¿Estabilizadores del ánimo o calmantes? La visión de la Dra. Joanna Moncrieff que todo paciente debería conocer
En el camino de convivir con el trastorno bipolar, una de las preguntas que más nos hacemos es: ¿qué hacen realmente los medicamentos en mi cerebro? Hoy quiero compartir la perspectiva de la Dra. Joanna Moncrieff, una psiquiatra e investigadora que lleva años cuestionando las bases de la psiquiatría convencional y que nos invita a mirar el tratamiento con otros ojos.
No se trata de demonizar la medicación, sino de entenderla desde una visión que para mí es la más realista.
El modelo centrado en el fármaco: un cambio de mirada
La Dra. Moncrieff propone algo revolucionario: pasar del modelo "centrado en la enfermedad" al modelo "centrado en el fármaco". ¿Qué significa esto?
· El modelo tradicional, el que probablemente te han explicado alguna vez, asume que los medicamentos psiquiátricos corrigen un desequilibrio químico en tu cerebro, como la insulina trata la diabetes.
· En cambio, Moncrieff sostiene que estos fármacos son sustancias psicoactivas que generan un estado alterado del funcionamiento cerebral. Ese estado puede suprimir o enmascarar los síntomas emocionales o conductuales. Lo impactante es que esto ocurre en cualquier persona, tenga o no un diagnóstico.
Lo que realmente hacen los estabilizadores del ánimo
Para Moncrieff, el término "estabilizador del ánimo" es, como mínimo, problemático. Según su revisión, fármacos como el litio, el valproato o los antipsicóticos que se usan para el trastorno bipolar no estabilizan nada anormal. En realidad, ejercen un efecto sedante y de inhibición neurológica general. Dicho de otro modo, pueden atenuar los episodios de hiperexcitación (manía) porque reducen la actividad mental y física, no porque estén corrigiendo una supuesta causa específica.
Y aquí viene otro punto delicado. Moncrieff advierte sobre los riesgos del uso a largo plazo y a dosis altas. En sus investigaciones señala que el uso continuado de antipsicóticos podría estar asociado con efectos como la atrofia cerebral. Por eso insiste en que los beneficios de la medicación preventiva a largo plazo deben sopesarse con honestidad frente a estos posibles daños.
Su propuesta: decisiones informadas y compartidas
La conclusión de la Dra. Moncrieff no es un rechazo absoluto a los medicamentos, sino un llamado urgente a la toma de decisiones informada y compartida. Algo que, como pacientes, debería ser nuestro derecho básico.
· Útil en crisis agudas: Reconoce que el efecto sedante de los fármacos puede ser un alivio bienvenido durante un episodio severo de manía o psicosis, ayudándonos a moderarnos.
· Transparencia total: Insiste en que los médicos deberían explicarnos que estos fármacos actúan como sedantes, no como correctores de un desequilibrio químico que no es claro que exista. Necesitamos conocer tanto los efectos psicoactivos reales como los riesgos del consumo a largo plazo.
· Decisiones individualizadas: Con esa información en la mano, cada persona diagnosticada puede decidir, junto con su clínico, cuál es la mejor estrategia a largo plazo: mantener un tratamiento farmacológico preventivo (siendo consciente de sus riesgos) o implementar otras estrategias de manejo y afrontamiento para posibles crisis futuras.
En esencia, el enfoque de la Dra. Moncrieff nos empodera. Nos exige transparencia sobre lo que las pastillas realmente hacen: inducir un estado alterado que puede ayudarnos en momentos puntuales, pero que no es una "cura química" libre de consecuencias.
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