viernes, 29 de agosto de 2014

Asumiendo las consecuencias de dejar medicamentos

Estoy afrontando en este momento un periodo de hipomanía, intento manejarlo controlando las horas que debo dormir, sin embargo, este control se me dificulta por los compromisos que tengo, versus las consecuencias de tomar las gotas para dormir, porque cuando las tomo al otro día no soy capaz de madrugar a cumplir con mis obligaciones, además por este tiempo me he sostenido sin los medicamentos durante unos meses ya, sin sufrir altibajos fuertes, es mas, el desbalance que sufro en este momento no lo considero fuerte, pero lo puede ser, si no logro detenerlo.

Es posible aún que si estuviera tomando el ácido valpróico, que me funciona como regulador del ánimo, estar en la situación que estoy ahora.

Mi estado de hipomanía es muy claro: No logro concentrarme de buena forma, además tengo labores por hacer que aplazo sin necesidad, muchas veces a propósito, lo que se denomina: Procastinación, que es una indicación clara de que estoy siendo afectado por mi trastorno bipolar, en una tendencia a la manía, debo realizar un trabajo de corto tiempo, que si me dedicara de forma constante podría terminar en uno o dos días, pero es viernes y llevo lo que va de la semana sin haber avanzado mayor cosa, es mas, en este momento debería estar trabajando en el proyecto y no estar por estos lados escribiendo, pero esta es una cosa entra tantas que hago, dejando lo importante que debo hacer de lado, dedicándole unos tiempos muy cortos a lo importante, no soy capaz de hacer una cosa productiva durante un buen tiempo y tengo que pasar a realizar actividades de desperdicio de tiempo.

Cuando decidí dejar los medicamentos, no lo hice porque quisiera estar hacia la manía, aunque cuando se esta en hipomanía se siente bien, no es mi intención estar hipomaníaco, porque soy consciente que no es un estado favorable para la persona, cuando estamos en esta situación se tiene una forma de actuar negativamente ante el entorno, se puede causar daño a otros fácilmente, a veces dichos daños pueden ser definitivos o irreparables.

Estar en hipomanía trae momentos donde uno se siente muy feliz, tranquilo, seguro de si mismo, con ánimos para todo, en este momento estoy así, sin embargo, debo superar este sentimiento y volver a un estado de eutimia cuanto antes.  Al estar consciente de mi problema, se que no es bueno estar hipomaníaco, aunque estando así se siente un gran bienestar pero este no es real.

Si no logro estabilizarme de nuevo en un corto tiempo, retomaría la medicación con el estabilizador de ánimo y si aun así no logro detener estos sentimientos, se que tendría que tomar otros medicamentos aún mas fuertes para superar este episodio, sin embargo, creo que no voy a llegar a esta situación.

Cuando estoy hacia la manía razono de forma poco concreta, pienso de pronto que si termino la labor importante que debo hacer como prioridad, termine con mi trabajo y me sienta desocupado, por lo que voy a sentirme mal, por esto mismo no hago lo que debería estar haciendo.  Este razonamiento es absurdo, pero es la ilógica que manejo cuando no estoy bien de mis sentires y actuó por el impulso de mis desbalances.

Estoy con tendencia al insomnio, si no tomo las gotas de levomepromazina, duermo unas 3 o 4 horas en la noche.

He estado de nuevo ansioso, a veces me pongo paranoico y pienso cosas sobre mi pareja, principalmente un estado de celos, que trato de no expresarlo con ella, porque me lleva a conflictos, lo manejo solo y me causa una gran angustia, ademas estoy seguro en este momento que es algo infundado, sin embargo, sigo sintiendo y pensando al respecto.

La situación política de mi país y del mundo me agobia, están pasando cosas que nos afectan, sin poder hacer casi nada al respecto, tengo mi punto de vista, el cual, siempre esta en contra de lo que me están mostrando los medios tradicionales todos los días, veo que están pasando cosas horribles, mientras la televisión y los medios nos muestran que todo esta bien, que los buenos con su linda democracia están triunfando y están convirtiendo, día tras día que pasa esta tierra inmunda en un paraíso, cuando leyendo entre lineas veo que pasa todo lo contrario, adicionalmente con lo poco que puedo ver a mi alrededor, confirmo que lo que dicen no es como lo pintan.

Cuando estoy hipomaníaco estoy mas sensible ante las situaciones a mi alrededor, cuando estoy normal de pronto me pasan desapercibidas, aunque mi modo de apreciar las cosas no ha cambiado.

El hecho de estar cuasidesempleado me afecta, logro proyectos cortos que no me ocupan mucho tiempo, el resto del tiempo me toca gastarlo en cosas poco importantes, mis obligaciones me ocupan poco tiempo, esto es algo en mi contra y me afecta mas cuando estoy desbalanceado.

Voy a retomar lo importante y a dedicar el tiempo a terminar el proyecto corto, mientras mi desbalance del momento va pasando, por ahora no he tenido consecuencias causadas por mi trastorno bipolar, solo estoy algo agobiado, gracias a la serie sentimientos encontrados que vengo sintiendo, que espero den paso a sentimientos normales.


sábado, 16 de agosto de 2014

Otro bipolar opina sobre la muerte de unbipolar famoso

De nuevo publico en mi blog la entrada de Rafael Narbona que publicó a raiz de la noticia de la muerte del actor Robin Williams. lo pueden ver en su blog en: http://rafaelnarbona.es/?p=8757#more-8757


UN BIPOLAR ANTE EL SUICIDIO DE ROBIN WILLIAMS




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¿Qué experimenta un bipolar cuando se suicida otro bipolar? Aunque no se ha comentado demasiado, Robin Williams era bipolar. La lista de actores que sufren esta patología es notable e incluye a Stephen Fry, Catherine Zeta-Jones, Jim Carrey, Ben Stiller, Mel  Gibson, Richard Dreyfuss. Todo indica que Williams primero intentó cortarse las venas, pero probablemente no pudo soportar el dolor. Las venas se resisten a liberar su carga, casi como un niño que lucha para no dormirse porque tiene miedo a la oscuridad. Sin embargo, cuando el deseo de morir se ha apoderado de la mente, no se desiste con facilidad. Por eso, el famoso actor cambió de método, ahorcándose con un cinturón. Al parecer, escogió la noche para decir adiós. Tal vez le empujó el insomnio, un adversario particularmente cruel. La desesperación se agudiza cuando el mundo escatima su tregua diaria, esa pequeña muerte que paradójicamente nos ayuda a vivir, suspendiendo por unas horas el mundo real. Los bipolares raramente disfrutan de un sueño reparador. Yo sufro continuas pesadillas. Sueño que me ahogo, que mi piel arde y se desprende como las pavesas de una hoguera, que mi garganta intenta articular sonidos y solo produce estertores, que mis ojos hormiguean con miles de insectos agitándose debajo de los párpados. Suelo levantarme agotado y confuso, pero el turbulento mundo de los sueños me resulta más tolerable que mi rostro en el espejo, maltratado y envejecido por un dolor obstinado.
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No voy a ocultar que la muerte de Robin Williams me ha afectado. Tengo 50 años, escribo, soy bipolar, no tengo hijos, he sobrevivido a varios intentos de suicidio y he perdido la esperanza de vivir sin el lastre de la angustia, la tristeza y la ansiedad. El trastorno bipolar recorta la esperanza de vida en diez, veinte, treinta años. Cada estudio arroja un resultado diferente. Mi hermano Juan Luis hundió la cabeza en un horno y abrió las espitas del gas con cuarenta años. No albergaba convicciones religiosas, pero escenificó su muerte con una hilera de crucifijos, alineados en el pasillo que conducía a la cocina. Era mi hermano, pero también una ausencia que yo he combatido reelaborando mis recuerdos, pues no soportaba el contraste entre la realidad y el deseo. Si miro hacia atrás, hay más vacíos que vivencias compartidas. En muchos aspectos, fuimos dos desconocidos que se encontraban de tarde en tarde, fracasando una y otra vez en el propósito de tejer una relación basada en el afecto y la comprensión. Nuestra impotencia para llegar al otro no impidió que naufragáramos en las mismas aguas. Si alguien examina nuestras vidas, advertirá grandes diferencias, pero también se preguntará si no éramos la misma persona, bordeando los mismos abismos. Quizás yo he vivido diez años de más, pero el anhelo de escribir me empuja a seguir aquí. Percibo mis días como páginas que avanzan entre el sufrimiento y el anhelo de felicidad. A estas alturas, tal vez solo soy palabras que se resisten a morir.
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Robin Williams no era uno de mis actores favoritos. Es indudable que tenía talento, pero quizás por mi edad estoy más cerca de Montgomery Clift o Marilyn Monroe. Los dos eran bipolares, autodestructivos y profundamente desdichados. Monty se maltrató a conciencia, abusando de las drogas y el alcohol. Apenas superó los cuarenta años. Marilyn vivió menos. La noche del 5 de agosto de 1962 su cuerpo se rindió ante un cóctel de barbitúricos. Al parecer, mezcló Nembutal (pentobarbital) y Seconal (secobarbital), una combinación fatal que solo fue posible porque su médico de cabecera y su psiquiatra no compartían información. Todo indica que esta vez no buscaba la muerte, pero sí unas horas de sueño, con la desesperación del que ha sobrevivido a duras penas a feroces insomnios. Nunca sabremos las causas y circunstancias exactas de su muerte. Sin embargo, hay incontables testimonios sobre sus fallidos intentos de suicidio, que evidencian su inestabilidad emocional. Ser inestable no es una elección, sino un estado del alma que brota de una interminable herida. No sé cuál era la herida de Robin Williams, que agravó su desorden interior con previsibles adicciones. Previsibles porque el alcohol y las drogas mitigan la depresión, induciendo una alegría tan artificial como efímera. De joven consumí ácidos y cocaína. Solo fue un contacto fugaz, pero no he olvidado su efecto. Al principio, experimentas euforia, excitación y una ilimitada confianza en ti mismo. Hablas durante horas, con una aparente clarividencia. Sientes que por fin has logrado desembarazarte de cualquier inhibición o complejo, pero solo es un cruel espejismo. La avalancha de palabras, hallazgos e intuiciones se detiene poco a poco y de repente comienza una vertiginosa caída. Parece que has saltado por la ventana de un patio interior, con las paredes de color ceniza y un suelo que se prepara para destrozar tu cuerpo, transformando tu cerebro en una medusa moribunda. Al parecer, Robin Williams había superado sus adicciones, pero no la depresión, que se había agudizado durante las últimas semanas. Cuando encontraron su cuerpo, se hallaba casi sentado. Mi hermano estaba de rodillas, con los pies descalzos. Ambas imágenes son desoladoras, pues reflejan indefensión y fragilidad, pero también una profunda determinación de morir.
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El suicidio no es una elección libre y racional, sino un impulso incontrolable. Yo celebro estar vivo. Entre 1993 y 2007, busqué la muerte en varias ocasiones, combinando antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, pero desde que empecé a escribir literatura la perspectiva del suicidio perdió fuerza y ahora solo es un lejano fantasma. El suicidio de Robin Williams ha resucitado ese fantasma, pero no como una posibilidad, sino como un doloroso recuerdo. He pensado en Margaux Hemingway, que se suicidó el 1 de julio de 1996. No era una fecha cualquiera, sino el aniversario del suicidio de su abuelo, Ernest Hemingway, el gigantón que amaba el boxeo, los toros, la caza, la guerra, y que en la madrugada del 2 de julio de 1961 se voló los sesos con su escopeta favorita, una Boss calibre 12. Hemingway conservaba la pistola Smith & Wesson con la que se suicidó su padre, el médico Clarence Edmonds. Clarence se pegó un tiro en la cabeza mientras se encontraba en el despacho de su consultorio. Cuando recibió la noticia, el escritor comentó: “Probablemente yo voy por el mismo camino”. Al igual que su abuelo, Margaux sufría trastorno bipolar. Se quitó la vida en su apartamento  de Santa Mónica, California, utilizando una sobredosis de fenobarbital. Tenía 42 años. Dejó un bloc de notas, pero arrancó algunas hojas y las quemó. En las primeras páginas se leía: “Amor, curación, protección perpetua para Margot”. También quemó incienso, hizo un montoncito con sal, alineó dos velas y depositó un ramo de flores blancas en la mesilla de noche. A la izquierda de su cama, colocó un osito Teddy, quizás por nostalgia de la infancia, pese a que siempre manifestó que de pequeña había sido muy desgraciada. Al examinar el cuadro, algunos pensaron que pretendía formular un conjuro contra la muerte, pero tal vez solo quiso escenificar su suicidio. El suicidio es una ceremonia privada abocada a convertirse en acontecimiento público, especialmente si eres un artista. Quizás Margaux nos dejó un mensaje que no sabemos interpretar o solo nos quiso decir adiós a su manera.
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Sobrevivir a un suicidio no produce alivio, sino rabia y frustración. Es un nuevo fracaso en una vida marcada por los sentimientos de fracaso, pero eso no significa que resulte deseable tener éxito, pues el que se mata deja un rastro terrible en su entorno. De alguna manera mata a los que le querían. Yo no soy capaz de pensar en mi hermano sin recordar su suicidio. Sus fotos descansan en un álbum, lejos de la vista, pues su imagen está inevitablemente asociada a su trágica muerte. No le he olvidado. Simplemente, no soporto la sombra del suicidio, dibujándose en una mesa o una repisa. Yo no deseo añadir un nuevo drama a la historia de mi familia. Quiero vivir, tengo muchas ganas de vivir. Pienso que solo he empezado una segunda navegación como escritor, después de pasar quince años en la enseñanza y un lustro como investigador y bibliotecario. Robin Williams nos deja el mismo año que Philip Seymour Hoffman, que se inyectó una explosiva mezcla de heroína, cocaína, benzodiacepinas y anfetaminas. Ambos sucumbieron a sus demonios interiores. Hoffman comentó a sus amigos: “Sé que voy a morir”, pues seis semanas antes había superado de milagro una sobredosis. Incapaz de controlar su adicción, consumía también grandes cantidades de alcohol. Se puede decir que también se suicidó, pues alcohol, drogas y enfermedad mental suelen bailar en la misma cuerda, sin ignorar que antes o después caerán al vacío. Yo me he enamorado de las palabras y eso me ha salvado. Ahora me dedico a seguir los pasos de la luz, embriagándome con su belleza. No hay mucho más. La realidad solo es eso y quizás sea lo mejor, pues nuestra conciencia no podría soportar la carga de la infinitud. Robin Williams no ha sido acogido por un Dios compasivo. Está con nosotros, invitándonos a darle la espalda a la melancolía. No se me ocurre mejor homenaje que mirar al cielo y sencillamente sonreír.
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RAFAEL NARBONA
http://rafaelnarbona.es/?p=8757#more-8757

Realmente me encanta como Rafael expresa los sentimientos que sentimos los bipolares, expresar con palabras lo que se siente o sufre con nuestro problema de bipolaridad es bien dificil.

Comparto mi opinión sobre que Williams no era tampoco uno de mis actores de Hollywood favoritos, dentro de las actuaciones en películas que he visto, solo rescato la que hizo en Good Will Hunting.

Como actor de TV me gustaba cuando niño su papel que hacia en Mork y Mindy.


lunes, 11 de agosto de 2014

Muere el actor Robin Williams a los 63 años (Otro suicidio de un bipolar famoso)

Según noticia publicada por CNN Español

"- El reconocido actor estadounidense Robin Williams falleció a los 63 años.
Williams, conocido por sus papeles en películas como Jumanji y Dead Poets Society, murió en la mañana del lunes, según informaron las autoridades policiales de California. Fue hallado muerto en su residencia.

Investigaciones forenses sospechan que la muerte fue "un suicido por asfixia", según dice un comunicado de la oficina del sehriff del condado Marin, en California. El hecho es investigado.
"En este momento, la oficina del alguacil sospecha que la muerte se debió a un suicidio por asfixia, pero una investigación más amplia debe ser completada antes de llegar a una determinación final", señala el comunicado.

"Un examen forense está previsto para este 12 de agosto, con una subsecuente prueba de toxicología", agrega.
Alrededor de las 11:55 horas (local), funcionarios locales recibieron una llamada telefónica al 911, en la que se reportó a un hombre adulto inconsciente dentro de una casa, dice el comunicado del sheriff.
Policías y bomberos acudieron al lugar a las 12:00 y Williams fue declarado muerto a las 12:02.
La noticia de la muerte la confirmaron la esposa y el representante del actor.

"Había estado luchando contra una depresión severa", dijo Mara Buxbaum, la representante.
"Esta mañana perdí a mi esposo y mi mejor amigo, mientras que el mundo perdió a uno de los artistas más queridos y uno de los seres humanos más hermosos", dijo Susan Schneider, la esposa de Williams, en un comunciado.
Williams y Schneider, diseñadora gráfica, estaban casados desde octubre de 2011.
El actor había estado en rehabilitación en julio, según fue reportado por TMZ en ese entonces. Williams admitió ser adicto a la cocaína y al alcohol en los años setenta pero dijo haber abandonado esos vicios antes que naciera su hijo en 1983. Dijo haber mantenido su sobriedad por 20 años.
Fue operado del corazón en el 2009.
Wiliams ganó el Óscar de mejor actor de reparto en 1998 por su papel en Good Will Hunting.
Nació en Chicago el 21 de julio de 1951, estudió teatro en Juilliard School en Nueva York e inició su carrera haciendo stand up en bares. Su primer papel importante fue interpretando a Mork, un extraterrestre que visita la Tierra, para un episodio de 1974 de la serie "Happy Days". Depsués protagonizó "Mork y Mindy".
Williams además fue protagonista de los dramas Más allá de los sueños y Retratos de una obsesión, así como de las comedias Good Morning Vietnam, Patch Adams, Papá por siempre y El hombre bicentenario."

De Robin Williams se decía que tenía el don bipolar y había estado últimamente deprimido, según he podido ver buscando por internet, no se han encontrado muchos detalles de la situación que estaba viviendo últimamente, encontré una foto de él de hace pocos días donde se le puede notar su depresión.


No le sirvió ser exitoso, tener fama, dinero, compañeros, al parecer una familia y amigos que lo rodeaban y apoyaban, fue mas fuerte la enfermedad, que se lo llevó de repente, como ha hecho con muchos que padecieron la bipolaridad o como nos puede pasar a los que todavía vivimos con esta.

Se ha dicho que durante un tiempo fue adicto al alcohol y las drogas, pero, según lo dijo el mismo estaba controlado últimamente, aunque algunos medios periodísticos dicen que había recaído en la adicción al alcohol y de pronto a otros psicoactivos, este punto no esta bien claro por el momento.

En la mayoría de sus interpretaciones mostraba su lado simpático, pero era poco lo que se mostraba de su lado depresivo.

Tener bipolaridad es algo que nos puede adelantar la partida de este mundo, es algo de lo que debemos estar conscientes: Es posible que cuando se llega sin querer a un estado extremo, irnos repentinamente sin realmente quererlo, solo en un arranque por un estado de crisis.

Yo como admirador del actor en varias de las películas, siento que lo que le paso es algo muy desafortunado, es una situación de la que no estamos libres, así en este momento este muy consciente y diga que lo del suicidio no va conmigo, puede en cualquier momento tocarme aunque no haya estado hasta ahora en ninguno de mis planes.

Me impacto últimamente la película Good Will Hunting, donde lloré en varias escenas de la película, la vi hace poco y donde apenas vengo a saber que fue la que le permitió obtener el premio Oscar, donde se muestra a un chico genio superdotado, pero que vive cerca de la precariedad y de la delincuencia, debido a su entorno social donde crece y vive, alli Williams desempeña el papel de un Psiquiatra que intenta tratar y analizar al chico problemático y termina siendo analizado, tratado y aliviado por el paciente.

Se barajan muchas posibilidades de las causas que desencadenaron el hecho de que Robin Williams haya llegado al suicidio, que van desde las que muestran los medios sensacionalistas que afirman que se debió que había recaído en el alcohol y las drogas, cosa que él negaba al declararse sobrio últimamente, donde ademas se enfocan mas en la forma como se quito la vida, describiendo las situaciones macabras que conllevaron físicamente a su muerte, que en un análisis mas humano de las causas de su suicidio.

Otras informaciones hablan que tenia problemas de salud (tenia síntomas de Parkinson, claro que es posible que tuviera parkinsonismo debido a efectos secundarios de los medicamentos para problemas mentales) como que también que tenía problemas económicos, dado que personas que ganan demasiado dinero como los actores de Hollywood, también pueden llegar a gastar y desperdiciar demasiado dinero y estar agobiados por grandes deudas por ello, si uno cuando debe algo de dinero por decir unos cientos de dolares se angustia, que puede decirse cuando se deben millones de dolares.

También he encontrado en la red que Robin Williams confiaba en la meditación y en tratamientos alternativos, los cuales en casos extremos son contraproducentes y peligrosos, dado que para combatir un estado de crisis fuerte como el cuadro que tenía Williams, se requieren terapias de choque y no placebos que de pronto funcionan para situaciones leves, ademas encontré que era vegetariano condición que según algunos estudios científicos puede causar deficiencias en algunos químicos del cerebro (vitamina B-12, Vitamina D, ácidos grasos omega 3 de origen animal), necesarios para mantener la estabilidad emocional.

A modo de conclusión, puede decirse que cuando ataca una enfermedad mental que lleva al suicidio, a veces no hay nada para hacer, porque aun alguien que lo tenía todo y podía acceder a todos los recursos posibles no pudo salvarse.

Nota de actualización 23 de marzo de 2017: Después de realizadas las pruebas toxicológicas y de ser publicados detalles sobre la autopsia, se supo que Robin no había vuelto a consumir psicoactivos y se determinó que estaba en los preliminares de desarrollar un tipo de demencia por daños en celulas cerebrales; los cuales le estaban produciendo algunos síntomas problemáticos como una fuerte depresión, desconexiones de su sistema mental, problemas similares al mal de Parkinson, problemas metabólicos que le estaban afectando fuertemente su calidad de vida.  Mi opinión al respecto es que Robin sentía que se estaba desconectando de este mundo desde el punto de vista mental y que por lo tanto esto fue lo que lo llevó a tomar la decisión de dejar este mundo por su propia mano, ya que sin saberlo exactamente tuvo la intuición de que se iba a convertir en un viejo demente el cual sería un problema para su entorno mas cercano y prefirió entonces descansar de vivir, aún teniendo algo de lucidez.



domingo, 15 de junio de 2014

Dejando los medicamentos

En este momento estoy sin tomar medicamentos, de hace unos tres años para acá estaba tomando básicamente dos, ácido valpróico y levomepromazina, hace un mes suspendí el ácido valpróico, debido a una crisis de dolor abdominal que no se sabía su causa, entre una de las posibles estaba un efecto secundario del ácido valpróico sobre el hígado, ya que un examen de sangre apareció evidencia de una afectación del órgano, pero esta no era concluyente.
Como en ocasiones anteriores cuando he dejado los medicamentos me siento estable, sin síntomas de altibajos en los últimos días, estoy dando una pausa la cual se que es un riesgo alto, pero voy a correrlo, espero que la próxima crisis que se voy tener no sea muy dura y pueda controlarla, tal vez vuelva a tomar medicamentos que parece me ayudan, pero en este momento espero vivir un trayecto de mi vida sin ellos.
Claro que de tener problemas de sueño tomaré la levomepromazina la cual se puede decir que no he dejado, pues esta me quita el insomnio y solo la tomo por periodos.
Respecto al ácido valpróico que es un estabilizador lo tengo suspendido desde hace un mes y solo lo tomaría de nuevo si me desbalanceo de nuevo fuertemente. A pesar de haber soportado aceptablemente este medicamento, pues lo tomé juiciosamente por unos tres años aproximadamente, me cansé en este momento de hacerlo.
A pesar de considerar que este me ha funcionado, también pienso que he podido funcionar bien sin medicamentos en otras oportunidades, esta no será la primera vez que lo hago, claro que es la primera desde que tengo una información mas consciente de lo que me sucede y de lo que significa la enfermedad que padezco.
Pienso que mientras esté sin síntomas no tomaré esta u otra droga, tampoco acudiré a otras drogas o sustancias psicoactivas, pues estas son mas dañinas que los medicamentos para nuestro problema mental.
Esta es una decisión personal de riesgo y muy controversial, no rogaré a Dios por mi bienestar, pues considero que el no tiene la culpa de que yo me arriesgue a esto y pedirle que me ayude no sería lógico.
Soy creyente en el poder de los medicamentos, creo que estos tienen altas probabilidades de tener efectos benéficos sobre las personas a pesar de también tener efectos dañinos, lo que si pienso es que puede haber casos de no necesitar los medicamentos de por vida, para algunos problemas mentales, como en mi caso, ya que al estar estable estos no realizan mayor función o así lo veo yo, claro que esto no me salvará de volver de nuevo a los altibajos, porque aun con medicamentos estos pueden de nuevo aparecer.
Tampoco pienso acudir a la acupuntura o a los tratamientos alternativos pues pienso que son inocuos, porque solo tienen función de la acción placebo y en mi caso, como no les tengo fe, esta acción de placebo no funciona para mi.
Dejar en este momento la medicación, no considero que sea una decisión muy buena, ni pienso que otros deban tomarla, ni pienso incitar a que otros la tomen, pero pienso descansar un tiempo de la esclavitud de estar tomando pastas a diario y de sufrir ciertos efectos secundarios que aunque esta vez son menores que en las ocasiones anteriores, si los tengo, principalmente sobre otros órganos diferentes al cerebro, porque respecto a mi funcionamiento mental este no sufrió alteraciones, ya que mi concentración no fue afectada, como tampoco me produjo lentitud de razonamiento o de movimientos corporales.
Espero no contar desgracias en un futuro en este espacio, pero es una consecuencia posible de mi decisión.
Por lo demás mi vida aunque no es la ideal, es buena y esto es un factor en mi favor, porque el estrés de tener muchos problemas nos afecta demasiado.

viernes, 6 de junio de 2014

Reflexiones para mi diario bipolar

Estoy un poco retirado de este blog, causas estoy envuelto en las entretenciones fáciles de internet, de  los computadores, de los celulares, aunque no tengo un perfil activo fuertemente en facebook u otras redes sociales, dedico mi tiempo de entretenimiento a otras cosas banales, ademas he tenido algo de trabajo.  Mi problema de tb ha estado mas bien calmado, no he vuelto a tener desvelo, por lo tanto en mi caso no he sentido altibajos emocionales, es importante para mi estar aliviado; es estar aterrizado en la cruel realidad, no es que pueda hacerme feliz, como tampoco el estar enfermo siempre me haga estar triste, porque en una manía podemos estar felices aunque estemos hundidos en lo mas profundo, lo que significa estar aliviado del trastorno bipolar: Es que los sentimientos que se tienen están de acuerdo con las circunstancias, no en contravía o amplificados.

Estoy en la alienación de los medios actuales, demás que si estuviera en otro tiempo también encontraría alineación en otras cosas, el presente mio se puede decir que es bueno, dentro de una familia estándar, con una comprensión de mis allegados de mi problema mental, que casi se puede decir que pasa desapercibida.  En este momento que estoy sin síntomas de trastorno bipolar, mi situación económica aunque no es boyante, no es mala, me permite sufragar los gastos necesarios, quedando algo para lujos y comodidades, como también para tener la esperanza de una futura vejez cómoda, gracias a inversiones que he realizado.

Me emociona saber que tengo mas de cien mil visitas a mi blog, esto no significa que cien mil personas me hallan leído, la mayoría de las visitas son hechas por máquinas guiadas por programas de buscadores, indexadores o por programas espías: Buscando algo raro en los blogs, también de personas que buscan información no necesariamente del tema del trastorno bipolar, si no por búsqueda a partir de  palabras semejantes son llevadas a mi blog, descubren que no es lo que querían y simplemente pasan de largo, también por personas interesadas en temas relacionados a los que trato, pero que al no encontrar exactamente lo que quieren también pasan de largo, sin embargo, un pequeño porcentaje de estas visitas se puede decir que es realmente por interés del tema y que se queda al menos un tiempo leyendo alguna entrada o de pronto busca otras, esto es lo que se busca cuando escribo, saber que de pronto hay un numero aunque pequeño de personas que realmente lo han leído con interés, que lo que expresa una persona ordinaria sin muchas pretensiones, sin mucha calidad desde el punto de vista de escritura es recibido por otros, es gratificante, es lo que me impulsa a pensar en seguir escribiendo.

Este blog me ha permitido compartir opiniones con personas iguales a mi, simples pacientes con sus sufrimientos que cuentan su historia en otros blogs o en sus comentarios, muchas veces se encuentra como han hecho para superarse, como viven con este trastorno mental o con otros, teniendo vidas normales.

Me alegra mucho recibir comentarios, aun de los que me critican, pues son la retroalimentación que me permite reflexionar y poder mejorar en lo que escribo, como también que me permiten nuevos conocimientos respecto a las dolencias que tengo, porque de la gente ordinaria como yo u otros pacientes se puede aprender mucho, igual que de artículos científicos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Otra pagina de mi diario bipolar

De nuevo con sentimientos encontrados, estoy unas veces algo acelerado, otras como en este momento algo deprimido.

Mis emociones casi nunca son bien claras, esto lo provoca mi enfermedad, me considero demasiado sensible ante las situaciones negativas, lloro fácilmente ante hechos que afecten mi entorno cercano, como también ante cuestiones banales: Leer cosas tristes así sean de ficción, ver dramas en cine o televisión.  Como dato curioso no puedo evitar llorar al empezar a ver la película UP, por lo que no la he podido ver completa, solo soporto ver las escenas del final, pero aun así me entristezco cuando las veo, pero también tengo mi lado duro, soy dado a enojarme y a veces a salirme de las casillas ante situaciones cotidianas que me pueden causar problemas con otros.

En este momento estoy sin proyectos de mi especialidad, solo atiendo rutinariamente una serie de cuestiones que me permiten obtener ingresos limitados pero suficientes para mi cotidianidad, pero no implican una carga laboral completa, como sucede al obtener contratos de obras o contratos de trabajo temporal, estoy como se puede decir desempleado.

Como tengo trabajo por temporadas, el estar sin muchas obligaciones en este momento me pone tenso, aunque me permite entre otras cosas disponer de tiempo para escribir, tal como lo hago ahora.

A excepción de ayer he estado durmiendo bien, aunque no me desperté en la madrugada, si tardé algo en dormirme, dormí solo unas 6 horas, esto no conviene para mí, las consecuencias es lo que vengo sintiendo y relatando.

Estoy a la espera de si entro en insomnio tomar algo para controlarlo, por lo demás solo sigo tomando mi medicamento de control, el cual consiste en un solo tipo de pastillas, que considero soporto y que me viene funcionando.



martes, 25 de marzo de 2014

Un bipolar en primavera por: Rafael Narbona

Me sigo tomando el atrevimiento de reproducir entradas del blog de Rafael Narbona, dado que tuve el permiso de parte de él, en el caso de un post anterior.

A continuación presento otro post donde trata de forma precisa los sentimientos de una persona que sufre esta dolencia, donde aún estando en un periodo de cierta normalidad, los sentimientos están afectados.

La entrada original la pueden encontrar en un bipolar en primavera http://rafaelnarbona.es/?p=7068#more-7068



UN BIPOLAR EN PRIMAVERA


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Hace unas semanas me encontraba tan bien que me planteaba si los médicos no se habían confundido en mi diagnóstico. No es la primera vez que me sucede y creo que es una vivencia común entre ese 25% de la población mundial, con alguna clase de trastorno mental. Desde hacía mucho tiempo, no experimentaba picos de euforia ni estados depresivos. Los últimos meses se habían mostrado particularmente benévolos, ahuyentando la melancolía y sembrando la esperanza. No pensé que la proximidad de la primavera se aliaría con la imperfección de las relaciones humanas para desencadenar una recaída depresiva. He escrito un libro sobre mi interminable litigio con el trastorno bipolar, pero creo que muchos aún no han comprendido la naturaleza de esta enfermedad. Sólo los que conviven conmigo han captado las turbulencias que se desatan en mi interior y han aprendido a no alimentarlas con torpezas o reacciones intempestivas. Miedo de ser dos recrea mis cincuenta años de vida, prestando una especial atención a los últimos veinte, que constituyen el escenario de mis crisis. En esas dos décadas mi cerebro ha soportado el asedio de la psicosis maníaco-depresiva, una patología insidiosa y recurrente que nunca se da por vencida. Ahora me dispongo a librar un nuevo asalto, convencido de que esta vez la muerte no será una tentación, sino un lejano telón de fondo. No anhelo morir, pero agradezco que nuestro tiempo no sea ilimitado. Si el ser humano viviera eternamente, su peripecia se parecería al martirio de Sísifo, pero sin la grandeza de los mitos.
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¿Por qué me quejo de la incomprensión ajena? Algunos olvidan que el rasgo diferencial de una mente herida no es el talento, sino la extrema vulnerabilidad. Ser vulnerable significa que estás más expuesto al dolor y posees menos recursos para enfrentarte con la adversidad, incluso cuando ésta se presenta como algo trivial e insignificante. Ya no me produce angustia conducir, pero cualquier trámite que altere mi rutina me aterra. Enviar un giro postal, rellenar un impreso, realizar una gestión en el banco, hablar con un amigo. Vivo en una casa de campo bordeada por la estepa castellana. No me gusta la dureza de esta tierra, con sus campos desnudos y sus temperaturas extremas. Lejos del mar, la llanura escatima el frescor, la brisa, la ternura. No se pueden establecer analogías con el desierto, pues el desierto es un espacio tan enigmático como el universo o el océano. Su vacío es una forma de plenitud. En cambio, la planicie de la meseta es tan áspera como una plegaria que no espera respuesta. No hay nada más desolador que sentir el silencio de Dios, corroborando que el anhelo de un más allá sólo es una fantasía infantil. Las montañas del horizonte, con sus crestas blancas, acentúan la desolación del que camina solo, sorteando surcos, piedras y retamas, pues la felicidad parece algo muy lejano y casi inaccesible.  Yo no pertenezco a este paisaje, pero me refugio en él, pensando que más allá comienza el mundo, con sus tensiones y conflictos. La tentación de aislarse es casi irresistible, pues el trato con los otros resulta tan hiriente como observar la agonía de un niño enfermo. Algunos no advierten ese sufrimiento y no lo entienden. No puedo reprochárselo, pues yo tampoco lo comprendo. Casi todos nos debatimos en la telaraña de nuestro propio ego y somos incapaces de entender al otro, particularmente cuando su cerebro es una copa de cristal a punto de estallar.
En Miedo de ser dos, hablo muchas veces de la luz como una fuente de alegría y serenidad, pero lo cierto es que la luz primaveral es cruel e implacable. Penetra en nuestros ojos con la fiereza de un cuchillo, abriéndose paso hasta la glándula pineal. Sé que la luz de marzo ha afectado a mi secreción de melatonina, la hormona que regula los ciclos circadianos y los estados de ánimo. Somos pura química, pero nuestra conciencia se rebela contra ese hecho elemental. No soportamos ser simple biología, desplegándose de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Pienso que lo único trascendente es nuestra capacidad de poetizar nuestro paso por el mundo. Estamos abocados a desaparecer sin dejar huella. No sólo morirá nuestro yo. Beethoven, Shakespeare, la pintura de Rembrandt, las Ideas platónicas y las ecuaciones de Einstein son piruetas efímeras en la vida del universo. Nada podrá evitar que caigan en el olvido. Desconocemos lo que nos precede y lo que surgirá cuando ya no estemos aquí. Somos transeúntes, simples vagabundos, que viajamos del centro a los márgenes y de los márgenes a la nada. La luz se enreda en nuestras vidas, provocando reacciones paradójicas. Este año la luz me ha desequilibrado, pero en otras ocasiones me ha ayudado a continuar. Recuerdo una tarde de desolación a los diecisiete años. En esas fechas, no se hablaba de bipolaridad y yo no sabía casi nada sobre la mente humana. Simplemente, experimentaba una tristeza intensa y contemplaba el futuro con un pesimismo irreductible. Me encontraba en Guadarrama y había pasado toda la tarde en la cama, demorando el encuentro con el mundo exterior. Por mi cabeza rondaba la idea del suicidio. Era un joven solitario e inadaptado. La muerte de mi padre había dejado un profundo vacío en mi interior. No tenía amigos. No me entendía con los chicos de mi edad. Era la época de las discotecas, el alcohol, las drogas y las hormonas desbocadas. El compromiso político ya no estaba de moda y la Movida ya había empezado a mostrar su rostro estúpido y reaccionario. Alaska y su corte de imitadores presumían de ser frívolos y consumistas. El esnobismo adquiría rango de categoría estética y las letras insustanciales (“Terror en el hipermercado / Horror en el ultramarinos / Mi chica ha desaparecido / y nadie sabe cómo ha sido / no, oh”) reemplazaban a las canciones que habían servido de inspiración a las generaciones anteriores  (“Sólo le pido a Dios / Que el dolor no me sea indiferente / Que la reseca muerte no me encuentre / Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”). Mi afición a la literatura me hacía fracasar en todos los frentes. Cosechaba suspensos, pues dedicaba las horas de estudio a leer a Tolstoi, Chejov, Nietzsche o Borges, aunque muchas veces no los entendiera. No lograba integrarme en ninguna pandilla. Después de cometer unas cuantas fechorías entre los catorce y los dieciséis años, me había transformado en un chico tímido e introvertido. Odiaba bailar y beber. No soportaba el tabaco y las drogas me inspiraban miedo y repugnancia, lo cual no significa que años más tarde no sucumbiera a los paraísos artificiales, pagando un tributo exiguo a un dios que devoró las vidas de algunos amigos de mis años universitarios. Las chicas no me hacían mucho caso. Era bajito y parecía más joven, casi un niño. Pasar las horas en el Parque del Oeste con los cuentos de Julio Cortázar o las novelas de Hermann Hesse, no incrementaba mi atractivo, al menos en aquella época. Los libros me acompañaban día y noche, pero eran como las velas desgarradas de un barco que zozobra sin remedio. Viajarían conmigo hasta el fondo del océano, pero no evitarían que me ahogara.
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No sin un enorme esfuerzo, logré levantarme de la cama y salí al exterior. Me subí a una bicicleta y empecé a pedalear sin rumbo fijo. Era julio o agosto. No hacía demasiado calor y la luz se filtraba por la copa de los árboles. La claridad se deslizó suavemente por mis ojos y mi estado de ánimo cambió súbitamente. De repente, experimenté rabia, alegría, rebeldía. Pensé que vivir merecía la pena. Mis fracasos dejaron de pesarme como una prolongada condena de prisión. Mis sentidos se pusieron alerta. Debía registrar cada detalle en mi mente. Cuando regresara a mi habitación, escribiría. Escribiría sobre las casas de piedra que aún sobrevivían entre construcciones nuevas, con fachadas insulsas y ventanas de aluminio. Escribiría sobre los árboles centenarios, que extendían su sombra en la plaza del pueblo, acogiendo con la misma generosidad a jóvenes y ancianos. Escribiría sobre los desconocidos, a los que atribuía una felicidad inaudita. No recuerdo si escribí algo, pero no he olvidado que la idea de escribir me transmitió esperanza y me liberó temporalmente de la tristeza. He necesitado cincuenta años para completar un libro. Espero que sólo constituya el inicio de una obra que crecerá poco a poco. Escribir no es una elección, sino mi forma de vivir. Cuando dejo de escribir, de alguna manera dejo de vivir. La primavera se ha enseñado con mi cerebro durante unos días, pero ya estoy mejor. He conseguido romper el maleficio antes de que sellara todas las puertas. Escribir es un comienzo y un final. Escribir es mi vida y mientras logre decir algo, ligar las palabras y expresar una idea, un recuerdo o un sentimiento, tendré la certeza de que el abismo ha quedado atrás. La luz de marzo ya no es una caída interminable, sino la claridad que me reconcilia con el insólito hecho de existir.
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RAFAEL NARBONA

jueves, 13 de febrero de 2014

Cuando era bipolar y no lo sabía.

He leído bastante respecto a la bipolaridad en los niños y casi siempre se encuentra lo mismo, cuando se trata de definirlo:  Se dice que son niños demasiado inquietos, que no se concentran, inestables emocionalmente, en una pagina web encontré una definición que trascribo textualmente la cual no comparto: " el trastorno bipolar en los niños deteriora considerablemente la capacidad funcional en el colegio y las relaciones con los compañeros y la familia. Muchos niños con trastorno bipolar tienen discapacidades simultáneas y una baja autoestima."



Sin embargo, mi caso y de pronto otros, que son poco reseñados, sobre los cuales he encontrado en algunos textos: Se habla de todo lo contrario, sobre personas que son bipolares ahora; pero, en su niñez fueron muy diferentes a lo que se define ahora como los síntomas de un niño con trastorno bipolar.

En mi niñez fui muy estable, mas bien introvertido no era lo que se dice demasiado inquieto, tenía una buena autoestima y no se me dificultaba concentrarme, la descripción de como fui en esos días puede estar en el lado contrario, poseía un don de aprendizaje el cual me permitía rendir a un máximo académico, con un mínimo de esfuerzo, con solo leer una vez un texto o si el profesor era bueno y explicaba muy bien el tema, era suficiente para grabarlo, muchas veces sin tomar buenas anotaciones, para posteriormente sacar las máximas calificaciones.

Aunque considero que cuando niño no fui lo que se dice un alumno problemático, si fui bastante crítico en mis apreciaciones, lo que me llevo a tener problemas leves con algunos profesores, los malos, que afortunadamente para mi, eran pocos en el colegio donde estudiaba, porque muchas veces adelantaba o profundizaba en el tema a tratar y desde muy corta edad me atrevía a contradecirlos.

En el colegio solo tuve inconvenientes algo fuertes en las clases de religión, que no pasaron de esta materia como tal, pues mi colegio era laico y los problemas con la religión como materia solo se suscribieron a esta asignatura, como es un tema que para mi no posee una base concreta, llegar a unas conclusiones claras no me eran aceptables a mi edad juvenil, esta situación la superé gracias a mi padre que me hizo ver que no ganaba nada al respecto contradiciendo a los demás, algo que también tuvo que hacer él y de una forma mas violenta en su época, ya que lo que yo hacia no era tan horrible en la época que me toco (años 1980s), pero si lo era en los años de su niñez y juventud (1940 a 1950), me recomendó que viera la religión como parte de la literatura, como una base de historias antiguas muchas ficticias, sobre las cuales se basaban muchas personas modernas para actuar y que aunque para mi parecer estaban equivocadas, debía dejar y respetar que creyeran, porque eso es la libertad de culto, que se debe ser flexible en esto, era mejor que llegar a los extremos que le toco vivir cuando la gente se mataba por sus convicciones políticas o religiosas.

Cuando comencé mis estudios superiores tenía una gran ilusión, porque sentía que podría ser un estudiante y un profesional aventajado, debido a mi buena capacidad de aprendizaje y de desempeño académico, sin embargo, una crisis de trastorno bipolar fuerte cambio esta situación.

Cuando estaba estudiando el primer semestre de mis estudios superiores, fui fuertemente afectado por el trastorno bipolar, cuando sufrí un fuerte cuadro psicótico, que me llevó a tener alucinaciones y una desconexión completa con la realidad, me retire de la universidad y fui internado por algún tiempo en una institución de salud mental, donde fui recuperado para este mundo, sin embargo, no sin sufrir consecuencias, la principal, la perdida de mis grandes capacidades académicas las cuales hasta ahora no he podido recuperar.

En el video documental que realizó Stephen Fry para la BBC Stephen Fry - Trastorno Bipolar I Parte  y Stephen Fry - Trastorno Bipolar II Parte muestra en la parte final un caso de una mujer joven que cuando niña era muy similar a lo que yo fui y que precisamente después de sufrir un fuerte episodio de la enfermedad, perdió gran parte de las capacidades académicas sufriendo un trauma grande por esta situación bien difícil de superar.




Para mi fue un golpe muy duro, pasar de ser el mejor del curso en el primer semestre, a ser uno mas del montón: Que tiene que esforzarse y aun así repetir materias para poder continuar, logré superarlo creo yo, pienso que el hecho de no saber el tipo de enfermedad que tenía y lo grave que podía ser (aunque el psiquiatra que me trató, me dijo que estaba enfermo y que debía medicarme de por vida), en mi ser consciente ignoré este hecho y no me preocupe demasiado, trate se continuar con mi vida normalmente, de pronto de haber estado en esta época, al saber que tenía una enfermedad mental grave e incurable, con todas sus características, de pronto me hubiese dado mas duro y no hubiese podido terminar mis estudios superiores.

La afectación fuerte de mi enfermedad vino muchos años después mas o menos a eso de los 35 años cuando siendo profesional ya y con muy buen empleo, fui despedido pienso yo gracias a un ataque de mi enfermedad, es mas, solo cinco años después vine a saber que la sufría.

Pienso a veces que el hecho de saber que tienes una enfermedad grave, muchas veces afecta mas que tenerla.  En la antigüedad cuando no se sabía ni se había catalogado el trastorno bipolar las personas tenían que sobrevivir a ella y de pronto para algunos, les pudo afectar menos que lo que nos pasa ahora cuando se tiene demasiada información al respecto.

El hecho es que: Pude sobrevivir relativamente bien durante unos 20 años, sin tomar cócteles de medicamentos, sin tener crisis demasiado fuertes que me provocaran internarme en un hospital, pero si episodios de manía que me causaron problemas sentimentales y laborales.

Después de salir de las crisis fuertes pasaba esos días sin medicarme de forma constante y solo lo hacía cuando tenía de nuevo desbalances fuertes, me funcionó relativamente bien creo yo, mi caso en particular puede decirse que no fue tan fuerte, o que afortunadamente lo pude manejar sin tanto medicamento, porque se tienen referencias de personas que con casos similares al mío, tuvieron problemas graves, que no les permitió llevar una vida normal, o donde los desbalances del trastorno bipolar les llevo a situaciones extremas, que terminaron en la drogadiccion, alcoholismo o que pusieron fin a su vida por su propia mano.

A pesar de no saber que era lo que sufría precisamente, tenía lo que se dice un insight o un sentimiento profundo en el subconsciente, que me dice que sufría del cerebro, que debía tratar de no dejarme llevar a los extremos, descubrí y aplique este descubrimiento: Que lo que me controlaba básicamente era dormir bien y cuando no lo hacía tenía que tomar algo para regular el sueño, regulándolo mis emociones se regulaban también, logré creo un autocontrol de mis emociones, sin embargo, ahora que se que es lo que tengo, no me atrevo a dejarme ir sin el medicamento de control, que tomo como una muleta, el cual no puedo dejar a un lado porque me caería, claro que tengo para decir que esta muleta, hasta ahora, de pronto me ha ayudado a que no haya vuelto a tener episodios fuertes, solo algunos desbalances mas leves.




martes, 21 de enero de 2014

De nuevo con desvelo

En esta entrada voy a relatar lo que me ha estado sucediendo desde hace unos días, desde que inicio con unos primeros síntomas de un nuevo desbalance hasta que considere que este haya pasado.

Día uno:

Son las 5 de la madrugada, hace como dos horas me desperté y no pude volver a dormir, ya es hora de iniciar el día y no puedo volver a acostarme.

Espero que esta situación no sea para comenzar de nuevo un ciclo de desbalances.

Esta noche voy a tomar el somnífero y espero que regule de nuevo mi dormir.

Día dos:

Anoche tomé las gotas que son un somnífero y me levanté como a las nueve de la mañana, bastante frenado, pero pude dormir bastante tiempo, pienso que recuperé parte del sueño perdido de ayer.

El día fue bastante normal, de pronto sentí algo de acelere y me dicen que vengo hablando mas fuerte de lo promedio, siento que estoy un poco conflictivo, siento que estoy acelerado.

Resulta que mañana tengo unos compromisos de labores de un contrato, temprano en la mañana y si no me levanto a tiempo puedo tener problemas, por lo que decidí no tomar gotas y ensayar a ver como amanezco, lo mas seguro es que vuelva a tener síntomas de desbalance, que estos pueden ir en aumento, pero debo cumplir con obligaciones es un dilema que tengo.

Día tres:

Anoche dormí poco, casi no puedo conciliar el sueño, tuve una discusión con mi pareja y todo creo debido a mi problema.

Hoy logre levantarme temprano, escribo estas lineas rápidamente y voy a realizar lo que tengo pendiente por hacer, me siento acelerado pero con ganas de hacer las cosas, estoy entre ansioso y un poco pensativo por mi situación, espero que logre trabajar bien.

Si logro programar mis cosas y no tengo que madrugar mucho para mañana, pienso que puedo estar mejor, porque en definitiva tengo que de nuevo tomar las gotas para dormir, parece que de nuevo se esta presentando un episodio de mi tb y debo hacer lo posible para que este no siga su curso negativo.

Día cuatro:

Dormí bastante anoche, después de tomar el somnífero y  de un día ocupado, tal como esperaba hoy me levante un poco mas tarde, aplace y adelanté cosas para no tener que madrugar tanto y poder dormir un poco mas, afortunadamente como no tengo un trabajo estable puedo darme estos lujos, sin embargo, es duro saber que si lo tuviera estaría en problemas, porque rendir laboralmente así es difícil.

Respecto a la mañana de ayer siento que estoy menos acelerado, ayer estaba bastante acelerado, estuve muy disperso y desconcentrado, mi rendimiento real en estas circunstancias es poco, porque comienzo varias cosas que dejo a medio camino y no termino, aplazo labores que debo hacer mas temprano y me dedico a cuestiones que no tengo que hacer todavía, o sea mis prioridades son un desorden completo.
Básicamente hice lo que por agenda, por obligación y compromiso tenía que realizar, lo demás quedo en el aire.

Lo único es que me sentí bien, típico sentimiento de una tendencia a la manía, el remordimiento por lo anteriormente relatado lo vengo a sentir ahora y me lamento por la perdida de tiempo, por no realizar cuestiones que debí hacer en su debido momento.

Tampoco estoy deprimido como tampoco puedo decir que llegué a estar hipomaníaco, mis fluctuaciones son leves por el momento, pero si rápidas pues pase de estar con tendencia a la manía a estar relativamente estable en mis emociones.

Como en ocasiones anteriores voy a tener que seguir tomando las gotas para dormir por lo menos una o dos semanas de forma continua y con la condición que aún teniendo que levantarme temprano, las tomaré, pues ya ensaye sin tomarlas y el insomnio aparece, situación que no es buena para mi, pues sé que si dejo que este aparezca, tendré muy probablemente un cuadro de desbalance fuerte.

Respecto al medicamento de control que vengo tomando, en ningún momento lo he dejado y es mas en estos días lo he venido tomando cumplidamente.

Día nueve: Me he sentido con altibajos los últimos días, tuve depresión suave un día y después algo de hipomanía, estoy en ciclado rápido, tengo que tomar el somnífero si pretendo dormir bien, una noche no lo tomé y dormí apenas como tres o cuatro horas despertándome a las 3 de la madrugada sin saber que hacer y pasando el siguiente día acelerado, espero llegar de nuevo a una estabilidad y poder dejar el somnífero por un tiempo, pero no será en estos momentos.

A pesar de mis desbalances no he tenido problemas externos, de pronto algunos roces con mi pareja dado que me pongo muchas veces insoportable, lo sé cuando lo analizo, pero en el momento no soy consciente de lo que estoy haciendo.

En el fin de semana que pasé en estos días me olvidé que estaba con problemas y me sentí bien, pero cuando tengo que laborar no me siento tan bien, pues se sienten los efectos del somnífero y del estado alterado en mis sentires.

Día diez y seis: Todos los días anteriores desde el día nueve, he venido tomando las gotas para dormir reduciendo poco a poco la cantidad y he logrado dormir bien, anoche hice la prueba sin ellas y me desperté en la madrugada, sin embargo, con esfuerzo logre volver a dormir y pienso que tuve un sueño casi normal, me siento un poco deprimido y ansioso, así me he sentido en estos días, de pronto un poco más esta mañana.

Voy a realizar mis labores pendientes, estoy coordinando bien lo que tengo que hacer, pero a veces me siento ansioso ante las situaciones y le doy vueltas innecesarias preocupándome mas de lo que vale la pena hacerlo, lo que me doy cuenta una vez terminadas.

Para los próximos días espero poder continuar sin tomar hipnóticos, para poder dormir y que mi sentimiento de depresión que afortunadamente es leve, pase.

Pienso que si logro dormir de nuevo bien en unos dos o tres días seguidos, podré concluir mi desbalance emocional y poder estar estable durante un tiempo ojala largo.

Dia veintidos

Llevo una semana sin tomar gotas, pase en este periodo unas dos noches que no dormí bien del todo pero se puede decir que tuve un sueño reparador, pienso que esto se deba mas a problemas de índole laboral y personal que a mi problema mental, ya que personas sin tb duermen mal debido a sus preocupaciones.

Mi estado de ánimo se puede considerar normal a veces un poco tirado a la depresión y otras menos en tiempos cortos hacia la hipomanía, pero he estado completamente coordinado, siento que todavía me afectan algo los desbalances de mis neurotransmisores, puede que mejore con unos días más y pienso que es poco probable que estos aumenten, sin embargo, tengo que estar alerta.

De acuerdo con lo que siento y lo que he leido, me he convertido en un ciclador rápido, pues lo que relato en estas lineas me ha pasado en un año en mas de dos veces, pero a pesar de esto no he tenido episodios fuertes en los extremos que me hayan causado problemas mayores, eso si problemas medianamente apreciables por mi y de pronto por los mas allegados.

No he dejado durante este tiempo el medicamento de control, el ácido valproico que tomo en una dosis de 3 capsulas de 250mg al día y que si me ayudan bienvenido sea y que pienso no me están haciendo mayor efecto dañino, no preocupándome mayor cosa por ello, aunque no descarto que lo esté sufriendo.

Uno realmente no siente que este medicamento le ayude o le perjudique y es posible que muchos lleguen a pensar que no funciona, yo lo he pensado, pero no me atrevo a dejar esta medicación.

Como dato curioso llevo un tiempo bastante largo sin ir a donde el psi, pienso que como estoy estoy bien y no quiero que me cambie la medicación, también considero que estando en un estado que se puede considerar de eutimia y siendo muy consciente de lo que me pasa puedo darme un tiempo sin visitarlo.

Tengo la ventaja que el medicamento de control, lo puedo conseguir fácilmente en muchas farmacias, es de un costo muy bajo y me lo venden sin receta. Si no me tocaría sufrir por su entrega en el seguro medico que es algo bastante maluco y si uno se pone a pensar sale mas caro que comprarlo, por el tiempo que uno pierde con tanto trámite.

Con estas lineas pienso dar por terminada esta entrada que relata un periodo de mis sentires que puede ser ilustrativo para otros que sientan esto que me ha pasado.






miércoles, 8 de enero de 2014

Nuevo año

Comienza un nuevo año, algo que es arbitrario, que para mi concepto se le da mas importancia de la que debiera tener, soy de los diferentes, que no esta de acuerdo con la algarabía que se forma para estas épocas de cambio de año, muchas veces con consecuencias negativas, fuera que ademas por mi problema de tb me toca ser así, aburrido, aunque afortunadamente esta situación concuerda con lo que pienso de las fiestas de estos días, por lo que no me preocupa la prohibición que tengo debido a mi trastorno bipolar: No poder por ejemplo tomar licor o trasnochar por días seguidos que es la costumbre por estos lados.



Para mi esta época es donde se apagan aparentemente todos los problemas del mundo y solo se piensa en el circo, olvidándonos muchas veces de lo importante de la vida.
No pretendo ser aguafiestas, me gusta cuando se puede compartir con la familia, pero lo que se nos vende por estas épocas muchas veces no es esto, si no un carnaval sin sentido.