El trastorno bipolar, que a mi parecer no es una enfermedad mental, es un problema mental bastante difícil de manejar, aunque no imposible. Se sufre mucho, aunque a veces también se goza; sin embargo, después de haber pasado por momentos que podríamos llamar “buenos”, nos arrepentimos terriblemente de las locuras cometidas. Considero que, si uno sobrevive a los primeros episodios, aprende a convivir con este problema. Cada cual lo hace a su manera; yo lo he hecho a la mía, de buena forma. He sobrevivido ya casi cuarenta años padeciendo esta situación que, vuelvo y repito, no es una “enfermedad mental”.
Considero, además, que he tenido una vida plena a pesar de cargar con el estigma del trastorno bipolar, porque he hecho muchas cosas, tal como las ha podido hacer alguien que no tiene este problema.
Quiero hacer énfasis en que el trastorno bipolar no es una enfermedad. Para ser catalogado como tal, tendría que demostrarse científicamente que se debe a un problema físico, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Aunque puedo afirmar que, para la mayoría de los psiquiatras, el trastorno bipolar es una enfermedad que tiene su base física en un problema de neurotransmisores dentro de las neuronas del cerebro, esto no ha sido posible probarlo dentro de lo que se llama el método científico. Solo se tienen teorías, o lo que se denomina científicamente hipótesis, pero que no han pasado las pruebas de demostración necesarias para que se pueda decir que se convierten en tesis comprobadas.