas para dormir reduciendo poco a poco la cantidad y he logrado dormir bien, anoche hice la prueba sin ellas y me desperté en la madrugada, sin embargo, con esfuerzo logre volver a dormir y pienso que tuve un sueño casi normal, me siento un poco deprimido y ansioso, así me he sentido en estos días, de pronto un poco más esta mañana.

Voy a realizar mis labores pendientes, estoy coordinando bien lo que tengo que hacer, pero a veces me siento ansioso ante las situaciones y le doy vueltas innecesarias preocupándome mas de lo que vale la pena hacerlo, lo que me doy cuenta una vez terminadas.

Para los próximos días espero poder continuar sin tomar hipnóticos, para poder dormir y que mi sentimiento de depresión que afortunadamente es leve, pase.

Pienso que si logro dormir de nuevo bien en unos dos o tres días seguidos, podré concluir mi desbalance emocional y poder estar estable durante un tiempo ojala largo.

Dia veintidos

Llevo una semana sin tomar gotas, pase en este periodo unas dos noches que no dormí bien del todo pero se puede decir que tuve un sueño reparador, pienso que esto se deba mas a problemas de índole laboral y personal que a mi problema mental, ya que personas sin tb duermen mal debido a sus preocupaciones.

Mi estado de ánimo se puede considerar normal a veces un poco tirado a la depresión y otras menos en tiempos cortos hacia la hipomanía, pero he estado completamente coordinado, siento que todavía me afectan algo los desbalances de mis neurotransmisores, puede que mejore con unos días más y pienso que es poco probable que estos aumenten, sin embargo, tengo que estar alerta.

De acuerdo con lo que siento y lo que he leido, me he convertido en un ciclador rápido, pues lo que relato en estas lineas me ha pasado en un año en mas de dos veces, pero a pesar de esto no he tenido episodios fuertes en los extremos que me hayan causado problemas mayores, eso si problemas medianamente apreciables por mi y de pronto por los mas allegados.

No he dejado durante este tiempo el medicamento de control, el ácido valproico que tomo en una dosis de 3 capsulas de 250mg al día y que si me ayudan bienvenido sea y que pienso no me están haciendo mayor efecto dañino, no preocupándome mayor cosa por ello, aunque no descarto que lo esté sufriendo.

Uno realmente no siente que este medicamento le ayude o le perjudique y es posible que muchos lleguen a pensar que no funciona, yo lo he pensado, pero no me atrevo a dejar esta medicación.

Como dato curioso llevo un tiempo bastante largo sin ir a donde el psi, pienso que como estoy estoy bien y no quiero que me cambie la medicación, también considero que estando en un estado que se puede considerar de eutimia y siendo muy consciente de lo que me pasa puedo darme un tiempo sin visitarlo.

Tengo la ventaja que el medicamento de control, lo puedo conseguir fácilmente en muchas farmacias, es de un costo muy bajo y me lo venden sin receta. Si no me tocaría sufrir por su entrega en el seguro medico que es algo bastante maluco y si uno se pone a pensar sale mas caro que comprarlo, por el tiempo que uno pierde con tanto trámite.

Con estas lineas pienso dar por terminada esta entrada que relata un periodo de mis sentires que puede ser ilustrativo para otros que sientan esto que me ha pasado.






miércoles, 8 de enero de 2014

Nuevo año

Comienza un nuevo año, algo que es arbitrario, que para mi concepto se le da mas importancia de la que debiera tener, soy de los diferentes, que no esta de acuerdo con la algarabía que se forma para estas épocas de cambio de año, muchas veces con consecuencias negativas, fuera que ademas por mi problema de tb me toca ser así, aburrido, aunque afortunadamente esta situación concuerda con lo que pienso de las fiestas de estos días, por lo que no me preocupa la prohibición que tengo debido a mi trastorno bipolar: No poder por ejemplo tomar licor o trasnochar por días seguidos que es la costumbre por estos lados.



Para mi esta época es donde se apagan aparentemente todos los problemas del mundo y solo se piensa en el circo, olvidándonos muchas veces de lo importante de la vida.
No pretendo ser aguafiestas, me gusta cuando se puede compartir con la familia, pero lo que se nos vende por estas épocas muchas veces no es esto, si no un carnaval sin sentido.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Sobre el Litio y otros medicamentos de control para el trastorno bipolar

Cuando descubrí que era bipolar aquí en internet, una de las cosas que mas me atormentaba era la mención de los tratamientos que se aplican para tratarlo, electroshocks, fuertes antipsicóticos (los cuales tuve la oportunidad de probar en carne propia), el litio y otros medicamentos.

A pesar que durante mucho tiempo para mi no era claro que sufría de trastorno bipolar, porque durante muchos años, (unos 25) no se me explicó nada al respecto, sufrí de unas tres crisis fuertes todas con tendencia a la manía llegando a tener cuadros psicóticos (o lo que se llama comúnmente locura), la primera me llevo a estar internado el algo parecido a un manicomio y las otras dos estuve bajo manejo psiquiátrico ambulatorio, durante estos períodos estuve medicado con antipsicóticos, para parar las crisis y luego me lo dejaban como medicamento de control.

El protocolo de medicamentos que se me dejo, según mi forma de sentir no me dejaba vivir, ni sentía que mejorará mi condición, sentía que los antipsicóticos solo me funcionaba como solución a los problemas que tenía cuando llegaba a una crisis de manía, luego una vez un poco estable sentía que no los necesitaba, por lo que optaba dejarlos y esperar a tener que tomarlos de nuevo si tenía de nuevo un viraje hacia la manía con cierta consideración, normalmente era un tiempo bastante largo entre crisis, cuando me iba hacia la depresión me aguantaba sin tomar nada, dado que a pesar que no era agradable el sentimiento, no se porque, nunca le tuve confianza a los antidepresivos, es mas, nunca los he tomado, adicionalmente nunca he tenido intenciones serias de suicidarme, aunque si me he sentido aburrido con la vida, adicionalmente ahora que se bien cual es mi tipo de trastorno bipolar que es del I, veo que sin querer hice bien no tomando antidepresivos, pues la mayoría de estos no son recomendables para mi caso o casos parecidos.

Entre las crisis tenía problemas debido a mi enfermedad: Subidas y bajadas, no tan fuertes como para llamarlas así, por lo que no les daba importancia, sin embargo, me causaron grandes inconvenientes, que pensaba eran debidas a mi personalidad, no por estar afectado por una enfermedad mental: El trastorno bipolar.

Descubrir claramente que era lo que realmente tenía, me impacto bastante, identificar plenamente lo que sentía a diario, como una característica de un estado anormal llamado trastorno bipolar y que como solución para estar mejor se planteaba la necesidad de estar medicado de tiempo completo, no fue algo que me agradara, pero que mirando las alternativas existentes y de acuerdo con las experiencias que pude leer por la red, parece que es lo mas preferible.

En mis tratamientos anteriores, en los cuales me había ido mal, me habían dicho los médicos que tenía que medicarme de por vida si quería estar mejor, sin embargo, no lograron convencerme, porque no lograba sentirme a gusto con el funcionamiento de mi cerebro, con la medicación recibida.

Aun después de entender un poco mejor que significa ser bipolar, seguí mi vida negando a medicarme, participaba en foros, leía otros blogs con experiencias personales donde se planteaba que era mejor estar medicado; pero cuando leía como vivían muchos de los pacientes, pensaba internamente si logro controlarme sin medicarme, como la alternativa a lo que cuentan de lo que es vivir medicado, sobre todo cuando se hablaba de los efectos del litio, que es según entiendo el tratamiento de primera linea y el mas usado en muchos países.



Decidí entonces que para mi era preferible vivir mal sin el litio (con los efectos del trastorno bipolar), que vivir mal con el litio (con los efectos secundarios del litio), aunque mejor del trastorno bipolar y esta fue mi posición.  Sin embargo, leyendo por internet encontré que había investigaciones sobre otros medicamentos que han demostrado una efectividad, que aunque no es tan alta como el litio, a cambio tienen menores efectos secundarios y entre estos estaban los anticonvulsivos, pensé entonces que si iba de nuevo a consultar al psiquiatra y con el conocimiento adquirido en internet, pedirle que en mi caso se ensayara con algo que no fuera el litio.

Fui pues a consulta, esta vez no estaba en crisis y mas bien considero que estaba estable, le conté mi caso al psiquiatra, sin decirle que pensaba que tenía trastorno biporla, ni que estaba prevenido en contra del litio, me dijo de una forma un tanto preocupada que sufría de trastorno bipolar y me dijo lo mismo que había leído muchas veces por Internet, (aunque tampoco le dije que ya lo había leído), que era una enfermedad incurable, pero tratable; con buenas perspectivas para muchas personas si se le daba un buen tratamiento al problema.

En este momento el medico me veía normal y así me lo expresó, pero de acuerdo a lo que yo le conté, debía reiniciar un tratamiento con medicinas, me recetó entonces solo dos: Ácido valpróico y levomepromazina (que le dije que era el medicamento que tomaba desde mi primera crisis y que lo hacía solo cuando sufría de insomnio), que empezaría con una dosis muy baja de ácido valpróico, para mirar como reaccionaba mi cuerpo ante él, que es mas, dicha dosis podía ser inocua, es decir, que no afectaba para nada lo que sentía, ni actuaría sobre el trastorno bipolar, que empezara con esta fórmula y volviera en un mes.

A mi siguiente cita me interrogó de lo que había sentido: Le conté que había sufrido algo de cólicos estomacales y una rinorrea por unos días que me habían pasado, después no sentí efectos secundarios asociados al medicamento, me dijo que lo de los cólicos era posible que lo siguiera sintiendo porque al ser un ácido tiende a afectar el estomago, pero que si estos habían pasado es posible que los soportara hacia el futuro, también que este medicamento lo tomara siempre con comidas para que evitara esta situación, también que era posible que sintiera agrieras que debía manejar si eran muy fuertes con un antiácido (aunque después otro psiquiatra me dijo que lo hiciera solo en casos muy extremos, porque si lo hacia de seguido le quitaba el efecto al ácido valpróico) me dijo que iba a reajustar la dosis a una mayor aunque muy baja comparada con lo que normalmente se receta para la mayoría de los pacientes.

Durante mucho tiempo no sentí nada apreciable, después de uno o dos meses empece a sentirme como deprimido o lo que muchas veces se denomina entre los que sufrimos de trastorno bipolar como plano, como sin sentimientos, no es una sensación agradable, en la siguiente cita con el especialista, me dijo que como mi perfil es de ir mas hacia la manía, el ácido valpróico me tiraría hacia el lado depresivo y que eso era lo que sentía, que esto iba a cambiar, adicionalmente que este medicamento tiene su efecto visible a largo plazo, que tenía que seguir por mucho tiempo tomándolo para lograr resultados.

También sufrí de altibajos emocionales pero esta vez sentí que rebajaron en su intensidad y se espaciaron en el tiempo, después de un largo periodo deduzco que he mejorado: No es una sensación apreciable, porque no siento que sea diferente, si no que estoy un poco mas cerca de lo que puede sentir cualquiera, por lo que no es un cambio en lo que se siente, si no mas bien que no se tienen cambios, lo que a veces es difícil de apreciar, pero que si se analiza es posible dilucidar.

Con el ácido valpróico a diferencia de los antipsicóticos, al tomarlos como medicina de control, no se tienen tantos efectos secundarios como pesadez mental y física (lo que en mi medio se denomina estar como sonso o ser como un zombi, eso si sin haber muerto), dificultad para pensar y ademas otros efectos dañinos que no se sienten, pero que han sido comprobados como: El daño neuronal; los efectos secundarios son mas bien por el lado del sistema digestivo, es mas, existe una fórmula que evita estos problemas el valproato que es un derivado del ácido valpróico, pero que en mi país no se consigue como genérico,  tiene un costo de unas cinco veces y no lo cubren los seguros por lo que si me aumenta el problema estomacal lo tomaría.

En mi caso parece que el ácido valpróico funciona, puede que en otros no y así lo dicen los estudios médicos, según las últimas pruebas clínicas después del litio, el ácido valpróico es el medicamento con mayor efectividad para el trastorno bipolar y en muchos casos es el de recetar como primera opción, adicionalmente se ha comprobado que tiene mejor adherencia por parte de los pacientes por tener menos efectos secundarios.

Como otra anotación hablando con un amigo que esta estudiando medicina, me contó que en el curso de psiquiatría que vio en Colombia, el medicamento de primera linea para el trastorno bipolar es el ácido valpróico, por encima del litio.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Prevalencia del trastorno bipolar y otras dolencias mentales

A pesar que mis condiciones alrededor no han cambiado para nada, a pesar que la situación climática a la cual le estaba echando la culpa de mi depresión, en vez de disminuir ha sido peor en estos días, pues la lluvia ha sido una constante en todo el día y no se ha podido salir mayor cosa, solo lo necesario. Amanezco hoy de mejor ánimo, no tan acelerado como para decir que me fuí para el otro lado porque logré también dormir bien, afortunadamente, sin haber tomado medicamentos para el sueño, tampoco tome ningún medicamento contra la depresión pues los evito, solo he tomado el medicamento de control el cual vengo tomando sin alterar sus dosis ni su frecuencia.  Como se puede concluir mi sentimiento cambió simplemente porque si, porque así es nuestra enfermedad.

Precisamente mirando lo del problema de la depresión, estuve leyendo por internet y he encontrado una cuestión que se trata repetidamente: El aumento en los valores que se establecen en lo que se denomina prevalencia de las enfermedades mentales mas conocidas como: La esquizofrenia, el trastorno bipolar y la depresión; partiendo desde valores menores al 1% llegando a valores mayores al 10%  en el caso de la depresión y a valores entre el 2% y el 5% para el trastorno bipolar; la explicación que se da a este hecho, la cual sería la mas lógica, es el afán de aumentar las ventas de medicamentos y de lucrar a gremios como los trabajadores de la salud mental, los laboratorios productores de medicinas y las aseguradoras médicas.

En el blog mad in america encontré el artículo La enfermedad bipolar Antes de la Era Psicofarmacólogica que esta en inglés pero que en resumen dice:

"Antes de 1955, la enfermedad bipolar era un trastorno poco frecuente. Sólo había 12 750 personas hospitalizadas con ese trastorno en 1955; Además, sólo había unos 2.400 "primeros ingresos anuales" en los hospitales psiquiátricos del país.

La evolución de los pacientes fue relativamente buena. Setenta y cinco por ciento o menos de los pacientes de primer ingreso se recuperaría en 12 meses. A largo plazo, sólo alrededor del 15% de todos los pacientes de primer ingreso se convertiría en una enfermedad crónica, y 70% a 85% de los pacientes tenían buenos resultados, lo que significaba que trabajaban y tenían una vida social activa.

 Hoy en día, la enfermedad bipolar se dice que afecta a uno de cada 40 adultos en los Estados Unidos. Una rara enfermedad se ha convertido en un diagnóstico muy común. Hay varias razones para esto. En primer lugar, muchos medicamentos - tanto ilegales y legales - puede mezclar los episodios maníacos, y por lo tanto el uso de las drogas lleva a muchos a un diagnóstico bipolar. En segundo lugar, los límites de diagnóstico de la enfermedad bipolar se incrementan considerablemente." 

Leer esto me asustó profundamente pero me hace reflexionar al respecto, en mi caso estoy casi seguro que tengo una enfermedad mental, pero ¿Será posible que seamos tantos?, no lo puedo creer, mirando a mi alrededor pienso que somos una excepción, la cual se trata de volver algo mas común, porque en este mundo consumista y mercantilista los enfermos mentales somos un mercado pequeño, el cual es poco rentable, pero que si se crece artificialmente se convierte en un mercado interesante pues pasar de menos del 1% a mas del 10% es multiplicar por mas de 10 veces un negocio, algo difícil de hacer con otro tipo de negocios sobre todo en esta época de crisis económica que vivimos.

Si se mira por el lado de la cronicidad se pasa de atender un asunto puntual, a tener tratamientos de por vida algo que también beneficia a los negociantes de la salud mental.

Un ejemplo hipotético claro, muy probable que ocurra o que haya ocurrido, es cuando a una persona se le diagnostica como enferma de depresión porque se encuentra muy mal anímicamente pues se le ha muerto su mascota de muchos años, al diagnosticarla se le declara como enferma de depresión, se le formulan antidepresivos de última generación y una serie de psicoterapia para tratarla y sacarla de su estado.

Es posible que después del tratamiento esta persona pueda sentirse algo mejor o mejor (algo que también hubiera pasado sin haber hecho nada), pero como fue catalogada como enferma mental crónica, seguirá medicada de por vida, pues así lo tienen definido los manuales de psiquiatría moderna, entonces esta persona que posiblemente estaba sana, pero que se encontró triste por una perdida emocional,  se convierte en un enfermo mental mas, debido principalmente a que los medicamentos que se le recetaron la convierten en una adicta a estos y que por ser diagnosticada como enferma mental, entra a ser cliente para el resto de su vida de los comerciantes de medicamentos y de los negocios de tratamiento de enfermedades mentales.

Adicionalmente se ha definido como un nuevo paradigma en la psiquiatría: Que para cualquier dolencia mental es necesario tomar medicamentos variados para toda la vida del paciente, algo que puede ser valido en algunos casos, que lo mas probable serían pocos, pero no para todos creo yo, ademas muchas de las enfermedades mentales tienen lo que se llaman crisis, las cuales una vez superadas pueden ser tratadas con pocos medicamentos y de pronto ninguno, según hablo en un post anterior se encontró con base en estudios clínicos que para cierto tipo de pacientes con esquizofrenia, tenían una mejor calidad de vida cuando no eran tratados después de la crisis con fuertes antipsicóticos, que los que fueron tratados, los cuales adicionalmente tuvieron una perdida adicional de las capacidades mentales a la causada por la enfermedad en si, debido a los antipsicóticos donde se tienen evidencias del daño que causan en el cerebro.

Pienso que no todo lo logran los médicos y los medicamentos, también nosotros mediante un sentimiento interno propio (lo que se denomina insight) de nuestra enfermedad y con el apoyo del conocimiento que se puede adquirir, según información disponible en las redes, podemos intuir cuando necesitamos o no, los medicamentos, en lo cual debemos apoyarnos en los médicos, porque en nuestro caso lo que sentimos son ciclos de un problema que nos toca soportar y manejar, que es mejor con un mínimo de pastillas, cuando estos no provocan mayores problemas.



sábado, 23 de noviembre de 2013

Con depresión

Aunque no estoy tan desesperado como para pensar en dejar este mundo, ni para decir que mi vida no vale la pena, me siento realmente mal, mi animo esta por el suelo, tengo varias cosas por hacer que son relativamente de rutina, que puedo y lo mas probable es que las haga en el día de hoy, pero estoy como se puede decir atormentado por tener que hacerlas, es como un sentimiento de ansiedad que me paraliza, mi razón tiene claro que es lo que me pasa, estoy deprimido, una sensación muy desagradable que parece no dejar que viva.



Trato que escribiendo me pueda desahogar, para poder hacer bien y a tiempo lo que tengo que hacer, así no tenga los ánimos.

Se que al lamentarme por lo que me pasa no voy a lograr nada, pero es lo que siento, adicionalmente mi cabeza esta como embotada.

Me siento además como algo mareado desde ayer,  claro que este síntoma estoy casi seguro no tiene nada que ver con mi tb, porque nunca lo he sentido como algo asociado a mis desbalances.

Como raciono que este sentimiento es debido a mi trastorno bipolar, no culpo a nadie de ello, no le hecho la culpa a esta sociedad, no le hecho la culpa a este mundo difícil y a esta época en la cual me tocó vivir, ni creo que se deba a que un ser superior me castiga por algo que debí haber hecho mal o porque me esta poniendo a prueba, por lo que si rezo este sentimiento vaya a cambiar, considero que lo que siento se debe a que mi cuerpo funciona así, deficiente, algunas veces por falta u otras por exceso de algunas sustancias del cerebro, que provocan un estado de animo muy bajo u otras veces muy alto, también se que estas deficiencias son por a una característica heredada y desarrollada en mi vida, que no adquirí porque quise o debido a una enfermedad contagiosa.

También porque razonando mis circunstancias a mi alrededor son buenas: Tengo familia que quiero y me quieren a pesar de lo que tengo, mi situación económica es buena, tengo trabajo aunque no sea estable, se que puedo soportar lo que siento, no se si en otras circunstancias pasaría lo mismo.



Tener una explicación a lo que me pasa tampoco me hace sentir bien, voy a tomar prestadas unas palabras de alguien que paso por acá y dejo plasmadas lo que se puede sentir en un momento como el que estoy viviendo ahora.

"Momentos de tristeza, donde la soledad y la oscuridad van de la mano, mi alma llora y el corazón grita. No importa que tengas familia o una relación amorosa, te sientes solo y por mucho que te hablen e intenten consolarte, el único consuelo es la almohada en la que pones tu cabeza, piensas, lloras y te escondes."




Si, son momentos de tristeza se puede decir casi infinita, donde a veces aunque queramos a otras personas. no las queremos ver ni que nos vean, solo queremos estar solos, como ahora lamentando la mala situación por la que pasamos, que con el tiempo esta va a cambiar, aunque en este momento ese tiempo sea eterno.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Eutimia

Es un estado que se define para los que sufrimos de trastorno bipolar, donde se tiene un control de los sentimientos y se tiene una estabilidad aunque no estemos curados, se puede decir que en este estado los que sufrimos esta dolencia mental actuamos y somos como cualquier persona, aunque es posible que sintamos algunos desbalances, estos apenas serán apreciables por nosotros y de pronto por alguien muy allegado, es cuando estamos en EUTIMIA que para mi es estar estable, cuando reflexionamos de forma correcta sobre nosotros, cuando podemos desarrollar bien nuestras potencialidades y cuando realmente podemos actuar objetivamente sin las influencias de nuestros estados alterados que nos hacen demasiado optimistas o demasiado pesimistas.

Lo anterior lo digo como prólogo a una entrada que encontré en el blog de un escritor y ensayista español: Rafael Narbona con quien me siento identificado en la mayoría de sus apreciaciones incluyendo en las que tienen que ver con el trastorno bipolar, donde gracias a su buen estilo detalla de una forma casi poética lo que se siente estar afectado por el trastorno bipolar en sus diversos estados.

A continuación me permití copiar y pegar en su totalidad la entrada Eutimia la cual esta en su blog http://rafaelnarbona.es.


 “Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir” (Luis Rosales, La casa encendida)



Son las doce de la mañana. Estoy solo frente a un paisaje desnudo, que enlaza campos de trigo y cebada. Es el paisaje que contemplo a diario. Salvo las retamas y una hilera de árboles que bordean un riachuelo, no hay nada. Sólo tierra y cielo. Hace un hermoso día de otoño, con una luz que prefigura una posible eternidad. Un pájaro se ha posado en la higuera del jardín y canta alegremente. Parece que el mundo está bien hecho, que ser hombre no es una fatalidad, sino un privilegio. Por primera vez pienso que la conciencia es una carga ligera. No es un fuego que nos lacera, sino una lumbre que nos permite contemplar las cosas y sentir su misterioso latido. Las crisis depresivas y los brotes de manía parecen tempestades remotas, vendavales que se perdieron en un lejano horizonte. Miro mis manos y noto su calma. Son como dos niñas que juegan bajo el sol, con el corazón alborozado porque el aire se enreda en su pelo. La muerte se ha escondido en un pozo y se ahoga como un verso que no encaja en un poema. No sé si vivo un paréntesis o un sueño, que la realidad disipará con un manotazo airado, pero agradezco esta tregua que me ha permitido descubrir el prodigio de una mañana y acallar los aullidos que me invitaban a liberar la sangre de mis venas.

Antes pensaba que vivir era adentrarse en un río y hundirse en su penumbra con unas piedras en el bolsillo, experimentando la perfección de no ser. La muerte me parecía un templo que aguarda nuestra ofrenda, prometiéndonos una paz inaudita. Deseaba traspasar su umbral y escuchar ese silencio que cae lentamente, como la nieve sobre el mar. Ahora no entiendo ese anhelo, pues observo mi carne y advierto su impaciencia por caminar hacia dentro, buscando la felicidad en el mismo lugar donde se malogró un día. Pienso en mi frente apoyada en el cristal de mi cuarto, intentando comprender lo que había al otro lado. De niño, el estrépito del exterior me aterraba. Cada vez que el autobús doblada la esquina y bajaba la calle, sentía que mi pecho se convertía en un grito. Era como andar descalzo entre cristales. Tal vez ahí empezó mi viaje hacia la locura. Tal vez ese viaje no finalizará hasta que pueda mirar por una ventana y amar el ruido que delata el existir de los otros. El miedo no fue lo primero y no puede ser lo último. Mi niñez no empezó con ese temor, sino con la dicha de ser una presencia entre dos seres que se amaban. Aún recuerdo a mis padres encaramándome sobre un mirador para que observara la Casa de Campo, con sus árboles respirando como un gigante dormido. No recuerdo la primera vez que contemplé el mar, pero no he olvidado la sensación de que ardía como unos ojos recién nacidos, deslumbrados por lo que aún no comprenden. El sonido de las olas me hizo pensar en un abejorro que se demora en una flor, despreocupado y tranquilo. Aún no sabía qué era lo efímero, pero ahora entiendo que la importancia de las cosas no se mide por su duración.





Eutimia. Parece el nombre de una planta, pero es el nombre de un estado de ánimo. En el caso del trastorno bipolar, designa el equilibrio, la remisión de los síntomas, los períodos de calma y estabilidad. No es el feliz desenlace de una enfermedad que puede hibernar durante largos períodos y despertar abruptamente, pero sí constituye un tiempo de bienestar y sosiego. Algunos elogian mi valentía por sincerarme y no ocultar mi condición de bipolar. Me parece excesivo hablar de valentía. Simplemente, creo que disfruto de un entorno favorable, que no me cuestiona ni censura. Es cierto que si continuara en las aulas, todo sería más difícil. Los prejuicios y la intolerancia de padres y profesores no me permitirían escribir abiertamente, relatando mis vivencias. La sociedad no es compasiva, sino mediocre, servil y vengativa. Ser un profesor jubilado –tal vez sería más exacto decir “escupido por el sistema”- me ha proporcionado una insólita libertad y no encuentro ningún motivo para no hablar sobre una patología que marca el ritmo de mi existencia. 

Ignoro cuánto tiempo se prolongará la eutimia, pero cada día encaro el futuro con más optimismo. La bipolaridad sigue ahí. Es 6 de noviembre y hace calor. Hace dos días, el frío barría la estepa castellana y la oscuridad prevalecía sobre la claridad. A pesar de mi mejoría, los cambios atmosféricos siguen influyendo poderosamente en mi estado de ánimo. De hecho, escribo estas líneas ligeramente deprimido. Me agrada la luz. Considero que es una buena razón para vivir, pero cuando aparece súbitamente algo se desordena en mi interior. ¿Se producirán nuevas recaídas? ¿Volveré a sentir un dolor sin fondo y el deseo de desaparecer por una grieta? ¿Regresará la manía, con sus muecas horripilantes y su verborrea incontenible? Ya he cumplid 50 años y noto que mis humores se han aquietado. La melancolía sigue cosida a mi piel, pero la desesperación ya no se bebe mi alma. El suicidio ya no invoca mi nombre y mis huesos ya no temen despertar cada mañana.

Son las cinco de la tarde y el sol ha descendido. Las sombras comienzan a inclinarse en la pared. El cielo ha empalidecido, pero mi memoria ya no jadea como un moribundo, que agoniza entre sombras y alucinaciones. Pienso que he vuelto hacia mí mismo, hacia ese cristal de mi infancia donde apoyaba la frente. Sigo escuchando al autobús que dobla la esquina, pero el sonido del mundo ya no me hiere como una cuchilla. Mis manos me han salvado. Su impulso de escribir me ha rescatado del luto y el llanto. Seguiré tropezando, pero ya no caminaré por el vientre de la muerte, soñando que mi carne se enfría. Ya no escribiré breves notas de despedida ni levantaré los remos, deseando que los arrecifes me lleven a pique. Confiaré en la corriente y no lamentaré haberme alejado de la orilla. Ya no deseo desnacer, sino conocer mi vejez en el espejo y sentir que he sido humanamente, que mi existir no ha sido en vano, pues he besado los labios de la esperanza y mis labios se han regocijado, con la alegría de un jardín que reverdece después de un largo ocaso.


Escrito por Rafael Narbona 6 de Noviembre de 2013.