jueves, 2 de abril de 2026

¿Loco?

¿Loco?

Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surge de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general.

Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche. En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, al descubrir que han estado al borde del gran secreto.

De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal.

Penetran, aunque sin timón ni brújula, en el vasto océano de la «luz inefable», y otra vez, como los aventureros del geógrafo nubio, *aggressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi*.

Diremos, pues, sí, que estoy loco.

Concedo, por lo menos, que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida... y un estado de sombra y duda... (ver nota)

Digamos, pues, que sí, que soy un loco, a pesar de que solo actúo de forma no común (anormal) en muy pocas ocasiones.

Todo comenzó hacia el año 1984. Tuve que ser internado en una institución para personas con problemas mentales; según mi apreciación, no era tan cruel y tétrica como los manicomios que se muestran en las películas.

En mi caso particular (con el fin de suavizar las situaciones): estuve en una institución moderna para el tratamiento de personas con problemas mentales (por no decir «en un manicomio..., moderno, eso sí»), la cual se define dentro de la misión estratégica de negocio en el año 2018 como: «Pioneros en la atención de Salud Mental en el Valle del Cauca y en la región del Pacífico colombiano».

Hasta donde me alcanza la memoria, estuve internado cerca de tres semanas; pudo ser más, pero no me acuerdo bien.

Después de la hospitalización temporal, donde entré como un loco más —es posible que mi diagnóstico haya sido el de un paciente que ingresa en un estado de psicosis fuerte como parte de un cuadro de manía intensa (traducción al español coloquial: locura)—, pasé a un estado de remisión ambulatoria pero medicado (zombi drogado).

Se puede decir que, después de mi internado en este sitio, logré volver a un estado de cierto equilibrio mental por muchos años, para después seguir con mi vida casi normal. Sin embargo, las huellas de mi paso por esta institución no las he podido borrar del todo de mi mente, y no fue solo el hecho de la institución como tal —que, a mi concepto, puedo considerar que realizó bien su trabajo—, sino el creer que había estado loco, o que terminaría enloqueciéndome y perdiéndome de este mundo pero en vida. Ese era mi pensamiento después de mi remisión y lo fue por mucho tiempo.

En este momento, año 2026, tengo un poco más claro que, según la definición de los psiquiatras de la época, había sufrido una crisis de un problema mental (que para mí no tenía nombre), que es probable que en esa época se denominara psicosis maníaco-depresiva, a la cual ahora se le tiene un nombre más complicado, quizá un poco más complejo, pero que suena un poco mejor; además, está de moda en estos días, ya que según muchas personas hay muchos famosos por ahí que dicen que la sufren. Se denomina «trastorno bipolar» y tiene muchas subdivisiones; en mi caso se denomina de tipo I.

Después de salir de mi hospitalización psiquiátrica logré la remisión. Sin embargo, algo que me marcó fuertemente fueron unas palabras que me resonaron mucho cuando empecé a ser tratado, cuando el psiquiatra me dijo: «Usted está enfermo y a partir de este momento debe tomar medicación por el resto de su vida».

Según mi apreciación, la definición actual de trastorno bipolar es un eufemismo que pretende encubrir el estigma asociado al anterior término: psicosis maníaco-depresiva, o el estigma que para muchos implica ser denominado simplemente «loco», o alguien que se enloquece por ratos, porque esa es la definición popular de mi problema. De igual forma se les denomina a los que sufren esquizofrenia y otros trastornos mentales, que como tales no pueden definirse bien como enfermedades mentales, pues según he logrado entender, el término «enfermedad» se refiere principalmente a problemas físicos corporales que no tienen que ver con el funcionamiento de la mente. Para un parroquiano, es igual un esquizofrénico, un bipolar o una persona que sufra un problema mental entre los miles que definen los manuales de psiquiatría moderna: «Es simplemente un loco». 

Mi problema mental lo definí hace ya muchos años como EE "Emociones Encontradas" que hacen que cuando se presenta lo que denomino una crisis paso unos días donde entro en un estado alterado en cuanto a mi sentir, paso de desde un estado de felicidad plena, donde estoy acelerando, quiero hacer muchas cosas al mismo tiempo, siento que soy bueno para todo, siento que me vuelvo inflexible o mejor dicho terco, me gasto hasta el último peso, veo todo color de rosa, me enamoro y enamoro fácilmente; luego paso a un estado donde me siento muy mal, no quiero ni salir de casa, todo es de color gris, nada me gusta, siento que no soy querido por nadie y por lo tanto no quiero ver a nadie, solo quiero estar recostado o dormido, no me importa lo que los demás hagan o dejen de hacer, mi estado de ánimo es como de una tristeza infinita.




Considero que para mí puede haber sido importante conocer en más detalle mi problema y tratar de entender cómo se desarrollan sus manifestaciones, cómo evitar llegar a estados graves; pero para las personas comunes y corrientes no es un tema de interés. ¿Por qué debe interesar el tema de las personas locas o desadaptadas a quienes se consideran normales? Pienso que no mucho, y menos si no lo sufren o si personas muy cercanas no lo sufren. Para muchos, el loco es así porque quiere y no hace nada por salir de su estado; para otros, es así porque le tocó por una cuestión de destino o por castigo de un dios; y para los más sensibles, pero que no tienen conocimiento del tema, el loco es un bicho raro que se mira con pesar. Sin embargo, aun pensando así, se le discrimina. Para los que sufrimos con nuestros problemas mentales, estas apreciaciones no nos ayudan, aunque no se puede pretender que todas las personas nos tengan que comprender ni sepan diferenciar claramente qué problema mental tiene cada uno de los afectados.

Al parecer, la sociedad ha avanzado respecto a la discriminación hacia lo diferente al promedio (al anormal, dicho en crudas palabras), aunque todavía persiste la estigmatización hacia los que sufren ciertos problemas, como los mentales. Lo que expreso en este espacio, y lo que otros expresan en sitios parecidos, va en esa dirección: mostrar que no somos seres de otro mundo. Somos, quizá, anormales (diferentes, especiales u otros eufemismos) y somos pocos; sufrimos problemas de la mente que pueden ser manejados hasta cierto punto gracias a los avances científicos actuales, o aun a pesar de estos.

En mi caso, escribo sobre mi problema mental, algo que quizás solo debería interesarme a mí. Soy, en términos coloquiales, un loco que escribe y que, para hacerlo, se basa en lo que siente y se ayuda con lo que sienten y expresan otros, porque muchas veces me resulta difícil decirlo con mis palabras. Esta es mi situación actual, aunque, como ya dije anteriormente y en otras ocasiones, no pretendo volverme famoso ni rico con este blog. Sin embargo, me encanta que alguien lo lea; me alegra cuando las estadísticas muestran que varias personas lo han leído últimamente, y mucho más cuando comentan las entradas.


Sin embargo, considero que en mi caso particular estar loco es un estado temporal, o para mejor decir: entro en un estado de locura de cuando en vez y normalmente paso desapercibido ante casi todas las personas. Se puede decir que la mayor parte del tiempo soy una persona cuerda, o mejor dicho, actúo de forma normal. Mis estados de locura son realmente muy pocos; solo en una oportunidad tuve unos sentimientos profundos de infinita sabiduría, de total inspiración, iluminación. Dios me hablaba al oído y yo lo ignoraba, pero el tiempo que duró mi delirio fue muy corto comparado con todo lo que he vivido; estadísticamente puede decirse que no pasó.

Cuando entro en esto que llamaré «estado de locura temporal» (manía, según los psiquiatras), llego a un estado de clarividencia donde descubro cosas que han estado al alcance de mi conocimiento, pero que no había captado antes por no analizarlas bien. Sin embargo, son tantas y de tantos aspectos al mismo tiempo, que termino abrumado. Es como cuando uno está en un sueño que vislumbra y descubre todo, pero estando despierto. De ahí que Poe lo describa dentro de su forma poética al decir: «Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche». Médicamente, en la actualidad, esto que he estado diciendo es un síntoma del trastorno bipolar, como también puede serlo de otros problemas mentales, y lo llaman «estado psicótico». Pero, a diferencia de un sueño donde uno interactúa con seres que uno mismo ha creado, cuando se está despierto se interactúa con seres reales y se choca muchas veces con ellos, porque mucho de lo que uno hace va en contra de las normas —y digo «normas» refiriéndome a lo que la mayoría hace.

Cuando uno pasa mucho tiempo en este estado, donde siente una infinita felicidad y no regresa a la triste realidad, se necesita un impulso de algo. Es cuando las personas buscan ayuda, o cuando la sociedad a su alrededor decide parar esta situación. Antes se encontraba con el alcohol u otras sustancias que se tenían al alcance sin ser ilegales, o ahora se buscan sustancias más potentes, las drogas —de las cuales hay algunas legales y otras ilegales—. Mediante estas se intoxica el cuerpo y la mente, bloqueando este estado anormal, a veces sin consecuencias apreciables, pero muchas veces causando daños a corto o largo plazo. Además, muchas de estas drogas son para el resto de la vida por su forma de actuar, al volverse la persona dependiente de ellas.

**Nota:** La primera parte, en negrilla, no es de mi autoría, pero como dice una canción por ahí: «Esa canción es mía por un derecho casual», ya que define lo que siento en algún momento y se puede decir que su letra soy yo. Además, de acuerdo con mi poco conocimiento legal, no puedo ser demandado por quien la escribió, aunque se revuelque en la tumba si uso sus palabras sin su autorización.

Esta forma de escribir solo la puede hacer una persona como lo fue Edgar Allan Poe y forma parte de su cuento *Eleonora*. Este cuento lo pueden ver en mi versión prologada e ilustrada en: http://unbipolarmas.blogspot.com.co/2015/10/cuento-eleonora-por-poe.html."

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